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Nuevo gobierno, asignatura pendiente: Plan Nacional de Prevención del Suicidio

Plan Nacional de Prevención del Suicidio, España

 

Daniel J. López Vega es psicólogo general sanitario. Ha trabajado en salud pública en los últimos 25 años y tiene experiencia en el desarrollo y dirección de estrategias y planes integrales. También participa como responsable del grupo de Psicología y Conducta Suicida del Colegio de Psicología de Andalucía Occidental (COPAO).

Actualmente trabaja como asesor técnico de salud en el ámbito público lo que complementa en el ámbito privado con la coordinación de papageno.es. Esta plataforma profesional de prevención del suicidio, independiente y de naturaleza no lucrativa, cuenta con 32 profesionales colaboradores y 14 asociaciones adheridas.

 

Papageno.es cuenta con un servicio de asesoramiento por WhatsApp. Si necesitas alguna ayuda puedes escribirnos al 633 169 129 o al correo electrónico prevencion@papageno.es

 

 

Los planes de prevención del suicidio

A estas alturas de la película quizás no sea necesario recordar la importancia de que los gobiernos se involucren en la prevención de la conducta suicida. Ni siquiera en España, que no cuenta con un plan de prevención del suicidio, incluso siendo el suicidio la primera causa de mortalidad externa de nuestro país. El suicidio es un problema de salud pública complejo, multicausal y prevenible que requiere una respuesta contundente de toda la sociedad en su conjunto. Y esto requiere una dirección clara marcada por las instituciones sanitarias.

En consecuencia, no vendría mal recordar la recomendación de la OMS sobre la creación de planes de prevención del suicidio. Estos suponen una forma de sistematizar la respuesta de un país antes este fenómeno. Según este organismo internacional: 

 

«…una estrategia nacional indica un compromiso claro de un gobierno con el establecimiento de prioridades y el tratamiento del problema del suicidio. También proporciona liderazgo y orientación con respecto a las principales actividades de prevención del suicidio basadas en datos científicos y a lo que debe priorizarse. Una estrategia permite la identificación transparente de los interesados directos responsables de tareas específicas y describe maneras de coordinarse estos eficazmente entre sí«.

OMS

 

Por suerte, y gracias al trabajo de muchas personas anónimas, el movimiento asociativo, y algunos periodistas y políticos, en los últimos tiempos estamos asistiendo a una mayor conciencia social sobre el suicidio. Esto ha provocado un mayor interés por su aparición en la agenda de nuestros políticos y un tratamiento (más responsable) en los medios de comunicación. En esta época convulsa en la política española, con el desmembramiento del bipartidismo, hay decisiones que no pueden esperar.

 

Y es que la creación de un Plan Nacional de Prevención del Suicidio en España es ya una asignatura pendiente.

 

Desde hace años han existido iniciativas claras en este sentido. En una jornada reivindicativa, el entonces diputado de UPN, Íñigo Alli, subrayó que la prevención del suicidio era una «cuestión de Estado». Aquella jornada no contó con la presencia del ministerio, que si intervino en ocasiones anteriores aunque sin que se llevaran a cabo iniciativas para el control del suicidio de forma efectiva.

Por ejemplo, la Exministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, lo hizo en una jornada organizada por la Confederación Salud Mental España. En ella realizó una declaración contundente:

 

«Hablando del suicidio se podría ayudar a eliminar los estigmas de la enfermedad mental y acabar con el problema oculto».

María Luisa Carcedo

 

También anunció la creación de un teléfono de atención a personas en riesgo que supuestamente empezaría a funcionar alrededor de los dos meses siguientes, pero que nunca llegó a materializarse (¡Maldita hemeroteca!).

Su antecesora en el cargo, Carmen Montón presentaba en 2017, el I Plan de Prevención del Suicidio y Manejo de la Conducta Suicida en la Comunidad Valenciana durante su etapa como consejera de Sanidad de la Generalitat Valenciana. En 2018, antes de su dimisión repentina, declaraba ante un medio de comunicación el compromiso de impulsar una Estrategia Nacional de Salud Mental y un plan integral de prevención del suicidio y de manejo de la conducta suicida. No llegó a materializarse (¡Maldita hemeroteca!).

No podemos perder otra oportunidad. La accidentada llegada del nuevo gobierno debe ser una oportunidad para desarrollar el Plan Nacional de Prevención del Suicidio de una vez por toda. Este debe marcar las líneas estratégicas nacionales para controlar las muertes por suicidio.

En principio, parecen no haberse olvidado del tema. En el documento COALICIÓN PROGRESISTA: Un nuevo acuerdo para España, suscrito por PSOE y Unidad-Podemos, aparece una escueta mención al suicidio y su prevención:

 

«Prestaremos especial atención, en colaboración con las comunidades autónomas, al diseño y desarrollo de una estrategia de prevención de la conducta suicida, que incluya un protocolo especial de actuación y que prevea la puesta en marcha de un teléfono de atención público, entre otras medidas.»

PSOE-UNIDAS PODEMOS

 

Ojalá este exiguo texto sea el preludio de la puesta en marcha de estrategias efectivas de prevención del suicidio, más allá de anuncios rimbombantes. Deseamos creernos que esta vez si será. Los políticos jamás deben gobernar un país ajenos a los problemas acuciantes de la población. Por el contrario, deben afrontar con diligencia las necesidades manifiestas, máxime cuando hablamos del suicidio, responsable de 3.539 muertes registradas durante 2018.

 

¿Prevención del suicidio en el plan de salud mental o plan nacional de prevención del suicidio?

Desde papageno.es, entendemos que incluir la prevención del suicidio exclusivamente en las estrategias de salud mental puede diluir la importancia del problema. La primera causa de mortalidad externa en España requiere de estrategias concretas que ayuden a su control. Experiencias similares como la de la prevención de accidentes de tráfico, han dado resultados muy positivos. Un tratamiento diferente entre las víctimas de accidentes de tráfico y los fallecidos por suicidio, señalaría de nuevo el estigma alrededor de esta conducta. El suicidio es un problema de salud pública y no moral y necesita de un plan exclusivo.

 

Atención de colectivos vulnerables

Cualquier Plan Nacional de Prevención del Suicidio debe contemplar los colectivos de riesgo o que presentan mayor vulnerabilidad a la aparición de conductas suicidas. Aunque no es el objetivo de esta entrada en el blog y solo nombremos algunos de dichos colectivos, no deseamos dejar pasar la oportunidad de señalar algunos.

Las profesiones de primera línea de emergencias, y particularmente los cuerpos policiales y la Guardia Civil son colectivos de riesgo para la conducta suicida. A la accesibilidad a métodos letales (armas de fuego), se unen otras muchas condiciones que hacen que puedan presentarse mayores tasas que en la población general. La creación del Plan Nacional de Prevención del Suicidio debe ir en paralelo de la modernización de los planes de estos cuerpos para ser actualizados en sintonía (como el de la Guardia Civil) o impulsar la puesta en marcha de los que están previsto que salgan (como el del Cuerpo Nacional de Policía), o de nuevas estrategias para cuerpos de policía autonómica o local.

No es un tema nuevo, las asociaciones profesionales y sindicatos han mostrado una especial sensibilidad sobre la muerte por suicidio dentro de los cuerpos policiales. La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), por ejemplo, ha trabajado durante años para sensibilizar sobre este problema, y contribuyó a que entrara de lleno en el calendario político. Otras muchas asociaciones y sindicatos han estado ahí señalando ese problema, lo que ha contribuido a la creación de varias asociaciones e iniciativas concretas como ViveCNP una experiencia pionera en España, u otras iniciativas como Ángeles de Azul y Verde que llevan años trabajando en el tema desde su creación. El exdiputado español J. Antonio Delgado Ramos, guardia civil, ayudó a colocar este tema en el candelero, en un intento de mejorar la atención sobre la situación laboral dentro de este cuerpo policial.

Y no es el único colectivo afectado. Los profesionales de la medicina, enfermería, veterinaria, farmacia y otros colectivos laborales han mostrado una mayor predisposición a la aparición de este tipo de conductas que afecta al número de fallecimientos. El entorno laboral no debe ser olvidado de ninguna forma en las estrategias de prevención de la conducta suicida.

Además, y a pesar de que el suicidio es una causa de mortalidad que castiga a todos los colectivos independientemente del nivel socioeconómico y otras variables, también se ha estudiado la aparición de mayores tasas en minorías (como el colectivo LGTBIQ) o personas en riesgo de exclusión social (personas privadas de libertad , personas sin hogar…).

 

El suicidio es un problema de salud pública con claras desigualdades sociales que deben ser atendidas para reducir su impacto. El suicidio no es un problema meramente personal, es una manifestación de una cultura y un escenario socioeconómico concreto.

 

Formación de profesionales sanitarios

En un eventual plan nacional, una estrategia vital sería la instauración de un plan de formación adecuada de profesionales. Esta estrategia de formación debe ser ambiciosa, sistemática y progresiva para combatir los mitos y el estigma que también afecta a los profesionales. Además debe dotarles de herramientas de prevención en los diferentes niveles de atención.

Un colectivo esencial en este sentido, son los profesionales de atención primaria, como primera puerta al sistema sanitario y cuyo rol en la detección precoz del problema puede suponer disminuir el número de fallecimientos por esta causa.

Otros profesionales involucrados en el control del suicidio como psicólogos, psiquiatras, periodistas, trabajadores sociales, educadores sociales, farmacéuticos, criminólogos…. son también pilares en la reducción de fallecimientos por esta causa. La participación de sus Colegios Profesionales es necesaria en todas las fases tanto de creación como de implementación de estrategias preventivas.

 

El papel de las escuelas en prevención del suicidio

La escuela es, como siempre, uno de los escenarios más importantes de carácter preventivo. En este sentido, no es solo un lugar importante para el aprendizaje de habilidades académicas o de transmisión de conocimiento, sino de valores y habilidades para la vida.

La prevención en el entorno escolar y centros educativos no es un aspecto accesorio, sino central. Las estrategias en otros planes de salud, cometen un error básico poniendo la asistencia como punto central. La asistencia a personas en riesgo tiene un carácter obligatorio porque «salva vidas» y es totalmente necesario. Sin embargo, los mayores impactos en reducir las tasas de suicidio tienen que ver con estrategias preventivas y de marketing social relacionadas con la salud mental que pueden y deben ser implementadas en centros educativos y a nivel comunitario.

 

Teléfono de atención a personas en riesgo de suicidio

Los teléfonos de atención sobre suicidio son instrumentos muy útiles para la prevención. Actualmente, y en ausencia de un teléfono de carácter público, existen asociaciones privadas como el Teléfono de la Esperanza que históricamente han realizado una labor socialmente impagable, junto a otras de nuevo cuño como el Teléfono del Suicidio de la Asociación la Barandilla en Madrid.

La creación de una línea a nivel estatal es un buena medida, pero claramente insuficiente. A pesar de su utilidad, no debemos correr el riesgo de convertirlo en una medida efectista que busque la ilusión de control más que un impacto real. Los teléfonos son complementos de otro tipo de asistencia cuando esta se hace complicada o imposible, un eslabón de una cadena que debe contemplar otras muchas medidas.

 

Supervivientes, las víctimas olvidadas

Por último, pero no menos importante, trabajar sobre el control del suicidio pasa por tener en cuenta que cada muerte por suicidio deja otras víctimas que verán como la muerte impacta en sus vidas con un duelo doloroso y complicado.

Los supervivientes y sus asociaciones son un colectivo que debe participar en todas las fases del proceso de creación del Plan Nacional de Prevención del Suicidio. La postvención forma parte de la prevención ya que este colectivo no solo es un colectivo de riesgo para el suicidio, sino que pueden presentar secuelas que requieren de la atención necesaria para mitigar las consecuencias negativas.

 

El papel del asociacionismo

El compromiso social de las asociaciones que han ido creándose alrededor de este tema candente de salud pública, puede ser verificado por sus acciones y los valores que estas trasmiten.

Su importancia en el desarrollo de estrategias es claro, pero de ningún modo pueden delegarse la responsabilidad de la prevención del suicidio en entidades no gubernamentales que tienen objetivos muy diferentes, de apoyo y de reivindicación. De ninguna forma su labor debe sustituir a profesionales debidamente cualificados ni al sistema sanitario público ni a otros estamentos que no pueden obviar su responsabilidad sobre el tema.

 

La prevención del suicidio requiere de un esfuerzo de la sociedad en su conjunto donde cada uno tenga definido claramente el papel y los límites en sus funciones.

 

Ahora que ya existe, por fin, un nuevo gobierno, le conminamos a seguir trabajando en el tema de mano de todos los colectivos involucrados para que la creación del esperado Plan Nacional de Prevención del Suicidio en España sea una realidad.

 


MÁS INFORMACIÓN

¿Cuanto nos cuesta a los españoles cada suicidio?

Costo económico de un suicidio

Artículo realizado por Rogelio González Weiss (Colaborador de papageno.es)

 

Value of a Statistical Life (VSL)

Al hilo de otra publicación en el blog de Papageno, Sonsoles Rivera Pascual (otra colaboradora papagénica) reflexionaba sobre el Value of a Statistical Life (VSL). Con este método se podría cuantificar el costo de cada muerte por suicidio, o lo que en un lenguaje fácilmente entendible, podría suponer cada muerte por suicidio no evitada: ¡En Euros!

Me aventuro a traer aquí algunos datos y hacer algunas comparaciones que nos inviten a pensar sobre el costo de cada muerte por suicidio. Previamente señalamos lo repugnante de asociar “vida humana” con “costes económicos”. Además destacamos que la metodología de los “evaluadores” no es unánime, ni fácil, ni realmente pretenden poner “precio” a un ser humano.

Aparte del ámbito estrictamente académico (principalmente economistas y sociólogos), el concepto VSL resulta muy interesante para determinados sectores empresariales. Valga el ejemplo de las compañías aseguradoras, preocupadas por sus afinados balances de primas/indemnizaciones. Este sector ha desarrollado avanzadísimos métodos para cuantificar cuanto estaríamos dispuestos a pagar por cubrir determinado riesgo, más allá de los “costes/beneficios”.

 

El precedente de la siniestrabilidad de tráfico.

El costo de una muerte.

Más interesantes nos deben parecer los estudios que pretenden mostrar en dólares, para un país, el coste “fáctico”, directo y mesurable de un fallecimiento. Por ejemplo, los que resultan de un accidente de circulación.

Pero los que realmente nos pueden aportar alguna luz (y animar una sonrisa en nuestros lectores/as) son aquellos que buscan calcular cuanto costaría disminuir en una determinada proporción un determinado riesgo de muerte.

Un ejemplo sería el que resultaría tras reducir un 10% el número de fumadores en una región. Algo que podría parecer abstracto o difícil de calcular, se hace con más frecuencia (y ciencia) de lo que parece. Un estudio llegó a establecer que el coste de mortalidad asociado a un paquete de cigarrillos era de 78€ para los hombres.

Hagámoslo fácil, abandonemos la ciencia y calculemos por nosotros mismos. Podemos estimar que si un dia salimos de fiesta y tenemos que llevar el coche, la decisión del conductor “no tomar alcohol” es gratis. Esa opción podría evitar además varias muertes, entre ellas la nuestra. Por otro lado, pensemos que si al regreso, nos tropezamos con un control de alcoholemia de la Guardia Civil, gracias a esa iniciativa nos ahorraremos además los 500€ de la MMG (Multa Mínima Garantizada).

No se queda aquí la cuestión, pongámonos nuevamente a hacer nuestro propio y particularísimo (pero muy serio) cálculo. Y esto sin tener que hacer una encuesta, manejar datos sobre salarios o población ni usar un programa de estadística.

Consideremos un tramo de una carretera que se ha identificado como “punto negro” en base al elevado número de accidentes (y/o muertes) reportados durante un periodo de tiempo. Imaginemos que las autoridades acometen una reforma del trazado que mejore la seguridad del tramo. Si a continuación hacemos un seguimiento de la nueva siniestralidad podemos establecer en base a la inversión hecha y a la variación de la incidencia de accidentes/fallecidos, cual ha sido el “coste preventivo” en euros de esa intervención concreta y balancearlo con el “coste evitado” en término de vidas humanas.

Si quisiéramos proponerlo en “costes económicos evitados” ya si tendremos que sacar la vena matemática. Podremos usar, por ejemplo, valoraciones desde el punto de vista de “salarios brutos dejados de percibir” por los que habrían fallecido sin la mejora, “daños materiales y reparaciones” evitadas o “gastos sanitarios” que no han sido necesarios gracias a las obras. (Ahora si espero una franca y abierta sonrisa).

 
La importancia de la prevención.

Si a los ejemplos anteriores le añadimos que, muchas de las actuaciones preventivas en el pasado resultaron ser gratis (o muy baratas) y supusieron una considerable mejora de las estadísticas de fallecidos por accidentes de circulación, quizás, quienes estamos preocupados por la falta de interés de nuestros políticos por los suicidios, acabemos torciendo el gesto y perdamos la sonrisa que amagamos en el párrafo anterior.

Cuando hace años las administraciones públicas españolas tomaron conciencia del enorme coste humano (y económico) de los accidentes de circulación, se comprobó que era mucha la información existente alrededor de los accidentes. Dicha información era básicamente derivada por las detalladas estadísticas que recopiló durante años la Guardia Civil de Tráfico.

En ellas se recogían no solo las referentes al parque automovilístico, número de conductores, accidentes, fallecidos, heridos o daños materiales, sino que se complementaban también con elementos tales como la causa principal y secundarias del accidente, los lugares de mayor incidencia, factores influyentes en la gravedad del mismo, etc. Por si pareciera poco, reflejaban además todas las circunstancias externas que intervenían en el mismo: si concurría infracción en la conducción, condiciones ambientales, hora del día o día de la semana, tipo de vía, tipo de vehículos, … (Ej de información estadística pública de la DGT).

Con esa información objetiva y sistematizada era “fácil” establecer políticas preventivas y se abordó el problema desde sus “causas”:

  • Concienciación por la seguridad con agresivas campañas publicitarias en TV.
  • Intervenciones en los centros educativos.
  • Normas más restrictivas (como el uso obligatorio de cinturones de seguridad o la tipificación como delito de la conducción bajo influencia de alcohol o drogas).
  • Requisitos de sistemas activos y pasivos de seguridad para los fabricantes de automóviles.
  • Mayor vigilancia en carretera.
  • Controles periódicos de vehículos.
  • Reconocimientos médicos a los conductores
  • Auge de los cinemómetros o los alcoholímetros.
  • Modernización del parque automovilístico.
  • Mejora de las carreteras.

Ni la complejidad del fenómeno, ni la multicausalidad, ni la diversidad de estamentos, ni la inversión o el tiempo necesario para obtener resultados, impidieron que se convirtiera en un objetivo prioritario para diferentes Gobiernos. Así se redujo considerablemente aquella enorme pérdida de vidas.

Actualmente, dependiente de la DGT existe un departamento permanente de investigación e intervención de la siniestrabilidad, que cuenta con planes de investigación que son públicos y que cuentan con saneados presupuestos.

Me permito señalar que desde 2013 se ha producido un frenazo en la casi invariable disminución de víctimas mortales por accidentes de carretera que se inició a finales de los 80. Es fácil entender el porqué, si nos fijamos en la disminución del número de agentes encargados de la vigilancia de tráfico, al menor gasto de las familias en la renovación del turismo/gastos en taller y a la falta de mantenimiento/inversión en infraestructuras viales en estos años de “crisis”.

Comparación de Fallecidos en España por suicidio y accidentes de tráfico 1980-2017

 

¿Qué impide por tanto que abordemos el problema del suicidio como se hizo hace 30 años con los accidentes de tráfico?

Como es obvio, en primer lugar faltaría que los ciudadanos tomaran conciencia de la gravedad del problema en términos de vidas humanas (olvidemos aquí el VSL, por favor)

 

En España el suicidio es la primera causa de muerte no natural, casi dobla las provocadas por accidentes de circulación y multiplica por 11 la cifra de homicidios. Desde 1980 ha supuesto 125.000 víctimas solo en nuestro país.

 

En segundo lugar, debería calar en esa misma ciudadanía la idea de que es un fenómeno prevenible/evitable (tanto o más que los accidentes de tráfico), del que puede y debe hablarse y cuyos principales enemigos están resultando ser “el estigma social”, los mitos y prejuicios que impiden pedir ayuda y el rechazo a informar sobre suicidio o hacerlo incorrectamente, lo que lo ha conviertido en “ese gran desconocido”. No es una mera opinión particular, animo a leer otras entradas del blog para entender la importancia de estos aspectos en la prevención del suicidio.

En tercer lugar, los gobiernos deberían asumir su responsabilidad (presionados por la opinión pública) y plantear (como lleva años exigiendo la OMS) un plan integral para la prevención del suicidio y no conformarse con simples parches (llámese Plan Local, Proposición No de Ley o Estrategia Nacional, claramente insuficientes).

Finalmente, todos los campos implicados directa o indirectamente alrededor del suicidio, desde la ciencia (psicología, psiquiatría, sociología, criminología, etc.), los organismos públicos (salud, jurídicos, docentes, seguridad, etc.), hasta las entidades privadas (colegios profesionales, medios de comunicación, etc.), deberían implicarse en analizar sus ámbitos de actuación y proponer planes y medidas efectivas

 

Costo de las muertes por suicidio: propuestas de mejora

Desde este trabajo solo cabe invitar a la reflexión y animar a hacer propuestas. Sería interesante, por ejemplo, la creación de una comisión interdisciplinar que coordinara esas propuestas y que cuanto antes condujeran al tan necesario Plan Nacional para la Prevención de Conductas Suicidas. Yo me atrevo también a hacer las mías.

 
Mejora de los datos epidemiológicos sobre el suicidio

Como analista, me preocupa la disgregación e inaccesibilidad de las informaciones vinculadas al suicidio, especialmente en las referidas a “tentativas” o “ideaciones”, y la poca implicación pública en la investigación (con la honrosa y dispersa excepción de la sanidad).

Como cuestión de salud, opino que el Estado (soy consciente de las competencias autonómicas) deberá articular un protocolo que incluya, entre otras muchas cuestiones, las reseñas de tentativas suicidas. Con independencia del seguimiento y tratamiento del paciente, esto permitirá extraer una radiografía viva del fenómeno y de las circunstancias que lo envuelven (más allá de un simple “mapa estadístico de muertes”). Este se complementaría, a nivel forense, con la obligación legal de realizar las autopsias psicológicas a todas las personas en las que se sospeche autolisis, y mejoraría el actual protocolo de registro de “causas de la muerte”. Esto permitiría además conocer los factores desencadenantes, los fallos del sistema y la efectividad de las medidas preventivas.

 
Mayor presencia de la psicología en la salud pública

Para los que centramos el interés en la persona que sufre y puede caer en el suicidio, entendemos que todo pasa por potenciar (mucho) la presencia de la psicología en la salud pública (que permitiría además la moderación del recurso farmacológico). El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid publicaba en su blog el pasado año un resumen esclarecedor.

 

En 2017 el número de psicólogos sanitarios colegiados en España era la mitad que el de fisioterapeutas, la tercera parte que los farmacéuticos o la décima parte que facultativos o enfermeros.

 

Los mismos profesionales que reciban, evaluen, asistan y deriven, deberían ser (en mi opinión) los encargados de recoger los datos de cada uno de los casos objeto de atención y responsables de su seguimiento. Conocerían las tentativas y alertarían sobre los casos de riesgo.

 
Creación de un «Centro para la Prevención, el Análisis y la Investigación del Suicidio»

Un eventual Centro para la Prevención, el Análisis y la Investigación del Suicidio, dependiente del Ministerio de Sanidad, sería el encargado de ir proponiendo esos protocolos de abordaje y de recopilación de datos. En coordinación con las diferentes competencias autonómicas, propondría las líneas de investigación que sirvan para adoptar medidas concretas de prevención/actuación dirigidas a cada autoridad competente (Justicia, Salud Educación, etc.).

Sé que para muchos profesionales habrá otras cuestiones que les resultarán prioritarias (y les invito a plantearlas), aunque pienso que no estarán muy reñidas con las mías. Afortunadamente no soy psicólogo y nadie podrá acusarme de corporativismo 🙂

 

Las cifras del VSL en el suicidio

Alguien habrá quedado con la duda sobre cual es el VSL aplicable para el caso de España (y para el suicidio). No es fácil responder, pues como ya señalaba, no hay un criterio único sobre lo que es ese concepto, lo que tiene que medir o como debe hacerlo. En consecuencia la “cuantificación” es muy variable dependiendo del ámbito, del método o del investigador. Por ejemplo, frente al baile de cifras, algunos estudios de “meta análisis” han tratado de fijar un “estandar” de la valoración que fuera comunmente aceptada (y de alguna forma “generalizable”). A eso hay que añadir que no es lo mismo un estudio referido a seguridad del tráfico que otro sobre cuestiones de salud ni las referidas a un país u otro.

Desgraciadamente no he encontrado ninguno relacionado con el suicidio, así como tampoco una respuesta unánime en campos como el de las muertes por accidentes de circulación o el tabaquismo. Aún así comprobamos que existen oscilaciones desde 1 hasta los 4 millones de Euros. Para entender la complejidad y variedad de enfoques, recomiendo el seguimiento de algunos estudios como:

Ateniendonos a esas cifras, y usando una extrapolación totalmente acientífica, supondría que el “VSL del suicidio” más modesto superaría en España al presupuesto destinado en el PGE2019 a Cultura y Eduación, o a Sanidad y Servicios Sociales (y multiplicaría por 6 el de la DGT).

¡Ojo!, si recurrimos a la baremación judicial de la indemnización por una muerte en accidente de tráfico en España (no es una VSL, pero debería), la cantidad básica se reduce a tan solo 90.000€. ¡Cosas de la Justicia!

Ironías aparte, y como decía Sonsoles (creo que nadie nos lo discutirá), ninguna estimación estadística pretende ni puede poner valor económico a la vida humana (eso sin considerar a las personas que queremos).

 

Vidas demasiado valiosas para permitir que nuestros gobernantes sigan sin adoptar medidas concretas que prevengan, aunque fuera, una sola muerte por suicidio. Qué decir cuando el número se eleva hasta los 3.679 suicidios del año 2.017 en España, último del que disponemos de datos. Recuerden, cada 2 horas y media que nos retrasamos perdemos a un ser humano cuya muerte tendríamos que haber evitado.

 

Por mi parte (como insensible y poco riguroso analista) diría además que cada 2 horas y media perdemos 1 millón de Euros que podríamos haber evitado 😉


 

Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

No soy yo, no eres tú. Somos nosotros

1 cada 40 segundos: si lees esto ya no podrás mirar para otro lado

«No leas esto, ni lo pases, ni le des a me gusta, ni lo hables con nadie. No lo hagas, o ya te será imposible seguir mirando para otro lado»

Mientras lees este texto 8 personas fallecerán en el mundo por suicidio, de 80 a 160 lo intentarán y unas 48 quedarán duramente afectadas por la muerte de un familiar o persona cercana por este motivo. Tan sólo en este rato, entre 125 y 200 personas se verán afectadas por alguna conducta suicida.

Quizás pienses que ya no puedes hacer nada por ellas, pero a lo mejor sí porque una persona sólo muere cuando la olvidamos. No los olvides, ni le des la espalda, no seas su cómplice. Porque el suicidio es complejo y multicausal y no es meramente un hecho de personas frágiles, de valientes ni de cobardes, de ricos ni de pobres, si no que nos afecta a la sociedad en su conjunto. Ocurre en un contexto sociocultural y económico concreto y muchos somos los cómplices necesarios. Porque use el método que use, la persona suicida necesita de uno que nos hace iguales: el silencio de todos. Un método letal que ha convertido al suicidio en la mayor amenaza a la salud pública.

 

No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Martin Luther King

 

Nuestro silencio es cómplice necesario de la conducta suicida

Porque el arma letal que los mata, se compone de muchos silencios; el silencio de la persona suicida que no deseó molestar o no se atrevió a contar lo que le ocurría por temor a ser tomado por «loco»; el silencio de los que estuvieron a su lado y no quisieron hablar de las ideas suicidas por el miedo equivocado a «darle malas ideas»; el de los profesionales que lo atendimos y que tampoco lo hicimos ya sea por falta de formación o por no aceptar nuestra responsabilidad en ayudarlos; el de la comunidad educativa que no detectó o afrontó los casos de bullying lo suficientemente pronto o de la forma adecuada; el de las empresas que negaron la existencia de los riesgos psicosociales que muchas profesiones conllevan; el de los periodistas que callaron o trataron los temas sobre suicidio de forma sensacionalista; el de la administración que mantiene un sistema de salud mental deficitario a la cola de Europa o el de los políticos que aún en España no han encontrado tiempo para hacer un plan nacional de prevención del suicidio. 

Porque de una u otra forma, tu silencio, el mío, el nuestro, ahoga, mata y empuja a que cada 40 segundos muera en algún lugar del mundo una persona por suicidio. Deja de ser su cómplice. Si has llegado hasta aquí, ya no podrás volver a darle la espalda al problema. Porque esto no es un problema de personas débiles o de otros, sino de todos y todas.

Por eso, ahora te necesitamos. Únete, trabaja en red, participa para partir el silencio y que nuestro grito llegue a lo más alto.

 
«POR UN PLAN NACIONAL DE PREVENCIÓN DEL SUICIDO DONDE ESTEMOS TODOS»

 

Daniel J. López Vega

Coordinador de www.papageno.es. Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo, autor de «¿Todo por la Patria?»

 

El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social creará un teléfono público contra el suicidio

La Ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, en una jornada organizada por la Confederación Salud Mental España, ha declarado sobre cómo hablando del suicidio se podría ayudar a eliminar los estigmas de la enfermedad mental y acabar con el problema oculto.

Para ello desde su Ministerio están trabajando para crear un teléfono de atención a personas en riesgo con un funcionamiento similar a otras líneas y que esperan empiece a funcionar alrededor de los dos próximos meses.

Las líneas de atención son un buen empiece y esperamos que esta noticia sea la primera de una larga lista de soluciones en este sentido que las asociaciones de supervivientes y de profesionales llevan reclamando desde hace mucho tiempo. Lejos de soluciones puntuales, la atención de este problema de salud pública requiere de la planificación de protocolos a nivel nacional que permitan afrontarlo de forma integral. 

Parece que los tiempos están cambiando. Nuestra sociedad está madurando y no está dispuesta a continuar con el estigma y el tabú que se asocia tradicionalmente al suicidio y que lo ha mantenido oculto con el correspondiente sufrimiento aparejado.

Más información: 

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