Archivo el enero 12, 2022

“El Dia Después”: grupos de duelo por suicidio en la provincia de Córdoba

Tiempo de lectura: 4 minutos

Apertura de un grupo de ayuda mutua para personas que han perdido a un ser querido por suicidio en la provincia de Córdoba

La Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido ‘Ubuntu’ y la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida ‘Papageno’ organizan una charla-coloquio como preludio a la apertura de un grupo de ayuda mutua para personas que han perdido a un ser querido por suicidio en Córdoba.

La actividad se celebrará el próximo viernes 21 de enero de 18:00 a 20:00 en el Centro Cívico Lepanto (Ayuntamiento de Córdoba), ubicado en la calle Ronda del Marrubial, s/n. La sesión, que será retransmitida también por videoconferencia, tendrá un aforo limitado, por lo que será necesaria la inscripción previa en el siguiente enlace, o a través del siguiente código qr.

Código qr para inscribirse en la charla coloquio
  • El suicidio es la primera causa de mortalidad externa en España (3.941 suicidios en 2020).
  • En 2020, se registraron 793 muertes por suicidio en Andalucía.
  • 69 personas se suicidaron en Córdoba en el año 2020.

Charla-coloquio: El Día Después

Durante la charla-coloquio, Daniel J. López, presidente de Papageno y facilitador en los grupos de ayuda mutua, realizará una reflexión sobre el duelo por suicidio, las emociones que cursan con este tipo de muertes (culpa, miedo, rabia, vergüenza, desesperanza…) y los pensamientos (ilusión de control, rumiaciones…), y ofrecerá algunos recursos para afrontarlo. Por otro lado, se hablará de los grupos de ayuda mutua como herramienta para poder expresarse libremente en un ambiente seguro y el desarrollo de competencias para un desarrollo adecuado del duelo. Los participantes podrán expresar sus dudas o participar activamente en la actividad.

Con esta charla-coloquio se dará apertura a un Grupo de Ayuda Mutua de Duelo por Suicidio en Córdoba, que nace con el espíritu de dar apoyo a aquellas personas de toda la provincia que han perdido a un ser querido por esta causa.

Duelo por Suicidio

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En 2020, 793 personas fallecieron en Andalucía por suicidio, de las cuáles un 75 % fueron hombres. Además, nuestra comunidad autónoma es la región con más suicidios en España y su tasa por 100.000 habitantes se mantiene en la media española. Y eso solo parece el vértice del iceberg, ya que muchas muertes por suicidio pasan desapercibidas y son registradas como accidentes.

La magnitud del problema se agrava por las consecuencias emocionales que cambiarán la vida para siempre de las personas más cercanas que chocarán frontalmente con la incomprensión y la ignorancia social ante el problema. Aunque la cifra más utilizada es la de seis personas en duelo por cada muerte por suicidio, no existe una evidencia empírica clara y hay autores que cuentan más de cien afectados por cada fallecimiento.

El estigma y el tabú han convertido el duelo por suicidio en uno de los duelos más dolorosos que se conocen. A la imprevisibilidad percibida de la conducta, los sentimientos de culpa, vergüenza y rabia, y las ideas recurrentes de haber podido hacer mucho más para evitarlo, se une la falta de apoyo social que estas personas afrontan en el duro camino de rehacer su vida.

Grupos de Ayuda Mutua para Supervivientes (GAM)

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Photo by Pixabay on Pexels.com

Los Grupos de Ayuda Mutua para Supervivientes por Suicidio (GAM) son una herramienta que facilita la expresión de las emociones y la cercanía junto a otras personas que han perdido a alguien por el mismo motivo. Maria Jesús de León, presidenta de Ubuntu, define así su experiencia como superviviente de suicidio: «Los GAM son un espacio de transformación. Compartimos nuestro dolor, sin prejuicios ni miedos, dispuestas a abrir el alma y mostrando la esencia de nosotras mismas para recuperar la dignidad y la esperanza, para renacer fortalecidas con las luces del amor, llenas de flores por dentro, con cicatrices más fuertes que la propia piel y la irrenunciable convicción del compromiso”. También Cristina Romero, superviviente de Sevilla, destaca el apoyo recibido. “La ayuda mutua me parece muy necesaria para las personas que viven este drama. Sentir la acogida e identificarse con las otras experiencias te ayuda a sentir que las vivencias propias no son extrañas”.

Desde los inicios de su andadura, Ubuntu y Papageno trabajan conjuntamente para desarrollar sus propios grupos de ayuda mutua. Actualmente, cuentan con dos grupos en Cádiz y Sevilla, a los que van a sumar la próxima apertura en Córdoba y Jaén. Si has perdido a algún ser querido por suicidio y quieres formar parte de estos grupos, puedes escribir un correo electrónico a supervivientes@papageno.es o ponerte en contacto con nosotros a través del 633 169 129 (se recomienda hacerlo vía WhatsApp).

Ubuntu y Papageno son dos asociaciones independientes y sin ánimo de lucro que tienen como objetivo la prevención y la postvención del suicidio. Ubuntu está formada por personas que han perdido a seres queridos por suicidio, y tiene como finalidad dar un apoyo integral a personas que se enfrentan a este duelo. Por otro lado, Papageno está compuesta por profesionales multidisciplinares que se dedican a promover actividades de prevención y postvención del suicidio.

¿Hablamos del suicidio?

Tiempo de lectura: 2 minutos

Carmen Sánchez ha publicado su libro ¿Hablamos del suicidio? en la Editorial Universo de Letras para visibilizar una de las situaciones más duras por las que puede pasar una persona: la muerte de un ser querido por suicidio. Un libro de dolor y esperanza que contribuye a dar visibilidad a este problema que ha registrado 3.941 muertes en España en 2020 y que ha dejado a su familiares y amigos desolados.

«Después del suicidio de mi hermano entendí que había que hacer algo para visibilizar esta realidad y poder ayudar a prevenirlo, así como dar soporte a las personas que como yo, tienen que lidiar con la perdida de un ser querido por esta causa»

Carmen Sánchez Alegre
Escritora, periodista y superviviente.

Sinopsis del Libro

A Carmen se le derrumba todo su mundo cuando se entera de que su hermano Carlos se ha suicidado. A partir de ahí, tanto ella como el resto de su familia emprenden un camino de aceptación y adaptación a esa nueva realidad, transitando las diferentes fases del duelo. De ese modo, la autora narra sus experiencias y sentimientos ante el acontecimiento traumático con el fin de representar un rayo de esperanza para personas en situación idéntica, al mismo tiempo que reclama mayor intervención, con protocolos sanitarios, por parte de los gobernantes.

Detalles del Libro

ISBN/13: 9788418854354

Num. Páginas: 138

Tamaño: 152 X 228 mm

Encuadernación: Tapa blanda con solapas

Año de publicación: 2021

Editorial: Universo de Letras

Categoría: HISTORIAS REALES

Formación gratuita de la Asociación Psicología Abierta en Acción de Castilla La Mancha 2022

Tiempo de lectura: < 1 minutos

Cómo lidiar con la ansiedad

La Asociación Psicología Abierta en Acción de Castilla La Mancha comienza su programa anual de formación. Para empezar, tenemos la suerte de contar con una ponente con una larga trayectoria profesional, la psicóloga María Jesús Sánchez Mena.

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La banalización del sufrimiento

Tiempo de lectura: 5 minutos

Cristina Romero perdió a un hijo por suicidio y participa en los grupos de ayuda mutua de duelo desarrollados por Ubuntu-Papageno en Sevilla.

Hoy nos regala esta reflexión personal.

La banalización del sufrimiento

Hace tiempo que me ronda en la cabeza un tema y es el de la banalización del sufrimiento. Y quiero tener como referente “La banalización del mal”, expresada por Anna Arendt.

Según esta, algunos individuos mandaron matar a los judíos en el régimen de Hitler no tanto por una crueldad propia sino porque no reflexionaban sobre sus actos o los cuestionaban. Simplemente acataron las órdenes de sus superiores.

Excepto los casos de familias que han perdido a un familiar, trabajo o casa, la población española en su conjunto vive con más recursos que nunca. A esto se añade los instrumentos tecnológicos existentes que permiten teletrabajar desde casa y sobre todo distraerse solo.

La generación de cristal

Desde hace ya algunos años somos conscientes del aislamiento que sufren las personas, especialmente los jóvenes, a causa de los móviles, tabletas, ordenadores y videojuegos. Veíamos la importancia del contacto familiar y social y no reflexionamos sobre sus consecuencias.

La sobreprotección en los niños y adolescentes es una de las peores lacras que se está cometiendo en una gran parte de las familias, entorno social y educativo. Algunos la llaman ”La generación del cristal” por su hipersensibilidad y salud emocional quebradiza, frágil e inestable.

Y cuando los miembros de esta generación sufren un pequeño revés o conflicto mínimo lo convertimos en una tragedia. Les hemos impedido el derecho a aprender a sufrir, a adquirir fortaleza emocional y, por tanto, a tener una enorme intolerancia a la frustración.

Esta falta de tolerancia a la frustración por conseguir rápido y sin esfuerzo el objeto deseado se ha extendido a una gran parte de la sociedad. Ante cualquier mínimo sufrimiento o malestar psíquico perdemos la dimensión del hecho y le ponemos enseguida una etiqueta, le llamamos, sin estudios previos serios, TOC, TDAH, depresión…, le damos una pastillita para aliviar un daño pequeño, etc. etc.

Y banalizamos todo tipo de sufrimiento emocional hasta el punto de no reconocerlo como común en el ser humano y, como resultado, ya no solo tenemos una pandemia por un virus sino una nueva pandemia, a la que llamamos tragedia, que es la de la ansiedad,  la depresión y todo lo relacionado con la salud mental, lo que está provocando aún más la estigmatización de las enfermedades mentales.

Y desde los 12 a los 30 años han aumentado el número de suicidios en España y nos llama la atención. Nos causa sorpresa y pavor. ¿Por qué? ¡Si estaba bien! Tenía una mala racha o lo estaba pasando mal, se suele decir. ¿Mal? ¿De verdad, mal? Y nos negamos a profundizar. Y podemos generalizarlo a cualquier edad.

El suicidio en las edades más avanzadas

El caso de los suicidios de los ancianos (junto con la franja de edad de 12 a 30 años es donde la incidencia ha sido más alta) es diferente. Hace 70 años los ancianos, es decir, los abuelos, vivían en el domicilio familiar con sus hijos y nietos. Formaban parte de la familia. Ahora somos europeos. En Europa el concepto de familia es distinto al nuestro. Los hijos se van de las casas de los padres jóvenes y los abuelos viven solos o en residencias.

Esta es ahora nuestra realidad actual. Están viviendo solos o en residencias. Y con la pandemia, aislados. No es de extrañar que una persona de 80 años que no reciba llamadas de teléfono, visitas, ningún calor humano ni ocupación se vaya apagando y no tenga ganas de vivir. La soledad, mata. El aislamiento, mata. El hombre es un animal social y si no fomentamos el contacto social en la población, en general, y en nuestros mayores, es especial, viviremos aislados con pandemia o sin ella. Las nuevas tecnologías propician la falta de socialización. Y ellos ni siquiera tienen a su alcance el utilizarlas. Se requiere un análisis profundo de la integración del dolor en el ámbito familiar, educativo, social y en la salud mental. Hay que considerarlo todo desde el amor, la compasión y el agradecimiento.

Visibilización de la salud mental: estar «depre» no es un diagnóstico de salud mental

Y seguimos en la superficie del tema. Algunos personajes famosos están hablando por primera vez de su salud mental, la mayoría de ellos por la alta presión que padecen, y mencionan sus estados de ansiedad o de depresión. Aplausos.

Pero nos hacemos eco de ello y lo volvemos a banalizar. Y se ha creado como una especie de moda, por parte de ciertas personas, de sentirse valientes y con coraje por contar en público y en las redes sociales alguna crisis emocional, equivalente exactamente a decir que se ha tenido una mala digestión por un plato de comida.

De esta manera, seguimos estigmatizando las enfermedades mentales. Una depresión es una enfermedad mental. Estar depre es un estado de tristeza común en la vida como estar alegre, tener miedo o estar enfadado. Son emociones primarias que tenemos todos los mortales. Lo necesario es aprender a gestionarlas y orientarlas. Sentir estas emociones no tiene en absoluto nada que ver con tener una enfermedad mental.

Y como vivimos en la superficie y no deseamos penetrar en el mundo de la inteligencia emocional porque el autoconocimiento es doloroso ya que salimos de nuestra zona de confort y no queremos abrir los ojos, ocurre que, cuando un niño, adolescente o adulto intenta suicidarse, decimos, “lo hace para llamar la atención”.

De esta forma, nos eximimos de nuestra responsabilidad y anulamos el problema, que en este caso es exactamente el sufrimiento profundo de esa persona, justo aquello que no queremos observar. No deseamos saber nada de la muerte, de las enfermedades, de los problemas graves que tienen las personas porque nos da pánico sufrir. Tampoco no han enseñado. Y la enfermedad mental y el suicidio siguen siendo tabúes. Da la sensación de que solo hablar de ellos produce contagio, como el Covid-19.

El suicidio: un problema de todos

La vida y la muerte van de la mano. Y la tragedia entra en cualquier familia. Y se oculta. Que nadie se entere. Esto le ocurre a los demás, pensamos, no a mí. Ponemos una barrera tan grande en no observar el sufrimiento ajeno ni el propio y un búnker infranqueable, que nadie se atreve a contar que sufre de verdad, porque piensa que no va a sentirse comprendido y por miedo a ser rechazado. Constituyen la peste. Ya que el sufrimiento verdadero está vetado expresarlo en las familias y en la sociedad.

El suicidio ha sido y sigue siendo una muerte innombrable en España. En 2021 ha aumentado su número de forma considerable. No podemos evitar que este tipo de muerte desaparezca. Lo habrá siempre. A la vez sí podemos evitar un porcentaje muy alto de ella. Les podemos enseñar a nuestros hijos desde el primer día de su vida a desarrollar la inteligencia emocional para adquirir fortalezas en los conflictos, asumir sus responsabilidades y ser protagonistas de sus vidas. Serán niños y luego adultos preparados para ir superando los obstáculos en la vida y pedir ayuda. Solo se trata de dejar de banalizar el sufrimiento para estar capacitados para sentirlo, expresarlo, afrontarlo y superarlo.

orque cuando se te muere un familiar entras literalmente en pánico. Tu propio dolor es causa de asombro, te es ajeno, desconocido. Sencillamente descubrimos la falta de recursos para soportarlo y procuramos bloquearlo para no sufrir. Realizamos el camino equivocado. La muerte por suicidio produce una hecatombe en la familia. De ese, no hablamos. Sigue siendo tabú.

Y de ese precisamente hay que hablar ya que las muertes por suicidio nos están suplicando que cambiemos nuestro enfoque y proceder.

Adiós navidad, adiós: la felicidad en las pequeñas cosas

Tiempo de lectura: 10 minutos

Autor: Daniel Jesús López Vega, psicólogo y coordinador de papageno.es

Una reflexión muy personal sobre la navidad, el error de buscar el éxito a cualquier precio, el amor a las pequeñas cosas y el miedo a perder lo que se ama.

Dedicada a las personas con las que comparto el proyecto de prevención del suicidio papageno.es y a las personas de los grupos de ayuda mutua de Ubuntu y a sus familiares.

A los que están y a los que no están, que dan sentido a nuestro trabajo, y a todas las personas que a pesar de haber sufrido alguna pérdida aún son capaces de luchar porque la navidad siga siendo una fecha especial en el calendario.

A todos los que entienden lo que hacemos y a todos los que les cuesta entenderlo. Justamente es por vosotros por los que existimos.

Este también es mi regalo de Reyes para todas las personas que la leáis. A muchas probablemente les parecerá poco, pero tampoco os habéis portado tan bien para que os regale un iPhone.

Tampoco os sintáis en la obligación de devolverme el regalo. Mi regalo es seguir contado con vosotros al otro lado.

Foto de Jonathan Borba en Pexels
Foto de Jonathan Borba en Pexels

La navidad me molesta

Durante muchos años, las fiestas navideñas han sido para mi un puro trámite social que espero que pase para poder volver a la vida normal. No en vano, en estas fechas es más fácil recordar las pérdidas de personas queridas, abriendo los procesos de duelo de forma condicionada (os echo de menos papá y mamá).

Además, debemos afrontar otras muchas situaciones más banales que a mí siempre me han resultado molestas. Aquí se incluyen las compras navideñas, los anuncios de perfume, la imagen de los premiados en las loterías en los informativos (sí, llámame envidioso), los tumultos, la sobrealimentación, las películas de cine americano (que siempre acaban bien en navidad) y las situaciones sociales a las que nos fuerza nuestra acelerada forma de vivir.

En navidad hasta la felicidad tiene un precio y un momento indicado. Si no consigues ser feliz en navidad, sin duda serás un friki.

En esta ocasión, por si aún fuera poco, el COVID-19 venía aún más a complicar las cosas, con nuevas limitaciones y nuevos miedos fundados y otros muchos infundados de aquellos que saben que el miedo no supone sino otra forma de aumentar su control sobre nosotros y de someternos.

Ah, se me olvidaba. Otra molestia más es la reposición de múltiples versiones de «Cuento de Navidad» de Charles Dickens. Esto debería ser declarado como una forma de tortura encubierta. No tanto por su «moraleja», que yo plagiaré en mi reflexión, sino por ser una cita obligada de nuestras navidades desde que tengo uso de conciencia. Hasta yo he temido encontrarme de madrugada al fantasma de las navidades pasadas. Esto da casi tanto miedo como la cena familiar con los «cuñados».

Sí, he de reconocerlo. Yo soy el cuñado mítico que entiende de todo y que aprovecha las cenas de navidad para darlo a conocer a la concurrencia y que hacen de las cenas familiares un lugar peligroso y hostil.

Navidad como símbolo del triunfo de la luz frente a la oscuridad

Sin embargo, el pasado diciembre, AFASIB, una de nuestras asociaciones hermanas, organizó una actividad sobre duelo por suicidio en fechas especiales. Tuve la oportunidad de participar como ponente (gracias Xisca, por estar ahí siempre incondicionalmente) y eso me permitió reflexionar también sobre qué significa este período que llaman navidad, con tanto significado simbólico en los países de cultura cristiana.

Esta fiesta religiosa tiene su origen en la celebración de unas fiestas de tradición romana dedicadas al dios Saturno, a la agricultura y a la ganadería que tenían mucho de transgresión. Coincidían con la época del año donde los días empiezan a aumentar en contraposición a las noches. A mí me parece esta coincidencia interesante por lo que supone el triunfo de la luz sobre la oscuridad como hecho simbólico. Seguro que te inspira mil interpretaciones.

Para mí, la luz tiene que ver con ese concepto esquivo que llamamos FELICIDAD y también, rememorando a las saturnales, con la LIBERTAD, un bien cada vez más amenazado.

El éxito y el fracaso como determinantes de la felicidad. El suicidio como hecho natural

Permíteme que haga un pequeño receso en mi reflexión personal sobre la navidad y hable del suicidio. No en vano este blog se dedica a su prevención y últimamente el suicidio se ha convertido en un tema esencial de mi etapa profesional y humana.

Existe un mito sobre las personas que mueren por suicidio que los define como «cobardes» o «valientes». Sin duda esta afirmación tiene un alto contenido de perjuicio moral, señalando el suicidio como una deficiencia de un perfil concreto o, por el contrario y aún más dañino, como una capacidad que lo convierte en personas especiales.

Aunque parece claro que existen personas o colectivos con una mayor vulnerabilidad hacia esta causa de muerte, pensar que la conducta suicida es solo propia de un tipo de persona concretas forma parte del estigma y el autoengaño. A esto contribuye también considerarla una enfermedad mental o una causa de muerte «no natural». Si bien puede ser útil como categoría nosológica, a mi siempre me ha dado algo de grima porque en cierta forma fomenta la discriminación hacia las personas que emiten esta conducta. Ninguna causa de muerte, fuera de condicionamientos morales, debería ser considerada como «diferente», al margen del sufrimiento diferencial que pueden producir por sus circunstancias y consecuencias.

Frecuentemente recuerdo este mito cuando alguna persona con conducta suicida o un familiar que perdió a un ser querido por esta causa me narra su historia. ¿Qué determina la felicidad de una persona? ¿Cómo definimos el éxito o el fracaso en la vida?

Foto de Maria Orlova en Pexels

Muchas muertes por suicidio no son necesariamente de personas que habían fracasado en sus objetivos personales y profesionales. Por el contrario, muchos eran personas muy reconocidas en su entorno, con habilidades que yo he aprendido a admirar y envidiar a partes iguales. Sin embargo, ellos no supieron encontrar en este supuesto éxito una razón para seguir viviendo.

Al éxito y al fracasoesos dos impostorestrátalos siempre con la misma indiferencia.

Rudyard Kipling

El suicidio no es una cuestión de éxito o fracaso personal, sino una manifestación del fracaso social que supone no ser capaces de crear una sociedad donde todas las personas tengamos cabida. Y en casos extremos (los menos) es la manifestación libre de una persona que tiene razones objetivas para no desear seguir sufriendo unas circunstancias de vida por las que ninguna persona desearía pasar y que no tienen ningún tipo de solución (esta postura última no desea representar en ningún modo la postura oficial de papageno.es, sino que muestra mi opinión personal).

Por eso siempre defiendo que el papel de los que hemos decidido aportar un grano de arena a la prevención de este grave problema, debemos tener claro nuestro papel y nuestro rol frente a las personas que sufren. Jamás defenderé el suicidio, pero tampoco me parece ético el paternalismo sobreprotector que indirectamente contribuye a pensar en la persona con conducta suicida en alguien inútil para activar sus propios recursos para enfrentarse a su sufrimiento.

Ayudar nunca debe suponer apropiarse de la responsabilidad de otras personas sobre sus propias vidas. Ayudar es acompañar, comprender, escuchar, tender una mano… No «salvar» a una persona ni mucho menos contribuir a mitificarla como un ejemplo a seguir o que justifique esta conducta bajo el simplismo de que el suicidio es una decisión libre. En la inmensa mayoría de los casos no lo es.

La felicidad no solo es aprender, sino también desaprender

Pero volvamos a la navidad y a sus peculiaridades como fechas especiales por su peso en la tradición. En este sentido, este año me propuse intentar hacer durante estas fechas un proceso de desaprendizaje personal, con la finalidad de convertirlas en momentos especiales volviendo a recuperar parte de la inocencia que hace posible ser feliz amando las pequeñas cosas.

Esta capacidad es una actitud natural que veo en mis hijas pequeñas, Ainhoa y  Marta (ya no lo son tanto, pero me resisto a dejarlas ir) y en los niños en general.

Hoy le tocó a Myriam. No es una de mis hijas, pero aunque nunca la he llegado a ver en persona he aprendido a quererla a través de la dulce mirada de su madre a quién conocí desgraciadamente porque perdió a su pareja por suicidio. Ella fue quien puso su foto hoy en uno de los grupos de WhatsApp de UBUNTU y PAPAGENO. En la foto Myriam mira a su muñeca nueva (se la trajeron los Reyes) como si eso fuera lo único importante en la vida. Hoy yo quise ser Myriam. Tanto, que me hizo reflexionar sobre cuándo perdemos los adultos la capacidad de disfrutar de estas pequeñas cosas.

Ayer, casi cuando pensé que este año yo tampoco conseguiría dejar de pensar que la navidad apesta, la vida me regaló varios momentos únicos y simples que tardaré en olvidar.

Ayer volví a constatar el error que cometo cuando vinculo mi felicidad al éxito profesional y que hace de la navidad un período especialmente molesto porque supone un paréntesis en mi loca carrera por ser un profesional reconocido (para profundizar en esta reflexión te aconsejo ver la película «Ciudadano Kane»). 

En este sentido, a lo largo de mi vida profesional he subido y he bajado tantas veces como para no poder negar el hecho que mi felicidad no se relaciona tanto con «estar arriba», «ganar mucho», tener muchos me gusta en Facebook o corazoncitos en Twitter o tener un coche de mayor o menor tamaño. Pero sigo siendo fiel a mis errores, el único tipo de fidelidad que NUNCA debería ser premiada.

Espero que todo esto mañana no se me olvide, puesto que el mérito de esta reflexión no es mía, sino de mi hija más pequeña, Marta, que con 11 años ya es tan alta como su madre. Mientras cenábamos ayer en un restaurante, ajena a las consecuencias, lanzó una pregunta que dio origen a esta entrada del blog:

¿Papá si mañana tuvieras la oportunidad de ganar más dinero o de estar con nosotras en navidad, qué elegirías?

Mientras pensaba en la pregunta y en la respuesta absurda que le di para salir del paso y que ni yo mismo me creí, nos dimos los regalos (a nuestra casa, los Reyes vienen casi los primeros, el vivir en el sur tiene sus ventajas).

Los regalos y el proceso de regalar, me parecen un momento único para educar en familia. Además, se disfruta. Me encantan sus caras de sorpresa y la preocupación que han puesto por acertar lo que le gusta al otro. Me gusta mucho menos, la pasión por las las marcas y el valor monetario (lo siento, otro año más sin iPhone nuevo en casa). 

Foto de Jonathan Meyer en Pexels

Hoy me reservo el derecho de mejorar la respuesta que le di anoche a su trascendental pregunta: Sin duda las elijo a ellas.

Elijo la muñeca de Myriam

Elijo a Marta, elijo ver la cabalgata de Reyes con ella y recoger caramelos juntos. Marta y yo, fuimos durante una hora «The best friends«. Volví a ser un niño ¿A quién no le divierte eso? Resulta extraño ver como tus hijos crecen y adquieren su propia personalidad tan diferentes pero tan iguales a ti. Jamás podré agradecer tanto a la vida haberme permitido conocerla y poder disfrutar viéndola dormida a mi lado en el sofá cuando quedamos para ver una «peli», para luego dormirnos sin llegar nunca a ver el final. Marta, esa niña sensible, que combina la ingenuidad con un sexto sentido para leer las situaciones sociales y resolverlas a su favor.

Elijo a Ainhoa, mi hija mayor, que es casi tan alta como yo. Aún soy capaz de recordar su peso entre mis brazos. He aprendido tanto de ella durante todos estos años, que no sería el mismo sin su existencia. Me tocó de «amiga invisible». Su regalo lo reservo para el ámbito de lo privado. Sin embargo, os cuento que espero que durante todos estos años yo haya sido capaz de transmitirle el amor incondicional que siempre sentí hacia ella. Le toca cruzar los duros y maravillosos años de la adolescencia. Pronto (si no lo ha hecho ya) se dará cuenta que su padre solo es otra persona más y no el gigante de sus sueños. Ojalá ella sea capaz de amarse a sí misma tanto como yo la he amado desde que vino a este mundo.

Y también la elijo a ella. No hago este viaje solo. Nuria, mi compañera de las últimas décadas, aún sigue ahí. Y eso, pese a todo (os aseguro que no ha sido poco). Con ella tengo tantas deudas que ni en dos vidas tendría tiempo de devolverle todo lo que me dio todos estos años. Y aún tuvo tiempo de hacerme los dos mayores regalos de mi vida, ambos con nombre de mujer. Será fácil que los reconozcáis en este texto.

Al final, disfrutamos de momentos mágicos. No faltaron las fotos de los regalos y la cena al grupo de WhatsApp de la familia (todos tenemos un pequeño monstruo llamado EGO, pero no tanto como para publicarlo en las redes sociales).

Y luego incluso hubo tiempo para visionar la TV Local que ayer daba la reposición de la película «Descalzos por el Parque», que usaré para resumir la moraleja y concluir este texto (tengo vocación de escritor frustrado)

La felicidad está en pequeñas cosas: a propósito de «Descalzos por el parque»

Foto de Anna Guerrero en Pexels

Resumiendo mucho, esta película basa su argumento en la relación de una pareja donde el varón es un abogado serio y aburrido y su pareja una mujer alocada y amante de las emociones extravagantes. Un símbolo central de la trama, que da título a la cinta, es que a ella le encanta pasear por el parque descalza en invierno cosa a la que él se niega.

Pese a que no pasaría el filtro de «fomento de la igualdad entre géneros» ni el de «consumo responsable de alcohol» me divirtió y entretuvo. Me dio la clave para que ayer fuera, pese a todo, un día especial para mí.

Andar descalzos sobre el frío o la nieve representa en esta película dejarse llevar por los impulsos, un momento mágico compartiendo un pequeño y simple detalle de la vida cotidiana entre personas que se aman y transitan un período de la vida juntos.  

Así que hoy, o mañana (ya no será navidad y no tendremos la obligación de ser felices, ni de llevarnos bien), te invito a pasear por el parque descalzos. Cuando la vida nos obligue a llevar caminos diferentes o cuando nosotros mismos así lo decidamos, te prometo que conseguiré vencer el dolor que me producirá no tenerte y que siempre recordaré el tacto del césped o la nieve bajo nuestros pies de aquel día que paseamos juntos.

Mil disculpas

Empecé quejándome de las películas americanas sobre la navidad que siempre acaban bien, y releyendo el texto soy consciente de que he caído en todos los tópicos de sus guiones.

Mil disculpas: No me salió muy original.

Solo deseo que la lectura de esta pequeña reflexión te permita encontrar tu propio camino para recuperar aquellas pequeñas cosas que hicieron alguna navidad especial y que cada día de tu vida sea una nueva oportunidad para amar sin límites ni reservas.

Nunca sabremos si esta navidad será la última. No es adecuado esperar a la siguiente, sino a mañana o a esta misma tarde. Disfruta de cada minuto que te regale la vida y de los tuyos (no te pertenecen). Son un regalo, se te ofrecen solo en calidad de préstamo para una parte del camino. Porque como decía el popular músico:

«La vida es aquello que te pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes«.

John Lennon

Aspresam se adhiere a papageno.es

Tiempo de lectura: 3 minutos

La Asociación de Prevención y Salud Mental es una organización sin ánimo de lucro registrada en la Generalitat Valenciana nacida para dar apoyo a personas y familias que sufren trastornos mentales. 

Objetivos de la Asociación

  • Prestar asistencia terapéutica, preventiva, social y laboral a personas con algún Trastorno de la Personalidad (TLP), Trastorno Adictivo, Trastorno de Conducta o con Patología Dual y a sus familias con trabajos de ayuda mutua, orientación e información, así como en Escuelas de Padres y Madres.
  • Fomentar la investigación y el estudio científico del TLP para mejorar el diagnóstico inicial, indicando su graduación y tratamiento a seguir, y de trastornos adictivos no tóxicos.
  • Formar a personal destinado a informar de la problemática para colaborar en la prevención y formar internamente al personal técnico de la Asociación.
  • Crear una conciencia social de la existencia de esta problemática y divulgar sus conocimientos y la experiencia adquirida.
  • Obtener un reconocimiento oficial de estas patologías para garantizar los derechos fundamentales de personas afectadas y sus familias, defendiendo sus intereses económicos, sociales, laborales y profesionales y consiguiendo que las autoridades destinen los recursos necesarios para su detección, prevención y tratamiento.
  • Promocionar y velar por la imagen de la asociación, conjunto armónico de iniciativa social, de trabajo, ayuda, seriedad, profesionalidad y discreción.
  • Confección y realización de programas de prevención entre adolescentes y conferencias para padres y madres, profesionales y alumnado universitario.

Datos de Contacto:

Asociación Prevención y Salud Mental
Registro de Asoc. de la Generalitat Valenciana
Nif. G-44533792- CV-01-060915-CS

web: https://aspresam.blogspot.com/ 

E-Mail: aspresamprevencion@gmail.com 

Teléfono/Wasap: 603577899

Plataforma profesional de prevención del suicidio

Papageno.es es una plataforma de carácter independiente y no lucrativa de prevención del suicidio que nació en 2019. Desde sus inicios se mueve desde la ilusión de unir esfuerzos de los profesionales y organizaciones preocupadas por el impacto que el suicidio provoca en la sociedad. Este impacto no está marcado solo por el número de víctimas mortales, sino por el sufrimiento de las personas y colectivos más vulnerables, y entre ellos el de las personas que afrontan un duelo por suicidio (supervivientes).

Desde la filosofía de la lucha contra el estigma y el tabú, tiene como objetivos la sensibilización de la sociedad y de los colectivos profesionales, la prevención de la conducta suicida y el acompañamiento de personas en duelo. Todo desde una perspectiva responsable, crítica y consciente de la necesidad existente de formación sobre este problema.

Adhesión de ASPRESAM a papageno.es

De esta forma, tanto Aspresam como papageno.es declaran su intención de crear puentes de colaboración que contribuyan de diferentes maneras a cumplir sus objetos sociales, haciendo énfasis en sus puntos comunes.

Ambas organizaciones hacen pública la adhesión e invitan a otras instituciones a unirse alrededor de la prevención del suicidio. Juntos tenemos que afrontar este reto, que registró 3.941 víctimas mortales durante 2020 en España. El suicidio es la principal causa prevenible de mortalidad externa en nuestro país y es responsable de una muerte cada 40 segundos en el mundo.

Nueva Junta Directiva de papageno.es

Tiempo de lectura: < 1 minutos

El pasado mes de diciembre, celebramos elecciones para la creación de una nueva directiva en papageno.es. De esta forma dotamos a nuestra asociación de una estructura más compleja para mejorar la respuesta que damos a las necesidades detectadas y para renovar la ilusión con la que se inició nuestro proyecto.

Durante los próximos cuatro años Daniel J. López Vega y Xisca Morell García asumirán las funciones de presidente y vicepresidenta respectivamente, Francisco Rodríguez será el secretario y Sonsoles Rivera realizará las tareas de tesorería. Por último, Josep Ramon Ortega, Sergio Tubio, Francisco J. Celada, Ángel Luis Mena, Natalia Lorenzo y Marilú Ancona representarán como vocales las diferentes zonas de España y Latinoamérica.

Desde la asociación damos la bienvenida a la nueva directiva y le deseamos un futuro exitoso que permita a nuestra asociación seguir evolucionando sin dejar de mirar a nuestras raíces. 

¡Bienvenidos!

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