Categoría el Medios de comunicación

I PREMIO #PERIODISMORESPONSABLE 2021: EL SUICIDIO EN LOS MEDIOS

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Sonsoles Rivera Pascual. Sonsoles es periodista, socia de papageno.es y responsable de redes sociales.

Guillermo Córdoba Santos. Guillermo es periodista, socio de papageno.es y responsable del programa #periodismoresponsable

Periodismo responsable

Hay una diferencia vital entre informar del suicidio con responsabilidad e ignorar la realidad de este problema social. El suicidio es un impacto que al periodista también le cuesta asumir, la falta de preparación en este campo suele promover piezas que estiran las emociones, más apropiadas para alimentar la curiosidad del lector morboso que para llevar a cabo la importante labor social propia del periodismo.

 

“Los medios de comunicación tienen un gran impacto en múltiples facetas de la vida. Influyen en la forma de vestirnos, en lo que compramos, en lo que empleamos el tiempo libre y también nos afectan en los temas que nos hacen pensar y en los conceptos a partir de los que valoramos el mundo. Sus efectos son difíciles de analizar aisladamente y hay que reconocer que se trata de un proceso sutil, complejo y en el que participan otras muchas fuerzas. Son determinantes en los asuntos de los que carecemos de experiencia directa. Esa influencia es la clave de su exigencia ética”(García & Domínguez, 2017).

 

Tratamiento del suicidio en medios de comunicación

El suicidio tiene una tradición inmoral y pecaminosa que lo ha convertido durante siglos en un tabú. El periodismo llega tarde a su autorregulación. Se le ha adelantado la Organización Mundial de la Salud (OMS), que declara al suicidio un problema de Salud Pública que se debe abordar específicamente desde los Medios de Comunicación (Actualización 2017).

Por estas razones la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida «Papageno» y Familiars i Amics Supervivents per Suïcidi de les Illes Balears «Afasib» han organizado el I PREMIO #PERIODISMORESPONSABLE, para difundir la importancia de informar adecuadamente sobre el suicidio. Y concienciar de que el tratamiento adecuado es una pieza fundamental y necesaria para sensibilizar a la sociedad desde el enfoque de la prevención.

Afasib

I Premio #PeriodismoResponsable 2021

La organización entregará un premio a nivel nacional y otro a nivel local en las Islas Baleares, a cargo de la entidad 3 Salut Mental. Los ganadores/as recibirán un premio económico de 250 euros, un diploma conmemorativo y el libro Hablemos del suicidio, de Gabriel González Ortiz, o La Niña Amarilla, de María de Quesada Herrero. Cada categoría contará con dos accésit, que recibirán un diploma. La organización del premio se reserva el derecho a declarar desierto uno o algunos de los premios en el caso de que el jurado considere que ninguno de los trabajos presentados atesoran la calidad o los requisitos suficientes. 

Los trabajos premiados se darán a conocer durante la I Jornada de Prevención y Postvención del Suicidio, que se celebrará el 10 de septiembre de 2021 en un acto en el CaixaForum de Palma de Mallorca, coincidiendo con el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En este evento se abordará con todo detalle la compleja relación del suicidio con los medios de comunicación.

Salud mental: la ola más importante de la pandemia no tiene número

Tiempo de lectura: 4 minutos

Camino del primer aniversario de la pandemia provocada por el coronavirus, existe en la sociedad una evidente fatiga mental motivada por incontables circunstancias. El confinamiento, las mascarillas, la pérdida de empleos, la falta de ocio, la ausencia de despedidas, el miedo al contacto o las dificultades del duelo son algunos factores que han comprometido nuestro día a día. Todo se resume en una palabra clave, que no es otra que incertidumbre. Si el ser humano necesita de certezas, este virus se las ha llevado todas. Vivimos el presente sin tener claro cómo será el futuro y con el recuerdo reciente de un pasado sin excesivas sonrisas. 

No olvidaremos lo ocurrido en 2020, un año marcado para siempre en nuestra piel y, sobre todo, en nuestra memoria. Porque, más allá de contagios, hospitalizaciones y muertes, la pandemia ha afectado a nuestra salud mental. Numerosos estudios han constatado el aumento de casos de depresión o ansiedad, así como el aumento del consumo de antidepresivos o de ansiolíticos en España, un país en el que visitar al psicológico sigue rodeado de estigma y tabú, además de una espera excesiva entre consulta y consulta. Mientras, las redes sociales se han destapado como un espacio donde los jóvenes pueden expresar lo que sienten con cierta intimidad.

Hace solo unos días, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha publicado una encuesta sobre la salud mental de los españoles durante la pandemia causada por la COVID-19. Más del 50 % reconocía haberse sentido cansado, mientras un 42 % había tenido problemas de sueño. La pregunta más popular ha sido en la que uno de cada tres españoles confesaba haber llorado debido a la situación en la que nos encontramos. Un dato elevado y en consonancia con otros estudios, que exponen la urgente necesidad de mejorar el interés por la salud mental, la ya conocida como “hermana pobre de la sanidad” entre la jerga de los profesionales sanitarios.

Sin embargo, los medios de comunicación no han dedicado la atención suficiente al grave problema de la salud mental. Más bien, han saturado a la sociedad con mala información de la pandemia a partir de un abuso de los datos y noticias repetitivas, a veces sin el contexto necesario. Esto ha obligado a los especialistas a recomendar a sus pacientes apagar el televisor y no consumir noticias sobre la pandemia. Es algo curioso. En un momento clave para la población, el exceso de información ha hecho que lo mejor sea ponerse a dieta. Pero, más allá de estos errores, queda otro igual o más importante: la falta de precisión al referirse a la ola de salud mental.

Si en la primavera convivimos con el desconocido estado de alarma y la primera ola, meses después llegó el segundo capítulo de la película. Cocinada al calor de agosto y septiembre, la segunda ola vivió su apogeo entre finales de octubre y principios de noviembre. Entre datos y más datos, los medios de comunicación posaron la mirada en la salud mental, a la que definieron sin tabú como la “tercera ola de la pandemia”. Pero lo hicieron demasiado rápido. Con el aumento de casos a partir de mediados de diciembre (y sobre todo a raíz de la llegada de 2021), los periodistas (y también los expertos) tuvieron que redefinir su propio concepto. 

 

Titulares publicados por los medios de comunicación sobre la salud mental.

Ya no podían definir a la salud mental como la tercera ola, ya que habían bautizado así un nuevo y considerable incremento de contagios. Por ello, la salud mental pasó a ser llamada la “cuarta ola de la pandemia”, atributo que mantiene en la actualidad a la espera de que, tarde o temprano, un nuevo aumento de los casos la obligue a pasar otra vez por el probador para adquirir una nueva definición que, cabe suponer, no será la última. Pero, ¿qué ocurrirá cuando llegue la cuarta ola? ¿La salud mental será la quinta? ¿Y si meses después llega otra, volverá a cambiar su número? 

No, gracias. La salud mental necesita dejar atrás su degradación constante y ocupar el espacio que merece en la agenda mediática. No puede ser definida, según el día, como la tercera, la cuarta o la quinta ola. Este cambio impide definir con claridad el problema y abordarlo como se merece, con más atención, más profesionales y más recursos. Un interminable cambio que es necesario atajar cuanto antes para así dar la prioridad que merece a un problema que no terminará con una vacuna.

Si ahora nos encontramos en la tercera ola, aludir a la salud mental como si fuera la cuarta hace pensar que todavía no está aquí, que llegará después, cuando sabemos que los problemas de salud mental aparecieron desde el primer confinamiento. Esta es una forma errónea de dar voz a un grave problema, como cuando se informa de la despoblación de la España rural y se cita a estas regiones como la España vacía o la España vaciada. ¿No vive nadie en esos lugares de España? Claro que sí, pero aquí ocurre como con tantos otros temas: falta precisión en el diagnóstico.

Titulares publicados por los medios de comunicación sobre la salud mental.

La imprevisible ola de la salud mental no tiene número. Arrancó en el mes de marzo de 2020, cuando el coronavirus cambió nuestra vida para siempre y entramos en la insólita normalidad en la que ahora, un año después, todavía nos encontramos. Es la ola más importante de la pandemia por su incalculable duración, por sus limitados recursos, por su escasa visibilidad, por el estigma y el tabú que la rodean o porque, por desgracia, a las personas nos cuesta reconocer (y aquí me incluyo) que a veces no estamos bien cuando nos preguntan cómo estamos.

Es necesario focalizar a la salud mental como la ola más importante de la pandemia para otorgar más prioridad, más recursos, más transparencia y más delicadeza a un problema que nos afecta a todos. Educar emocionalmente desde el colegio, mejorar las plantillas de psicólogos y psiquiatras de la sanidad pública, prestar más atención desde los medios de comunicación y potenciar campañas para animar a la sociedad a hablar de este tema. Pero no basta con eso. Hace falta que la política se implique de verdad. Mejor dicho: hace falta que la política quiera implicarse de verdad.

Buenas prácticas en prevención del suicidio: #chatsafe

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Orygen: liderando la revolución en salud mental para jóvenes

Desde este proyecto australiano defienden la idea de promover que los jóvenes maduren con una salud mental plena.

La mayoría de los trastornos mentales se inician en la adolescencia o antes de la segunda década de la vida. En consecuencia, tratar de forma precoz y enfocarse en la recuperación y desarrollar soluciones prácticas es el objetivo de esta iniciativa. Desean liderar este movimiento a nivel mundial, impactando y creando cambio. Todo ello trabajando directamente con los jóvenes, sus familias y amistades desde una perspectiva positiva de aproximación a la prevención y el tratamiento de los trastornos mentales.

¿Su meta? Conseguir que los jóvenes con enfermedad mental mejoren su calidad de vida.

IR A SU PÁGINA WEB (EN INGLÉS)

Hablar de suicidio en internet

Guías para jóvenes sobre comunicación online segura sobre suicidio

Tanto por su facilidad de lectura, como por la calidad de sus consejos, su utilidad y su método de realización, la lectura de este texto nos parece muy aconsejable:

ACCESO AL DOCUMENTO EN ESPAÑOL (MÉXICO)

En internet y las redes sociales aparece continuamente información de diferente calidad hablando del suicidio. Tanto en intentos de prevención más o menos acertadas, como de personas que buscan en la red expresar sus ideas, pensamientos y emociones que le suscita el tema. Se hace necesario, por lo tanto un aprendizaje de cómo hacer esta comunicación preventiva, evitando el efecto contagio. 

En 2018, Orygen desarrolló su guía basada en la evidencia para jóvenes sobre este tema. Se centraron en la comunicación online segura sobre suicidio.  En colaboración con otras organizaciones internacionales han traducido la guía para jóvenes de otros países del mundo. 

En español, ha sido editada para los jóvenes mexicanos. La guía consta de las siguientes secciones:

1. Antes de publicar contenido acerca del suicidio en línea;

2. Compartir tus pensamientos, sentimientos o experiencias con conducta suicida en línea;

3. Hablar acerca de una persona que tiene pensamientos, sentimientos o conducta suicidas;

4. Responder a alguien que puede tener pensamientos suicidas;

5. Sitios web, páginas conmemorativas y grupos
cerrados para honrar a los fallecidos.

 

LECTURA MUY ACONSEJABLE DIRIGIDA A TODOS LOS PÚBLICOS

Duelo, autolesión y conducta suicida: desafíos en la era digital

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Reseña de Amazon

«El suicida no desea morir, lo que anhela en lo más profundo de su ser es vivir». Esta y otras verdades atraviesan el texto de Duelo, autolesión y conducta suicida: desafíos en la era digital, que busca, desde un lugar de comprensión, de verdad, de investigación, llevar luz a la problemática tan compleja que describe en sus páginas.

Los entornos digitales son parte insustituible de nuestra vida cotidiana, y así como traen, entre otros beneficios, información, conexión o entretenimiento, pueden ser un campo fértil para abrumar a personas que no encuentran una salida, que están inmersas en dolores y dificultades que no saben cómo manejar.

Este libro, a través de reflexiones, ejemplos y herramientas de prevención, nos habla del significado y sentido del duelo, de la necesidad de aprender de la pérdida, de curar el amor sin olvidar. Y en ese camino de aprendizaje, nos habla, en definitiva, de la esperanza.

Perfil del Autor

Luis Fernando López Martínez, psicólogo General Sanitario. Psicoterapeuta de adultos/adolescentes y Formador. Co-Director y creador de Proyecto ISNISS del Programa de Doctorado en Psicología de la Salud de la UNED. Investigador de conductas autolesivas y suicidas en entornos digitales, redes sociales e Internet. Máster en Psicología General Sanitaria. Máster en Psicoterapias Humanistas. Máster en Intervención Comunitaria. Máster en Mediación y Resolución de Conflictos. Técnico Experto en Violencia de Género y PRL. Autor de la obra Peajes Emocionales: un viaje de tu interior.

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El autor regalará dos ejemplares en formato epub entre las personas que contesten este Quiz, comenten esta entrada en nuestra página de Facebook (@papageno.es ) y/o Twitter (@EsPapageno) y lo compartan desde el 9/02/21 hasta el 16/02/21.

SUICIDIO EN TIEMPOS COVID (El efecto tsunami)

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Foto de Koji Kamei en Pexels

Alarmismo en medios de comunicación

«Los suicidios pueden aumentar de manera exponencial por el covid- 19»

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Y en lo que va del 2020, se han certificado ya 58, con un mes de julio especialmente dramático, con 11 decesos por esta causa, una cifra que supone casi un 15% más que los que se contabilizaron el año pasado en el mismo periodo.”

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Frente al temor generalizado a los efectos de la crisis Covid en la intención suicida y frente a publicaciones que parecían indicar una mayor atención hospitalaria de casos de tentativa, el INE nos ha mostrado que las percepciones subjetivas o la “lógica” deben contrastarse con la, muchas veces, sorprendente realidad de la evidencia estadística.

No. No ha habido repunte de casos de suicidio en España. De hecho, en lo que se ha dado en llamar “la primera ola”, en los meses de marzo, abril y mayo, se ha producido un descenso del orden del 20% en el número de fallecidos por esta causa respecto de los mismos meses del año anterior.

 

(Pese a la noticia del Diario Córdoba, el número de casos hasta mayo en la provincia fue de 19).

¿Significa eso que no hay motivos de preocupación?

Muy al contrario. Es evidente que hay muchos motivos de preocupación. El suicidio es un fenómeno complejo, con sus propias reglas y casi tantas motivaciones como individuos, pero que refleja claramente las tensiones sociales y los sufrimientos individuales, convergiendo en eso que hemos convenido en llamar “factores de riesgo”.

A nadie se le escapa que las tensiones emocionales interaccionan y se acrecientan con los problemas cotidianos. El desempleo, un futuro incierto, malas perspectivas económicas, la merma de independencia económica, o las pérdidas de seres queridos, son circunstancias que van a influir negativamente en la salud mental de las personas. A ello añadiremos la presión acumulada por la falta de movilidad, el cambio en la rutina diaria, el estrés aguzado en determinadas profesiones, la tensión de un mayor número de horas de convivencia familiar o, peor aún, la soledad. Es un cóctel peligroso que nos permite entender el temor de los profesionales de la salud mental y difundido en medios y redes sociales a un “boom” en la intención suicida.

Suicidios de enero a mayo de 2020

Gracias a un enorme esfuerzo, el INE ha sido capaz de adelantar la publicación de los datos sobre fallecidos por causa de muerte de los cinco primeros meses del 2.020. Entre ellos, las que son resultado de la infección por Covid-19, pero también el efecto causado por esta pandemia sobre el resto de la casuística.

Lo más remarcable de esos datos es que las medidas obligadas de confinamiento y, muy posiblemente, por la saturación de los servicios sanitarios, han producido una notable distorsión en muchas de las causa de muerte entre marzo y mayo de 2.020.

La más obvia es el descenso en el número de fallecidos en accidentes de circulación debido a la menor movilidad. Pero hay más. Una de ellas, y a priori bastante sorprendente, es el menor número de muertes por suicidio y lesiones autoinfligidas.

Sin adentrarnos en complejos (y a veces poco útiles) análisis estadísticos, es fácil hacer una descriptiva que nos muestre como ha afectado esta crisis a las intenciones suicidas.

Frente a un arranque de año negativo, se observa como el número de suicidios desciende en marzo y conserva ese sesgo hasta mayo:

Comparando el periodo enero/mayo de los últimos años, los datos absolutos también muestran que los casos de muerte autoinfligida son más bajos en el 2.020:

El seguimiento que hemos ido haciendo a partir de los datos difundidos por Sanidad, y de los que se han ido haciendo eco los medios de comunicación, nos han permitido saber que la pandemia ha golpeado de forma muy desigual en los diferentes territorios. Las muertes por Covid ha sido muy distinta en ambas Castillas o Madrid que en los territorios insulares, Andalucía o Murcia. Aún así, a la vista de los datos recientemente publicados, no es posible extraer un patrón claro que vincule el nivel de afectación de la enfermedad con las tasas de fallecidos por suicidio. Así pues, mientras que en en Madrid se ha incrementado un 21% y Castilla la Mancha un 12%, respecto del mismo periodo de 2.019, en Castilla León ha visto reducido el número de suicidios en un 17%. De igual manera, las variaciones en el número de suicidios en aquellas regiones menos afectadas por Covid parecen indicar que no hay una relación simple y evidente entre ambas.

¿Cómo se explica este fenómeno de la reducción del número de suicidios?

Amigos psicólogos me explicaron hace tiempo una premisa que nunca deberíamos olvidar:

«La persona con conducta suicida no desea morir, sino dejar de sufrir»

Uno de los elementos capaz de frenar la intención suicida es el pensamiento en el dolor que produciría en sus allegados. La persona que sufre, se rearma para evitar que su muerte dañe a los seres queridos, especialmente cuando puede pensar que es “un mal momento” para ellos.

Al igual que ocurriera con la crisis económica iniciada en 2.008, todo parece indicar que en los primeros años de la crisis, algunas de las personas en riesgo de suicidio, optan por rechazar la decisión de materializar su ideación suicida. Debemos suponer por los datos que ese rechazo inicial no evita muchas de esas intenciones suicidas y acaban convirtiéndose en solo un aplazamiento, que acaba mostrándose cuando, contra la simple lógica, empezamos a ver la luz al final del túnel.

 

La OMS, algunas instituciones europeas y las diversas organizaciones que se reúnen alrededor de la lucha contra el suicidio, tienen claro que junto con las políticas firmes de prevención se debe invertir en la atención primaria, planificar bien las estrategias y establecer protocolos eficaces.

Los expertos llevan tiempo advirtiendo sobre el drama del suicidio, el terremoto Covid se inició en nuestro país en marzo y, aunque el tsunami está al llegar, las autoridades no han considerado prioritario en este momento adoptar medidas preventivas.

Desgraciadamente, podemos ver ya con preocupación como el agua retrocede de la playa, reflejado en el descenso en el número de muertes, pero queda poco tiempo para evitar la embestida de esta primera ola de «suicidios Covid».

¿Haremos algo por evitar muertes? O peor aún, ¿Habrá empezado ya el «Tsunami»?

Autor del artículo:

El tratamiento del suicidio de Rosario Porto en los medios de comunicación

Tiempo de lectura: 9 minutos

El 18 de noviembre de 2020, Rosario Porto se suicidó en la cárcel de Brieva (Ávila). Conocida por la opinión pública como la madre de Asunta, a la que ella y su marido Alfonso Basterra mataron en el año 2013, Porto fue protagonista durante todo el día en los medios de comunicación. Al ser una persona famosa, los periodistas contaron el suceso, aportando contexto e imágenes de archivo de un caso que conmocionó a una parte de España hace ya más de un lustro.

Solo una semana después de la muerte de Porto, este análisis busca conocer cómo ha sido el tratamiento de su suicidio en los medios de comunicación. Apoyado en mi trabajo como coordinador del proyecto Periodismo Responsable de papageno.es, en este análisis estudiaré la información publicada por dos agencias de noticias, nueve medios de comunicación, dos programas matinales emitidos en televisión y el papel de Radio Televisión Española, referencia como cadena pública. La mayoría fueron contactados por correo electrónico el mismo día del suicidio o al día siguiente para compartir con ellos un análisis sobre el tratamiento que habían realizado.

El suicidio de Porto es, además, la primera prueba importante para conocer el nivel de conocimiento que los periodistas tienen del Manual de Recomendaciones para el tratamiento del suicidio que el Ministerio de Sanidad publicó en julio de 2020. Al ser una persona famosa y conocida por la opinión pública, el suicidio fue protagonista a nivel nacional, una cualidad que otros casos no cumplían. Cuatro meses después de su publicación, ha pasado el tiempo suficiente para comprobar si los periodistas han leído el Manual y han cumplido con las diferentes pautas que este defiende.

Otro elemento a tener en cuenta es el rechazo de la sociedad a una persona como Rosario Porto, que antes de suicidarse estaba presa en la cárcel por cometer un grave delito. Por tanto, en este caso no existe la tradicional identificación o idolatría de la sociedad hacia una persona famosa que se quita la vida, como sí ocurrió en casos como los suicidios de Kurt Cobain o Robin Williams. Esto, a pesar de todo, podría limitar el posible efecto contagio, aunque la falta de actualización de los datos nos impide conocer las consecuencias en la actualidad. Aclarado todo ello en la introducción, es hora de iniciar el análisis del tratamiento del suicidio de Rosario Porto en los medios de comunicación.

El papel de las agencias de noticias

Fundamentales en el proceso informativo, las agencias de noticias proporcionan una importante cantidad de información a los medios de comunicación. Catalizadoras de todo lo que ocurre, son las grandes protagonistas de la información en el suicidio de Rosario Porto. Cuando entidades como Europa Press o la Agencia EFE anunciaron este suceso, un importante número de medios publicaron tal cual el teletipo remitido por las agencias, sin cambiar ni una sola coma. Y aquí, como detallaré más tarde en las conclusiones, existe un grave problema: si las agencias cometen errores cuando informan de un suicidio, es muy probable que los medios también lo hagan.

La Agencia EFE publicó un teletipo con el titular ‘Hallan ahorcada a la madre de Asunta, Rosario Porto, en la cárcel de Brieva’, donde explican con detalle el método (“colgada de un cinturón de tela atado a la ventana”) y describen, también con detalles, sus dos intentos previos. Cuentan que en 2018 “se enroscó un cordón alrededor del cuello estando en la ducha”, para después explicar que un año antes fue “ingresada en el hospital tras ingerir un medicamento que tomaba habitualmente por prescripción médica”. Además, la agencia publicó un vídeo en su cuenta oficial de Twitter donde se detallaba cómo Porto se había quitado la vida. 

En este caso, es necesario recordar que la Agencia EFE presentó el pasado mes de septiembre su propia guía para el tratamiento informativo del suicidio. Además de un acertado y amplio contexto, donde se desmienten mitos y se mencionan los factores de riesgo, la guía ofrece un decálogo de recomendaciones sobre cómo informar del suicidio. En el cuarto punto podemos leer lo siguiente:

Siempre que sea posible, hay que evitar describir de forma detallada el método empleado. Esa descripción puede generar un efecto de imitación en personas con ideas suicidas y además acentúa el sufrimiento de los allegados del fallecido. No se publicarán notas de personas que cometen suicidio ni imágenes que hagan referencia a los métodos empleados (acantilados, cuerdas, pastillas, etc.), tanto en noticias sobre casos concretos como en informaciones genéricas sobre el tema”.

Además, otra de las recomendaciones se basa en incluir un párrafo con recursos de ayuda, pero en la noticia del suicidio de Rosario Porto no fue así.

Por otro lado, Europa Press informó del suicidio de Porto con un teletipo donde no aparecía la palabra suicidio. Con el titular ‘Hallan ahorcada en la cárcel de Brieva a Rosario Porto, que cumplía condena por matar a su hija Asunta’, la pieza detalla por encima el método empleado (“Porto ha aparecido ahorcada en su celda, para lo que habría utilizado un cinturón”). En otra noticia posterior, titulada ‘Rosario Porto utilizó una tela para suicidarse en su celda y no tenía ‘preso sombra’ porque hacía vida normal en Brieva’, sí describen con detalle el método, además de los dos intentos previos.

El análisis en los medios de comunicación

Conocida la forma en la que informaron las agencias, toca analizar cómo lo hicieron varios medios de comunicación. Desde el proyecto Periodismo Responsable escribí nueve correos electrónicos a los medios, dirigiéndome sobre todo a los más leídos en España. Aunque es obvio que casi todos los medios españoles informaron de su suicidio, la falta de recursos y la falta de tiempo hizo que contactara con una mínima parte de medios, al decidir priorizar aquellas con una audiencia más elevada.

Entrando en el análisis, cinco medios (ABC, EL MUNDO, EL PAÍS, La Razón y La Vanguardia) tienen una característica en común: en todos consta un periodista del medio como autor o autora de la noticia. Y no es, por desgracia, lo único en lo que coinciden. Los cinco describen de forma detallada el método y sus intentos previos, pero ninguno de ellos incluye recursos de prevención en materia de suicidio. Otros medios como El Confidencial o 20 Minutos publican tal cual el teletipo de la Agencia EFE, por lo que cuenta con los mismos errores que la pieza de la agencia. 

Por su parte, La Voz de Galicia añade más información al tradicional teletipo, ya que incluye una recreación de la última tarde de la niña Asunta con vida y la reacción de Alfonso Basterra al enterarse de la muerte de su exmujer. Además, al día siguiente, destacaron el suicidio de Porto en la portada. Aunque otros también lo hicieron, este fue el que le dio más protagonismo, ya que describen con detalle el método utilizado por Rosario y acompañan la noticia con un par de imágenes. También hay que decir que han publicado varias piezas más en la semana siguiente a su muerte.

 

Portada de La Voz de Galicia del jueves 19 de noviembre de 2020.

El curioso caso de eldiario.es

Mientras buscaba y leía las noticias del suicidio de Rosario Porto en los principales medios de comunicación, hubo un caso que me llamó poderosamente la atención: el de eldiario.es. Aunque el titular de la pieza no era el mejor (‘Hallan ahorcada en la cárcel a Rosario Porto, condenada por el asesinato de su hija Asunta’), eldiario.es utilizó el teletipo de la Agencia EFE para dar la noticia, pero no lo publicó tal cual en su web. ¿Cómo lo publicó? Eliminando los detalles del suicidio consumado de Porto y, también, los de sus dos intentos previos. Aunque les escribí para saber qué había pasado, a día de hoy no he recibido ninguna respuesta.

Un pequeño recorrido por la televisión

El suicidio de Rosario Porto fue conocido por la mañana, en el mismo horario de dos programas conocidos como Espejo Público (Antena 3) y el Programa de Ana Rosa (Telecinco). Como es lógico, ambos informaron de este suceso en directo, por lo que poco a poco fueron conociendo más información. El programa dirigido por Susanna Griso dedicó un espacio al suceso, donde el periodista detalla los últimos momentos de Porto y el método empleado para suicidarse. Más allá de eso, cuentan que “otra presa entra a quemar el nudo de la soga para poder deshacerlo y descolgarla”.

 En la misma franja horaria, el programa presentado por Ana Rosa Quintana también dedicó un tiempo a hablar de este caso. En un vídeo preparado por la redacción del programa, describen el método y lo acompañan con un texto en la imagen. Además, detallan sus intentos previos en años anteriores.

Mención aparte merece el caso de Radio Televisión Española. La entidad pública es uno de los pocos medios españoles que dedica un capítulo de su Manual de Estilo al tratamiento del suicidio, pero es más importante señalar que ofrece varias pautas actualizadas conforme a, por ejemplo, los criterios de la Organización Mundial de la Salud en el lejano año 2000. A pesar de su brevedad, deja constancia de la especial sensibilidad del suicidio e incide en hacer una información responsable. Leamos.

La responsabilidad debe implicar, entre otros aspectos, considerar los sentimientos de los parientes, evitar la descripción detallada del método de suicidio adoptado y tener en cuenta la sensibilidad del público receptor. Aunque pueda resultar relevante indicar cómo murió una persona, proporcionar demasiados detalles podría estimular a otras personas a probar esos métodos. Descripciones explícitas también pueden acentuar el desamparo de los familiares y allegados del difunto, particularmente el de los niños”.

Conocidas las pautas, viajemos al caso que nos ocupa: el suicidio de Rosario Porto. Como el resto de medios, la cadena pública informó de este hecho el miércoles por la mañana. Pasadas las 10:30, el canal 24 Horas de RTVE informó de que Rosario había sido encontrada “ahorcada”, para poco después describir con detalle cómo lo hizo. El presentador explicó que los funcionarios habían encontrado el cuerpo en la celda “colgado de un cinturón de tela atado a una ventana”. Veámoslo en el vídeo.

Mientras, en su página web, publicaron una noticia elaborada a partir de un teletipo de la Agencia EFE, lo que anticipa que contará con los mismos errores que la pieza de esta agencia. Bajo el titular ‘Encuentran ahorcada a la madre de Asunta, Rosario Porto, en la cárcel abulense de Brieva’, la pieza introduce en el subtítulo el método y detalla los dos intentos previos de Porto. El vídeo propio que acompaña a la noticia, que también fue utilizado en el Telediario, solo menciona el método (ahorcamiento), pero no entra en más detalles, algo positivo pero insuficiente.

Conclusiones

El caso de Rosario Porto es el primer suicidio de una persona famosa después de la publicación de dos importantes guías de buenas prácticas. La primera, el Manual del Ministerio de Sanidad, publicado en julio de 2020 a partir de la positiva sinergia de diversas organizaciones y en teoría dirigido a todos los medios. La segunda, la guía propia de la Agencia EFE, publicada en septiembre de este mismo año e importante por el recorrido de sus teletipos y la presencia de la agencia a nivel nacional.

Sin embargo, este análisis ha demostrado que los periodistas continúan sin conocer cómo debe informarse del suicidio en los medios de comunicación. No recibieron la formación adecuada en su paso por la universidad, no comprenden qué es el efecto contagio y tampoco conocen los diversos manuales que circulan por la red. Solo el curioso caso de eldiario.es se sale de la norma al no detallar el método, mientras del resto se extrae la triste idea de que la difusión de los manuales ha sido escasa. Ni la Agencia EFE ni RTVE siguen las pautas que defienden, por lo que parece necesaria una reflexión dentro de ambas redacciones. Sobre todo dentro de la cadena pública, ya que sus pautas gozan de cierta antigüedad y ya fueran incumplidas en el mes de abril de 2019 en el suicidio del expresidente de Perú, Alan García.

Por otro lado, el Manual de Recomendaciones del Ministerio de Sanidad merece un análisis más completo y contextualizado. Publicado el pasado mes de julio a partir de la positiva sinergia de varias organizaciones, no ha llegado como se esperaba a los periodistas. Si pensamos en las dos pautas más fáciles de recordar del Manual, es decir, la no alusión al método y la inclusión de los recursos de ayuda, la inmensa mayoría de los medios incumple la primera y no incluye la segunda. Desde primeros de octubre, he podido comprobar esta idea con el proyecto Periodismo Responsable de Papageno. En más de 50 contactos con los medios, casi la totalidad de ellos han demostrado la evidente falta de formación y conocimiento sobre este tema: detallan el método y no aportan ningún recurso enfocado a la prevención.

El Manual del Ministerio de Sanidad no ha salido del Ministerio de Sanidad desde el mes de julio. El suicidio de Porto ha evidenciado de nuevo y de una forma clara que los periodistas continúan sin saber qué se puede contar y qué no en una pieza de un suicidio. Como defendí en un análisis que escribí del Manual, su publicación llegó en pleno verano, con la conocida pandemia de por medio y sin una rueda de prensa del ministro Illa con los principales agentes que han trabajado en la guía. No basta con publicar el Manual y dejarlo ahí, hace falta ir mucho más allá. Aunque existían varias circunstancias en contra, no se ha trabajado lo suficiente para dar a conocer como se merece un Manual que, a pesar de sus carencias, debe ser una referencia periodística en esta materia.

Pero, con todo, sería un error pensar que en 2020 pasará lo mismo que en el año 2000 con las pautas de la Organización Mundial de la Salud. En la actualidad, existe un mayor conocimiento sobre las pautas a seguir y más recursos de prevención, así como un mayor consenso entre los expertos o una mayor actividad en el apartado de la prevención, ya sea a nivel social o en los propios medios de comunicación. Sin embargo, queda un largo camino por recorrer para que los periodistas informen con rigor, respeto y responsabilidad (la prestigiosa regla de las 3R del periodista Gabriel González Ortiz) del suicidio, un tema del que siempre será difícil hablar.

Para conseguirlo, es fundamental que el Manual del Ministerio de Sanidad salga del confinamiento y llegue a las redacciones. En cuarentena aún sin dar positivo, es una pieza vital en el proceso de cambio, al que también deben sumarse las asociaciones de periodistas y cualquier entidad que trabaje en la prevención del suicidio. Aguardo con temor el siguiente suicidio de interés público. Si en unas semanas o en varios meses se suicida una persona famosa y el tratamiento es similar al del suicidio de Rosario Porto, habremos perdido otra oportunidad. Porque si vuelvo a escribir esto o algo parecido a esto, nada habrá cambiado. Espero, sinceramente, equivocarme.

Si necesitas información o tienes alguna duda o pregunta sobre el tratamiento del suicidio en los medios de comunicación, puedes escribirnos al correo electrónico del proyecto Periodismo Responsable de Papageno:

periodismoresponsable@papageno.es

COVID-19 y riesgo de suicidio: ¿alarmismo o llamada a la acción?

Tiempo de lectura: 3 minutos

COVID-19 y suicidio

Últimamente, y a consecuencia de la alarma sanitaria por la pandemia por COVID-19, se ha especulado en algunos medios de comunicación entre la relación de esta enfermedad, el confinamiento, la crisis económica subsecuente y un mayor riesgo de suicidio.

En este sentido, son varias las circunstancias que podrían explicar una relación directa entre ambos fenómenos. Por un lado, se han descrito a través de medios de comunicación una relación directa entre la propia enfermedad por coronavirus y el suicidio. Parece que el estrés de muchas personas, entre ellos profesionales sanitarios por miedo a contraer la enfermedad o contagiar a personas queridas, podría ser un factor de riesgo. El confinamiento relacionado con la soledad y el aislamiento de personas vulnerables también podría provocar una mayor frecuencia de la aparición de conductas suicidas. 

Por otro lado, existe cierta evidencia de que los desastres naturales como terremotos, tsunamis, huracanes… conllevan un aumento posterior de víctimas por suicidio. Igualmente parece que si bien estos fallecimientos podrían reducirse durante la crisis, esto podría revertir negativamente acabada la pandemia, a consecuencia del deterioro socieconómico y las desigualdades sociales que provoca o como consecuencia directa de aspectos psicológicos.

Por último, se han descrito efectos negativos alrededor de epidemias y pandemias debido a la incertidumbre sobre sus consecuencias y la desinformación avivada por los medios de comunicación que provoca un impacto pernicioso en la salud mental. Esto se puede relacionar con la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático. 

Pero, ¿qué podemos hacer?

Parece pues que puede existir suficiente evidencia de que esta crisis sanitaria provocará, si no hacemos nada, una mayor tasa de suicidios. Pero, ¿podemos hacer algo para evitar este efecto?. Wasserman et al. (2020), en un artículo publicado en la revista World Psychiatry, señalan diferentes medidas para controlar este fenómeno.

Prevención universal del suicidio

Entre las estrategias universales dirigidas a toda la población, estos autores determina como medidas eficaces la lucha contra el desempleo, la pobreza y las desigualdades y la priorización de mejora de la accesibilidad a servicios de salud mental. Otro aspecto importante es la concienciación de los medios de comunicación para la difusión de información responsable publicitando los servicios de apoyo disponibles. Prevenir el aumento de consumo de alcohol y restringir el acceso a medios letales de suicidio son medidas igualmente esenciales en la prevención.

Prevención selectiva del suicidio

La implementación de medidas para grupos vulnerables (prevención selectiva) es otro pilar de la prevención. Las desventajas socieconómicas o las vivencias en primera línea o las pérdidas de seres queridos y cuando no se ha podido cerrar el duelo adecuadamente por las medidas de confinamiento, son factores que aumentan el riesgo.

Prevención indicada del suicidio

Entre las medidas de prevención indicada, es necesario detectar a personas vulnerables y mejorar la disponibilidad de tratamientos farmacológicos y psicológicos de los trastornos mentales, incrementando el uso de herramientas de telemedicina y otros medios digitales.

Alarmismo o esperanza

Frecuentemente ante situaciones de previsible peligrosidad es necesario que la población general, la administración y partidos políticos, los medios de comunicación y los profesionales sanitarios puedan tomar decisiones conociendo la realidad lo mejor que se pueda. Sin embargo, los alarmismos se convierten en profecías autocumplidas. La publicación de noticias sensacionalistas en torno al suicidio se ha señalado como un factor de riesgo por el efecto contagio, también denominado imitación, copycat o Werther.

Es pronto aún para saber como repercutirá toda esta situación en nuestra salud mental a largo plazo. En el caso del suicidio el INE, organismo responsable de las estadísticas sobre causas de mortalidad, ofrece los datos con un año de retraso por lo que este año se publicarán previsiblemente los de 2019. Por eso debemos ser cautelosos a la hora de determinar qué ocurrirá en este sentido.

Lo importante ahora es más ponerse manos a la obra para mitigar los efectos perniciosos de la alarma sanitaria. Somos conscientes de que es mejor «ocuparnos» de este tema que mostrar «preocupación» continua. En España en 2018 fallecieron 3.539 personas por esta causa, razón suficiente para extremar las medidas de control de este problema complejo y multicausal, pero prevenible.

Bibliografía

  1. Wasserman, D., Iosue, M., Wuestefeld, A., & Carli, V. (2020). Adaptation of evidence‐based suicide prevention strategies during and after the COVID‐19 pandemic. World psychiatry19(3), 294-306.
  2. Zandifar A., Badrfam R.: Iranian mental health during the COVID-19 epidemic. Asian J. Psychiatr. 2020; 51:
  3. Cheung Y.T., Chau P.H., and Yip P.S.: A revisit on older adults’ suicides and Severe Acute Respiratory Syndrome (SARS) epidemic in Hong Kong. Int. J. Geriatr. Psychiatry 2008; 23: pp. 1231-1238

Servicio de Asesoramiento en Promoción de Salud para medios de comunicación (prevención del suicidio)

#periodismoresponsable
Tiempo de lectura: 2 minutos

#periodismoresponsable

La sección ‘Periodismo Responsable’ busca ayudar, orientar e instruir a los periodistas que publican informaciones sobre el suicidio. La ausencia de formación universitaria en este sentido, los mitos que acompañan al suicidio y el conocido como ‘efecto Werther’ complican la función de informar sobre este tema en los medios de comunicación. Sin embargo, es conocida e indiscutible la necesidad de implicar a los medios de comunicación en la prevención de este grave problema de salud pública que produce más de 800.000 fallecidos al años en el mundo cada año.

 

«La función de los medios de comunicación es vital para ayudar a sacar de la sombra al suicidio. Los periodistas necesitan dejar atrás los mitos y formarse en este ámbito para colaborar con la sociedad y ayudar a salvar vidas»

GUILLERMO CÓRDOBA SANTOS, periodista y coordinador del programa #periodismoresponsable para la prevención del suicidio

Líneas de trabajo

Este programa desarrollado por profesionales de la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida «Papageno» cuenta con dos líneas de trabajo paralelas. Apoyados en la evidencia científica y en varios manuales recientes, esta iniciativa de papageno.es aporta datos, fuentes y referencias a los periodistas, pero además analiza al detalle piezas publicadas en castellano sobre el suicidio. Realizado el análisis, contacta con el medio y el autor o autora para ayudar a detectar virtudes y defectos de la pieza y se pone a su disposición para futuras consultas.

Por otro lado también se abre una línea de asesoramiento directa a través del correo: periodismoresponsable@papageno.es y el WhatsApp 633 169 129.

Una acción necesaria que mejora la formación en las redacciones en la promoción de la salud mental. De esta forma se brinda una oportunidad perfecta para implicar al periodista en la prevención y formarle en el buen tratamiento del suicidio. Además, en el futuro se desarrollará una iniciativa para premiar los trabajos periodísticos que más destaquen en el tratamiento de este delicado tema en los medios de comunicación.

Con esta actividad, papageno.es busca visibilizar la importante labor desarrollada por los medios de comunicación en la promoción de la salud mental y la prevención del suicidio evitando enfoques sensacionalistas que pueda promover un efecto contagio y promoviendo una visión responsable del periodismo como pilar fundamental en el control de este fenómeno.

Manual de Sanidad sobre el suicidio para periodistas: necesario, pero con carencias

Tiempo de lectura: 11 minutos

Guillermo Córdoba SantosAutor: Guillermo Córdoba Santos Twitter: @GuilleCordoba97 

El pasado viernes 17 de julio, el Ministerio de Sanidad publicó en su página web un manual con el título ‘Recomendaciones para el tratamiento del suicidio por los medios de comunicación’. El documento, elaborado a partir de la positiva sinergia entre diversas instituciones, busca orientar a los periodistas en la complicada tarea de informar sobre el suicidio. Algo que, tengamos claro, siempre será difícil hacer: lo era antes, lo es ahora y lo será en el futuro

Leído el manual, que cuenta además con una amplia bibliografía, he querido escribir y reflexionar sobre los conocimientos que transmite y sobre los que no aparecen. Un análisis donde aportaré recomendaciones y comentarios para mejorar dicho manual, algo que podría ayudar a comprender mejor un grave problema de salud pública por el que pierden la vida más de 3.000 personas cada año en España, siempre según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística.

Terminadas las presentaciones, es turno de comenzar. Os animo a acompañarme y, sobre todo, aportar vuestra visión en los comentarios. Vamos a por ello.

En primer lugar, me ha gustado mucho la sinergia entre diversas organizaciones (periodistas, policías, bomberos, psicólogos, supervivientes de suicidio…) para crear dicha guía. Esa colaboración es positiva para que todos aporten sus conocimientos y ayuden a los periodistas a hacer un correcto tratamiento del suicidio. 

En segundo lugar, el manual cuenta con abundantes datos y un contexto necesario: antecedentes, mitos o cifras para comprender un urgente problema de salud pública que pasa desapercibido en la sociedad de la información. Pero, por otro lado, me ha faltado la aportación de varios gráficos para comprobar la escasa variación de las cifras en el siglo XXI, y otro donde se podrían comparan las muertes por suicidio con las de accidentes de tráfico o violencia machista. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en este caso este tipo de gráficos ayudarían a la comprensión.

En tercer lugar, una de las carencias del manual es la nula explicación sobre qué es el efecto Werther. Por mi experiencia y contacto con los periodistas, sé que una frase habitual entre el gremio es “hablar del suicidio provoca un efecto contagio”. Pero, ¿saben qué es eso o se quedan en el mero titular? Habría que explicarles la historia de «Las desventuras del joven Werther» o el estudio que el sociólogo David Phillips publicó en 1974. Y, por supuesto, enseñarles ejemplos del incremento de los suicidios cuando se informa mal sobre ellos (sobre todo en el caso de los famosos) les ayudaría a comprender mejor el problema y tomar más precauciones. O, mejor dicho, saber por qué deben seguir las recomendaciones del manual

Por el contrario, se explica con más detalle el origen del efecto Papageno con la ópera de Mozart. Hay un párrafo con una comparativa Werther-Papageno que me ha encantado. Lo podéis encontrar en la cuarta página del manual.

Los medios de comunicación pueden tener una influencia en la conducta suicida de la población que puede ser tanto perjudicial como preventiva, según cuáles sean las características y el tratamiento de la información elaborada”.

Desde hace décadas, la inmensa mayoría de los periodistas tenían una idea sobre el suicidio: el efecto contagio. La frase de ahí arriba, junto con el manual, amplía su perspectiva sobre este problema. Probablemente exagere, pero me ha recordado a Colón descubriendo América. Si ese manual llega más lejos que las pautas que la Organización Mundial de la Salud distribuyó en el año 2000, el gremio periodístico podrá descubrir un nuevo mundo. Existe un continente casi desconocido donde los periodistas pueden hablar del suicidio y, lo más importante, si lo hacen bien pueden salvar vidas. El continente no se llama América: se llama Papageno.

Para terminar, dejo otro párrafo del manual que me ha gustado (página 7).

El tabú ante el suicidio debe ser superado en los medios de comunicación a la vez que el tratamiento de las noticias sobre suicidios debe cumplir determinados criterios, que deben ser claros y consensuados con los y las profesionales de los medios para evitar el efecto contagio (“efecto Werther”) pero potenciar el efecto preventivo (“efecto Papageno”)”.

Recomendaciones

Entrando en las recomendaciones, paso a comentar las más destacadas: 

En el titular, no use la palabra “suicidio”, ni concrete el método y lugar (los métodos y los lugares se imitan)”

Esta recomendación, quizá la más importante, está bien escrita y bien explicada. Los periodistas se preguntarán: ¿Por qué no contamos cómo se ha suicidado X famoso? Porque puedes provocar más víctimas. Pero aquí vuelvo al punto del efecto Werther: faltan ejemplos y son fundamentales.

No publicar las notas de suicidio o las fotos dramáticas (por ejemplo, fotos de la persona en cornisas o similares, o de los instrumentos utilizados)”. 

Este es un error habitual de las noticias o reportajes actuales sobre suicidio, ya que el periodista no sabe con qué imagen acompañar la pieza periodística. A veces, por costumbre o por error, lo hace de forma indebida, con una persona en un lugar elevado o con unas pastillas dispersas. Eso hay que evitarlo.

Resaltar las alternativas al suicidio”. 

Aunque se ofrecen recursos, quizá habría que haberlos personalizado según la pieza (si es una noticia sobre un suicidio podría acompañarse de unos recursos, y si es un reportaje sobre los supervivientes de otros). También hay que procurar que el  manual se actualice cada cierto tiempo (cada seis meses o cada año), sobre todo para cuando se ponga en marcha ese teléfono de tres cifras tan deseado.

Tenga especial cautela cuando informe sobre suicidios de personas famosas”. 

Esta es, sin ninguna duda, la recomendación más importante del manual, ya que un alto porcentaje de las piezas periodísticas (sobre todo las noticias) son sobre un famoso que se ha suicidado. También se suele escribir sobre el aniversario de un suicidio, aunque en este caso la pieza se acercaría más a un reportaje. Es clave que este punto quede claro desde un principio, ya que numerosos estudios afirman que el efecto contagio es mayor cuando se informa mal sobre el suicidio de una persona famosa

También hay que tener en cuenta un par de detalles fundamentales. En primer lugar, el suicidio de una persona famosa puede ocurrir en cualquier parte del mundo, pero la información no siempre la escribe un periodista que vive en España. Me sirvo de un ejemplo para explicarlo. A finales de marzo, los medios informaron del suicidio de Thomas Schäfer, ministro de Finanzas del estado alemán de Hesse. Varios medios como EL MUNDO o El Periódico publicaron la triste noticia a partir de un teletipo de la Agencia EFE… escrito en Berlín. Tanto en el teletipo como en la noticia de ambos medios se incluía el método. En este enlace podéis encontrar la de EL MUNDO.

Sigo con el ejemplo de Schäfer para analizar la noticia publicada por la corresponsal de ABC en Berlín, Rosalía Sánchez. Cito textualmente: “Su cuerpo fue encontrado el sábado junto a las vías del tren. El ministro regional de Finanzas de Hesse, Thomas Schaefer, de 54 años, casado y con dos hijos, dejó una carta de suicidio”. El error, doble, está claro: método y nota. Conocido esto, ¿cuál sería el objetivo? No olvidarse de formar a los corresponsales de los medios españoles por todo el mundo. Y, si esto no tiene resultado, olvidarse de copiar y pegar ese teletipo que ha llegado de Berlín y modificar la noticia eliminando los detalles (método y nota en este caso) y añadiendo los recursos de prevención disponibles en España.

Sea cuidadoso en los contenidos, también en situaciones de presiones por tiempo”.

Esta situación es importante, ya que publicar el contenido antes que la competencia puede llevar al periodista al error. Es fundamental crear una conciencia para que tanto el periodista como su jefe den más tiempo, ya que una pieza sobre suicidio no se escribe en cinco minutos. Y menos si no se ha recibido la formación adecuada, claro. Este punto está relacionado con el anterior, ya que copiar y pegar un teletipo no lleva el mismo tiempo que leerlo con detenimiento y modificar lo necesario. Toca insistir en una idea de la introducción: hablar del suicidio siempre será difícil. 

Escriba siempre el artículo o elabore la pieza informativa con sensibilidad, pensando que uno de los seres queridos que ha sufrido la pérdida, lo va a leer y cómo se puede sentir”. 

Algo parecido a lo que comentaba antes: hay que convencer al periodista de que se puede hablar del suicidio, y que si lo hacemos bien se pueden salvar vidas.

Siguiendo con las recomendaciones, en la página 12 aparece un apartado titulado ‘Características que debe reunir la información en prensa’, que está cogido del plan de prevención de Navarra. Si vamos al primer punto, leemos lo siguiente:

Evitar explícitamente los detalles sobre el método de suicidio»:

Características que debe reunir la información en prensa. En ‘Recomendaciones para el tratamiento del suicidio por los medios de comunicación’ (página 12).

► P. ej. Se puede hacer referencia a una sobredosis, pero no al tipo y número de pastillas.

► P. ej. Decir que alguien se ha ahorcado es mejor que decir que alguien se ha ahorcado en su habitación usando su camiseta de fútbol”.

Pero… ¿No habíamos quedado en que no había que informar del método porque se imita? Este punto puede generar dudas en el periodista, ya que anteriormente ha leído que “no debe concretar el método ni el lugar” y ahora ve que puede contar que una persona ha muerto por sobredosis o que se ha ahorcado, pero no detallar con qué pastillas o prenda lo ha hecho. El periodista no puede dudar, y menos aquí. Que quede claro: no hay que contar ni detallar el método.

Esto me recuerda al manual de estilo de RTVE, que incluye un apartado sobre el tratamiento del suicidio. Leamos lo que dice este manual sobre el método.

La responsabilidad debe implicar, entre otros aspectos, considerar los sentimientos de los parientes, evitar la descripción detallada del método de suicidio adoptado y tener en cuenta la sensibilidad del público receptor. Aunque pueda resultar relevante indicar cómo murió una persona, proporcionar demasiados detalles podría estimular a otras personas a probar esos métodos”.

El manual, aprobado por el Consejo de Administración en 2010, me deja a medias. Pide “evitar la descripción detallada” y “no proporcionar demasiados detalles”, pero no deja claro si hay que contar o no el método. Si vamos a la parte práctica, que en este caso aporta más que la teórica, podemos encontrar varios malos ejemplos donde periodistas de RTVE no cumplen con las directrices. A pesar de ello, hay que decir que RTVE es el grupo que más reportajes ha hecho sobre la prevención del suicidio. Vamos con los malos ejemplos.

Agosto de 2014. Suicidio del actor Robin Williams.

Titular: “La policía confirma el suicidio de Robin Williams”.

En el cuerpo de la noticia leemos lo siguiente.

La investigación preliminar sobre la muerte de Robin Williams ha determinado, según han informado las autoridades del condado de Marin (California), que el actor se ahorcó con un cinturón en su dormitorio. El actor, de 63 años, se habría quitado la vida sin dejar una nota de suicidio, según ha declarado Keith Boyd, policía del condado”.

Recomiendo también ver el vídeo para escuchar las palabras de Almudena Ariza.

La policía ha dado una rueda de prensa y ha confirmado que la muerte de Robin Williams fue un suicidio, se ahorcó con un cinturón y se cortó una de las muñecas”.

Abril de 2019: Suicidio de Alan García, expresidente de Perú. 

Titular: Muere el expresidente peruano Alan García tras dispararse cuando iba a ser detenido por supuesta corrupción”.

En el cuerpo de la noticia leemos lo siguiente: 

El ministro del Interior, Carlos Morán, ha informado que cuando la policía llegó a casa de García para arrestarlo, el expresidente dijo que necesitaba llamar a su abogado. Después, entró en su habitación y cerró la puerta. A los pocos minutos se escuchó un disparo de arma de fuego, la policía entró por la fuerza en la habitación y encontró a García sentado con una herida en la cabeza», ha añadido Morán”.

Hay que decir que, días después, la cadena pública informó de que García había dejado una nota de suicidio. La nota fue leída en público por su hija y en la noticia se incluía, de nuevo, el método utilizado por el expresidente de Perú.

Enero de 2020. Asesinato por violencia machista + suicidio.

Titular: “Un hombre mata a su pareja en Puertollano, Ciudad Real”.

En el cuerpo de la noticia leemos lo siguiente:

La Policía que investiga la muerte de dos personas en su domicilio de Puertollano (Ciudad Real) por disparos de arma de fuego ha señalado que los indicios apuntan a que el hombre disparó a la mujer, que era su pareja sentimental, y posteriormente se suicidó con el mismo arma, y se ha descartado por el momento la intervención de terceras personas”.

Volviendo al manual del Ministerio de Sanidad, echo de menos una mención o una recomendación al libro Hablemos del suicidio de Gabriel González. De hecho, este libro no aparece ni en la bibliografía, cuando es probablemente la mejor fuente de información sobre este tema en español, y no solo desde la perspectiva periodística. Siguiendo con el libro de González, en el manual falta algo fundamental: ¿cuándo un suicidio es noticia? No aparece por ningún lado y es una carencia total.

 

Conclusiones

  • El manual publicado por el Ministerio de Sanidad cumple, tanto en extensión como en el formato, con una buena guía de recomendaciones para el gremio periodístico. La necesaria sinergia entre organizaciones, la aportación de datos y contexto, el descubrimiento del efecto Papageno o cómo desmiente un buen número de mitos. A pesar de las carencias, que existen y en mi opinión son importantes, es un buen primer paso para comenzar a trabajar.
  • Adecuar el libro de estilo de los medios de comunicación sería un paso de gigante para fomentar la prevención. Se podría empezar con los que cita la guía (EL PAÍS y EL MUNDO), ya que son los más conocidos y podrían generar un efecto rebote sobre el resto. Hay que pensar que los estudiantes de Periodismo pueden guiarse a partir de los libros de estilo y, si están actualizados, llegarán a las redacciones con otra imagen sobre el suicidio.
  • Formar a las agencias de noticias (Europa Press, Agencia EFE o Servimedia) sería otro gran paso para crear un efecto de prevención. Si una agencia no sabe cómo tratar el suicidio e informa mal sobre ello, habrá medios de comunicación que copien-peguen esa información y, cómo no, también informen mal. Creo que el ejemplo del Schäfer comentado por ahí arriba ilustra bien esta necesidad.
  • Me preocupa no saber cada cuánto tiempo va a compartir el Ministerio estas normas con los periodistas. No vale con dejarlas ahí y compartirlas una vez. Hay que hacerlo, como mínimo, una vez al mes y sobre todo al principio, para que el periodista tenga claro que, si alguien insiste tanto, será porque es importante.
  • Relacionado con el punto anterior, también hay que realizar un seguimiento de las noticias. Voy con otro ejemplo. Si dentro de un mes se suicida un famoso y los medios cuentan todos los detalles, algo habría que corregir. Para que eso no pase, debe crearse lo antes posible un grupo de trabajo que analice a diario las piezas publicadas sobre el suicidio y ayude a los periodistas en su correcto tratamiento. Quizá llegue con el esperado pero todavía invisible Plan Nacional de Prevención. Pero cuanto antes se ponga en marcha, mejor. 
  • Otro punto negativo es el momento en el que se ha publicado la guía. La vida nos ha puesto en una coyuntura en la que el coronavirus ocupa casi toda la agenda y, por desgracia, el manual no va a tener tanto protagonismo como desearíamos todas las personas que trabajamos en la prevención del suicidio. Una rueda de prensa del ministro Illa con los principales agentes que han trabajado en la guía sería una buena noticia para que tuviera más relevancia y llegar de lleno a la sociedad, no solo al periodista.

Queda muchísimo trabajo por hacer. La publicación del manual del Ministerio nos puede ilusionar como un amor de verano, pero la historia nos dice que la existencia de unas recomendaciones sobre cómo informar del suicidio no garantizan su cumplimiento. Después de perder una oportunidad de oro en el año 2000 con las recomendaciones de la OMS (o incluso decenas con el abundante número de pautas publicadas desde entonces), no podemos perder otro tren. Llegar tarde otra vez sería imperdonable

Formar bien a los periodistas bajo el paraguas de un Plan Nacional de Prevención es posible. Y no solo a los periodistas, sino a los estudiantes que acuden a las facultades a estudiar Periodismo. Si les formamos a ellos, ganaremos tiempo, ya que llegarán a la redacción con una idea diferente que las promociones anteriores. Hacen falta tiempo, ganas y querer hacerlo. El recurso está ahí, ya ha terminado la parte más fácil. Es el momento de ir a por la parte más difícil del puzzle: enseñar, ayudar y convencer a los periodistas de que hablar bien del suicidio salva vidas

Habrá que trabajar para conseguirlo.

Suicidio, coronavirus, medios de comunicación digital y ciencia

Tiempo de lectura: 5 minutos
coronavirus y suicidio
Foto de cottonbro en Pexels

COVID-19, ¿vuelta a la nueva normalidad?

Existen diferencias en el momento que en cada país estamos en cuanto a la epidemia de COVID-19. Cuando la curva de fallecimientos y personas contagiadas desciende, aparecen otros problemas de enorme gravedad económica y social. Es entonces cuando los medios destacan otros aspectos dolorosos de esta época que nos ha tocado vivir.

En las últimas semanas, los medios de comunicación digital de diversos países se hacen eco de la aparición de casos de suicidio relacionados con la epidemia. Y es que parece que existen diferentes razones por las cuales ambas situaciones se relacionan de forma estrecha. 

Pero, el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal. En la descripción de los casos frecuentemente se confunde el precipitante o hecho que empuja a la conducta con su causalidad. Sin embargo, en muchos casos este solo es el hecho más visible de una situación con diferentes causas que la persona vive como insostenibles y que la precipitan a tomar una decisión errónea.

La OMS estima que cada 40 segundos fallece una persona por suicidio en el mundo. Las circunstancias de cada caso son muy específicas y concretas y envuelven un amplio abanico de variables. Los medios de comunicación no solo narran la realidad, sino que ayuda a construirla. El suicidio es un reto global de salud pública en el mundo, antes y después de la pandemia. Aunque esta pueda relacionarse con un aumento de la aparición de este tipo de conductas podría deberse al aumento de las desigualdades sociales en salud que ya existían previamente. La pobreza o el desempleo, la desesperanza o el empeoramiento de los problemas psicopatológicos en personas vulnerables por ejemplo por el confinamiento o miedo a padecer enfermedades, pueden ser las verdaderas causas. ¿Qué puede estar ocurriendo en realidad?

 

¿Cómo puede relacionarse la epidemia del COVID-19 y la conducta suicida?

Si nos atenemos a la información sobre casos de coronavirus y suicidio que han aparecido en medios de comunicación hispanoamericanos, parece que la relación puede deberse a diferentes variables. 

En una serie de artículos publicados, se destacan casos de personas concretas contagiadas y con miedo a contagiar a personas queridas. También existen casos de personas que piensan erróneamente que están contagiadas. En ambos, parece jugar una baza importante el miedo por anticipación o un riesgo por un mal que les hace la situación como inabarcable. 

Por otro lado, también están los incidentes relacionados con el estrés sostenido en profesionales sanitarios. Esto puede ser debido tanto a las  jornadas maratonianas de trabajo, al miedos al contagio, o al contacto estrecho con el dolor y la muerte. Han sido varios los casos de este tipo en Italia y EEUU de profesionales de primera línea. Incluso en Alemania se ha descrito el suicidio de un político relacionado en los medios con su incapacidad para superar la responsabilidad sobre las consecuencias económicas y sociales de la pandemia.

Solo en un caso parece que haya una relación directa entre el coronavirus y la conducta suicida. Este caso registrado en México nos habla de una persona que a causa de la desorientación y los síntomas provocados por la enfermedad intentó acabar con su vida, para acabar muriendo más tarde a causa de la enfermedad.

 

La opinión de expertos

A través de medios digitales, diversos organismos han destacado el posible repunte de suicidios en esta época, por ejemplo, relacionado con el confinamiento. Sin embargo, no dan mayores datos  y se basan en opiniones de profesionales versados en el tema.

Otros artículos ofrecen datos sobre el aumento de la atención en niños y adolescentes relacionados con la violencia física, psicológica y sexual dentro del ámbito doméstico durante el confinamiento. Esta información parece ser consistente con estudios previos.

En otro medio, la psicóloga murciana Laura pilar Moya indica la necesidad de hablar y comunicarse cuando existe presencia de ideas suicidas que relaciona no solo con no salir a la calle, sino con el miedo al contagio, el duelo y la incertidumbre laboral, social y económica.

 

¿Qué sabemos de otras pandemias?

Es pronto para encontrar en la literatura científica estudios de amplio calado sobre el tema. Por la gravedad de la situación necesitamos movernos según lo ocurrido en diversas situaciones anteriores. La última pandemia de este tipo se sufrió a principios del S. XX , hace ahora un siglo, durante la mal llamada gripe española. 

Si bien existen analogía entre ambas epidemias, en otros sentidos son incomparables. La pandemia de 1918 se llevó al vida de entre 50 y 100 millones de personas y coincidió con uno de los períodos mas luctuosos de nuestra historia, la Primera Guerra Mundial. La evolución socioeconómica también era muy diferente. Durante este período los medios de comunicación hablaron de la presencia de conductas violentas y suicidios achacados judicialmente a una «psicosis o delirio durante la influenza».

 

Pero, ¿qué dice la ciencia?

El estudio de la relación entre los coronavirus  y el suicidio no es algo nuevo, aunque aún queda mucho por investigar. Author links open overlay panelOlaoluwa Okusag (2011) destacó la falta de estudios sistemáticos sobre este tema ante la presencia de casos que vinculaban ambos trastornos en el último siglo. En especial, la relación entre la influenza B y coronavirus con los trastornos del estado de ánimo y con la conducta suicida. 

Ya durante este año, existen publicaciones que hablan sobre este tema. Reger, Stanley y Joiner (2020) advierten sobre las posibles consecuencias del distanciamiento social sobre la muerte por suicidio. Los autores lo  relacionan con el estrés económico, el aislamiento social y la falta de accesibilidad a recursos de apoyo comunitario, religioso y de salud mental. También a problemas de salud, ansiedad, incremento de suicidios entre personal sanitario, incremento de venta de armas de fuego (EEUU) e incrementos debido a la estacionalidad (finales de la primavera e inicios del verano en el hemisferio norte).

Para abordar este problema, los autores recomiendan diferenciar entre distancia física para evitar el contagio y distancia social, usar medios telemáticos de salud mental, aumentar accesibilidad de estos servicios, los programas de prevención del suicidio basados en la evidencia y seguir escrupulosamente las indicaciones para la publicación de noticias sobre suicidios en medios de comunicación.

 

Comunicación responsable y preventiva del suicidio

En conclusión, todo parece señalar un posible repunte (prevenible) de conductas suicidas provocado por las consecuencias psicosociales de la pandemia (aislamiento social, desempleo, cierre de negocios, problemas económicos, aumento de la violencia intrafamiliar…). Esto indica claramente la necesidad de tomar medidas preventivas en esta dirección para el control de esta consecuencia en la que, como siempre, debemos estar todos.

Dada la universalidad del fenómeno suicida independientemente de la cultura o estratos socioeconómicos y su complejidad en su vertiente social, los medios de comunicación juegan un papel esencial en su prevención.

Los medios de comunicación social son una parte esencial de este puzzle, y deben comunicar en estos casos siempre desde la mayor responsabilidad y evitando en todo momento el sensacionalismo que puede provocar inseguridad o refuerce la imitación de este tipo de conductas (efecto Werther), o aumente el dolor de los supervivientes.

Para ellos es recomendable seguir los códigos deontológicos y guías de estilo de los periódicos, así como las recomendaciones de los organismos nacionales e internacionales sobre esta cuestión.

Si necesitas ayuda contacta con nuestro WhatsApp de atención: 633 169 129 o a través de correo electrónico prevencion@papageno.es

También podrás encontrar para afrontar conductas suicidas en España y en latinoamérica 

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