Salud mental: la ola más importante de la pandemia no tiene número

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Camino del primer aniversario de la pandemia provocada por el coronavirus, existe en la sociedad una evidente fatiga mental motivada por incontables circunstancias. El confinamiento, las mascarillas, la pérdida de empleos, la falta de ocio, la ausencia de despedidas, el miedo al contacto o las dificultades del duelo son algunos factores que han comprometido nuestro día a día. Todo se resume en una palabra clave, que no es otra que incertidumbre. Si el ser humano necesita de certezas, este virus se las ha llevado todas. Vivimos el presente sin tener claro cómo será el futuro y con el recuerdo reciente de un pasado sin excesivas sonrisas. 

No olvidaremos lo ocurrido en 2020, un año marcado para siempre en nuestra piel y, sobre todo, en nuestra memoria. Porque, más allá de contagios, hospitalizaciones y muertes, la pandemia ha afectado a nuestra salud mental. Numerosos estudios han constatado el aumento de casos de depresión o ansiedad, así como el aumento del consumo de antidepresivos o de ansiolíticos en España, un país en el que visitar al psicológico sigue rodeado de estigma y tabú, además de una espera excesiva entre consulta y consulta. Mientras, las redes sociales se han destapado como un espacio donde los jóvenes pueden expresar lo que sienten con cierta intimidad.

Hace solo unos días, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha publicado una encuesta sobre la salud mental de los españoles durante la pandemia causada por la COVID-19. Más del 50 % reconocía haberse sentido cansado, mientras un 42 % había tenido problemas de sueño. La pregunta más popular ha sido en la que uno de cada tres españoles confesaba haber llorado debido a la situación en la que nos encontramos. Un dato elevado y en consonancia con otros estudios, que exponen la urgente necesidad de mejorar el interés por la salud mental, la ya conocida como “hermana pobre de la sanidad” entre la jerga de los profesionales sanitarios.

Sin embargo, los medios de comunicación no han dedicado la atención suficiente al grave problema de la salud mental. Más bien, han saturado a la sociedad con mala información de la pandemia a partir de un abuso de los datos y noticias repetitivas, a veces sin el contexto necesario. Esto ha obligado a los especialistas a recomendar a sus pacientes apagar el televisor y no consumir noticias sobre la pandemia. Es algo curioso. En un momento clave para la población, el exceso de información ha hecho que lo mejor sea ponerse a dieta. Pero, más allá de estos errores, queda otro igual o más importante: la falta de precisión al referirse a la ola de salud mental.

Si en la primavera convivimos con el desconocido estado de alarma y la primera ola, meses después llegó el segundo capítulo de la película. Cocinada al calor de agosto y septiembre, la segunda ola vivió su apogeo entre finales de octubre y principios de noviembre. Entre datos y más datos, los medios de comunicación posaron la mirada en la salud mental, a la que definieron sin tabú como la “tercera ola de la pandemia”. Pero lo hicieron demasiado rápido. Con el aumento de casos a partir de mediados de diciembre (y sobre todo a raíz de la llegada de 2021), los periodistas (y también los expertos) tuvieron que redefinir su propio concepto. 

 

Titulares publicados por los medios de comunicación sobre la salud mental.

Ya no podían definir a la salud mental como la tercera ola, ya que habían bautizado así un nuevo y considerable incremento de contagios. Por ello, la salud mental pasó a ser llamada la “cuarta ola de la pandemia”, atributo que mantiene en la actualidad a la espera de que, tarde o temprano, un nuevo aumento de los casos la obligue a pasar otra vez por el probador para adquirir una nueva definición que, cabe suponer, no será la última. Pero, ¿qué ocurrirá cuando llegue la cuarta ola? ¿La salud mental será la quinta? ¿Y si meses después llega otra, volverá a cambiar su número? 

No, gracias. La salud mental necesita dejar atrás su degradación constante y ocupar el espacio que merece en la agenda mediática. No puede ser definida, según el día, como la tercera, la cuarta o la quinta ola. Este cambio impide definir con claridad el problema y abordarlo como se merece, con más atención, más profesionales y más recursos. Un interminable cambio que es necesario atajar cuanto antes para así dar la prioridad que merece a un problema que no terminará con una vacuna.

Si ahora nos encontramos en la tercera ola, aludir a la salud mental como si fuera la cuarta hace pensar que todavía no está aquí, que llegará después, cuando sabemos que los problemas de salud mental aparecieron desde el primer confinamiento. Esta es una forma errónea de dar voz a un grave problema, como cuando se informa de la despoblación de la España rural y se cita a estas regiones como la España vacía o la España vaciada. ¿No vive nadie en esos lugares de España? Claro que sí, pero aquí ocurre como con tantos otros temas: falta precisión en el diagnóstico.

Titulares publicados por los medios de comunicación sobre la salud mental.

La imprevisible ola de la salud mental no tiene número. Arrancó en el mes de marzo de 2020, cuando el coronavirus cambió nuestra vida para siempre y entramos en la insólita normalidad en la que ahora, un año después, todavía nos encontramos. Es la ola más importante de la pandemia por su incalculable duración, por sus limitados recursos, por su escasa visibilidad, por el estigma y el tabú que la rodean o porque, por desgracia, a las personas nos cuesta reconocer (y aquí me incluyo) que a veces no estamos bien cuando nos preguntan cómo estamos.

Es necesario focalizar a la salud mental como la ola más importante de la pandemia para otorgar más prioridad, más recursos, más transparencia y más delicadeza a un problema que nos afecta a todos. Educar emocionalmente desde el colegio, mejorar las plantillas de psicólogos y psiquiatras de la sanidad pública, prestar más atención desde los medios de comunicación y potenciar campañas para animar a la sociedad a hablar de este tema. Pero no basta con eso. Hace falta que la política se implique de verdad. Mejor dicho: hace falta que la política quiera implicarse de verdad.

Jornada de Psicología y Salud Mental en Cuerpos Policiales y Fuerzas Armadas

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El próximo miércoles 26 de junio de 17:00 a 21:00 La Delegación de Cádiz del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental (COPAO), la Fundación para la Formación y la Práctica de la Psicología y la Delegación Territorial de Salud y Familias en Cádiz, organizarán una jornada con el objetivo de reflexionar sobre la importancia de promocionar la salud mental entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

De esta forma se pone en valor la prevención de riesgos psicosociales en un colectivo que se relaciona con un alto nivel de estrés derivado de la práctica profesional, desde un punto de vista positivo y una perspectiva biospicosocial.

Con esa finalidad se realizarán dos mesas redondas. En la primera se tratará el papel del psicólogo en estos escenarios profesionales y en la segunda la conducta suicida como una de las principales causas de mortalidad y años de vida potencialmente perdidos en este colectivo. La actividad acabará con una ponencia sobre el afrontamiento del duelo asociado a este problema de salud pública.

La Actividad cuenta con la colaboración de la Universidad de Cádiz (UCA), las Delegaciones de Cádiz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), del Sindicato Unificado de la Policía (SUP), de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), la Unión de Policías Locales y Bomberos (U.P.L.B.-A-Andalucía) y la plataforma de profesionales en prevención del suicidio papageno.es.

La importancia de la prevención en salud mental en los entornos policiales, militares y de personal de emergencia requiere de una respuesta multidisciplinar y con el principio de coordinación institucional de todos los colectivos implicados. Esta jornada es un ejemplo de dicha coordinación que responde al interés de reflexionar sobre soluciones constructivas a los problemas derivados del desarrollo de funciones ligado a estas profesiones.

Las jornadas son gratuitas y al aforo limitado por orden de llegada.

Difunde, participa… 

Te esperamos el día 26 de junio en la Delegación de Cádiz del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental (Avenida Juan Carlos I, esquina Avenida de Portugal).

 

El Papel de la Atención Primaria en la Prevención y Promoción de la Salud Mental

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Según la Confederación de Salud Mental en España, el 15 de septiembre de 2017, la Salud mental en Atención Primaria, es la atención en “primera línea”. En España, entre el 2’5 y el 3% de la población adulta tiene un trastorno mental grave. Esto supone más de un millón de personas. Si incluimos el resto de los problemas de salud mental, este porcentaje se amplía al 9% de la población hoy, y al 15% que los tendrá en algún momento a lo largo de su vida.

Un estudio epidemiológico realizado en España sobre una muestra representativa de la población observó una prevalencia-vida del 10,5% y una prevalencia-año del 3,9% (Haro JM, 2006). La edad de máxima de incidencia está entre los 18-44 años (Regier DA, 1988). Las recurrencias son muy frecuentes.

Si bien las causas de la depresión no son conocidas determinados factores podrían intervenir en su génesis: genéticos, vivencias de la infancia y adversidades psicosociales actuales (contexto social y aspectos de la personalidad). También podrían jugar un papel importante las dificultades en las relaciones sociales, el género, el estatus socio-económico o disfunciones cognitivas (Geddes J, 2006).

La depresión se asocia con frecuencia a ansiedad y en ocasiones con el abuso de alcohol u otros tóxicos y con algunas enfermedades orgánicas cerebrales y sistémicas. La Atención Primaria es la puerta de entrada de la gran mayoría de estas personas al sistema de saluduna “primera línea” de la que depende el que se puedan diagnosticar los problemas de salud mental lo antes posible. Y en estos casos, la detección temprana es fundamental. Ya la primera Estrategia del Sistema Nacional de Salud indicaba que “el principal punto de contacto con la salud mental para la mayoría de los pacientes es el médico o médica de familia, y que el 80% de los y las pacientes psiquiátricos atendidos en salud mental proceden del ámbito de la atención primaria”. (WHO, 2007).

En el Plan Integral de Salud Mental 2016-2020 se estiman que en torno a un 25% de la población sufre un trastorno mental a lo largo de su vida. Asimismo, hay que añadir que Andalucía se encuentra por encima de la media estatal en tasa de suicidios.

En la práctica clínica diaria, se estima que de un 60% a un 80% de las consultas diarias del Médico de Familia tienen implicaciones en salud mental, esto supone que, aunque el usuario acuda por un problema médico (una lumbalgia, por ejemplo), puede tener grandes implicaciones emocionales para el paciente tanto laborales, sociales, familiares, económicos y pueden desencadenar ansiedad y es deber del médico saber detectar y encauzar para aliviar la sintomatología. Y todo esto lo tenemos que solventar en 6 minutos que nos da la administración.

Debo reconocer que la formación psicológica de los profesionales de Atención primaria es precaria, tanto por interés como por tiempo. Es más fácil recetar un ansiolítico que empezar una terapia conductual. Muchos médicos adolecen de entrenamiento en terapia psicológica y se centran en una visión orgánica del paciente, una visión “tangible” y más práctica. Aunque debo decir en defensa de mi especialidad, que la Medicina de Familia, de entre todas las especialidades, es la única que se centra en el individuo, en su entorno, en su familia y en la sociedad. Conocemos y tratamos al usuario, teniendo en cuenta a la familia, los amigos y sus problemas físicos y orgánicos (incluso financieros) más que ninguna otra especialidad. Recuerdo cuando era residente, joven e inexperto, usé un medicamento para el asma de reciente comercialización, que controlaba los síntomas nocturnos y las agudizaciones sin ser un inhalador, el paciente al que lo receté me felicito por mi elección, pero en aquella época ese fármaco no tenía punto negro (aportación reducida) y me dijo que su asma estaba muy controlada, pero si compraba ese medicamento, se le descuadraba el presupuesto mensual alimenticio….

El Médico de Familia debe dominar diferentes esferas de conocimiento desde los 14 años hasta el final de la vida, como las Enfermedades Reumatológicas y Musculoesqueléticas, el Dolor Crónico, los Accidentes Cerebrovasculares (Ictus), las Enfermedades Crónicas, las Enfermedades Oncológicas, la gran epidemia del siglo XXI como es la Diabetes Mellitus, la Salud Mental, los Cuidados Paliativos, etc.

 

Se puede recoger el listado completo de los Planes Asistenciales Integrados en el siguiente enlace: ACCEDER A PAIS

 

Todo esto se logra por una cualidad de la Atención Primaria, que es la CONTINUIDAD ASISTENCIAL, es decir, el fácil acceso de la población al Médico de Familia, incluso, todos los días, si fuera necesario. Cosa que ninguna otra especialidad, por la forma de organización, puede realizar. Eso nos convierte en piedra angular de la Sanidad Española.

 

Aquiles Manuel Marcelo Martínez

Médico Especialista Medicina Familiar y Comunitaria en la UGC “Pinillo Chico” del Puerto de Santa María

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