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Curso Internacional Especializado en Suicidiología

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Inicia: 19 de febrero
Cada año se suicidan alrededor de 800.000 personas, lo que supone una muerte por suicidio cada 40 segundos y un intento de suicidio cada 2. Es fundamental que cuentes con el conocimiento y las herramientas necesarias para prevenir e intervenir adecuadamente.

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¿Hablamos del suicidio? Una realidad escondida contada a través de una historia real

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Luis Herrero entrevista a Carmen Sánchez Alegre, autora del libro, y a Inmaculada Aragón Corvera, especialista en Psicología de Emergencias.

Carmen Sánchez Alegre es escritora, periodista y superviviente. Ha escrito el libro ¿Hablamos del suicidio? en el que relata su experiencia lidiando con el duelo por el suicidio de su hermano pequeño y cómo la terapia le ha ayudado a convivir con esta realidad.

Inmaculada Aragón Corvera, es psicóloga (habilitación Sanitaria). Máster en Mediación.Experta en Psicología de Emergencias y Catástrofes .Especialista Infantil-Juvenil. Experta en Maltrato Infantil. Experto en aspectos psicológicos del paciente crítico, familia y profesionales. Psicóloga en Centro de Atención Inmediata al Menor, experiencia en intervención en crisis con menores y adolescentes en situación de alto riesgo. Miembro y coordinadora del grupo de trabajo de suicidio de SEPADEM y de la Red Nacional Psicólogos para la Prevención del suicidio en Psicólogos Princesa 81.

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La salud mental (Debate ONDA Cádiz)

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El palenque
Sáb, 22/01/2022 – Sáb, 22/01/2022
Tema:
El Palenque desarrolla un debate sobre salud mental, la realidad de nuestra sociedad, las necesidades de los afectados y familiares y las carencias en psicoeducación.
Participan:
Lourdes Rodríguez –  Psicóloga de FAEM
José Lorente – Vicepresidente de FAEM
Jerónimo Acosta – Presidente de COPAO Cádiz
Daniel J. López – Presidente de Papageno

La prevención del suicidio en los jóvenes: una actividad comunitaria.

silhouette group of people standing on grass field
Tiempo de lectura: 6 minutos

Autora: Susana Al-Halabí

Es Doctora en Psicología, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, especialista en Terapias de Tercera Generación y Psicóloga General Sanitaria. Ha sido investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Instituto de Salud Carlos III) y profesora visitante del National Suicide Research Foundation de Cork (Irlanda) y del Center for Practice Innovations – Suicide Prevention de la Universidad de Columbia (Nueva York, Estados Unidos), institución para la que fue galardonada con una beca del prestigioso programa Fullbright. Es miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias y Editora Asociada de las revistas científicas Psicothema, Clínica y Salud, y Adicciones.

El suicidio como primera causa de mortalidad externa entre jóvenes

En el año 2019, por primera vez, los suicidios superaron como causa de muerte a los tumores y los accidentes de tráfico de la juventud española (15 a 29 años), convirtiéndose en la primera causa de defunción en esta franja de edad. En España, la prevalencia de pensamientos de suicidio en población adolescente se sitúa en torno al 30%, mientras que la de intentos de suicidio es del 4%, aproximadamente. En general, los varones adolescentes mueren por suicidio tres veces más que las chicas de su misma edad. Sin embargo, la tasa de intentos de suicidio es tres veces mayor en ellas que en ellos. Pero aún hay más: no solo nos referimos al suicido consumado, sino al amplio espectro de conductas suicidas que abarcan desde los pensamientos hasta la planificación y los intentos de suicidio, con el subsecuente sufrimiento personal y familiar que conllevan.

El suicidio en la adolescencia

Fotos de stock gratuitas de 80s, adolescencia, AdolescenteEl abordaje del suicidio en la adolescencia es relevante por varios motivos: las conductas suicidas en población infanto-juvenil han sufrido un gran aumento en las últimas décadas; cada vez se registran más suicidios a edades más tempranas; la mayoría de personas que han considerado o intentado suicidarse lo hicieron por primera vez durante su juventud, típicamente antes de los veinte años; los pensamientos de suicidio y las conductas auto lesivas son predictores bien establecidos de nuevos intentos de suicido en el futuro y de problemas para el desarrollo social y emocional del joven; la muerte por suicidio de un menor supone un auténtico drama familiar agravado por el estigma social; y, finalmente, la mayoría de los adolescentes que intentan suicidarse comunican sus pensamientos antes de llevarlo a cabo. Por todo ello, la comunidad debe estar especialmente alerta a las “señales de alarma”, que comprenden la comunicación verbal y no verbal del niño o adolescente, así como cambios en su comportamiento o en el rendimiento escolar, soledad, asilamiento, acoso escolar, consumo de drogas, interés repentino por la muerte (más allá de los conflictos existenciales “normales”), comentarios del tipo “estaríais mejor sin mí”, “no sé qué hacer con mi vida”, etc. De hecho, la literatura científica ha puesto de relieve la importancia de que los adultos que forman parte de la vida de estos jóvenes conozcan las posibles señales de alarma previamente señaladas para una adecuada prevención.

No existe un camino único que lleve a un adolescente a intentar quitarse la vida o a realizar conductas que pongan en peligro su bienestar. Explicar las causas de este fenómeno no es fácil ya que, como en casi todos los fenómenos complejos, no hay una única respuesta. El suicidio no es algo que ocurra en el vacío, sino que tiene lugar en un contexto específico y en unas circunstancias determinadas de la vida de un adolescente en las que la desesperanza y el sufrimiento cobran especial relevancia. A pesar de estas dificultades, el suicidio es prevenible. Y, tal y como ha señalado la Organización Mundial de la Salud (OMS), dicha prevención requiere un enfoque innovador, integral y multisectorial, con la participación de todos los agentes sociales (sanidad, educación, familia, medios de comunicación, etc.).

¿Qué hace que la adolescencia sea un periodo de alta vulnerabilidad?

Se trata de una etapa caracteriza por ciertas dificultades en la que los jóvenes deben resolver algunas tareas evolutivas, tales como diferenciarse de sus padres, desarrollar un sentimiento de pertenencia a un grupo o aprender a relacionarse con su nuevo cuerpo y su sexualidad. Además, a estos problemas se une un nuevo fenómeno: el uso de las nuevas tecnologías de la información que favorecen conductas de riesgo y potencian formas de comunicación rápidas, un tanto deshumanizadas (literalmente ya no hay humanos, sino emoticonos, stickers, memes y GIFs), que no permiten desarrollar las habilidades sociales ni las competencias emocionales básicas que necesitamos para resolver los inevitables envites de la vida. El ritmo frenético y la dudosa información de las redes sociales hace que permanecer a solas, sin nada más que hacer que pensar, sea casi insoportable para nuestros jóvenes. La intolerancia a la frustración y al aburrimiento es uno de los grandes males de esta generación de niños y adolescentes y, lejos de ser inocua, tiene importantes implicaciones en su salud mental y en la impulsividad de sus acciones. No solo cambia su manera de comunicarse sino también su forma de “ser-en el-mundo”.

¿Qué puede hacer la comunidad educativa?

Fotos de stock gratuitas de adentro, asiento, aulaAl igual que en todas las conductas problemáticas de la adolescencia, la intervención en los contextos educativos es algo crucial. No es necesario que los programas de prevención se centren explícitamente en el suicido sino, más bien, en el aprendizaje de competencias emocionales para manejar las situaciones de crisis, fomentar una buena salud mental, promover las redes de apoyo social, identificar situaciones de riesgo, etc. La OMS señala otras intervenciones eficaces como la formación del personal educativo en la identificación de alumnos en riesgo, las iniciativas para garantizar un entorno escolar seguro (como los programas contra el acoso escolar), el refuerzo de los vínculos con el colegio y los servicios de apoyo, la mejora de la legislación y el desarrollo de protocolos claros para el personal cuando se identifique el riesgo de suicidio, así como mejorar la concienciación de los padres sobre la salud mental y los factores de riesgo en sus hijos. “Hay que recordar a los profesores o cuidadores que hablar del suicidio con los jóvenes no aumentará el riesgo de suicidio, sino que los jóvenes se sentirán más capacitados para acudir a ellos en busca de apoyo cuando lo necesiten”, recuerda la OMS.

¿Qué pueden hacer las familias?

Fotos de stock gratuitas de adorable, adulto, al aire libreTengamos siempre presente que el suicidio rara vez se debe a una única razón. Los factores de riesgo familiar implicados en la conducta suicida no son diferentes de los que puedan desempeñar los “grandes clásicos” de los problemas en la infancia y la adolescencia: conflicto familiar, maltrato, desapego, ausencia de comunicación, etc. Por el contario, algunos de los factores protectores asociados a una reducción del riesgo de suicidio en la infancia y adolescencia son: alta cohesión familiar y bajo nivel de conflictos, habilidades de solución de problemas y estrategias de afrontamiento, actitudes y valores positivos hacia la vida, nivel educativo medio-alto, alta autoestima, y adecuados sistemas de apoyos y recursos, entre otros. Por lo tanto, es necesario potenciar una educación basada en el amor, el respeto, lo límites y los valores, así como cultivar la existencia de propósitos y objetivos. También es fundamental deshacerse de los mitos en torno a la conducta suicida: el suicidio no es un trastorno mental ni un síntoma de otro problema de salud mental, sino que es un pensamiento al servicio de una situación que es vivida como insoportable o interminable por parte del adolescente. Y nunca hay que subestimar ese dolor. Está en manos de las familias evitar simplificar el fenómeno y dejar hablar entre susurros sobre algo que debe hablarse alto y claro: la gestión emocional del dolor, la frustración, la ética, los valores personales, las crisis de las diferentes etapas de la vida, la visión romántica de la muerte, la idealización del amor romántico, etc.
Es razonable que nos sintamos incómodos hablando de algunos temas, pero los adolescentes que piensan en suicidarse están asustados, ambivalentes hacia la vida, y agradecerán tener la ocasión de encontrar un espacio seguro para hablar de esos pensamientos que les acosan y liberar la vergüenza y el temor. A veces, pequeños gestos pueden empezar a inclinar la balanza hacia la vida.

El suicidio necesita un abordaje integral y no medidas estéticas

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Asociaciones firmantes

En cuanto a la noticia publicada por el diario ‘Redacción Médica‘, con el título «Sanidad ve ‘innecesario’ crear un plan específico para reducir el suicidio», y donde se atribuye a fuentes ministeriales que se «considera suficiente con incluir un apartado con objetivos dentro de la Estrategia de Salud Mental«, desde la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida «Papageno», La Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido «Ubuntu» y la Asociación «Ángeles de Azul y Verde» y la Asociación Vasca de Suicidología «Aidatu»,  la Asociación «Psicología Abierta en Acción CLM» de Castilla-La Mancha, el  Colegio Oficial de Psicología de las Islas Baleares (COPIB),

MANIFESTAMOS

  1. Nuestro estupor ante semejante declaración, claramente contradictoria con las medidas anunciadas y el aparente interés mostrado para dar respuesta al problema. España necesita de un plan nacional de prevención del suicidio con entidad propia y medidas claras  y consensuadas. Dicho plan debe especificar los presupuestos y recursos para implementar las medidas necesarias para su control y no promesas o medidas estéticas. 
  2. Nuestra enorme preocupación por la situación caótica en la prevención del suicidio. En un país como España, con una sanidad pública envidiada en otros países, cada Comunidad Autónoma ha optado por caminos diferentes para el abordaje del suicidio. Este hecho produce las consiguientes disparidades de derechos entre ciudadanos que compartimos un mismo territorio. A este caos se suman las diferentes iniciativas que desde administraciones locales, el entorno educativo o laboral y desde diferentes instituciones se están dando sin ningún documento o guía que determine las líneas a seguir.
  3. Nuestra necesidad de señalar la contradicción entre las declaraciones y medidas anunciadas con la falta de interés de coordinar las acciones evitando que el suicidio se diluya en el complejo marco de un plan de salud mental más general. El interés creciente de apoyo a medidas para combatir el suicidio y para hablar de salud mental señalado a través de las manifestaciones de diferentes figuras de diferentes partidos políticos y desde el Gobierno resulta contradictorio con la falta de puesta en marcha de recursos. Estos son pobres, lentos y en algunos casos incluso generan más problemas que soluciones. 
  4. Nuestra preocupación de que las medidas largamente anunciadas  de forma repetitiva estén vacías de contenido y sean meras medidas estéticas cuyo objetivo sea solo favorecer la falsa idea de que se están «haciendo cosas», cuando realmente solo se está «dando barniz a una estructura deficitaria históricamente.» Se sigue sin dar respuesta a los problemas reales de salud mental y sobre conducta suicida en nuestro país.
  5. El riesgo que supone crear expectativas como la puesta en marcha en el futuro de la línea 024 de prevención contra el suicidio, sin advertir a la población que está solo en fase de proyecto y no en funcionamiento. No se ha establecido ninguna medida intermedia que avise de este hecho. Al estar el teléfono inactivo y no haber quedado claro el mensaje, las llamadas acaban siendo derivadas a otros servicios de asociaciones no gubernamentales como la nuestra, que muchas veces son desbordadas o, peor aún, dejan a las personas que demandan ayuda sin ninguna respuesta y en la más triste desolación.
  6. La falta de coordinación y de información que hay en general sobre las medidas que se implantarán.  Se lleva esperando demasiado tiempo mientras continúa agravándose el problema.

Y por todo lo anterior,

DECLARA

  1. Nuestra repulsa por el uso y la instrumentalización del problema y abordaje de la salud mental y de la conducta suicida con fines que estén más allá de la búsqueda de soluciones integrales a un problema que sigue siendo la primera causa de mortalidad externa en España y que arrojó un registro de 3.941 personas fallecidas por esta causa en 2020, la cifra histórica más elevada desde que existen registros. 
  2. Nuestra preocupación por la lenta y tibia respuesta del Gobierno a la demanda social de mejorar los recursos de salud mental y de dar respuesta al problema del suicidio en España. 
  3. Nuestra petición a todos los partidos políticos que desarrollan su actividad desde los diferentes niveles de la administración o desde la oposición para que exista consenso para darle solución a este grave problema de salud pública y social. 
  4. Nuestro compromiso como asociación a no permitir de ninguna forma que se siga mirando a otro lado o convertirnos en meros dispensadores de servicios por la dejación de funciones de las diferentes instituciones.
  5. Nuestro llamamiento a la protesta colectiva y constructiva que situé el suicidio como problema en las agendas políticas y de la administración y que les recuerde su responsabilidad si no en su génesis, sí en buscar soluciones integrales teniendo en cuenta las demandas históricas de todos los colectivos implicados en la salud mental y el suicidio.

En Sevilla, a 24 de enero de 2022

Entrevista a Carmen Sánchez en Herrera COPE (Podcast)

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Carmen Sánchez es periodista y perdió a su hermano por suicidio. De esta dramática experiencia nació su libro «¿Hablamos del Suicidio?». Carmen lo presentó ayer en el programa de Radio «Herrera en COPE».

Una entrevista interesante donde tuvo la oportunidad de hablar de los aspectos más prácticos de la prevención del suicidio, la labor de los profesionales y la experiencia de sobrevivir a la muerte de un ser querido por suicidio. 

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“El Dia Después”: grupos de duelo por suicidio en la provincia de Córdoba

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Apertura de un grupo de ayuda mutua para personas que han perdido a un ser querido por suicidio en la provincia de Córdoba

La Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido ‘Ubuntu’ y la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida ‘Papageno’ organizan una charla-coloquio como preludio a la apertura de un grupo de ayuda mutua para personas que han perdido a un ser querido por suicidio en Córdoba.

La actividad se celebrará el próximo viernes 21 de enero de 18:00 a 20:00 en el Centro Cívico Lepanto (Ayuntamiento de Córdoba), ubicado en la calle Ronda del Marrubial, s/n. La sesión, que será retransmitida también por videoconferencia, tendrá un aforo limitado, por lo que será necesaria la inscripción previa en el siguiente enlace, o a través del siguiente código qr.

Código qr para inscribirse en la charla coloquio
  • El suicidio es la primera causa de mortalidad externa en España (3.941 suicidios en 2020).
  • En 2020, se registraron 793 muertes por suicidio en Andalucía.
  • 69 personas se suicidaron en Córdoba en el año 2020.

Charla-coloquio: El Día Después

Durante la charla-coloquio, Daniel J. López, presidente de Papageno y facilitador en los grupos de ayuda mutua, realizará una reflexión sobre el duelo por suicidio, las emociones que cursan con este tipo de muertes (culpa, miedo, rabia, vergüenza, desesperanza…) y los pensamientos (ilusión de control, rumiaciones…), y ofrecerá algunos recursos para afrontarlo. Por otro lado, se hablará de los grupos de ayuda mutua como herramienta para poder expresarse libremente en un ambiente seguro y el desarrollo de competencias para un desarrollo adecuado del duelo. Los participantes podrán expresar sus dudas o participar activamente en la actividad.

Con esta charla-coloquio se dará apertura a un Grupo de Ayuda Mutua de Duelo por Suicidio en Córdoba, que nace con el espíritu de dar apoyo a aquellas personas de toda la provincia que han perdido a un ser querido por esta causa.

Duelo por Suicidio

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En 2020, 793 personas fallecieron en Andalucía por suicidio, de las cuáles un 75 % fueron hombres. Además, nuestra comunidad autónoma es la región con más suicidios en España y su tasa por 100.000 habitantes se mantiene en la media española. Y eso solo parece el vértice del iceberg, ya que muchas muertes por suicidio pasan desapercibidas y son registradas como accidentes.

La magnitud del problema se agrava por las consecuencias emocionales que cambiarán la vida para siempre de las personas más cercanas que chocarán frontalmente con la incomprensión y la ignorancia social ante el problema. Aunque la cifra más utilizada es la de seis personas en duelo por cada muerte por suicidio, no existe una evidencia empírica clara y hay autores que cuentan más de cien afectados por cada fallecimiento.

El estigma y el tabú han convertido el duelo por suicidio en uno de los duelos más dolorosos que se conocen. A la imprevisibilidad percibida de la conducta, los sentimientos de culpa, vergüenza y rabia, y las ideas recurrentes de haber podido hacer mucho más para evitarlo, se une la falta de apoyo social que estas personas afrontan en el duro camino de rehacer su vida.

Grupos de Ayuda Mutua para Supervivientes (GAM)

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Los Grupos de Ayuda Mutua para Supervivientes por Suicidio (GAM) son una herramienta que facilita la expresión de las emociones y la cercanía junto a otras personas que han perdido a alguien por el mismo motivo. Maria Jesús de León, presidenta de Ubuntu, define así su experiencia como superviviente de suicidio: «Los GAM son un espacio de transformación. Compartimos nuestro dolor, sin prejuicios ni miedos, dispuestas a abrir el alma y mostrando la esencia de nosotras mismas para recuperar la dignidad y la esperanza, para renacer fortalecidas con las luces del amor, llenas de flores por dentro, con cicatrices más fuertes que la propia piel y la irrenunciable convicción del compromiso”. También Cristina Romero, superviviente de Sevilla, destaca el apoyo recibido. “La ayuda mutua me parece muy necesaria para las personas que viven este drama. Sentir la acogida e identificarse con las otras experiencias te ayuda a sentir que las vivencias propias no son extrañas”.

Desde los inicios de su andadura, Ubuntu y Papageno trabajan conjuntamente para desarrollar sus propios grupos de ayuda mutua. Actualmente, cuentan con dos grupos en Cádiz y Sevilla, a los que van a sumar la próxima apertura en Córdoba y Jaén. Si has perdido a algún ser querido por suicidio y quieres formar parte de estos grupos, puedes escribir un correo electrónico a supervivientes@papageno.es o ponerte en contacto con nosotros a través del 633 169 129 (se recomienda hacerlo vía WhatsApp).

Ubuntu y Papageno son dos asociaciones independientes y sin ánimo de lucro que tienen como objetivo la prevención y la postvención del suicidio. Ubuntu está formada por personas que han perdido a seres queridos por suicidio, y tiene como finalidad dar un apoyo integral a personas que se enfrentan a este duelo. Por otro lado, Papageno está compuesta por profesionales multidisciplinares que se dedican a promover actividades de prevención y postvención del suicidio.

¿Hablamos del suicidio?

Tiempo de lectura: 2 minutos

Carmen Sánchez ha publicado su libro ¿Hablamos del suicidio? en la Editorial Universo de Letras para visibilizar una de las situaciones más duras por las que puede pasar una persona: la muerte de un ser querido por suicidio. Un libro de dolor y esperanza que contribuye a dar visibilidad a este problema que ha registrado 3.941 muertes en España en 2020 y que ha dejado a su familiares y amigos desolados.

«Después del suicidio de mi hermano entendí que había que hacer algo para visibilizar esta realidad y poder ayudar a prevenirlo, así como dar soporte a las personas que como yo, tienen que lidiar con la perdida de un ser querido por esta causa»

Carmen Sánchez Alegre
Escritora, periodista y superviviente.

Sinopsis del Libro

A Carmen se le derrumba todo su mundo cuando se entera de que su hermano Carlos se ha suicidado. A partir de ahí, tanto ella como el resto de su familia emprenden un camino de aceptación y adaptación a esa nueva realidad, transitando las diferentes fases del duelo. De ese modo, la autora narra sus experiencias y sentimientos ante el acontecimiento traumático con el fin de representar un rayo de esperanza para personas en situación idéntica, al mismo tiempo que reclama mayor intervención, con protocolos sanitarios, por parte de los gobernantes.

Detalles del Libro

ISBN/13: 9788418854354

Num. Páginas: 138

Tamaño: 152 X 228 mm

Encuadernación: Tapa blanda con solapas

Año de publicación: 2021

Editorial: Universo de Letras

Categoría: HISTORIAS REALES

Formación gratuita de la Asociación Psicología Abierta en Acción de Castilla La Mancha 2022

Tiempo de lectura: < 1 minutos

Cómo lidiar con la ansiedad

La Asociación Psicología Abierta en Acción de Castilla La Mancha comienza su programa anual de formación. Para empezar, tenemos la suerte de contar con una ponente con una larga trayectoria profesional, la psicóloga María Jesús Sánchez Mena.

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La banalización del sufrimiento

Tiempo de lectura: 5 minutos

Cristina Romero perdió a un hijo por suicidio y participa en los grupos de ayuda mutua de duelo desarrollados por Ubuntu-Papageno en Sevilla.

Hoy nos regala esta reflexión personal.

La banalización del sufrimiento

Hace tiempo que me ronda en la cabeza un tema y es el de la banalización del sufrimiento. Y quiero tener como referente “La banalización del mal”, expresada por Anna Arendt.

Según esta, algunos individuos mandaron matar a los judíos en el régimen de Hitler no tanto por una crueldad propia sino porque no reflexionaban sobre sus actos o los cuestionaban. Simplemente acataron las órdenes de sus superiores.

Excepto los casos de familias que han perdido a un familiar, trabajo o casa, la población española en su conjunto vive con más recursos que nunca. A esto se añade los instrumentos tecnológicos existentes que permiten teletrabajar desde casa y sobre todo distraerse solo.

La generación de cristal

Desde hace ya algunos años somos conscientes del aislamiento que sufren las personas, especialmente los jóvenes, a causa de los móviles, tabletas, ordenadores y videojuegos. Veíamos la importancia del contacto familiar y social y no reflexionamos sobre sus consecuencias.

La sobreprotección en los niños y adolescentes es una de las peores lacras que se está cometiendo en una gran parte de las familias, entorno social y educativo. Algunos la llaman ”La generación del cristal” por su hipersensibilidad y salud emocional quebradiza, frágil e inestable.

Y cuando los miembros de esta generación sufren un pequeño revés o conflicto mínimo lo convertimos en una tragedia. Les hemos impedido el derecho a aprender a sufrir, a adquirir fortaleza emocional y, por tanto, a tener una enorme intolerancia a la frustración.

Esta falta de tolerancia a la frustración por conseguir rápido y sin esfuerzo el objeto deseado se ha extendido a una gran parte de la sociedad. Ante cualquier mínimo sufrimiento o malestar psíquico perdemos la dimensión del hecho y le ponemos enseguida una etiqueta, le llamamos, sin estudios previos serios, TOC, TDAH, depresión…, le damos una pastillita para aliviar un daño pequeño, etc. etc.

Y banalizamos todo tipo de sufrimiento emocional hasta el punto de no reconocerlo como común en el ser humano y, como resultado, ya no solo tenemos una pandemia por un virus sino una nueva pandemia, a la que llamamos tragedia, que es la de la ansiedad,  la depresión y todo lo relacionado con la salud mental, lo que está provocando aún más la estigmatización de las enfermedades mentales.

Y desde los 12 a los 30 años han aumentado el número de suicidios en España y nos llama la atención. Nos causa sorpresa y pavor. ¿Por qué? ¡Si estaba bien! Tenía una mala racha o lo estaba pasando mal, se suele decir. ¿Mal? ¿De verdad, mal? Y nos negamos a profundizar. Y podemos generalizarlo a cualquier edad.

El suicidio en las edades más avanzadas

El caso de los suicidios de los ancianos (junto con la franja de edad de 12 a 30 años es donde la incidencia ha sido más alta) es diferente. Hace 70 años los ancianos, es decir, los abuelos, vivían en el domicilio familiar con sus hijos y nietos. Formaban parte de la familia. Ahora somos europeos. En Europa el concepto de familia es distinto al nuestro. Los hijos se van de las casas de los padres jóvenes y los abuelos viven solos o en residencias.

Esta es ahora nuestra realidad actual. Están viviendo solos o en residencias. Y con la pandemia, aislados. No es de extrañar que una persona de 80 años que no reciba llamadas de teléfono, visitas, ningún calor humano ni ocupación se vaya apagando y no tenga ganas de vivir. La soledad, mata. El aislamiento, mata. El hombre es un animal social y si no fomentamos el contacto social en la población, en general, y en nuestros mayores, es especial, viviremos aislados con pandemia o sin ella. Las nuevas tecnologías propician la falta de socialización. Y ellos ni siquiera tienen a su alcance el utilizarlas. Se requiere un análisis profundo de la integración del dolor en el ámbito familiar, educativo, social y en la salud mental. Hay que considerarlo todo desde el amor, la compasión y el agradecimiento.

Visibilización de la salud mental: estar «depre» no es un diagnóstico de salud mental

Y seguimos en la superficie del tema. Algunos personajes famosos están hablando por primera vez de su salud mental, la mayoría de ellos por la alta presión que padecen, y mencionan sus estados de ansiedad o de depresión. Aplausos.

Pero nos hacemos eco de ello y lo volvemos a banalizar. Y se ha creado como una especie de moda, por parte de ciertas personas, de sentirse valientes y con coraje por contar en público y en las redes sociales alguna crisis emocional, equivalente exactamente a decir que se ha tenido una mala digestión por un plato de comida.

De esta manera, seguimos estigmatizando las enfermedades mentales. Una depresión es una enfermedad mental. Estar depre es un estado de tristeza común en la vida como estar alegre, tener miedo o estar enfadado. Son emociones primarias que tenemos todos los mortales. Lo necesario es aprender a gestionarlas y orientarlas. Sentir estas emociones no tiene en absoluto nada que ver con tener una enfermedad mental.

Y como vivimos en la superficie y no deseamos penetrar en el mundo de la inteligencia emocional porque el autoconocimiento es doloroso ya que salimos de nuestra zona de confort y no queremos abrir los ojos, ocurre que, cuando un niño, adolescente o adulto intenta suicidarse, decimos, “lo hace para llamar la atención”.

De esta forma, nos eximimos de nuestra responsabilidad y anulamos el problema, que en este caso es exactamente el sufrimiento profundo de esa persona, justo aquello que no queremos observar. No deseamos saber nada de la muerte, de las enfermedades, de los problemas graves que tienen las personas porque nos da pánico sufrir. Tampoco no han enseñado. Y la enfermedad mental y el suicidio siguen siendo tabúes. Da la sensación de que solo hablar de ellos produce contagio, como el Covid-19.

El suicidio: un problema de todos

La vida y la muerte van de la mano. Y la tragedia entra en cualquier familia. Y se oculta. Que nadie se entere. Esto le ocurre a los demás, pensamos, no a mí. Ponemos una barrera tan grande en no observar el sufrimiento ajeno ni el propio y un búnker infranqueable, que nadie se atreve a contar que sufre de verdad, porque piensa que no va a sentirse comprendido y por miedo a ser rechazado. Constituyen la peste. Ya que el sufrimiento verdadero está vetado expresarlo en las familias y en la sociedad.

El suicidio ha sido y sigue siendo una muerte innombrable en España. En 2021 ha aumentado su número de forma considerable. No podemos evitar que este tipo de muerte desaparezca. Lo habrá siempre. A la vez sí podemos evitar un porcentaje muy alto de ella. Les podemos enseñar a nuestros hijos desde el primer día de su vida a desarrollar la inteligencia emocional para adquirir fortalezas en los conflictos, asumir sus responsabilidades y ser protagonistas de sus vidas. Serán niños y luego adultos preparados para ir superando los obstáculos en la vida y pedir ayuda. Solo se trata de dejar de banalizar el sufrimiento para estar capacitados para sentirlo, expresarlo, afrontarlo y superarlo.

orque cuando se te muere un familiar entras literalmente en pánico. Tu propio dolor es causa de asombro, te es ajeno, desconocido. Sencillamente descubrimos la falta de recursos para soportarlo y procuramos bloquearlo para no sufrir. Realizamos el camino equivocado. La muerte por suicidio produce una hecatombe en la familia. De ese, no hablamos. Sigue siendo tabú.

Y de ese precisamente hay que hablar ya que las muertes por suicidio nos están suplicando que cambiemos nuestro enfoque y proceder.

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