Categoría en Detección precoz

¡Pide ayuda! la última vacuna contra el suicidio

El suicidio es una conducta compleja, multicausal y prevenible que tiene un origen biopsicosocial. 

Rodeada de estigma y tabú, la conducta suicida tiene entre las claves de su prevención la detección precoz de factores de riesgo. Una de las dificultades para dicha detección está provocada por las reticencias de muchas personas a pedir ayuda cuando aparecen los primeros síntomas.

Puede ocurrir que el acto de pedir ayuda se tome como una debilidad y el miedo a despertar rechazo en los demás haga que vivamos en silencio o en la más estricta intimidad situaciones de sufrimiento que podrían ser aliviadas en contacto con otras personas. 

Por eso podría sernos útil luchar contra muchos de los mitos que existen alrededor de la conducta. Por un lado, el suicidio no es cuestión de valientes ni de cobardes, de débiles o fuertes.  Pedir ayuda cuando se necesita no sólo que no nos hace débiles, sino que supone un acto de valentía que abre la puerta a solucionar nuestros problemas. Por otro lado, hablar del suicidio no provoca que la gente se suicide, sino que ayuda a tratar abiertamente los problemas, a desahogarse y a mejorar la relación comprendiendo las razones que causan los sentimientos y las emociones. 

 

Por eso, tanto si estás sufriendo, como si ves a gente que sufre o has vivido de cerca un suicidio ¡comunícate! ¡pide ayuda!. La comunicación es la vacuna más potente que se conoce para prevenir el suicidio y para solucionar muchos problemas emocionales. El aislamiento y la soledad debilitan los lazos sociales y el apoyo social es uno  de los más potentes factores protectores de tu salud mental. Fuera hay muchas personas dispuestas a ayudarte, pero tienes que buscarlas. Tú también tienes mucho que aportarles… Nosotros también te necesitamos a ti. 

 

www.papageno.es es un colectivo de profesionales sin ánimo de lucro con formación en prevención y postvención del suicidio que aporta su experiencia para contribuir a controlar la amenaza a la salud pública que supone la conducta suicida. Si deseas más información accede a nuestro blog, estaremos encantados de compartir contigo.

 

Adicciones, drogas y alcohol en la conducta suicida

Photo by Yash Lucid from Pexels

Las drogas institucionalizadas (alcohol y tabaco) y las ilegales (cannabis, opiáceos, cocaína o derivados, drogas de diseño…), así como todas las adicciones conductuales o sin sustancia (ludopatía, telefonía móvil, Internet y redes sociales, compra compulsiva, adicción al sexo…) tienen un punto en común: prometen un mundo idílico, un paraíso, donde es fácil afrontar los problemas que nos trae la vida.

En muchas ocasiones, sin embargo, en la fase de experimentación se suman la capacidad adictiva de la sustancia o conducta a sus efectos subjetivos tejiendo alrededor de la persona una red que acabará atrapándolo en una adicción. En esta fase las consecuencias negativas de la conducta aún parecen lejanas y la persona cree falsamente que ejerce control sobre su conducta. Dependiendo de las características de la adicción, de características personales y del entorno, la persona se verá envuelta en un escenario totalmente diferente. Cada vez dedicará más tiempo a actividades relacionadas con su problema, más recursos y más esfuerzo, en detrimento de actividades o personas significativas con las que antes disfrutaba.

En etapas posteriores aparecerán las consecuencias que determinarán un nuevo estilo de vida donde las consecuencias serán mayores que los beneficios percibidos. Entonces la conducta se mantendrá, entre otras razones, para evitar la abstinencia. La vida irá perdiendo sentido sin la presencia de la adicción que se adueñará del control de la vida y podrá llegar a tener graves consecuencias en la salud y en la calidad de vida.

 

En los casos más graves, la adicción se convierte en un factor de riesgo en la aparición de conductas suicidas. Adicciones, drogas y alcohol están presentes en muchos suicidios, ya sea en personas adictas o como desinhibidores para emitir la conducta.

 

En ese orden de cosas, el consumo agudo de alcohol es utilizado frecuentemente como desinhibidor (intentos de suicidio o suicidios «completados»), mientras que su abuso se asocia a la conducta suicida aumentando las tasas de suicidio a nivel poblacional. En esta relación influyen otras variables siendo superior en países del norte y del este de Europa que en los países mediterráneos. 

La relación entre el tabaquismo y la muerte por suicidio ha sido también constatada pero es mucho menos intuitiva. En primera instancia pudiera parecer que la relación no es directa, pero hay estudios que relacionan las leyes restrictivas de consumo con menores tasas de suicidio. Richard A. Grucza ha encontrado una relación mas allá del hecho que las personas con problemas psiquiátricos tienden a ser mayores fumadores. Su estudio determinó que un incremento de un dólar en los impuestos al tabaco se asoció con un descenso del 10% en las tasas de suicidio. Otras variables que podrían estar relacionadas son las prohibiciones de fumar en lugares cerrados. En los estados de EEUU donde se daban ambas medidas se registraban tasas inferiores en un 15% de la media nacional.

En el caso de las adicciones comportamentales o sin sustancia parece que la tendencia es parecida. Si hablamos de la ludopatía o juego patológico aumenta la probabilidad de aparición de ideación e intención suicida. Estas suelen aparecer asociadas a los sentimientos de arrepentimiento y pánico ante situaciones económicas problemáticas o de otra índole y el aislamiento o rechazo social propio de la fase de desesperación. Aproximadamente un 90% de los jugadores patológicos relatan ideación suicida y cerca del 20% refieren intentos de autolisis. Un jugador patológico corre seis veces más riesgo de fallecer por suicidio que la población general.

Por último, el consumo de drogas ilegales empeora aún más la situación. En el caso de la cocaína, muchos de sus consumidores acompañan su consumo del de alcohol lo que agrava los riesgos. Además, el síndrome de abstinencia de la cocaína, puede ir acompañado de depresión, ideas paranoica e incluso de pensamientos suicidas, lo que puede requerir apoyo profesional. 

En general, parece clara la relación de las conductas adictivas y el suicidio por lo que es recomendable considerarlas como un importante factores de riesgo. En consecuencias, los profesionales que atienden a personas con problemas adictivos deben contemplar la detección precoz de conductas suicidas de forma que puedan ser prevenidas. La formación de estos profesionales constituye una medida efectiva de prevención para reducir las tasas de suicidio en este colectivo.


PARA SABER MÁS

Prevención de la conducta suicida en la comunidad escolar

Si el suicidio está rodeado de estigma y es un tema tabú, cuando se trata la conducta suicida en la infancia o la adolescencia, este problema se agrava.

Y eso a pesar de que el suicidio es una de las principales causas de mortalidad a esas edades y además prevenible. Por eso la escuela, donde pasan buena parte de su tiempo, constituye un medio ideal para la prevención de conductas autolíticas.

Para reducir la probabilidad de aparición de este tipo de conductas existe consenso en actuar sobre los factores de riesgo de mayor prevalencia. Una de las causas o factores de riesgo es el acoso escolar, que está detrás de muchos casos de muerte por suicidio en estas etapas de la vida. Esta conducta de maltrato continua y deliberada toma diversas naturalezas y finalidades y puede tener como consecuencia más grave el aislamiento social de la víctima. El acoso es producto de la acción de uno o más compañeros agresores y de la ignorancia o pasividad por parte del resto de la comunidad educativa. Como consecuencia, puede aparecer bajo rendimiento escolar y autoestima o aumentar la aparición de conductas suicidas. 

Pero también hay otros muchos factores que se pueden relacionar con mayor probabilidad de aparición de pensamientos suicidas, como la presencia de trastornos mentales, los intentos previos, la impulsividad, la desesperanza, el estrés familiar, la accesibilidad a métodos letales o las crisis personales. 

La prevención de las conductas suicidas en estas edades pasa por detectarlas de forma precoz dentro del núcleo familiar o la escuela ya que es poco probable que pidan ayuda directamente. Esto nos lleva a la necesidad de conocer los signos que pueden predecir su aparición. En este sentido nos encontramos con las amenazas suicidas ya sean directas o indirectas, la presencia de notas o planes suicidas, los arreglos típicos del final de la vida, expresar preocupación por la muerte y los cambios bruscos conductuales, de apariencia, de forma de pensar o emocionales.

Cuando se detectan pensamientos, ideación o planeación suicida el objetivo esencial es mantener la seguridad alrededor de la persona afectada, restringiendo la accesibilidad a medios para efectuar la conducta suicida y evitando que se quede solo, con el acompañamiento de personas de confianza. Es importante el control emocional para mantener la calma y no dejarse llevar por las emociones, evitando un tono acusatorio o de enjuiciamiento. Es útil preguntar directamente y sin ambages sobre las intenciones de el/la joven, mostrando preocupación por su bienestar y mostrando confianza y esperanza en que la situación pueda resolverse de forma satisfactoria. Nunca deben mantenerse los pensamientos suicidas en secreto, sino que deben ser puestos en conocimiento de algún adulto cuidador, buscando la ayuda de recursos de salud mental en el menor plazo posible.

Probablemente sea imposible reducir la conducta suicida a cero en estas edades. Sin embargo, no debemos olvidar como hemos comentado que el SUICIDIO ES UNA CONDUCTA PREVENIBLE y que por lo tanto todo el esfuerzo que dediquemos a su prevención salva vidas. La escuela es, además, el entorno preventivo básico en la infancia y adolescencia por lo que sería interesante que los centros docentes implementaran programas preventivos en este sentido.


 

PARA SABER MÁS

Detección de la conducta suicida: factores de riesgo

Para profesionales

Nuevas aproximaciones a la prevención del suicidio: Manual para médicos

La importancia de la detección de las conductas suicidas puede salvar vidas. Algunas personas visitan previamente los centros de atención primaria antes de suicidarse. Sin embargo, otras no tienen un contacto previo con los servicios de salud mental.

Esto hace necesario que profesionales de otros ámbitos aprendan a reconocer los factores de riesgo del suicidio para valorar la gravedad, poder tomar decisiones y ponerse en disposición de ayuda.

El riesgo señala la probabilidad de que un hecho particular ocurra y tienen naturaleza dinámica según la persona y el momento que esté viviendo. Generalmente el riesgo se valora como «alto» o «bajo» que suponen los dos polos de la dimensión a evaluar. Una vez avaluado el profesional podrá tomar las decisiones pertinentes para afrontar la situación de forma conveniente.

En la siguiente tabla podemos observar cuáles son algunos de los factores de riesgo asociados a la conducta suicida.


Factores de riesgo para el suicidio

  • Soledad (aislamiento social)
  • Ser hombre
  • Abuso de alcohol o drogas
  • Otros trastornos mentales, particularmente la depresión
  • Episodios autolesivos anteriores, sobre todo si son ocultados
  • Historia de tratamiento psiquiátrico
  • Historia familiar de trastornos psiquiátricos
  • Desesperanza
  • Gravedad del intento suicida:
    • Elección de métodos letales
    • Acceso a métodos
    • Planificación suicida
  • Bajo nivel social
  • Desempleo
  • Trastornos de personalidad (más grave si existe comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos)
  • Problemas físicos especialmente en varones de la tercera edad (trastornos cardiovasculares y úlcera péptica)
  • Eventos vitales:
    • Duelo o pérdida (últimos dos años)
    • Problemas económicos
    • Problemas legales
    • Abusos sexuales, físicos o psicológicos
    • Problemas de relación
    • Pérdidas de padre o madre durante la infancia por separación o muerte
    • Exposición a conductas suicidas
 

FUENTE

APA (American Psychological Assoc.) Duffy, D., & Ryan, T. (2004). New Approaches to Preventing Suicide : A Manual for Practitioners. London: Jessica Kingsley Publishers.

 

Detección precoz de la conducta suicida

A pesar de la prevalencia de la ideación y la conducta suicidas y del conocimiento de sus factores de riesgo, alrededor del 83% de las personas con conducta suicida no han sido identificadas previamente por su médico, incluso siendo evaluadas en los meses previos al intento

Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida (avalia-te)

El papel de los profesionales sanitarios de atención primaria se revela esencial en la detección precoz de factores de riesgo que se asocien a conductas suicidas y para ello la formación es vital.

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