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La culpa de los supervivientes por la pérdida de un ser querido por suicidio

Tiempo de lectura: 6 minutos

Carolina Ratia Ceña. A 1 de Abril de 2021

 

La culpa del superviviente

Es un sentimiento fuertemente arraigado en todo tipo de duelos, sobre todo en los duelos por suicidio. 

La culpa aparece como una respuesta emocional que hace que la persona viva su duelo con un intenso sufrimiento y aumente la devastación que producen estos fallecimientos. Es un sentimiento que golpea incesantemente y lleva una y otra vez al pensamiento recurrente de cómo podía haber evitado lo que ya es irremediable, y es a través de ese sufrimiento que la persona sigue conectada a su ser querido, en esta especie de fidelidad engañosa. Es una emoción que va creando una profunda y permanente sensación de malestar, de frustración, de enfado y tristeza.

La realidad es que no podemos cambiar el guion de una persona y tampoco se puede retroceder al pasado, ya que sólo existe el momento presente y la no aceptación de este hecho conlleva un enorme sufrimiento en este tipo de pérdidas.

Simbólicamente la culpa sería como ir andando por un camino lleno de fango con una pesada mochila a nuestra espalda cargada de piedras, estas piedras serían los juicios, reproches y exigencias sobre uno/a mismo/a (los tendría, los debería, los cómo no me di cuenta…). Caminar en estas condiciones hace que nuestra mirada sólo pueda estar centrada en ver cómo a cada paso que damos se van hundiendo nuestros pies y aunque a escasos metros exista terreno firme no podremos verlo. La culpa es un freno de mano que nos bloquea, nos mantiene pegados al sufrimiento y no nos permite avanzar.

 

¿Qué sentido tiene entonces sentir culpa?

Me gusta especialmente la definición que aporta el manual para enfrentar el suicidio de un ser querido de la Asociación Americana de Suicidología: “La culpa es ira vuelta al interior”. “La culpa es lo que sentimos cuando colocamos nuestra ira donde no corresponde: en nosotros mismos”.

Parece que tiene sentido, dentro del dolor, la frustración y la confusión que generan este tipo de fallecimientos. La culpa es un autocastigo y sirve para añadir aún más dolor y sufrimiento a la pérdida.

Una vez que la persona se da cuenta del significado que tiene la culpa en su vida puede ir viendo otras opciones. El primer paso para ir desprendiéndonos de la culpa es ACEPTAR que no somos responsables de lo que ha sucedido. Una persona sólo puede hacerse responsable de sus propios actos. La culpa siempre tiene una connotación de castigo, en cambio la responsabilidad es diferente puesto que permite darme cuenta si he cometido un error y posteriormente de reparación del daño, me da la posibilidad de rectificar en la vida.

La aceptación es una pieza clave, así en la elaboración del proceso de duelo Worden ya plantea que la primera y más fuerte de las tareas es la “aceptación de la realidad”, ser conscientes de que el ser querido ya no está y no volverá.

Una persona cuando decide suicidarse sólo desea dejar de sufrir, y cae en una trampa mental donde en su cabeza se instalan pensamientos erróneos del tipo: “por fin voy a descansar”, “dejaré de ser una carga para mi familia”, “pronto se olvidarán de mí, “no me van a echar tanto de
menos”…

Nada de esto es real, son distorsiones cognitivas que hacen que la persona se mantenga en una visión en túnel, por eso empieza a visualizar y fantasear con su propia muerte como la única salida a su sufrimiento.

Por numerosos testimonios de personas que han sobrevivido a un intento de suicidio se sabe que las personas que toman esta decisión sienten un intenso sufrimiento y viven los momentos previos en un estado de confusión, de desesperanza y abatimiento.

 

Factores de riesgo del suicidio

Así que si nos aferramos a la idea que esa persona decidió quitarse la vida después de que tuviéramos con ella una discusión, estaremos simplificando y viendo sólo una parte del problema ya que el suicidio es multicausal. Si nos metemos en ese bucle nos podremos darnos cuenta que esa persona muy probablemente ya arrastraba otros problemas en su vida.

Existen diversos factores de riesgo que hacen que aumente la probabilidad del riesgo de suicidio. Algunos factores son de tipo personal de tipo físico o psicológico.

Entre los factores psicológicos nos encontramos con algunos trastornos como la depresión, el trastorno bipolar, el abuso de sustancias, el trastorno bipolar o el trastorno límite de personalidad. En cuanto a los factores físicos: el diagnóstico de una enfermedad grave y crónica, una enfermedad grave que implique un gran deterioro físico y sin posibilidad de mejoría.

Entre los factores personales de tipo emocional y habilidades nos encontramos con factores como la baja tolerancia a la frustración, los altos niveles de impulsividad, agresividad, la baja autoestima, la falta de habilidades sociales y de afrontamiento. También influyen los altos niveles de perfeccionismo, la personalidad introvertida así como los sentimientos de indefensión y desesperanza.

Entre estos factores personales también podríamos citar la existencia de antecedentes de suicidio en la familia, ya que en algún momento la persona aprendió a utilizar la misma respuesta como forma de afrontamiento. La pertenencia a familias donde existen altos niveles de hostilidad, de violencia, vivencias de maltrato físico, psicológico, así como haber sufrido abuso sexual en la infancia o adolescencia.

Entre los factores sociales estarían situaciones como ausencia o pérdida de una red social de apoyo, situaciones de aislamiento, la pérdida o ruptura de un ser querido, situaciones de desempleo, problemas económicos/ legales.

Cuantos más factores de riesgo se den en una misma persona o mayor sea su gravedad mayor será la probabilidad de que realice un intento o conducta suicida. También existiría mayor riesgo cuanto mayor sea el número de intentos previos.

En relación a la culpa al igual que en el suicidio también existen algunos mitos muy arraigados entre los supervivientes que si los conocemos nos pueden ayudar en el proceso de duelo.

 

Mitos sobre la culpa

MITO: Es mi culpa que esto haya pasado
HECHO: La única persona que tiene responsabilidad de su suicidio es la víctima
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MITO: Si yo hubiera logrado detener ese intento de suicidio él/ella estaría bien
HECHO: No tengo manera de saber qué hubiera pasado si los eventos se hubieran desarrollado de manera diferente. Muchas personas llegan a cometer suicidio a pesar de continuos rescates, a aun estando bajo el cuidado de profesionales de la salud mental.
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MITO: Debería haberlo visto venir
HECHO: No puedo predecir el futuro, e hice lo mejor que pude con el conocimiento que tenía
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MITO: Debería haber sido capaz de salvarlo/a
HECHO: Soy humano/a y no puedo controlar todos los eventos de mi alrededor
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MITO: Nunca podré ser feliz otra vez.
HECHO: Mi vida ha cambiado para siempre por mi pérdida, aunque mi vida continuará.

 

Los derechos del superviviente.

Para finalizar incluyo este valioso manifiesto, la carta de derechos del superviviente de un suicidio, también extraída del manual para enfrentar el suicidio de un ser querido.

 

“Tengo derecho a estar libre de culpa”.
“Tengo derecho a no sentirme responsable por el fallecimiento del familiar que se ha suicidado”.
“Tengo derecho a que mis preguntas sean contestadas honestamente por las autoridades y los miembros de la familia”.
“Tengo derecho a no ser engañado porque otros crean que pueden ahorrarme un mayor dolor”.
“Tengo derecho a mantener una sensación de esperanza”.
“Tengo derecho a tener sentimientos positivos respecto a la persona que perdí por suicidio, sin importar los eventos anteriores o simultáneos a esa muerte prematura”.
“Tengo derecho a conservar mi individualidad y a no ser juzgado/a a causa de esa muerte por suicidio”.
“Tengo derecho a buscar orientación y grupos de apoyo que me posibiliten a explorar mis sentimientos honestamente y a facilitar el proceso de aceptación”.
“Tengo derecho a lograr la aceptación”.
“Tengo el derecho a un nuevo comienzo”. “Tengo el derecho a ser”.

 

Estos dos últimos derechos me han conectado con este hermoso poema de Fernando Pessoa, en el que nos invita a desprendernos de todo aquello que nos limita en nuestra vida y nos hace permanecer anclados en el pasado…

 

“Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos.»
Fernando Pessoa

 

Dedicado a las integrantes del GAM de Cádiz, por la valentía de realizar cada día una nueva travesía, un abrazo para todas. ¡UBUNTU MARIPOSAS!.

 

 

 

 

Bibliografía:

  • Asociación de Investigación, prevención e intervención del
    suicidio y familiares y allegados en duelo por suicidio. (AIPIS) Conocimientos básicos de la conducta suicida. Aspectos básicos de la conducta suicida: Factores de riesgo.
  • JACKSON, Jeffrey. Asociación Americana de Suicidología. Manual para enfrentar el suicidio de un ser querido.
  • PESSOA, Fernando. El libro del desasosiego.
  • WORDEN, William. El tratamiento del duelo.

 

Formación para la dinamización de grupos de duelo para personas que han perdido a un ser querido por suicidio.

Tiempo de lectura: 2 minutos

Ir a formulario de preinscripción

(Plazo desde 2 de marzo a 19 de abril)

Curso organizado por la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía

Coordina:

Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida.»Papageno»

Colaboran: 

  • Asociación Alhelí de Málaga
  • Asociación Alma y Vida de Sevilla
  • Teléfono de la Esperanza de Sevilla
  • Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido «UBUNTU»
  • Asociación para la Prevención y Apoyo Afectados/-as por Suicidio de Alicante «APSU»
  • Asociación de Familiares y Amigos Supervivientes por Suicidio de las Islas Baleares «AFASIB»

Formación para la dinamización de grupos de personas que han perdido a un ser querido por suicidio.

*Este curso no habilita de ninguna forma para el desarrollo de actividades terapéuticas. el seguimiento terapéutico de personas es una labor que realizan profesionales de salud mental con la debida formación. El facilitador es la persona que tiene como función crear las condiciones para un desarrollo del grupo adecuado, motivar la resolución de los conflictos y canalizar su proceso de maduración natural.

Ley Trans: Polémica y realidad

Tiempo de lectura: 4 minutos

Autoría: Francisco Rodríguez Laguna, psicólogo colaborador de www.papageno.es Febrero de 2021

Colectivo trans y conducta suicida

La Ley para la Igualdad Efectiva de las Personas Trans genera cierta polémica por impulsar la libre autodeterminación de género, demanda que, por cierto, lleva realizando el colectivo desde hace mucho tiempo y que viene a hacer justicia en un contexto relegado en muchas ocasiones a la
invisibilidad.

Es de justicia recordar, que este colectivo, es uno de los grupos de población más castigados en cuanto a la conducta suicida en toda su expresión se refiere.

Diversos estudios revisados coinciden en señalar que la conducta suicida es un problema mayor en la población LGBT,(lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) presentando elevados índices de ideación e intento suicida. En conjunto, los estudios refieren en sus antecedentes tasas de intento de suicidio de entre 20 a 53% para jóvenes LGB (e.g. O’Donnell et al., 2011) y de entre 23 a 47% para el caso de jóvenes trans (e.g. Testa et al., 2012). En términos comparativos, se señala que la probabilidad de ideación e intentos de suicidio es de hasta siete veces mayor entre jóvenes LGBT que entre sus contrapartes heterosexuales (e.g. Diamond, 2013).

Personas trans y suicidio

Por su parte , y en lo que al suicidio consumado se refiere, Irwin et al. (2013) presentan la estimación de que los suicidios de personas gays y lesbianas podrían dar cuenta de 30% del total de suicidios de Estados Unidos de Norteamérica. Una mayoría de las investigaciones revisadas constatan la relación entre victimización de la población LGBT y comportamientos suicidas. Específicamente, el abuso físico, psicológico y
sexual, al que se ven expuestas las personas LGBT debido a su identidad de género y orientación sexual, fue asociado con suicidalidad (e.g. Corliss et al., 2010)

Asimismo, se observa que la falta de apoyo social tiene efectos nocivos en la salud mental de las personas LGBT, efectos que constituyen
en sí mismos factores de riesgo (e.g. Nemoto et al., 2011; Walls et al., 2008).
La revisión de otras investigaciones, presentan el antecedente de que la población LGBT muestra peores indicadores de salud mental (i.e. sintomatología depresiva y ansiosa, abuso de sustancias y conductas autolesivas) cuando se la compara con población heterosexual, y que estos indicadores constituyen, a su vez, factores de riesgo para el suicidio. Estos problemas de salud mental no serían inherentes a la orientación sexual e identidad de género sino que se explicarían por determinantes sociales de la salud (i.e. modelo de estrés de minorías discriminadas; e.g. Bocktinget al., 2013; Plöderl et al., 2008). (Fuente: artículo: Suicidio en poblaciones lesbiana, gay, bisexual y trans: revisión sistemática de una década de investigación (2004-2014), Rev Med Chile 2016; 144: 723-733

Libre determinación, expresión de género y despatologización trans

La libre determinación de la identidad y la expresión de género, junto a la despatologización de la transexualidad, son líneas básicas de una sociedad, que se denomina democrática y respetuosa con los derechos humanos.
Y en este sentido, los principios de Yogyakarta vienen a ratificar estándares legales internacionales vinculantes que los estados firmantes deben cumplir. Dichos principios, relativos a cómo se aplica la legislación internacional de derechos humanos a las cuestiones de orientación sexual e identidad de género, prometen un futuro diferente, donde todas las personas, nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

Nueva ley trans

La norma que se pretende aprobar en nuestro país, reconoce que la solicitud de la rectificación registral de la mención del sexo, es decir, su cambio en el Registro Civil, «no precisa de más requisitos que la declaración expresa» de la persona. «El ejercicio de este derecho, en ningún caso
podrá estar condicionado a la previa exhibición de informe médico o psicológico alguno, ni la previa modificación de la apariencia o función corporal de la persona a través de procedimientos médicos, quirúrgicos o de otra índole, sin perjuicio del derecho de la persona interesada a hacer uso de tales medios».

En caso de aprobarse, las personas que quieran modificar su sexo legal, tendrán que indicar el nombre propio, si desean cambiarlo, y el sexo con el que se identifican «a fin de acreditar la voluntad de la persona interesada, así como los datos necesarios de la inscripción que se pretende
rectificar, y el número del documento nacional de identidad».
Además, prohíbe «el uso de terapias aversivas y de cualquier otro procedimiento que suponga un intento de conversión, anulación o supresión de la identidad de género, o que estén basados en la
suposición de que cualquier identidad de género es consecuencia de enfermedad o trastorno”.

Con todo ello, se busca desarrollar un modelo de salud que «tenga en cuenta la pluralidad de identidades, trayectorias y expresiones de género» y que incluya un «acompañamiento en todos los aspectos de la salud física y mental de la persona». Por lo expuesto con anterioridad, se debería realizar una adecuada pedagogía, libre de prejuicios y estereotipos, sobre las circunstancias, reivindicaciones, etc, del colectivo LGTBI, dirigida a la
población, abarcando desde los primeros años académicos , en aras de garantizar el respeto a los derechos humanos y favorecer el crecimiento personal, otorgando a dicho colectivo la visibilización necesaria para la consecución de una vida digna, libre de abusos y discriminación estas alturas, y en lo referido a la identidad de una persona, supone una barbaridad , seguir pensando que ésta puede ser asignada en base a su genitalidad al nacer.

Escuela de Madres y Padres para supervivientes por suicidio

Tiempo de lectura: 3 minutos
LOGO ASOCIACIÓN ALHELÍ
Asociación Alhelí
papageno.es

Escuela de Madres y Padres

El 25 de enero tuvimos la oportunidad de disfrutar de una tarde para la reflexionar sobre la educación de nuestros hijos e hijas. Para ello, nos centramos en las situaciones de familias en duelo por suicidio. Esta actividad fue posible gracias a la colaboración entre la Asociación Alhelí y papageno.es 

La actividad nace de una necesidad manifiesta de personas en duelo. Estas necesidades señalan la dificultad de algunas familias para elaborar su duelo y compatibilizarlo con la experiencia de ser padre o madre.

La Escuela concentró a 48 personas de España, México, Argentina, Paraguay, Colombia y Ecuador. Algunas forman parte de los grupos que tiene la As. Alhelí en Málaga y de los desarrolla papageno.es junto a la Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido «Ubuntu» en Cádiz, Sevilla, Jaén y Córdoba.

 

Introducción: maternidad y paternidad en situaciones de duelo por suicidio

Después de la introducción de Noelia Espinosa y Carmen Gálvez, integrantes de la Asociación Alhelí, presentaron su proyecto y experiencia personal. Posteriormente introdujeron una panorámica general de la actividad y del significado de la maternidad y paternidad en las situaciones de duelo por suicidio.

 

Habilidades para la vida: tolerancia la frustración y perseverancia

Durante la participación de Daniel López, psicólogo colaborador de papageno.es, se desarrollaron dos módulos diferentes. En el primero se describieron las claves del duelo por suicidio durante la infancia y la adolescencia. También se dialogó sobre la mejor manera de comunicar y hablar del suicidio con menores.

En la segunda parte se trataron conceptos generales sobre los estilos educativos y sobre aspectos relacionados con la educación relacionados con el bienestar emocional y el éxito en la vida adulta. En particular la disertación se centró en la tolerancia a la frustración y la capacidad de demorar el refuerzo y la perseverancia. 

Para explicar el concepto de demora del refuerzo, se utilizó el experimento de Walter Mischel denominado el test de la golosina. Este experimento clásico consiste en recluir a un niño/a pequeño/a de cuatro a seis años en una habitación frente a un dulce o una golosina. Si son capaces de pasar un rato (quince minutos) sin moverse de la silla frente al dulce y sin comérselo, el experimentador le dará un premio doble. Si no aguanta, puede tocar una campana y comérselo sin esperar, renunciando al premio. El experimento indica que las personas que tienen la capacidad de demorar la recompensa  son más capaces de lograr sus objetivos, gestionar sus emociones y vivir de manera más plena.

Ejemplo del Test de la Golosina

Por otro lado, también se trabajó sobre la necesidad de equilibrar la afectividad durante la infancia con el establecimiento de una normativa clara, sencilla y explícita. Con ese objetivo se tomaron los conceptos de amor paterno y materno de la teoría de Erich Fromm que apareció en su famoso libro «El arte de amar«.

La actividad concluyó con la definición del modelo de habilidades para la vida, definidas en 1993 por la Organización Mundial de la Salud. Este modelo define 10 habilidades que se defienden como esenciales en el bienestar emocional de los menores. 

Acabada la primera sesión, se plantea la posibilidad de realizar una actividad de varias sesiones, para darle continuidad a este proyecto, donde participen exclusivamente personas en duelo por suicidio. 

 

Si estás interesado/a en participar en la actividad ponte en contacto con: 

secretaria@prevencionsuicidio.school

Agradecemos a los miembros de ambas asociaciones y a todos los participantes por el regalo de haber aprendido juntos.

Lo que necesito de ti

Grupo de Ayuda Mutua para Supervivientes
Tiempo de lectura: 4 minutos

Carta abierta de una madre que perdió a su hijo por suicidio a los profesionales de salud mental y a la sociedad

Foto original realizada por Cristina Romero

Este texto ha sido elaborado por Cristina Romero en el desarrollo de una entrevista realizada por Daniel J. López, psicólogo colaborador de papageno.es, y tiene como objetivo reflexionar sobre las necesidades psicológicas de los supervivientes.

Escúchame

  • Necesito decir con libertad que mi hijo se suicidó, que sufrió mucho durante años y que tenía una enfermedad mental. Déjame hablar de él, apenas tengo oportunidades para hacerlo.
  • Necesito hablar sobre su suicidio, si lo presentía, si lo habló, si lo había intentado o si jamás pensé que lo haría.
  • Necesito saber que su muerte es real, tocarlo y abrazarlo por última vez.
  • Necesito contarte muchas cosas sin interrupciones y con paciencia. Ayúdame a contarte cómo sucedió todo, aunque me cueste hacerlo. Lo que ocurrió antes y justamente después de su muerte. Quiero contarte cómo lo vivo yo, no cómo debería vivirlo. Necesito que no reprimas mis llantos, que me permitas hablar, gritar e incluso perder el control. También que respetes mis tiempos.
  • Te necesito seguro, cálido, empático y capaz de ayudarme a afrontar mi dolor. No te muestres impotente, frío o frustrado. No necesito que me digas lo que tengo que hacer.
  • Necesito sentirte como persona que puedes ayudarme, percibir cómo sientes mi dolor, cómo entiendes lo que supone el suicidio de una de las personas que más quieres en el mundo. Así lograré conectar contigo. Necesito tu conocimiento profesional para darle claridad a mi oscuridad.
  • Necesito hablar de cómo me sentí abandonada y sola, de cómo perdí el sentido de mi vida, de mis ganas de morirme, de irme con él, de mi larga historia con el sentimiento de culpa, de mi total descontrol y del impacto que me produjo su muerte. Escucha atentamente mi relato y respeta cómo me siento. Luego, si lo crees conveniente, cuestiona mis creencias y ayúdame a transformarlo.
  • Necesito que me preguntes para entenderme no para modificar mi relato.
  • Necesito que me digas la verdad sobre mi duelo, que será largo, muy doloroso y sin consuelo. Que me pidas cosas que sean asumibles, que me orientes a afrontar mis emociones y que me digas que solo puedo ocuparme de lo que está a mi alcance.
  • Necesito que entiendas que soy una persona única e individual y que cada uno de nosotros somos diferentes y nos aproximamos de forma distinta a nuestro duelo y a la muerte de nuestros seres queridos.
  • Necesito que conozcas a mi familia, el contexto en que se produjo su muerte, que me conozcas a mí, a mi hijo y nuestra relación.
  • Necesito huir de los tópicos: “la vida sigue”, “verás cómo lo superas”, “el tiempo pasará y lo superarás”, “vas a salir más fuerte de este duelo”, “la vida te está poniendo a prueba”…

Ayúdame a afrontar y trasformar mi duelo

  • Ayúdame a entender lo que ocurrió, la intensidad de su alto grado de desesperación (por qué lo hizo) y a aceptarlo, superando el estado de shock en el que he estado durante años.
  • Ayúdame a transformar mi rabia –que me devora por dentro- en estar en paz conmigo misma y con los demás, ya que mi hijo ha sido una víctima más del sistema de Salud Mental.
  • Ayúdame a afrontar los aniversarios de su muerte, a hablar de ellos pero no a anticiparlos. Ayúdame a hacer entender a mi familia lo que necesito, enséñanos a acompañarnos.
  • Ayúdame a buscar distracciones para no pensar en él continuamente. Ayúdame a socializar. Perdí mis amistades.
  • Ayúdame a afrontar los trámites burocráticos de su muerte sin horror. Ayúdame a volver a creer en mí y en la vida.
  • Ayúdame a aprender a convivir con el dolor y a que se me restablezca un estado de equilibrio interno que me aporte habilidades para apreciar lo que tengo y no lo que he perdido.
  • Ayúdame a tenerlo cerca a través de sus cosas. Deja que su recuerdo me acompañe. No me pidas que abandone mi casa o que tire sus cosas. Así podré expresarte el amor y la gratitud inmensa que siento por haberlo tenido conmigo durante sus treinta años.

Ayúdame a que no vuelva a ocurrir

  • Necesito que entiendas mi rabia total hacia el sistema de Salud Mental y a la falta de prevención del suicidio, ya que las personas con enfermedad mental sufren mucho.
  • Ayúdame a que la muerte de mi hijo no ocurra en vano.
  • Ayúdame a reclamar más recursos para la Salud Mental, como centros de larga y media estancia y centros de día adecuados para ellos. Más inversión en investigación, más especialistas cualificados y sobre todo con compasión… Más protocolos de prevención del suicidio. También a concienciar de la ausencia de solidaridad social.
  • Ayúdame a implantar programas de inteligencia emocional en los colegios para detectar los problemas y ayudar a afrontarlos.
  • Ayúdame a hacer entender a los niños y hombres a pedir ayuda, a expresar cómo se sienten. Ayúdame a fomentar el apoyo familiar, escolar y social.

Mi grupo de ayuda mutua

  • Necesito participar en un grupo de ayuda mutua y compartir lo que siento con personas que tienen las mismas vivencias y que conocen tu dolor en primera persona.
  • Necesito recuperar el sentido del humor para ir superando este trauma.

Cristina es miembro de un grupo de ayuda mutua fruto de la colaboración de la Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido «Ubuntu» y la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida «Papageno». Si necesitas ayuda contacta al WhatsApp 633 169 129.

Relatos en primera persona sobre la experiencia de la pérdida por suicidio

Grupo de Ayuda Mutua para Supervivientes
Tiempo de lectura: 3 minutos
man in black jacket standing on the seashore
Photo by Vladislav Murashko on Pexels.com

Los libros reseñados en esta entrada del blog contienen descripciones explícitas sobre conductas suicidas de especial dureza. 

Cuanto más difícil es expresar el dolor con palabras, mayor reto supone hacer dos regalos como nos hacen los autores Piedad Bonnett y Martín Sivak. Dos libros recios, duros, sin paliativos, que hablan de un tema a los que otros muchos prefieren dar la espalda: el suicidio. Ambos se internan en forma de autopsia psicológica de corte literario en la creación de una explicación íntima sobre la muerte de sus seres queridos.

Piedad Bonnett,  es escritora, ensayista, poeta y novelista nacida en Amalfi, Antioquía en 1951. Es licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes y profesora desde hace cuatro décadas. Tiene una maestría en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño.

El texto de Bonnet no solo describe pormenorizadamente qué significa ser supervivientes del suicidio, sino que es de una belleza y una facilidad de lectura que lo hace un libro ideal para entenderlo desde una perspectiva íntima.

A lo largo de sus páginas la autora narra las vicisitudes de la familia para acompañar a su hijo que padece un trastorno mental y su batalla por afrontarla. Su miedo y su dolor impregna cada párrafo y además de recordarnos la futilidad de la vida, de la que ninguno estamos a salvo, nos ayuda a conocer a su hijo y las circunstancias de su muerte. 

Sin sensacionalismos, pero con dureza, describe el camino que los llevó vivir en primera persona la experiencia de perder a un hijo por suicidio. 

Seguro que será un ejercicio terapéutico para la escritora y para todas aquellas personas que quieran mirar de frente este problema de salud pública que supone un reto. 

No contiene paños calientes para nadie. Sin rencor, también relata las dificultades frente al sistema sanitario de su país y todas las barreras impuestas por el estigma alrededor de los problemas de salud mental.

Muy recomendable para personas que deseen profundizar en el tema.

La Organización Mundial de la Salud viene denunciando una falta clara de medios dedicados a la salud mental que hace que en los países desarrollados del 44-70% de personas con problemas mentales no reciban tratamiento, cifra que alcanzaría casi al 90% en los paises más desfavorecidos.

Invertir en SALUD MENTAL (OMS, 2014)

Martín Sivak periodista argentino nacido en 1975. Director de EldiarioAR, licenciado en Sociología y doctor en Historia de América Latina. Escritor de libros de no ficción. Profesor de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Ha publicado varios libros de investigación periodística.

En contraposición con el libro de Bonnet, Martín narra en este libro la muerte por suicidio de su padre cuando él apenas contaba con 15 años. Su libro nos zambulle en la Argentina más auténtica. En los recovecos de su narración uno llega a creer que siempre conoció a ese hombre al que el sufrimiento le hizo quitarse la vida. Un recorrido por toda la vida de este banquero marxista, preso y exiliado que no supo bajarse de un tren en el que se vio empujado a vivir y que se vio envuelto en un mundo empresarial al que ni quiso ni supo pertenecer. 

Ni héroe, ni villano, un simple ser humano que ante el escándalo provocado por la quiebra de sus negocios, además de otras causas, no supo afrontarlo de otra forma. Un relato fácil de leer que explica las causas que un hijo ve detrás de la desaparición de su amado padre. Un texto respetuoso y exento de sentimentalismos, pero humano y poderosamente arrebatador.

Ambos libros son muy recomendables, aunque no dudemos en referirnos de nuevo a su crudeza. Textos ambivalentes en un intento de sus autores de entender la sombra oscura que irrumpió en sus vidas con el fallecimiento de sus seres queridos y llevar a otra fase sus duelos. 

 

13 de enero: Día Mundial de Lucha contra la Depresión

Tiempo de lectura: 2 minutos
La Asociación de Trastornos Depresivos de Aragón es una asociación reconocida de utilidad pública destinada al tratamiento psicoterapéutico de la ansiedad, estrés, depresión y momento adaptativos complicados.

Nuestros compañeros, de AFDA han realizado este material para conmemorar este día tan importante que nosotros ayudamos a difundir. Felicidades por todo su trabajo en un problema que está tan relacionada en muchos casos con las conductas suicidas.

Suicidios en la adolescencia

Tiempo de lectura: 3 minutos

Glenn, C. R., Kleiman, E. M., Kellerman, J., Pollak, O., Cha, C. B., Esposito, E. C., … & Boatman, A. E. (2020). Annual Research Review: A meta‐analytic review of worldwide suicide rates in adolescents. Journal of child psychology and psychiatry61(3), 294-308.

Foto de Hannah Nelson en Pexels

Suicidio en la adolescencia

El suicidio en la adolescencia supone un problema de salud pública de primer orden como primera causa de mortalidad a esas edades. Catherine R. Glen y colaboradores realizan una revisión para determinar las tasas de mortalidad por esta causa en adolescentes de 10 a 19 años en países de todo el mundo.

Resumen de la investigación

El estudio recoge datos disponibles de diferentes países considerados de alta calidad de la Base de datos de Mortalidad de la Organización Mundial de la Salud y los relaciona con datos de accesibilidad a métodos letales, indicadores económicos y de desigualdad.

El resultado de la investigación es bastante heterogéneo. A nivel mundial se estima una tasa de 3,77 por 100.00 habitantes. Los países con mayores tasas fueron Estonia, Nueva Zelanda y Uzbekistán. Las tasas más altas de dieron en el grupo de edad superior en el intervalo estudiado y fue superior entre hombres.

Las desigualdades económicas correlacionaron con una mayor diferencia en el ratio entre hombres y mujeres.

Suicidio entre adolescentes en España

Según el estudio, las tasas de suicidio entre adolescentes de 10 a 19 años en España es de 1,47 por 100.00 habitantes siendo superior en el tramo de 15 a 19 años, por lo que el país está por debajo del nivel mundial. Las tasas entre hombres dobla la de las mujeres.

Suicidio entre adolescentes en México

En México los indicadores son superiores. Las tasas de suicidio entre adolescentes son de 4,81 por 100.000 habitantes con peores tasas en el grupo de mayor edad. Las muertes por esta causa son casi el doble entre hombres respecto a las de mujeres

¿Cuáles son los factores de riesgo en el suicidio de adolescentes?

La Clínica Mayo advierte de diferentes circunstancias que pueden constituir factores de riesgo para la aparición de conductas suicidas.

Entre ellos destaca la presencia de trastornos físicos o mentales o antecedentes familiares, pérdidas de seres queridos o conflictos graves, antecedentes de maltrato o abuso, consumo de sustancias, embarazo no deseado, bullying, incertidumbre sobre la orientación sexual, suicidio en su entorno cercano o ser adoptado.

Servicios de atención a la conducta suicida

Artículo completo

Annual Research Review: A meta-analytic review of worldwide suicide rates in adolescents (En inglés)

Escuela de Madres y Padres para personas que atraviesan un duelo por suicidio (supervivientes)

Tiempo de lectura: < 1 minuto

Las madres y los padres (líderes) deben estar lo suficientemente cerca para relacionarse con sus hijos e hijas (otros), pero lo suficientemente lejos como para motivarlos. Lo primero les hace sentirse seguros y lo segunda les permite madurar.

Parafraseando a John C. Maxwell,

Educar a nuestros hijos e hijas es una tarea enriquecedora que a veces se vuelve dura y conflictiva. Cuando además perdemos a un ser querido por suicidio puede convertirse en un factor de estrés más que dificulte el duelo y las relaciones familiares en general.

Aprender estrategias que podamos implementar en su educación y que faciliten el tránsito de esta dura etapa para toda la familia puede ser la clave para evitar complicaciones en el proceso.

Desde nuestra vocación de servicio, la Asociación Alhelí y la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida «Papageno» ponemos en marcha una Escuela de Madres y Padres orientada a dotar de competencias a los familiares que han perdido a un ser querido que están preocupados por la educación de sus hijos e hijas.

La Escuela de Madres y Padres Se celebrará por ZOOM el día 25 de enero de 2021 con horario de 17 a 19. El enlace se enviará a los correos de los participantes seleccionados. La inscripción se realizará a través del enlace:

INSCRIPCIÓN (HASTA EL 22 DE ENERO DE 2021)

Calcula el precio de tus 20 segundos de fama

Tiempo de lectura: 6 minutos
Foto de Engin Akyurt en Pexels

El reconocimiento como necesidad humana

La teoría de las necesidades de Maslow señala la necesidad de reconocimiento como una necesidad intrínsecamente humana. Por una parte este reconocimiento implica la búsqueda del respeto de los demás, el estatus y la reputación, la fama y la gloria. Por otro lado, del respeto de uno mismo (a veces tan olvidado).

No parece que Maslow estuviera muy desacertado si observamos detenidamente nuestro alrededor. Aunque esto no es un fenómeno en absoluto novedoso. Las redes sociales han venido a corroborar esta necesidad, a veces abusiva, de confirmar nuestra propia estima validándola y exponiéndola a la opinión de los demás.

Nada ha cambiado desde tiempo de los romanos. Estos dejaron no pocas pruebas de esta búsqueda desaforada de poder y fama. Se cuenta que el «gran» Julio César en su intento de conquistar Roma y seguido por sus legionarios dejó una importante prueba de ello. Cuando atravesaba una pequeña aldea que fue objeto de las mofas de sus soldados,  y dado a dejar célebres frases para la historia sentenció:

 

«Preferiría ser el primero en esta aldea que el segundo en Roma»,

 

señalando así la importancia que le daba al status dentro de sus propios valores. Y no debió ser el único, porque el refranero español también acuñó un dicho sospechosamente parecido: 

 

“más vale ser cabeza de ratón que cola de león”,

 

que se refiere a la importancia de tener autoridad en los grupos a los que se pertenece aunque sean pequeños, frente a la posibilidad de ser un «don nadie» en los grandes.

Personas tóxicas Vs conductas tóxicas

Y es que no todos los caminos para conseguir reconocimiento son acertados. Se me ocurren varios que, al contrario, son especialmente perniciosos. Pero antes me gustaría dar un amplio rodeo para hablar de otro fenómeno. Siempre me produjo un gran rechazo visceral las teorías que postulan que muchos de nuestros males provienen de la existencia de personas tóxicas. Así se hicieron muy célebres los libros de Bernardo Stamateas. Uno de ellos, titulado «Gente Tóxica», es publicitado en Google Books con el siguiente párrafo: 

En nuestra vida cotidiana no podemos evitar encontrarnos con personas problemáticas. Jefes autoritarios y descalificadores, vecinos quejosos, compañeros de trabajo o estudio envidiosos, parientes que siempre nos echan la culpa de todo, hombres y mujeres arrogantes, irascibles o mentirosos…

No me parece una expresión adecuada. Sitúa a las personas en una posición cómoda donde el origen de sus males es externo. Pone el énfasis de la solución solo en evitar caer en sus trampas. Y para trampas, ya nos valemos nosotros solos. Me pregunto quien será el encargado o encargada de determinar si mi naturaleza es tóxica y quien le ha arrogado la capacidad de ser juez en este sentido. Y así las consultas de salud mental se llenan de personas huyendo de estas personas tóxicas. Que digo yo que alguna de los que usamos este tipo de servicios, aunque tan solo sea por probabilidad, también podríamos ser tachado de tales, o incluso los y las profesionales que los atendemos. Por eso, yo prefiero hablar de conductas tóxicas. Y por un ejercicio de falsa humildad hoy utilizaré la primera persona para referirme a una de mis conductas tóxicas.

Photo by ego 1 from Pexels

Nuestro maldito ego

En psicología se dice que el ser humano necesita de dos tipos de amor o afecto como vacuna de nuestra soledad. Erich Fromm los denominó amor materno y paterno. Se refería así al amor incondicional y condicional. El amor incondicional es aquel que se nos da por el simple hecho de ser personas. Se nos quiere por el simple hecho de existir. El condicional se obtiene, sin embargo, dependiendo de nuestras conductas. Es decir, se nos da por lo que hacemos o lo que damos. Ambos tipos de amor son necesarios para nuestro bienestar psicológico. No obstante, al estar este segundo condicionado y poder obtenerse a través de determinadas conductas puede acabar convirtíéndonos en meras marionetas de los que nos rodean.

Y ahora entenderán por qué les hablaba antes de mi falsa humildad. Una vez que publique esta entrada en el blog, ¿cuánto tiempo tardaré en revisar los likes en las redes sociales y las visitas al blog para validar la opinión que otras personas tienen sobre lo que escribo…? ¿Cuánto cuestan estos 20 seguros de fama? ¿Cuánto tiempo perderé por esta fútil necesidad del aplauso hueco y fácil de las redes sociales?

Como perro de Pavlov, aún no me encuentro preparado para dejar de salivar cuando suene la campana, en este caso un like o una visita más, y no podré evitar una sonrisa (casi idiota) si me llueven los corazoncitos en las redes.

El suicidio y la falta de reconocimiento

El sábado fue el día Internacional del Superviviente por Suicidio. Permítanme otra digresión, porque debería llamarse también de la superviviente. Nunca he sido muy exagerado con este tema, pero el lenguaje acaba siendo la primera barrera para la igualdad efectiva entre sexos y las diferentes formas de vivir la sexualidad en nuestra especie.

Pues esa tarde, tuve la oportunidad de hablar un rato con una de las supervivientes que ha perdido a un ser querido por suicidio. Impagable. Jamás podré pagar la oportunidad de haber conocido a estas personas con las que ahora comparto parte de mi vida. Cuando la vida me lleve a otro lado, las llevaré a todas conmigo.

Llevo un tiempo obsesionado con la idea de vencer mi propio ego y en esta conversación acabó saliendo el precio que tenemos que pagar por darle de comer a este terrible monstruo, convidado de piedra, que tiene por costumbre convertirse en el muerto en el entierro y la novia en la boda. Nos hace esclavos del relato en primera persona y nos regala diez segundos de fama a cambio de una pesada mochila llena de piedras que no nos pertenecen.

Como no, con la persona que hablé ayer, también hubo palabras y recuerdos para los que ya no están, para aquellos que tanto nos cuesta entender, que aún teniéndolo en muchos casos, sintieron ser nadie y marcharon faltos de toda esperanza. 

Terrible, porque muchas veces he pensado que esta terrible necesidad nuestra puede estar detrás de muchas conductas suicidas en personas vulnerables. Esa necesidad atávica de sentirnos parte de un grupo e importantes dentro de él, como fuerza de supervivencia grupal, para reivindicar nuestro derecho a estar vivos, de ser útiles para la manada. Esa fuente de displacer para personas vulnerables que les hace sufrir y les hace tomar decisiones fatales.

Foto de Prateek Katyal en Pexels

Internet, redes sociales y necesidad de reconocimiento

En ese sentido, la realidad virtual paralela en que nos vemos envueltos y en la que nos hemos sumergido especialmente durante la crisis sanitaria por COVID-19 ha venido a reforzar la idea equivocada de que podemos alimentarnos y llenarnos con el amor cibernético de corazones en la nube, abrazos de wi-fi, emoticonos y otras perversiones digitales. Y nos creemos los reyes del filtro de Instagram y del espectáculo de Tik-Tok. Algunos, los más viejunos nos creemos importantes influencer de Facebook u a otras tantas redes que ya desaparecieron y de las que fuimos princesas por un día.

Todo para combatir nuestro peor miedo, la soledad no elegida, aquella que nos consume, que a muchos nos lleva a la depresión y a tantos ancianos y ancianas le acercó al final de su vida en su peor versión. Y que señala la incapacidad de nuestra forma de entender la vida en la sociedad actual para cubrir nuestras necesidades psicológicas más básicas.

Y ahora recuerdo a tantas personas que me confiaron sus secretos, su más interno sufrimiento, el miedo a la soledad, a no ser capaz de afrontarla. Me pregunto si no sería mejor volver a la aldea, a esa que César defendió de las risas de sus propios soldados, y aprender a disfrutar de las pequeñas cosas, sin más pretensiones que ser yo mismo, olvidándome del peso de ser cabeza de ratón o de los miedos de ser cola de león.

Bueno, os dejo y no olvidéis dar al like (hoy te pido que no lo hagas)…

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