Categoría en Causas de muerte

Alcohol y Suicidio desde la perspectiva estadística

Alcohol y suicidio

 

 

Autor: Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

 

 

Introducción: consumo de alcohol, cirrosis y suicidio

No hace mucho reflexionaba en este mismo blog sobre las diferentes tasas de suicidio entre dos Regiones de España aparentemente similares: Asturias y Cantabria.

Buscando peculiaridades sociogeográficas en ambas regiones que lo explicaran, encontré en el Atlas Nacional de Mortalidad en España (ANDEES) una característica de salud que señala un comportamiento distinto entre ambas: el nivel de fallecidos por cirrosis.

 


(https://medea3.shinyapps.io/atlas_nacional/)

 

Existe una fuerte relación entre el consumo excesivo de alcohol y las enfermedades hepáticas crónicas. De hecho, han dado lugar a un cuadro clínico específico: la cirrosis hepática del alcohol. También hay bastante consenso científico en que el alcohol es una conducta asociada al fallecimiento autoinfligido, como también hay consenso entre el par depresión/suicidio como ya adelantaba en su entrada: Alcohol y suicidio, la pareja letal

Se podría escribir mucho sobre hábitos de consumo de alcohol en España y extraer información relevante a varios niveles con la información allí disponible: frecuencias de consumo, de consumo intensivo, borracheras, bingedrinking, etc. Invito a expertos y a profesionales sanitarios, psicólogos o sociólogos a que estudien este tema en profundidad, puesto que los hábitos de consumo de alcohol están íntimamente relacionados con muchas conductas suicidas.

Con mis limitadas posibilidades quiero centrar la presente exposición en un solo eje: Relación entre consumo de alcohol, depresión y fallecimiento por lesiones autoinfligidas.

 

Alcohol y género

Convendrán conmigo que hay algo que distingue con claridad una dolencia alcohólica de un cuadro depresivo: los efectos orgánicos del abuso del alcohol y el agravamiento de otras enfermedades. Y esas consecuencias, matan. Eso sin olvidar el elevado coste en accidentes de tráfico o en actos violentos. La OMS estima que son más de 3 millones de muertes las que ocasiona el alcohol cada año en todo el mundo.

Recordarán l@s más veteran@s aquel anuncio, en los años 60/70, de un brandi cuyo eslogan era: “Es cosa de hombres”. Pues resulta que aquel prototipo del machismo debió calar (mucho) y el consumo excesivo de alcohol en España hace honor a aquella publicidad aún hoy en día. El alcoholismo sigue siendo cosa de hombres. Como consecuencia, también lo son las enfermedades crónicas del hígado y las muertes que provoca por diferentes medios.

 

No es posible establecer en este trabajo si el fruto envenenado de este “modelo de masculinidad” asociado al consumo de alcohol es suficiente para explicar los cuadros depresivos y las conductas suicidas, pero si creo posible valorar si el deterioro físico y mental resultado de consumo crónico, puede ser un factor de riesgo para el suicidio.

 

Método

Animado por los resultados obtenidos a partir de las series de datos de Andees, intenté localizar otras fuentes sobre consumo de alcohol, asistencias sanitarias provocadas por alto consumo de alcohol, fallecidos por cirrosis alcohólica y prevalencias de cuadros depresivos que apoyaran esos datos. Además de las ya conocidas sobre fallecidos por causa de la muerte que se pueden obtener de Sanidad y del INE, he tenido en cuenta datos sobre ingresos hospitalarios clasificados por el diagnóstico principal. Aparte, he recopilado los resultados de las encuestas de salud que se publican en ambas webs (Encuesta Europea de Salud del INE y Encuesta Española de Salud del Ministerio de Sanidad).

Encontré datos sobre fallecidos por cirrosis alcohólica en la web de Sanidad (codificado CIE-10 “K70”), discriminando por Comunidades Autónomas, género y grupos de edad (15-64 años) entre 1999/2018. De la misma fuente obtuve los datos de fallecidos por lesiones autoinfligidas (codificado CIE-10 “X60-X84).

El propio Ministerio de Sanidad ofrece datos sobre ingresos hospitalarios con motivos Trastornos mentales y del comportamiento debidos al uso de alcohol” (CIE-9 ”660”), por “Enfermedad alcohólica del hígado” (CIE-9 “571”) y “Cuadros depresivos” (CIE-9 “296”, “300” y “311”), en el periodo 1997/2015 desglosados también por CCAAs, género y edad.

Los datos pueden también obtenerse del INE a través de su portal estadístico.

La misma web de Sanidad nos ofrece una larga batería de datos sobre modos de consumo de alcohol recogidos en el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad y en el INE obtenidos mediante encuestas (Encuesta EDADES del PND y Encuesta Europea de Salud y prevalencias sobre cuadros depresivos en el INE (Encuesta Nacional de Salud).

Con los datos detallados por año, Comunidad Autónoma, género y grupo de edad, obtuve una larga serie de tasas:

  • Fallecidos por cirrosis alcohólica por cada 100 mil habitantes.
  • Fallecidos por lesiones autoinfligidas por cada 100 mil habitantes.
  • Ingresos hospitalarios por trastornos mentales asociados al alcohol por cada mil personas asignadas.
  • Ingresos hospitalarios por cirrosis alcohólica por cada mil personas asignadas.
  • Ingresos hospitalarios por cuadros depresivos por cada mil personas asignadas.

Por otro lado, dispuse los resúmenes de dichas tasas para cotejarlas (por CCAA y género) con los datos disponibles de las encuestas sobre los modos de consumo de alcohol del Plan Nacional de Salud y Encuesta Europea de Salud, mediante correlaciones de Pearson. La falta de concordancia de los años de las encuestas y el periodo de los datos de las series largas nos obligan a considerar con reservas sus resultados.

Es necesario destacar que no he encontrado información detallada sobre prevalencias de consumo de alcohol o depresión más allá de las citadas encuestas. Los datos sobre ingresos o fallecimientos son “puntuales” en cada uno de los años analizados, lo que en estadística se denomina como incidencia. Este hecho no desvirtúa, en mi opinión los resultados, pues la incidencia de un problema de salud que, razonablemente, podemos suponer crónico o de larga duración nos indica directamente el nivel de implementación de la enfermedad, de forma asimilable a la prevalencia.

El plan de trabajo pretendía abordar un análisis descriptivo, mostrar esos datos mediante gráficas de barras de error y realizar cotejos sencillos mediante el coeficiente de correlación de Pearson, para determinar groseramente el nivel de relación entre las variables.

Las tasas de mortalidad que se expresan a edades avanzadas y la diversidad de sus causas nos invitan a dejar de lado el grupo de población de más de 65 años para tratar de simplificar el estudio.

Como enfermedad degenerativa, es raro encontrar muertes por cirrosis en edades tempranas. Pese a haber incluido en el estudio el grupo de edad “15 a 24 años”, solo se registran tres casos: Galicia en 2012, Navarra en 2007 y Asturias en 1999. Mi recomendación para quienes profundicen en el estudio es estrechar el límite de edad entre los 25 y los 65 años.

 

Resultados

Las series de datos de cada grupo de encuestas parecen concordar bien entre sí y, en menor medida, también con los series de las otras encuestas cuando analizan los diferentes patrones de consumo de alcohol. Ello es así incluso con las dificultadas intrínsecas del modelo de adquisición de la información y el número limitado de datos.

No hay una relación estrecha entre fallecidos por cirrosis del alcohol y los consumos expresados en las encuestas nacionales de salud.

  • Hay mejor relación entre cirrosis como causa de muerte y los consumos declarados en las encuestas europeas de salud.
  • Se observa que los cuadros de depresión menor y los cuadros severos de depresión moderada son los que más se asocian al consumo excesivo de alcohol.
  • La variable que mejor predice los ingresos hospitalarios, las muertes y los suicidios es la de personas que manifiestan no haber consumido alcohol en el último año (mediante correlación inversa).
  • Considerando las tasas de ingresos hospitalarios por trastornos mentales provocados por consumo de alcohol, dolencias orgánicas por abuso alcohólico, muertes por cirrosis alcohólica y muertes por suicidio, del periodo 1997/2018 segregando por CCAAs, sexo y grupos de edad obtenemos los siguientes resultados:

 

 

Existe una alta correlación entre los ingresos por dolencias somáticas y por trastornos mentales asociados al alcohol. También muy clara entre los ingresos hospitalarios y las muertes por cirrosis alcohólica. Es asimismo muy alta la correlación entre fallecidos por cirrosis y suicidio. En menor medida se corresponden ingresos hospitalarios por depresión con ingresos hospitalarios por enfermedad alcohólica. Curiosamente, no se evidencia a este nivel ningún tipo de relación entre depresión y muertes por problemas hepáticos o por lesiones autoinfligidas. Ojo, que no se muestre no significa que no exista. Recordemos la necesidad de explorar las capas que puedan enmascarar esa relación.

De hecho, con tan solo separar por géneros empezamos a visualizar signos de vinculación de la depresión con el alcohol y el suicidio.

Una característica reseñalable respecto al género es que los ingresos hospitalarios por cuadros depresivos es más alto para las mujeres que para los hombres, contrariamente a lo que ocurre con todos los demás conceptos.

Otra forma de ver hasta que punto se ajustan las variables suicidio y cirrosis es mediante la representación de la nube de puntos. Sirva de ejemplo la gráfica relativa a Hombres mayores de 25 años, de la que he excluído las Regiones menos pobladas (La Rioja, Ceuta y Melilla) para evitar la acumulación de valores 0 de la variable “Cirrosis”:

 

 

Cuando separamos por grupos de edad (además de por géneros), se siguen mostrando correlaciones, pero expresadas en niveles más bajos. Deduzco que se debe a la reducción en el número de datos que permiten aflorar la influencia del resto de variables que influyen en el suicidio y que se reflejan en la enorme variabilidad entre regiones.

De hecho, cuando despreciamos la capa “CCAAs” y agrupamos al global de España, los datos para el grupo de edad de 25 a 34 años muestra unas correlaciones muy elevadas para las variables Suicidio, Cirrosis, Ingresos por trastornos alcohólicos e Ingresos por dolencias alcohólicas.

 

 

Al expresarlo mediante barras de error comprobamos el comportamiento similar de las variables “muertes por cirrosis” y “muertes por suicidio”:

 

 

El caso de Asturias y Cantabria

Armados con nuevos datos, volvemos a encarar las diferencias en las tasas de suicidio entre regiones con el ejemplo de Asturias (color verde apagado) y Cantabria (color rojo).

De entrada, los fallecidos por cirrosis alcohólica compaginan bien con los de suicidio. Asturias se destaca como la Región con mayores tasas de cirrosis y la segunda por suicidios, mientras Cantabria se sitúa en niveles bajos de suicidios y en la zona media en cirrosis.

 

 

¿Pero ocurre igual con los demás parámetros?

En realidad no. La diferencia no es tan señalada para los ingresos hospitalarios por trastornos alcohólicos o por enfermedades hepáticas alcohólicas, aunque sí por ingresos por depresión.

 

 

Tan es así, que cuando estudiamos su comportamiento por género, en Cantabria las mujeres empiezan a destacarse por el alto número de ingresos por patologías relacionadas con el alcohol, superando a Asturias y rompiendo las conclusiones generales anteriores.

 

Dificultades metodológicas

Resulta complicado extraer conclusiones para determinar las bajas tasas de suicidio en Cantabria. No podemos entender las conductas autolíticas limitándonos a unos pocos parámetros estadísticos. Las motivaciones son tan complejas como los individuos y varían considerablemente de un municipio a otro. Hemos sido capaces de exponer razones que ayudan a explicar las altas tasas de Asturias. Ahora toca buscar cuales son las variables protectoras que hacen de Cantabria una región más amable con las pérdidas por suicidio. Me permito adelantar una hipótesis para los futuros investigadores: habrá que analizar las razones de que en Cantabria tengan unas tasas tan bajas de ingresos por depresión.

Los análisis matemáticos requieren su interpretación. Especialmente cuando tratamos de comparar variables físicas que no miden realidades idénticas.

Las encuestas de salud son muy interesantes para conocer los hábitos de consumo, pero su limitado número, la variabilidad de los términos en que se formulan las preguntas y disponer solo de los resúmenes de los informes, no facilitan su análisis estadístico ni relacionarlo con rotundidad con los fallecimientos por enfermedad hepática o suicidio.

Una encuesta, por bien realizada que esté y por muy alta que haya sido la muestra, está sometida a distorsiones por su carácter subjetivo. Más aún cuando se adentran en cuestiones íntimas, como la salud o nuestro comportamiento, con toda su carga de reproche social, culpa o auto censura que pueden inducirnos a ser condescendientes con nosotros mismos. Su análisis requiere un enfoque distinto al puramente matemático. Ni siquiera el dato objetivo de litros de alcohol consumidos reflejan la problemática asociada al abuso, al no considerar los patrones y usos sociales en su forma de consumirlo.

En cuanto a los datos sobre hospitalizaciones, y como señalaba al inicio, no es lo mismo disponer de una variable que señala fielmente el nivel de presencia de una enfermedad (prevalencia), que otras que muestren sucesos (hospitalizaciones) o aquellas que nos indiquen un resultado (fallecidos). Incluso así, las altas correlaciones encontradas refuerzan la asumida convicción de la relación entre alcohol/depresión/suicidio.

Aún con la directa relación causa/efecto que sabemos existe entre el abuso del alcohol y la cirrosis alcohólica, no cabía esperar un coeficiente de correlación perfecto en un cálculo que se basa en el cotejo dato a dato, pero que hemos visualizado cuando discriminamos por capas. Ello es debido a que al ceñirnos a determinadas variables (edad, género y región), no hemos tenido en cuenta la interacción con otros factores de riesgo y/o protectores, que acaban imponiendo su presencia al desaparecer las anteriores, especialmente cuando alcanzamos el nivel CCAA.

 

Conclusiones:

  1. Los datos globales confirman que el consumo patológico de alcohol es un factor de riesgo de primer orden para el suicidio (bien per se, como coadyuvante o como precipitador).
  2. Las correlaciones entre suicidio y patologías alcohólicas son especialmente elevadas para el grupo de edad entre los 25 y los 34 años.
  3. Se observa la firme relación alcohol/depresión y depresión/suicidio. Y aunque no sea posible establecer las direcciones de “causalidad” (por el método analítico empleado), todo apunta a que el motor principal en este juego de interdependencia pueda ser la conducta abusiva del alcohol.
  4. Existe un componente social del consumo excesivo de alcohol vinculado al género, pero también a patrones culturales en su forma de consumirlo que influye en el resto de conductas y cuadros patológicos.
  5. Los problemas psicológicos y orgánicos resultado del abuso del alcohol se acumulan con la edad y tienen su reflejo en el mayor número de ingresos hospitalarios, diagnósticos por depresión, en el nivel de fallecidos por cirrosis y en las tasas de suicidio.
  6. La complejidad y diversidad de las motivaciones suicidas hacen que cualquier elemento, como es en este caso el consumo de alcohol, sea solo uno más de los muchos factores de riesgo o protectores y no explica por sí solo el fenómeno en su conjunto.
  7. Que en base a las variables que hemos estudiado, y aunque se enfaden mis amigos asturianos, Asturias se asimila más a su vecina Galicia que a su vecina Cantabria.

 

Bibliografia alcohol y suicidio:

Suicidio, coronavirus, medios de comunicación digital y ciencia

coronavirus y suicidio
Foto de cottonbro en Pexels

COVID-19, ¿vuelta a la nueva normalidad?

Existen diferencias en el momento que en cada país estamos en cuanto a la epidemia de COVID-19. Cuando la curva de fallecimientos y personas contagiadas desciende, aparecen otros problemas de enorme gravedad económica y social. Es entonces cuando los medios destacan otros aspectos dolorosos de esta época que nos ha tocado vivir.

En las últimas semanas, los medios de comunicación digital de diversos países se hacen eco de la aparición de casos de suicidio relacionados con la epidemia. Y es que parece que existen diferentes razones por las cuales ambas situaciones se relacionan de forma estrecha. 

Pero, el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal. En la descripción de los casos frecuentemente se confunde el precipitante o hecho que empuja a la conducta con su causalidad. Sin embargo, en muchos casos este solo es el hecho más visible de una situación con diferentes causas que la persona vive como insostenibles y que la precipitan a tomar una decisión errónea.

La OMS estima que cada 40 segundos fallece una persona por suicidio en el mundo. Las circunstancias de cada caso son muy específicas y concretas y envuelven un amplio abanico de variables. Los medios de comunicación no solo narran la realidad, sino que ayuda a construirla. El suicidio es un reto global de salud pública en el mundo, antes y después de la pandemia. Aunque esta pueda relacionarse con un aumento de la aparición de este tipo de conductas podría deberse al aumento de las desigualdades sociales en salud que ya existían previamente. La pobreza o el desempleo, la desesperanza o el empeoramiento de los problemas psicopatológicos en personas vulnerables por ejemplo por el confinamiento o miedo a padecer enfermedades, pueden ser las verdaderas causas. ¿Qué puede estar ocurriendo en realidad?

 

¿Cómo puede relacionarse la epidemia del COVID-19 y la conducta suicida?

Si nos atenemos a la información sobre casos de coronavirus y suicidio que han aparecido en medios de comunicación hispanoamericanos, parece que la relación puede deberse a diferentes variables. 

En una serie de artículos publicados, se destacan casos de personas concretas contagiadas y con miedo a contagiar a personas queridas. También existen casos de personas que piensan erróneamente que están contagiadas. En ambos, parece jugar una baza importante el miedo por anticipación o un riesgo por un mal que les hace la situación como inabarcable. 

Por otro lado, también están los incidentes relacionados con el estrés sostenido en profesionales sanitarios. Esto puede ser debido tanto a las  jornadas maratonianas de trabajo, al miedos al contagio, o al contacto estrecho con el dolor y la muerte. Han sido varios los casos de este tipo en Italia y EEUU de profesionales de primera línea. Incluso en Alemania se ha descrito el suicidio de un político relacionado en los medios con su incapacidad para superar la responsabilidad sobre las consecuencias económicas y sociales de la pandemia.

Solo en un caso parece que haya una relación directa entre el coronavirus y la conducta suicida. Este caso registrado en México nos habla de una persona que a causa de la desorientación y los síntomas provocados por la enfermedad intentó acabar con su vida, para acabar muriendo más tarde a causa de la enfermedad.

 

La opinión de expertos

A través de medios digitales, diversos organismos han destacado el posible repunte de suicidios en esta época, por ejemplo, relacionado con el confinamiento. Sin embargo, no dan mayores datos  y se basan en opiniones de profesionales versados en el tema.

Otros artículos ofrecen datos sobre el aumento de la atención en niños y adolescentes relacionados con la violencia física, psicológica y sexual dentro del ámbito doméstico durante el confinamiento. Esta información parece ser consistente con estudios previos.

En otro medio, la psicóloga murciana Laura pilar Moya indica la necesidad de hablar y comunicarse cuando existe presencia de ideas suicidas que relaciona no solo con no salir a la calle, sino con el miedo al contagio, el duelo y la incertidumbre laboral, social y económica.

 

¿Qué sabemos de otras pandemias?

Es pronto para encontrar en la literatura científica estudios de amplio calado sobre el tema. Por la gravedad de la situación necesitamos movernos según lo ocurrido en diversas situaciones anteriores. La última pandemia de este tipo se sufrió a principios del S. XX , hace ahora un siglo, durante la mal llamada gripe española. 

Si bien existen analogía entre ambas epidemias, en otros sentidos son incomparables. La pandemia de 1918 se llevó al vida de entre 50 y 100 millones de personas y coincidió con uno de los períodos mas luctuosos de nuestra historia, la Primera Guerra Mundial. La evolución socioeconómica también era muy diferente. Durante este período los medios de comunicación hablaron de la presencia de conductas violentas y suicidios achacados judicialmente a una «psicosis o delirio durante la influenza».

 

Pero, ¿qué dice la ciencia?

El estudio de la relación entre los coronavirus  y el suicidio no es algo nuevo, aunque aún queda mucho por investigar. Author links open overlay panelOlaoluwa Okusag (2011) destacó la falta de estudios sistemáticos sobre este tema ante la presencia de casos que vinculaban ambos trastornos en el último siglo. En especial, la relación entre la influenza B y coronavirus con los trastornos del estado de ánimo y con la conducta suicida. 

Ya durante este año, existen publicaciones que hablan sobre este tema. Reger, Stanley y Joiner (2020) advierten sobre las posibles consecuencias del distanciamiento social sobre la muerte por suicidio. Los autores lo  relacionan con el estrés económico, el aislamiento social y la falta de accesibilidad a recursos de apoyo comunitario, religioso y de salud mental. También a problemas de salud, ansiedad, incremento de suicidios entre personal sanitario, incremento de venta de armas de fuego (EEUU) e incrementos debido a la estacionalidad (finales de la primavera e inicios del verano en el hemisferio norte).

Para abordar este problema, los autores recomiendan diferenciar entre distancia física para evitar el contagio y distancia social, usar medios telemáticos de salud mental, aumentar accesibilidad de estos servicios, los programas de prevención del suicidio basados en la evidencia y seguir escrupulosamente las indicaciones para la publicación de noticias sobre suicidios en medios de comunicación.

 

Comunicación responsable y preventiva del suicidio

En conclusión, todo parece señalar un posible repunte (prevenible) de conductas suicidas provocado por las consecuencias psicosociales de la pandemia (aislamiento social, desempleo, cierre de negocios, problemas económicos, aumento de la violencia intrafamiliar…). Esto indica claramente la necesidad de tomar medidas preventivas en esta dirección para el control de esta consecuencia en la que, como siempre, debemos estar todos.

Dada la universalidad del fenómeno suicida independientemente de la cultura o estratos socioeconómicos y su complejidad en su vertiente social, los medios de comunicación juegan un papel esencial en su prevención.

Los medios de comunicación social son una parte esencial de este puzzle, y deben comunicar en estos casos siempre desde la mayor responsabilidad y evitando en todo momento el sensacionalismo que puede provocar inseguridad o refuerce la imitación de este tipo de conductas (efecto Werther), o aumente el dolor de los supervivientes.

Para ellos es recomendable seguir los códigos deontológicos y guías de estilo de los periódicos, así como las recomendaciones de los organismos nacionales e internacionales sobre esta cuestión.

Si necesitas ayuda contacta con nuestro WhatsApp de atención: 633 169 129 o a través de correo electrónico prevencion@papageno.es

También podrás encontrar para afrontar conductas suicidas en España y en latinoamérica 

Mortalidad por suicidio en México. La muerte silenciosa

Suicidio en México

papageno.es es una plataforma de profesionales en prevención del suicidio con el objetivo de luchar contra el estigma y los mitos sobre el suicidio. Si deseas contactar con nosotros puedes hacerlo a través de nuestro formulario, servicio de whatsapp. Si deseas colaborar puedes solicitarlos a través de estos links: profesionales y asociaciones


 

 

El suicidio en México

La mortalidad por suicidio en México es un problema de salud pública complejo y multicausal de cáracter prevenible. Para reducir esta lacra social, la administración debe crear recursos destinados a la identificación de casos de riesgo o vulnerables, mejorando los servicios para atender a personas con problemas de salud mental y de consumo de drogas. 

 

Epidemiología del suicidio en México

 

En 2017 se registraron 6,494 fallecimientos por suicidio en México (5.2 por cada 100 mil habitantes), siendo las tasas más altas las atribuidas a los hombre y a los jóvenes de 20-24 años.

 

El suicidio es la 22ª causa de muerte en México y la 2ª entre las personas de 15 a 29 años, manteniendo tasas estables en los últimos años.

 
Suicidios por sexo

Como en otros países, se mantiene la tendencia de una mayor mortalidad por esta causa entre hombre. La tasa de suicidio en 2017 entre hombres fue de 8.7 por cada 100 mil y entre mujeres de 1.9, lo que supone una mortalidad más de 4 veces mayor entre los varones.

 
Suicidio por edad

Entre grupos etáreos los jóvenes de 20 a 24 años ocupan la tasa más alta de suicidio. En el caso de las mujeres, presentan tasas más altas entre los 15-19 años y entre los hombres, sobresale el grupo de 20-24 años, lo que indica una mayor vulnerabilidad de los más jóvenes.

 
Suicidio por entidades federativas

Chihuahua es la entidad más castigada por este problema de salud pública (el doble de la media nacional), seguido de Aguascalientes y Sonora. Las tasas más bajas se asocian a Guerrero, Veracruz y Oaxaca.

En cuanto al tamaño de la localidad de residencia y las muertes por suicidio, existen mayores tasas en las que tienen más de 15 mil habitantes

 
Situación laboral, nivel de escolaridad y suicidio

Si tenemos en cuenta la situación laboral de los fallecidos, dos tercios estabán trabajando y un tercio estaban sin empleo. Esta situación difiere según el sexo, ya que en el caso de los varones el porcentaje de trabajadores fue mayor que el de sus compañeras (74% frente al 28% respectivamente).

 

Método utilizado

El método más utilizado es el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación (80.3%) tanto en hombres como en mujeres. El segundo método más utilizado entre los hombres es el disparo con arma de fuego y en mujeres el envenenamiento.

 

Nivel de escolaridad

Respecto al nivel de escolaridad de las personas fallecidas por suicidio, 33.2% tenían secundaria completa o algún grado cursado en este nivel; 30.2%, primaria, con algún grado o completa.

 

Más Información

El mapa autonómico del suicidio en España (2018)

El INE y los datos recogidos sobre el suicidio

El suicidio fue la principal causa de mortalidad externa en España en 2018, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Si bien los datos que ofrece el INE sobre el suicidio son escasos para construir modelos explicativos del suicidio en nuestro país, sí permiten una comparación entre variables como sexo, edad, método utilizado, comunidad autónoma de residencia…

La falta de otras variables de tipo psicosocial nos debería hacer reflexionar sobre la importancia del uso de este tipo de estadísticas en la prevención de este problema de salud pública que ha registrado 3.539 fallecimientos en 2018. Esto haría necesario un mayor esfuerzo en rescatar otras variables importantes en la caracterización de esta causa de muerte.

 

El suicidio en España por comunidades autónomas

Tanto en el mapa del inicio de esta entrada de nuestro blog, como la tabla y la gráfica posteriores, podemos observar que las tasas de suicidio se distribuyen de forma irregular por todo el territorio de nuestro país.

Por número de suicidios, las comunidades autónomas con más casos son Andalucía, Cataluña, Comunitat Valenciana, Madrid y Galicia. Pero si deseamos comparar entre estas, debemos utilizar la tasa por 100.000 habitantes que aparece en el último gráfico de esta entrada. Cuando lo hacemos observamos que las comunidades con tasas más altas de suicidio en 2018 serían Asturias, Galicia, Aragón y Canarias. 

En España, la tasa por 100.000 fue del 7,57 en ambos géneros, 11,43 en hombres y 3,86 en mujeres.

 

  Población 2018 Suicidios 2018 Tasa de suicidios x 100.000
00 España 46.722.980 3.539 7,57
01 Andalucía 8.384.408 653 7,79
02 Aragón 1.308.728 120 9,17
03 Asturias, Principado de 1.028.244 138 13,4
04 Balears, Illes 1.128.908 71 6,29
05 Canarias 2.127.685 193 9,07
06 Cantabria 580.229 28 4,83
07 Castilla y León 2.409.164 213 8,84
08 Castilla-La Mancha 2.026.807 132 6,51
09 Cataluña 7.600.065 522 6,87
10 Comunitat Valenciana 4.963.703 396 7,98
11 Extremadura 1.072.863 70 6,52
12 Galicia 2.701.743 274 10,14
13 Madrid, Comunidad de 6.578.079 342 5,20
14 Murcia, Región de 1.478.509 127 8,59
15 Navarra, C. Foral de 647.554 39 6,02
16 País Vasco 2.199.088 163 7,41
17 Rioja, La 315.675 21 6,65
18 Ceuta 85.144 1 1,17
19 Melilla 86.384 1 1,16

Número de suicidios en España por comunidad autónoma, 2018 (Fuente: INE)

Número de suicidios en España por comunidad autónoma, 2018 (Fuente: INE)
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MÁS INFORMACIÓN

¿De qué morimos en España?: muertes por suicidio, 2018

Suicidio en España, 2018

Causas de mortalidad en España, 2018

Como todos los años, el Instituto Nacional de Estadística ha publicado su estudio sobre las causas de mortalidad en nuestro país (ver nota de prensa, INE 2019).

Este estudio no sólo es útil porque realiza un mapa fiel de los retos en salud pública para mejorar la salud de la población, sino que debería ser tenido en cuenta a la hora de establecer políticas públicas más objetivas.

En 2018 se ha registado un incremento de muertes con respecto al año anterior. La causa de muerte en mujeres más comun la causada por enfermedades del sistema circulatorio (28,3%) y en varones por tumores (26,4%).

 

En 2018 se registraron en España 427.721 defunciones, 3.198 más que en el año anterior (0,8%), siendo superior el incremento entre los hombres. 

 

La tasa de mortalidad fue 915,3 muertes por cada 100.000 habitantes, respecto a 2017, registrando un incremento en varones y manteniéndose entre las mujeres. Las causas de muerte más frecuentes fueron las provocadas por enfermedades del sistema circulatorio, seguidas por los tumores y las enfermedades del sistema respiratorio.

 

El suicidio en España en 2018

 
El suicidio como principal causa de mortalidad externa

 

Dentro de las causas externas, el suicidio fue la primera causa de mortalidad externa, con 3.539 fallecimientos en 2018, un 3,8% menos que en el año anterior. La tasas por 100.000 fue del 7,57 en ambos géneros, 11,43 en hombres y 3,86 en mujeres.

 

Por detrás del suicidio se situaron las caídas accidentales y el ahogamiento, sumersión y sofocación. Los accidentes de tráfico supusieron algo más de la mitad que las de suicidio, con 1.896 víctimas.

No se publican estadísticas sobre intentos de suicidio u otras conductas suicidas que podrían dar una visión explicativa mucho más profunda del fenómeno. 

 
Mortalidad y suicidio por sexo

En hombres las principales causas de mortalidad externa fueron el suicidio (con 2.619 fallecidos), las caídas accidentales y el ahogamiento, sumersión y sofocación y en las mujeres las caídas accidentales, el ahogamiento, sumersión y sofocación y los suicidios (920). En este sentido el número de suicidios entre varones fue casi 3 veces superior al de las mujeres.

 
El suicidio por grupo de edad y sexo

En hombres el mayor número de muertes registradas por suicidio se dio en el intervalo comprendido entre los 30 y 39 años y entre las mujeres entre los 55 y 59. Entre menores de 29 años se registraron 275 muertes (7,7%).

Las tasas superiores de suicidio se dieron a partir de los 45 años y de forma más pronunciada a partir de los 80. Las tasas mayores se dieron entre los 80 y 84 años en mujeres (7.39×100.000) y los 90-94 en hombres (44,84). 

 
Métodos más utilizados

Los métodos más utilizados para el suicidio durante 2018 en España fueron por este orden, (1) el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, (2) el salto desde un lugar elevado y (3) el envenamiento. Las diferencias más notables entre sexo en cuanto al método tienen que ver con las formas más violentas como el ahorcamiento o el uso de armas de fuego que son más utilizadas por los varones. El método más igualado por sexo es el envenenamiento.

 
Muertes por suicidio por procedencia (comunidades autónomas y localidades de residencia)

Por comunidades autónomas, las que recogen mayores registros de suicidios son Andalucía, Cataluña, Comunitat Valenciana, Madrid y Galicia. Sin embargo, para comparar entre estas sería necesario conocer las tasas y no los datos brutos.

Fuente: INE

En cuanto a la localidad de residencia el mayor número de suicidios se da en las capitales de provincia y en las poblaciones menores de 10.000 habitantes. Además, 328 de las personas fallecidas por esta causa tenían nacionalidad extranjera (9,3%).

 

Muertes por suicidio por mes del fallecimiento

El mayor número de suicidios se dio en los meses comprendidos entre marzo y junio (primavera). 

 

Photo by Renato Mu from Pexels

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