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Alcohol y Suicidio desde la perspectiva estadística

Alcohol y suicidio

 

 

Autor: Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

 

 

Introducción: consumo de alcohol, cirrosis y suicidio

No hace mucho reflexionaba en este mismo blog sobre las diferentes tasas de suicidio entre dos Regiones de España aparentemente similares: Asturias y Cantabria.

Buscando peculiaridades sociogeográficas en ambas regiones que lo explicaran, encontré en el Atlas Nacional de Mortalidad en España (ANDEES) una característica de salud que señala un comportamiento distinto entre ambas: el nivel de fallecidos por cirrosis.

 


(https://medea3.shinyapps.io/atlas_nacional/)

 

Existe una fuerte relación entre el consumo excesivo de alcohol y las enfermedades hepáticas crónicas. De hecho, han dado lugar a un cuadro clínico específico: la cirrosis hepática del alcohol. También hay bastante consenso científico en que el alcohol es una conducta asociada al fallecimiento autoinfligido, como también hay consenso entre el par depresión/suicidio como ya adelantaba en su entrada: Alcohol y suicidio, la pareja letal

Se podría escribir mucho sobre hábitos de consumo de alcohol en España y extraer información relevante a varios niveles con la información allí disponible: frecuencias de consumo, de consumo intensivo, borracheras, bingedrinking, etc. Invito a expertos y a profesionales sanitarios, psicólogos o sociólogos a que estudien este tema en profundidad, puesto que los hábitos de consumo de alcohol están íntimamente relacionados con muchas conductas suicidas.

Con mis limitadas posibilidades quiero centrar la presente exposición en un solo eje: Relación entre consumo de alcohol, depresión y fallecimiento por lesiones autoinfligidas.

 

Alcohol y género

Convendrán conmigo que hay algo que distingue con claridad una dolencia alcohólica de un cuadro depresivo: los efectos orgánicos del abuso del alcohol y el agravamiento de otras enfermedades. Y esas consecuencias, matan. Eso sin olvidar el elevado coste en accidentes de tráfico o en actos violentos. La OMS estima que son más de 3 millones de muertes las que ocasiona el alcohol cada año en todo el mundo.

Recordarán l@s más veteran@s aquel anuncio, en los años 60/70, de un brandi cuyo eslogan era: “Es cosa de hombres”. Pues resulta que aquel prototipo del machismo debió calar (mucho) y el consumo excesivo de alcohol en España hace honor a aquella publicidad aún hoy en día. El alcoholismo sigue siendo cosa de hombres. Como consecuencia, también lo son las enfermedades crónicas del hígado y las muertes que provoca por diferentes medios.

 

No es posible establecer en este trabajo si el fruto envenenado de este “modelo de masculinidad” asociado al consumo de alcohol es suficiente para explicar los cuadros depresivos y las conductas suicidas, pero si creo posible valorar si el deterioro físico y mental resultado de consumo crónico, puede ser un factor de riesgo para el suicidio.

 

Método

Animado por los resultados obtenidos a partir de las series de datos de Andees, intenté localizar otras fuentes sobre consumo de alcohol, asistencias sanitarias provocadas por alto consumo de alcohol, fallecidos por cirrosis alcohólica y prevalencias de cuadros depresivos que apoyaran esos datos. Además de las ya conocidas sobre fallecidos por causa de la muerte que se pueden obtener de Sanidad y del INE, he tenido en cuenta datos sobre ingresos hospitalarios clasificados por el diagnóstico principal. Aparte, he recopilado los resultados de las encuestas de salud que se publican en ambas webs (Encuesta Europea de Salud del INE y Encuesta Española de Salud del Ministerio de Sanidad).

Encontré datos sobre fallecidos por cirrosis alcohólica en la web de Sanidad (codificado CIE-10 “K70”), discriminando por Comunidades Autónomas, género y grupos de edad (15-64 años) entre 1999/2018. De la misma fuente obtuve los datos de fallecidos por lesiones autoinfligidas (codificado CIE-10 “X60-X84).

El propio Ministerio de Sanidad ofrece datos sobre ingresos hospitalarios con motivos Trastornos mentales y del comportamiento debidos al uso de alcohol” (CIE-9 ”660”), por “Enfermedad alcohólica del hígado” (CIE-9 “571”) y “Cuadros depresivos” (CIE-9 “296”, “300” y “311”), en el periodo 1997/2015 desglosados también por CCAAs, género y edad.

Los datos pueden también obtenerse del INE a través de su portal estadístico.

La misma web de Sanidad nos ofrece una larga batería de datos sobre modos de consumo de alcohol recogidos en el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad y en el INE obtenidos mediante encuestas (Encuesta EDADES del PND y Encuesta Europea de Salud y prevalencias sobre cuadros depresivos en el INE (Encuesta Nacional de Salud).

Con los datos detallados por año, Comunidad Autónoma, género y grupo de edad, obtuve una larga serie de tasas:

  • Fallecidos por cirrosis alcohólica por cada 100 mil habitantes.
  • Fallecidos por lesiones autoinfligidas por cada 100 mil habitantes.
  • Ingresos hospitalarios por trastornos mentales asociados al alcohol por cada mil personas asignadas.
  • Ingresos hospitalarios por cirrosis alcohólica por cada mil personas asignadas.
  • Ingresos hospitalarios por cuadros depresivos por cada mil personas asignadas.

Por otro lado, dispuse los resúmenes de dichas tasas para cotejarlas (por CCAA y género) con los datos disponibles de las encuestas sobre los modos de consumo de alcohol del Plan Nacional de Salud y Encuesta Europea de Salud, mediante correlaciones de Pearson. La falta de concordancia de los años de las encuestas y el periodo de los datos de las series largas nos obligan a considerar con reservas sus resultados.

Es necesario destacar que no he encontrado información detallada sobre prevalencias de consumo de alcohol o depresión más allá de las citadas encuestas. Los datos sobre ingresos o fallecimientos son “puntuales” en cada uno de los años analizados, lo que en estadística se denomina como incidencia. Este hecho no desvirtúa, en mi opinión los resultados, pues la incidencia de un problema de salud que, razonablemente, podemos suponer crónico o de larga duración nos indica directamente el nivel de implementación de la enfermedad, de forma asimilable a la prevalencia.

El plan de trabajo pretendía abordar un análisis descriptivo, mostrar esos datos mediante gráficas de barras de error y realizar cotejos sencillos mediante el coeficiente de correlación de Pearson, para determinar groseramente el nivel de relación entre las variables.

Las tasas de mortalidad que se expresan a edades avanzadas y la diversidad de sus causas nos invitan a dejar de lado el grupo de población de más de 65 años para tratar de simplificar el estudio.

Como enfermedad degenerativa, es raro encontrar muertes por cirrosis en edades tempranas. Pese a haber incluido en el estudio el grupo de edad “15 a 24 años”, solo se registran tres casos: Galicia en 2012, Navarra en 2007 y Asturias en 1999. Mi recomendación para quienes profundicen en el estudio es estrechar el límite de edad entre los 25 y los 65 años.

 

Resultados

Las series de datos de cada grupo de encuestas parecen concordar bien entre sí y, en menor medida, también con los series de las otras encuestas cuando analizan los diferentes patrones de consumo de alcohol. Ello es así incluso con las dificultadas intrínsecas del modelo de adquisición de la información y el número limitado de datos.

No hay una relación estrecha entre fallecidos por cirrosis del alcohol y los consumos expresados en las encuestas nacionales de salud.

  • Hay mejor relación entre cirrosis como causa de muerte y los consumos declarados en las encuestas europeas de salud.
  • Se observa que los cuadros de depresión menor y los cuadros severos de depresión moderada son los que más se asocian al consumo excesivo de alcohol.
  • La variable que mejor predice los ingresos hospitalarios, las muertes y los suicidios es la de personas que manifiestan no haber consumido alcohol en el último año (mediante correlación inversa).
  • Considerando las tasas de ingresos hospitalarios por trastornos mentales provocados por consumo de alcohol, dolencias orgánicas por abuso alcohólico, muertes por cirrosis alcohólica y muertes por suicidio, del periodo 1997/2018 segregando por CCAAs, sexo y grupos de edad obtenemos los siguientes resultados:

 

 

Existe una alta correlación entre los ingresos por dolencias somáticas y por trastornos mentales asociados al alcohol. También muy clara entre los ingresos hospitalarios y las muertes por cirrosis alcohólica. Es asimismo muy alta la correlación entre fallecidos por cirrosis y suicidio. En menor medida se corresponden ingresos hospitalarios por depresión con ingresos hospitalarios por enfermedad alcohólica. Curiosamente, no se evidencia a este nivel ningún tipo de relación entre depresión y muertes por problemas hepáticos o por lesiones autoinfligidas. Ojo, que no se muestre no significa que no exista. Recordemos la necesidad de explorar las capas que puedan enmascarar esa relación.

De hecho, con tan solo separar por géneros empezamos a visualizar signos de vinculación de la depresión con el alcohol y el suicidio.

Una característica reseñalable respecto al género es que los ingresos hospitalarios por cuadros depresivos es más alto para las mujeres que para los hombres, contrariamente a lo que ocurre con todos los demás conceptos.

Otra forma de ver hasta que punto se ajustan las variables suicidio y cirrosis es mediante la representación de la nube de puntos. Sirva de ejemplo la gráfica relativa a Hombres mayores de 25 años, de la que he excluído las Regiones menos pobladas (La Rioja, Ceuta y Melilla) para evitar la acumulación de valores 0 de la variable “Cirrosis”:

 

 

Cuando separamos por grupos de edad (además de por géneros), se siguen mostrando correlaciones, pero expresadas en niveles más bajos. Deduzco que se debe a la reducción en el número de datos que permiten aflorar la influencia del resto de variables que influyen en el suicidio y que se reflejan en la enorme variabilidad entre regiones.

De hecho, cuando despreciamos la capa “CCAAs” y agrupamos al global de España, los datos para el grupo de edad de 25 a 34 años muestra unas correlaciones muy elevadas para las variables Suicidio, Cirrosis, Ingresos por trastornos alcohólicos e Ingresos por dolencias alcohólicas.

 

 

Al expresarlo mediante barras de error comprobamos el comportamiento similar de las variables “muertes por cirrosis” y “muertes por suicidio”:

 

 

El caso de Asturias y Cantabria

Armados con nuevos datos, volvemos a encarar las diferencias en las tasas de suicidio entre regiones con el ejemplo de Asturias (color verde apagado) y Cantabria (color rojo).

De entrada, los fallecidos por cirrosis alcohólica compaginan bien con los de suicidio. Asturias se destaca como la Región con mayores tasas de cirrosis y la segunda por suicidios, mientras Cantabria se sitúa en niveles bajos de suicidios y en la zona media en cirrosis.

 

 

¿Pero ocurre igual con los demás parámetros?

En realidad no. La diferencia no es tan señalada para los ingresos hospitalarios por trastornos alcohólicos o por enfermedades hepáticas alcohólicas, aunque sí por ingresos por depresión.

 

 

Tan es así, que cuando estudiamos su comportamiento por género, en Cantabria las mujeres empiezan a destacarse por el alto número de ingresos por patologías relacionadas con el alcohol, superando a Asturias y rompiendo las conclusiones generales anteriores.

 

Dificultades metodológicas

Resulta complicado extraer conclusiones para determinar las bajas tasas de suicidio en Cantabria. No podemos entender las conductas autolíticas limitándonos a unos pocos parámetros estadísticos. Las motivaciones son tan complejas como los individuos y varían considerablemente de un municipio a otro. Hemos sido capaces de exponer razones que ayudan a explicar las altas tasas de Asturias. Ahora toca buscar cuales son las variables protectoras que hacen de Cantabria una región más amable con las pérdidas por suicidio. Me permito adelantar una hipótesis para los futuros investigadores: habrá que analizar las razones de que en Cantabria tengan unas tasas tan bajas de ingresos por depresión.

Los análisis matemáticos requieren su interpretación. Especialmente cuando tratamos de comparar variables físicas que no miden realidades idénticas.

Las encuestas de salud son muy interesantes para conocer los hábitos de consumo, pero su limitado número, la variabilidad de los términos en que se formulan las preguntas y disponer solo de los resúmenes de los informes, no facilitan su análisis estadístico ni relacionarlo con rotundidad con los fallecimientos por enfermedad hepática o suicidio.

Una encuesta, por bien realizada que esté y por muy alta que haya sido la muestra, está sometida a distorsiones por su carácter subjetivo. Más aún cuando se adentran en cuestiones íntimas, como la salud o nuestro comportamiento, con toda su carga de reproche social, culpa o auto censura que pueden inducirnos a ser condescendientes con nosotros mismos. Su análisis requiere un enfoque distinto al puramente matemático. Ni siquiera el dato objetivo de litros de alcohol consumidos reflejan la problemática asociada al abuso, al no considerar los patrones y usos sociales en su forma de consumirlo.

En cuanto a los datos sobre hospitalizaciones, y como señalaba al inicio, no es lo mismo disponer de una variable que señala fielmente el nivel de presencia de una enfermedad (prevalencia), que otras que muestren sucesos (hospitalizaciones) o aquellas que nos indiquen un resultado (fallecidos). Incluso así, las altas correlaciones encontradas refuerzan la asumida convicción de la relación entre alcohol/depresión/suicidio.

Aún con la directa relación causa/efecto que sabemos existe entre el abuso del alcohol y la cirrosis alcohólica, no cabía esperar un coeficiente de correlación perfecto en un cálculo que se basa en el cotejo dato a dato, pero que hemos visualizado cuando discriminamos por capas. Ello es debido a que al ceñirnos a determinadas variables (edad, género y región), no hemos tenido en cuenta la interacción con otros factores de riesgo y/o protectores, que acaban imponiendo su presencia al desaparecer las anteriores, especialmente cuando alcanzamos el nivel CCAA.

 

Conclusiones:

  1. Los datos globales confirman que el consumo patológico de alcohol es un factor de riesgo de primer orden para el suicidio (bien per se, como coadyuvante o como precipitador).
  2. Las correlaciones entre suicidio y patologías alcohólicas son especialmente elevadas para el grupo de edad entre los 25 y los 34 años.
  3. Se observa la firme relación alcohol/depresión y depresión/suicidio. Y aunque no sea posible establecer las direcciones de “causalidad” (por el método analítico empleado), todo apunta a que el motor principal en este juego de interdependencia pueda ser la conducta abusiva del alcohol.
  4. Existe un componente social del consumo excesivo de alcohol vinculado al género, pero también a patrones culturales en su forma de consumirlo que influye en el resto de conductas y cuadros patológicos.
  5. Los problemas psicológicos y orgánicos resultado del abuso del alcohol se acumulan con la edad y tienen su reflejo en el mayor número de ingresos hospitalarios, diagnósticos por depresión, en el nivel de fallecidos por cirrosis y en las tasas de suicidio.
  6. La complejidad y diversidad de las motivaciones suicidas hacen que cualquier elemento, como es en este caso el consumo de alcohol, sea solo uno más de los muchos factores de riesgo o protectores y no explica por sí solo el fenómeno en su conjunto.
  7. Que en base a las variables que hemos estudiado, y aunque se enfaden mis amigos asturianos, Asturias se asimila más a su vecina Galicia que a su vecina Cantabria.

 

Bibliografia alcohol y suicidio:

Diferencias sociogeográficas y suicidio en España

Suicidio en Asturias

Dificultades metodológicas del estudio del suicido

Coincidirán los lectores que, cuando abordamos el análisis estadístico de las muertes autoinfligidas, el segundo peor problema es poder definir el factor de riesgo concreto a estudiar. El primero siempre es la falta de disponibilidad de datos fiables.

Resulta descorazonador ver cuantas variables vienen a ponernos la zancadilla. Nunca podemos estar seguros de que una correlación indique riesgo. Contínuamente se acaban cruzando innumerables variables de confusión que ni siquiera conocemos.

La realidad es compleja, dinámica y multifactorial. Poner la lupa en una variable concreta supone, como en la física de partículas, desenfocar el fenómeno, aumentando la imprecisión de las conclusiones. 

Analizando los macrodatos estadísticos podremos describir razonablemente el fenómeno. Sin embargo, sólo cuando enfocamos desde una perspectiva amplia, podemos entender las razones, de manera similar a lo que ocurre entre la física relativista y la cuántica.

 

Zonas de concentración de suicidios

Animo a los aficionados a las estadísticas a bucear en el Atlas Nacional de Mortalidad en España (ANDES). El grupo de investigación Bayensians de la Fundación FISABIO y la Dirección General de Salud Pública de la Generalitat Valenciana nos permiten acceder a información muy detallada sobre fallecimientos en España. Seguro que descubrimos cosas extraordinarias.

 

En un pequeño círculo de 30 km de radio tenemos a 15 de los 20 los municipios con mayor tasa de suicidios en España.

 

Concentración de 15 de los 20 municipios con mayor tasas de suicidio
Concentración de 15 de los 20 municipios con mayor tasas de suicidio

 

¿A qué se debe dicha concentración?

Las variables que básicamente se relacionan con las tasas de suicidio son el género, la edad, la zona geográfica y el marco temporal. También podemos considerar la estacionalidad, el tipo de colectivo o profesión, el ámbito socioeconómico, psicológico, el sanitario…

Dichas variables interaccionan y condicionan cualquier conclusión analítica. Si no tenemos esto en cuenta, caeremos en el error de la distorsión por confusión/interacción y llegaremos a conclusiones erróneas.

Quizás pueda ser interesante centrarnos en las variables geográficas y demográficas.

 

Tasa de suicidios por provincia
Tasa de suicidios por provincia

 

¿Es la altitud una variable influyente en la conducta suicida?

Existen interesantes investigaciones que han tratado de localizar factores que expliquen las diferencias geográficas. Me llama la atención una publicación. Tiene como título: “Mortalidad por suicidio en Andalucía: distribución geográfica y relación con el uso de antidepresivos, la altitud y desigualdades socioeconómicas” y establece correlación entre altura de la localidad de residencia y la tasa de muerte por suicidio.

 

La altitud, que es el factor más claramente asociado a las variaciones de la mortalidad por suicidio, se asocia también en Andalucía con una mayor ruralidad y con un menor tamaño de las poblaciones de la ZBS, por lo que su relación con el suicidio puede ser un reflejo de otras variables no incluidas en el estudio, tanto socioeconómicas como medioambientales.”

José Alameda-Palacios, Miguel Ruiz-Ramos y Beatriz García-Robredo 

 

La variable identificada como factor relevante en Andalucía es la altura. Con gran sensatez, se detienen en el hecho de que tiene que existir alguna otra variable vinculada con aquella que explique las correlaciones.

Para profundizar en esta tesis me dispuse a comprobar si las relaciones entre suicidio y altura son comunes en toda la geografía española y estudiar otros elementos demográficos o geográficos con posible relevancia estadística. 

En este sentido, el estudio de las correlaciones por provincias permite descartar que exista asociación entre la “altura media de la provincia” y el global de las tasas de suicidios. Incluso, en alguno de los grupos de edad se muestra cierto nivel de correlación inversa:

  • “Tasa de Suicidio en Hombres” para edades entre los 30/34 años (-0,287 y sig. 0,043); y entre los 40/44 años (-0,304 y sig. 0,032)
  • «Tasa de Suicidio en Mujeres” entre los 55/59 años (-0,299 y sig. 0,035).

Esto parece confirmar la sospecha expresada en el estudio de Alameda-Palacios, Ruiz-Ramos & García-Robredo. La correlación no era sinónimo de “causa” o “factor de riesgo” sino que se trataba de una variable de confusión. La altitud se relaciona por ejemplo de forma inversa respecto a “Nivel de Renta Hogar”. A mayor altitud, menor nivel de renta. La altura también está vinculada a otros fenómenos demográficos. Correlaciona con edad media, % de menores de 18 años y % de mayores de 65 años, e inversamente con el tamaño medio de la unidad familiar y la % de hogares unifamiliares.

Por eso es tan importante siempre planificar las investigaciones, observar todos los resultados en su conjunto y, cuando sea posible, realizar un análisis estratificado más profundo y más riguroso que el presente.

Si comparamos los datos del estudio ANDEES con los disponibles en el INE sobre altura del municipio, población, edad media, proporción de habitantes menores de 18 años, proporción de habitantes mayores de 65 años, nivel de renta por persona y hogar, número medio de componentes por hogar y proporción de hogares unifamiliares. Este nivel, que era “a priori” el más prometedor por el elevado número de datos (8.060 municipios gentileza del citado ANDEES y del INE), no ha ofrecido, desgraciadamente, resultados memorables.

 

Tamaño del municipio de residencia

Por otro lado, a nivel nacional, podemos deducir que existe “a priori” un factor protector del suicidio asociado al mayor tamaño del municipio de residencia hasta el umbral de los 100 mil habitantes. El resumen del periodo 1999/2018 es muy claro.

Suicidios por tamaño de los municipios
Suicidios por tamaño de los municipios

 

La distribución de tasas por grupos de edad respecto del tamaño del municipio de residencia, durante 2.003/2.014, confirman el dato global. Son especialmente significativos para hombres a partir de los 60 años. 

Tasa de suicidio masculina de cada grupo de edad respecto de la media provincial
Tasa de suicidio masculina de cada grupo de edad respecto del tamaño del municipio de residencia

Sin embargo, no hay correlaciones claras respecto de suicidio y “número de municipios por provincia”. A pesar de esto, se expresa una pequeña correlación con las tasas de hombres de más de 84 años y mujeres entre 40/44 años y mayores de 84.

 

El ejemplo de Asturias y Cantabria

Con carácter general, son dos zonas con similar morfología/orografía (costa y montaña). Tiene también un clima similar (altas precipitaciones y temperaturas medias propias de climas oceánico y de montaña). A nivel económico, ambas están por encima de la media, con bajas tasas de desempleo y bajo umbral de pobreza. Ambas compaginan núcleos de desarrollo industrial y de servicios, junto con un sector agrícola y ganadero.

Como diferencia, Asturias presenta una población algo más envejecida que Cantabria. Aunque podríamos pensar que la mayor edad media explicaría la diferencia en las conductas autolítica, esto no explicaría las bajas tasas en Cantabria, con edades medias más altas que en el resto de España. Además, los niveles de suicidio de Asturias se mantiene muy por encima de Cantabria en todos los grupos.

Como adelantaba al principio, NO hemos encontrado razones “ambientales” que expliquen la diferencia, descartando algunas razones de tipo geográfico y demográfico.

 

Tasa de suicidio en hombre por edad respecto de la media provincial

Quiero señalar que, a este nivel, es posible mostrar los “rasgos” que definen diferentes zonas de nuestra geografía. Como señalé al principio, hay grandes diferencias entre regiones y comarcas.

Obtengamos el ratio de la tasa de suicidio masculina de cada grupo de edad respecto de la media provincial. Entonces vemos que la “singularidad” de cada provincia le identifica como una huella dactilar.

Tasas relativas de suicidio por grupo de edad en Asturias, Cantabria y España respecto a la media provincial (1989-2014)
Tasas relativas de suicidio por grupo de edad en Asturias, Cantabria y España respecto a la media provincial (1989-2014)

 

Si consideramos el ratio de suicidio de cada grupo de edad respecto de la media española, tendremos información adicional sobre su posición en el ranking volviendo a mostrar su singularidad:

Tasa de suicidio por grupos de edad. Ratio en Asturias, y Cantabria
Tasa de suicidio por grupos de edad. Ratio en Asturias, y Cantabria

 

Suicidio y nivel de renta personal

Sí resulta algo más clara la correlación entre suicidio y nivel de renta personal. Se muestra en las correlaciones negativas entre “Tasa de Suicidio Total” con “Nivel de Renta Personal” (-0,263 con sig 0,000) y “Tasa de Suicidio Masculino” con “Nivel de Renta Personal” (-0,320 con sig 0,000).

Por ejemplo, si modelizamos los datos de las variables en tablas categóricas (0/1)  y cotejando las tablas de frecuencias mediante capas, se puede hacer un limitado análisis estratificado que nos muestra estimación sobre que variables son “de riesgo” (p.e. “renta personal”), cuales interactúan (renta personal con edad media) o cuales son variables de confusión (altura del municipio).

 

Los OR no son válidos cuando entre el intervalo inferior y el superior contienen el valor 1. Un OR mayor que 1 indica mayor riesgo.

 

En definitiva y como pueden comprobar, cada vez que analizamos los macrodatos del suicidio, tan solo conseguimos arañar alguna finísima “capa” a una cebolla enorme. Nunca deja de sorprendernos por su complejidad y por lo difícil que es exprimirle alguna información. Con todo, espero haberles descubierto algo, por pequeño que sea, que despierte su curiosidad y les anime a seguir “descubriendo más capas”.

 

Ver también

 

Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

Debate: armas de fuego y suicidio

Esta entrada es recomendable para profesionales o personas interesados en la investigación sobre suicidio, particularmente sobre suicidio en cuerpos policiales.

 

Papageno.es es una plataforma profesional de prevención del suicidio abierto y multidisciplinar. Hoy publicamos una entrada de discusión sobre las armas de fuego y el suicidio. Si quiere dejar tu comentario puedes hacerlo bajo esta entrada. Si deseas suscribirte para recibir las nuevas entradas a través del correo electrónico puedes hacerlo a través del formulario de tu derecha.

 

Rogelio González Weiss es Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil.

 

Armas de fuego y suicidio

Un concepto relevante en materia de prevención está en la relación entre el acceso a las armas de fuego y su incidencia en el suicidio.

Como he señalado en otra ocasión, no todos los estudios relativos al suicidio son directamente exportables a cualquier otro grupo de población o país. Partimos de una realidad compleja, anclada en patrones y valores de cada sociedad y que se expresa de muchas formas y por diferentes “causas”. Observamos que las tasas de suicidios pueden variar entre países con un ratio 100:1. Con la misma complejidad y diversidad se expresan las tasas según edad, género o modo empleado.

 

Estado de la cuestión

Algunos artículos publicados en este mismo blog (Entrevista Francisco Zaragoza) o más recientemente otro sobre los riesgos de la accesibilidad a armas de fuego invitan a debatir sobre este tema.

Hay bastantes estudios, especialmente americanos, que asocian acceso a las armas con muertes violentas. Sin embargo, los métodos de obtención de datos (generalmente entrevistas a supervivientes o familiares) no siempre diferencian “aumento de la tasa de suicidio bruta” con el “aumento de la tasa de suicidio por arma de fuego”. La propia OMS cae en este error. Por ejemplo, en su informe “Prevención del suicidio, un imperativo global”.

Por otro lado, podemos encontrar publicaciones que, en vez de usar el análisis de datos, se apoyan en el razonamiento lógico.

De esta forma  señalan que: 

 

…el uso de las armas de fuego no aumenta la propensión a suicidarse. Sí aumenta las consecuencias negativas, por ser un medio más letal.

 

Armas de fuego y suicidio en el mundo

De hecho, el binomio armas/suicidio no cuadra bien con lo que podemos ver si comparamos los mapas de suicidios y los mapas de armas.

Tasas de suicidio en el mundo

Tasas de suicidio en el mundo

Armas de fuego (pistolas) en el mundo por 100 habitantes

Armas de fuego (pistolas) en el mundo por 100 habitantes

 

Japón y EEUU

Resultan paradigmáticos los casos de Japón o EEUU. El primero, uno de los países con menor número de armas de fuego disponibles (0,2%) y con elevadísimas tasas de suicidio (21 por cada 100.000 hab.). El segundo se destaca como número uno mundial en disponibilidad (42%) y en laxitud en regulación de armas. Sin embargo, expresa niveles de suicidio (12 por cada 100.000 hab.) por debajo de la media mundial. Incluso menores a países como Francia o Alemania.

 

Armas de fuego en España

En España el número de personas que tienen acceso a un arma es más alto de lo que tendemos a suponer. Sin alcanzar las cifras de los EEUU, la afición a la caza ha hecho que sea muy común la accesibilidad a escopetas. Estadísticamente, el 5% de la población española cuenta con una licencia de armas y éstas están presentes en el 12% de los hogares.

 

Armas de fuego y suicido en cuerpos policiales españoles

Según los datos de los que dispongo, aproximadamente el 85% de los suicidios consumados en la Guardia Civil y Policía Nacional, son por armas de fuego. En la población española esa proporción baja hasta un 6%. No es necesario un complejo cálculo estadístico para deducir que la accesibilidad y el conocimiento de su funcionamiento determinan cual es el modo usado para suicidarse en este colectivo.

La rotundidad de este dato sobre suicidio con armas en nuestras policías no nos aclara si, como ha llegado a afirmarse por algún responsable de las FyCSE, el hecho de disponer de un arma es “la razón” de un mayor índice de suicidios que entre aquellos que carecen de esta “accesibilidad” (en la Guardia Civil la tasa de suicidios en determinados grupos de edad triplican la tasa de su equivalente de la población española).

Frente a los estudios que avalan aquella afirmación, otros no son tan rotundos:

 

Se debe buscar un análisis más riguroso al de la simple especulación razonada que muestre esa posible relación causa/efecto entre armas y suicidio.

 

Propuesta de debate

Para afrontar con garantías esa duda, veríamos dos posibles estrategias:

a) Una investigación que partiera del seguimiento de un gran número de personas con acceso a un arma y que comparta el resto de factores sociales y ambientales respecto de la población de referencia. Por ejemplo, entre cazadores o deportistas de tiro olímpico. Esta técnica epidemiológica supone contar unos medios que solo están al alcance de algunas instituciones públicas.

b) Un Plan Nacional para la Prevención del Suicidio, con un observatorio estadístico que, entre otras muchas medidas, recogiera sistemáticamente las personas en riesgo, las tentativas, una estadística fiable de este tipo de muertes y que obligara las autopsias psicológicas de los suicidios, especialmente en colectivos “de riesgo”; que reflejara las circunstancias relevantes de la persona que realiza la tentativa o la consuma: profesión o actividad, crisis personal o familiar, estado de salud, situación económica, procesado por delito, víctima de acoso o discriminación, acceso a las armas, medicamentos u otros medios letales, y un largo etcétera.

Como no parece inminente un abordaje de ese tipo me permito hacer un ejercicio estadístico, humilde pero riguroso. Con él solo se pretende comprobar si hay evidencia bastante para una afirmación que parece dictar el sentido común, que tan unánimemente se señala y de la que algunos responsables políticos y policiales españoles han hecho bandera (según creo, para justificar su inacción).

 

Hipótesis

Si partimos de las hipótesis de que “hay relación causa/efecto entre disponer de un arma respecto del modo elegido para consumar la intención suicida” (como ocurre con la policía en España), la serie temporal de la población española en posesión de armas de fuego, tendría que mostrar alguna correlación con aquella tasa. Asimismo, cabría esperar que, “un mayor índice en el acceso a las armas sea lo suficientemente significativo como para expresarse en una mayor tasa de suicidios” como sostiene alguna literatura científica (y el sentido común).

A nuestro favor juega:

a) El hecho de que en España al menos el 10% de su población adulta pueda tener un acceso inmediato a arma de fuego y sabe como utilizarla. Es un número suficientemente elevado, incluso para un evento de baja incidencia como es el suicidio (estadísticamente hablando, claro) y la poca variabilidad anual.

b) Si la relación de causalidad es alta, las matemáticas pueden mostrarla.

Por el método de análisis empleado y la confianza en las fuentes tan solo trataremos de valorar hasta qué punto se refleja en los datos alguna relación significativa entre “acceso a un arma de fuego” y la “tasa de suicidios”, no determinar si existe o en qué medida.

 

Metodología

Vamos a intentar comprobar, mediante un sencillo análisis estadístico (correlación bivariada), en qué medida las poblaciones con mayor o menor acceso a un arma expresan alguna tendencia estadística vinculada a las conductas suicidas.

 

Problemas metodológicos

En cuanto al método, la recopilación de datos sobre licencias de armas por regiones en España no ha sido fácil, al no disponer de series de datos homogéneas. El Ministerio del Interior si publica regularmente datos globales sobre licencias de armas, pero no muestra el dato “número de personas titulares de armas”. Los números no son coincidentes pues una misma persona puede ser cazador y aficionado al tiro deportivo, figurando en ambas licencias. Aún así se ha obtenido una serie fiable entre el año 1990 y el 2017 para los datos nacionales y dispersos y poco fiables para las CCAAs a partir del INE o sus propios boletines estadísticos.

En el caso del INE se ha observado que las tablas referidas al desglose de suicidios por CCAAs o provincias no coinciden con los totales de los resúmenes nacionales. Ocurre igual cuando usamos las series nacionales y las comparamos con los desgloses por el método empleado. En aras de esa “homogeneidad” he optado en esta ocasión por usar los datos del Ministerio de Sanidad (si bien, este organismo también divide sus resúmenes en dos periodos 1981/1998 y 1999/2017 y se detectan 2 diferentes criterios de adquisición). Hemos utilizado directamente sus tasas ya calculadas.

Los valores de tasas de suicidios y acceso a las armas de otros países, están referidos a periodos de tiempo no coincidentes y provienen de fuentes distintas, por lo que las conclusiones estadísticas deberán considerarse también con prudencia.

Las variables disponibles se han considerado a nivel Nacional, pero también se ha intentado una comparación en varias CCAAs y dentro de estas, una relación transversal referida al comportamiento medio de cada CCAA. El análisis de otros países solo ha sido posible desde este concepto transversal, considerando solo el comportamiento medio o de “foto fija” disponible y usando solo los datos referidos a Estados con estructuras administrativas fiables (Europa, USA, Canadá, etc.) cuya recogida de datos se ajustan a los estándares internacionales y se mantienen en el tiempo. Nos hemos centrado también en el caso estadounidense, al poder comparar una serie temporal larga sobre acceso a las armas, tasas de sucidios y datos sobre homicidios. Los referidos a armas se han obtenidos a partir de encuestas y suponen una mera aproximación.

Se ha optado por incluir también un cotejo referido a tasas de suicidio del género “hombre”. La intención es forzar sensibilidad del análisis concentrando respecto de esa mitad de la población que más armas tiene (20:1), más se suicida (3:1) y más frecuentemente usa las armas de fuego como método de consumación (26:1).

Para los cálculos estadísticos se ha usado la herramienta SPSS, obteniendo un análisis descriptivo, tablas de correlación bivariada, gráficas de dispersión de variables asociadas y cálculo de regresión lineal mediante una Anova. No profundizo en el análisis consciente de las limitaciones de los datos y que los resultados son difícilmente exportables.

 

Fuentes:

Recurriremos a las fuentes en las que es posible observar el fenómeno autolítico y la posesión de armas con carácter general: INE, Ministerio de Sanidad Consumo y Bienestar Social (Instituto de Información Sanitaria), Anuarios estadísticos del Ministerio del Interior, Boletines estadísticos de la Administraciones públicas y Anuarios de estadísticas deportivas del Ministerio de Educación Cultura y Deporte. También dispondremos de datos referidos a armas y suicidios en otros países:

 
Problemas metodológicos de las fuentes
  • No podemos hacer un muestreo y dependemos exclusivamente de los datos que aquellos organismos han estimado oportuno publicar. No se pueden revisar, contrastar con otras fuentes o cuestionar la metodología sobre captación/elaboración de esos datos.
  • No en todos los casos consideramos a las personas que, sin tener licencia de armas, pueden acceder a las de un familiar que sí las tenga y las guarde en el domicilio común. Tampoco a aquellas que disponen de un arma ilegalmente obtenida.
  • Y por último, la poca disposición de las instituciones públicas para ampliar los datos y ponerlos a disposición de los investigadores. Sirva de ejemplo que, pese a haber pedido en abril a la Secretaria de Estado para la Seguridad del Ministerio del Interior el resumen del número de personas con licencias de armas por provincias y años, al día de hoy sigo sin recibir noticia.
 
Aproximaciones
  • Comparación de las series temporales “proporción de personas en España que poseen una licencia de armas de fuego”, con “tasas de suicidio nacionales”, con “porcentaje de suicidios por arma de fuego respecto del total de los diferentes métodos empleados para consumarlo” y con “tasas de muertes por homicidio”.
  • Comparación de series temporales y datos globales de las CCAAs en los conceptos de “proporción de licencias de armas de fuego”, “tasa de suicidio” y “porcentaje de uso de arma de fuego en la consumación suicida”.
  • Comparación de datos globales de varios países en los conceptos de “número de licencias de armas de fuego por cada 100 habitantes”, “% de hogares con armas de fuego”, “número de propietarios de armas de fuego con licencia por cada 100 habitantes”, “tasas de suicidio nacionales” y con “tasa de suicidios por arma de fuego nacionales”.
  • Comparación de las series temporales “proporción de domicilios en EEUU que poseen al menos un arma de fuego”, con “tasas de suicidio nacionales”, con “tasa de suicidios por arma de fuego” y con “tasas de muertes por homicidio”.
 
Resultados
El caso español

No ha sido posible encontrar ninguna correlación significativa entre variaciones anuales en el porcentaje de licencias de armas en España y su mayor incidencia en la tasa de suicidios.

No significa que se descarte totalmente la hipótesis, tan solo se acredita que, de existir, no es lo suficientemente alta como para mostrar alguna relevancia estadística en el global de los datos, bien porque ha quedado enmascarada entre la imprecisión de las fuentes, bien por otros tipos de errores. No hay elementos de estudio para identificar interacciones con otras variables o establecer relación causa/efecto.

Solo cuando se ha comparado la evolución de “licencias de armas” y la evolución de “suicidios por medio de armas” a nivel nacional se ha podido acreditar la hipótesis (pero no demostrar desde el punto de vista científico): relación estadística significativa entre un mayor acceso a las armas de fuego y la proporción de personas que terminan usando éstas como medio para suicidarse, confirmando la utilidad de la técnica estadística usada y ajustándose a la evidencia del arma como medio más empleado en Guardia Civil para las conductas autolíticas.

Se aprecia también correlación entre número de licencias y homicidios en España, lo que nos refuerza la confianza en la validez general de estos análisis (por lo que procedemos a apuntarnos un nuevo “positivo” 😉

Las tablas de correlaciones entre los datos globales “suicidios en España” y el tratamiento específico en “suicidios en hombres” no han mostrado diferencias, con lo que no se confirma la premisa (mejor dicho, la esperanza) de encontrar “más evidencia estadística” por “concentración de las muestras”.

 

Por comunidades autónomas

Los datos parciales referidos a Comunidades Autónomas no han mostrado ningún tipo de correlación entre licencias de armas y suicidios y poca entre armas y modo empleado para el suicidio. No ha sido posible ni en el enfoque “evolución temporal” ni en el transversal entre CCAAs. Posiblemente debido no solo por el menor número de datos de cada serie, sino también por la menor fiabilidad de los mismos, por los diferentes modos de recopilación y los heterogéneos conceptos de cada Administración Regional.

 
Relación suicidio armas en otros países

WHO Mortality Database. World Health Organization (elaboración propia).

Como análisis previo, al intentar comparar la evolución anual de suicidios de cada país respecto de la evolución de la media de todos ellos, se comprueba que 19 de los 30 países observados se ajustan muy bien al patrón medio, entre ellos Francia, Italia o Alemania. Algunos no expresan ninguna correlación, como es el caso de España. Otros, como Polonia, Portugal o Japón expresan correlación inversa. Adjunto la tabla, aunque no encuentro interés para nuestro enfoque sobre armas ni relación con el resto de variables.

El análisis transversal sobre los distintos países expresa datos similares a los obtenidos en España. Esto ocurre especialmente en el que se refiere a “% de domicilios con armas” respecto del “método de suicidio”. Además existe un nulo reflejo accesibilidad y tasa de suicidio general. En consecuencia se confirma la consistencia de nuestra aproximación estadística.

 

(Más acceso a las armas no supone, aparentemente, más suicidios pero si influye en la forma en que se lleva a cabo).

 

El peculiar caso norteamericano

Como decíamos al inicio, USA is different. Recordemos que en casi la mitad de los domicilios en EEUU disponen de, al menos, un arma de fuego. Su propia constitución ampara ese derecho y hay pocos controles para la adquisición legal de armas. Por otro lado, la legitimación de la autodefensa parece que tiene sus consecuencias. La tasa de homicidios anual es de 7,35 por cada 100.000 habitantes. En España no se alcanza el 0,1.

Otro efecto de su “especial idiosincracia” es que el 67% de los suicidas usan un arma de fuego como método. En España, recordemos, es escasamente el 6%.

Una prueba más de que los cotejos estadísticos empleados en este artículo tienen cierta capacidad para detectar las relaciones entre disponibilidad de armas y suicidio se encuentra en los datos en EEUU.

 

Analizadas las series de datos (1981-2017) sobre “% de hogares con armas de fuego”, “% de suicidio con arma de fuego”, “% de homicidios” y “% de homicidios por arma de fuego” se expresa una fuerte correlación entre todas las series.

Es importante destacar que se ha observado relación leve entre la mayor proporción de domicilios con armas y tasa de suicidios. Como en las series anteriores, no podemos identificar interacciones con otras variables o establecer relación causa/efecto.

De esta última tabla podemos extraer varias consideraciones:

  • Los resultados son coherentes con los estudios que señalan esa relación entre armas y sucidio para la población USA.
  • El elevado número de armas y la facilidad para el acceso a ellas marcan diferencias sustanciales en su comportamiento respecto de los países de nuestro entorno cultural.
  • El rango de relación entre acceso a las armas / suicidio por medio de armas / homicidios, es superior al de acceso a las armas / tasa de suicidio.

 

Discusión

Es razonable establecer que en España y los países desarrollados los requisitos de acceso a las armas disminuyen el riesgo inherente al acceso a un arma. Estos filtros parecen servir para aminorar algunas de las situaciones de mayor exposición: problemas mentales, adicciones, situaciones de conflicto con la ley o conductas asociales…

La clave parece estar en esos controles para la posesión de armas, no tanto en el número de ellas. Entiendo que es argumento suficiente para estimar que cualquier normativa para limitar el acceso a las armas de grupos de riesgo son efectivas y muy recomendables.

 

Implicaciones en cuerpos policiales

¿El fácil acceso a las armas de fuego entre miembros de cuerpos policiales explica “per se” su elevada tasa de suicidio?

En el caso de los agentes de policía en España, podemos afirmar que se trata de una población seleccionada en cuanto a salud física y mental. Sus agentes han tenido que superar un riguroso examen previo al acceso. Esto supone pruebas físicas/deportivas, un reconocimiento médico exhaustivo y otro de evaluación psicológica. Durante su vida profesional y en todos los procesos de especialización y promoción han de evidenciar encontrarse en condiciones de aptitud psicofísica adecuada. Esto puede ser propuestos por sus mandos para su evaluación cuando se observen conductas anómalas o déficit de salud.

 

El caso de la Guardia Civil

En la Guardia Civil, cuando se detectan indicios de afectación por enfermedad psicológica, crisis emocional, roce con la justicia, o así lo comunique el afectado (también compañeros o familiares), se adoptan medidas cautelares. Por ejumpelo, la separación del servicio, la activación de un protocolo de retirada preventiva del arma y de reconocimiento obligatorio por el Servicio de Sanidad y/o Servicio Psicológico. Este proceso puede acabar con expediente de “Pérdida de Aptitud” por un Tribunal Médico Pericial. Estas evaluaciones son rigurosas, pues conducen con frecuencia a su pérdida de condición de Guardia Civil. En muchas ocasiones puede llevar a su declaración como “apto con limitaciones” para prestar servicios sin armas. En su contra, la adopción de esas medidas preventivas se traducen en estigmatización, pérdidas retributivas y dificultades futuras para la promoción, lo que puede disuadir de la utilización del cauce “oficial” o, lo que es peor, a no pedir ayuda.

Los datos parecen concordar bien con la predilección entre los agentes para usar el arma como medio para el suicidio. Esto ocurre entre la población americana. Sin embargo, no mostramos en España los efectos perversos del acceso sin control. No hay evidencia de la influencia de las armas en una mayor tasa bruta de suicidio. Tampoco sufrimos las altísimas tasas de homicidios de aquel país. Afortunadamente también, los policías españoles parece que no expresan las tasas de homicidio que observamos entre la población norteamericana. Según las estadísticas de Defensa, en los últimos años no ha habido ningún ingreso penitenciario de agentes de la Guardia Civil para cumplir penas superiores a 12 años.

 

Conclusiones

En base a los resultados no es lógico concluir que este colectivo profesional tenga un comportamiento muy distinto al resto de la población española. Los controles de acceso y seguimiento, aunque mejorables, son aún mayores a los que ya existen para el resto de ciudadanos. Estos deberían por tanto compensar en mayor medida el riesgo inherente al acceso inmediato a un arma letal.

 

No debemos caer por tanto en la explicación simplista de que la disponibilidad de un arma sea la causa para aumentar el suicidio en España. Tampoco, como se ha llegado a afirmar para los guardia civiles, como “la principal causa de sus altas tasas de suicidio”.

 

Para llegar a esa conclusión será necesario otro tipo de investigaciones, con más y mejores datos que los existentes. Esto permitiría determinar cuales son los auténticos factores de riesgo para poder fijar políticas y protocolos preventivos más eficaces.

¿Cuanto nos cuesta a los españoles cada suicidio?

Costo económico de un suicidio

Artículo realizado por Rogelio González Weiss (Colaborador de papageno.es)

 

Value of a Statistical Life (VSL)

Al hilo de otra publicación en el blog de Papageno, Sonsoles Rivera Pascual (otra colaboradora papagénica) reflexionaba sobre el Value of a Statistical Life (VSL). Con este método se podría cuantificar el costo de cada muerte por suicidio, o lo que en un lenguaje fácilmente entendible, podría suponer cada muerte por suicidio no evitada: ¡En Euros!

Me aventuro a traer aquí algunos datos y hacer algunas comparaciones que nos inviten a pensar sobre el costo de cada muerte por suicidio. Previamente señalamos lo repugnante de asociar “vida humana” con “costes económicos”. Además destacamos que la metodología de los “evaluadores” no es unánime, ni fácil, ni realmente pretenden poner “precio” a un ser humano.

Aparte del ámbito estrictamente académico (principalmente economistas y sociólogos), el concepto VSL resulta muy interesante para determinados sectores empresariales. Valga el ejemplo de las compañías aseguradoras, preocupadas por sus afinados balances de primas/indemnizaciones. Este sector ha desarrollado avanzadísimos métodos para cuantificar cuanto estaríamos dispuestos a pagar por cubrir determinado riesgo, más allá de los “costes/beneficios”.

 

El precedente de la siniestrabilidad de tráfico.

El costo de una muerte.

Más interesantes nos deben parecer los estudios que pretenden mostrar en dólares, para un país, el coste “fáctico”, directo y mesurable de un fallecimiento. Por ejemplo, los que resultan de un accidente de circulación.

Pero los que realmente nos pueden aportar alguna luz (y animar una sonrisa en nuestros lectores/as) son aquellos que buscan calcular cuanto costaría disminuir en una determinada proporción un determinado riesgo de muerte.

Un ejemplo sería el que resultaría tras reducir un 10% el número de fumadores en una región. Algo que podría parecer abstracto o difícil de calcular, se hace con más frecuencia (y ciencia) de lo que parece. Un estudio llegó a establecer que el coste de mortalidad asociado a un paquete de cigarrillos era de 78€ para los hombres.

Hagámoslo fácil, abandonemos la ciencia y calculemos por nosotros mismos. Podemos estimar que si un dia salimos de fiesta y tenemos que llevar el coche, la decisión del conductor “no tomar alcohol” es gratis. Esa opción podría evitar además varias muertes, entre ellas la nuestra. Por otro lado, pensemos que si al regreso, nos tropezamos con un control de alcoholemia de la Guardia Civil, gracias a esa iniciativa nos ahorraremos además los 500€ de la MMG (Multa Mínima Garantizada).

No se queda aquí la cuestión, pongámonos nuevamente a hacer nuestro propio y particularísimo (pero muy serio) cálculo. Y esto sin tener que hacer una encuesta, manejar datos sobre salarios o población ni usar un programa de estadística.

Consideremos un tramo de una carretera que se ha identificado como “punto negro” en base al elevado número de accidentes (y/o muertes) reportados durante un periodo de tiempo. Imaginemos que las autoridades acometen una reforma del trazado que mejore la seguridad del tramo. Si a continuación hacemos un seguimiento de la nueva siniestralidad podemos establecer en base a la inversión hecha y a la variación de la incidencia de accidentes/fallecidos, cual ha sido el “coste preventivo” en euros de esa intervención concreta y balancearlo con el “coste evitado” en término de vidas humanas.

Si quisiéramos proponerlo en “costes económicos evitados” ya si tendremos que sacar la vena matemática. Podremos usar, por ejemplo, valoraciones desde el punto de vista de “salarios brutos dejados de percibir” por los que habrían fallecido sin la mejora, “daños materiales y reparaciones” evitadas o “gastos sanitarios” que no han sido necesarios gracias a las obras. (Ahora si espero una franca y abierta sonrisa).

 
La importancia de la prevención.

Si a los ejemplos anteriores le añadimos que, muchas de las actuaciones preventivas en el pasado resultaron ser gratis (o muy baratas) y supusieron una considerable mejora de las estadísticas de fallecidos por accidentes de circulación, quizás, quienes estamos preocupados por la falta de interés de nuestros políticos por los suicidios, acabemos torciendo el gesto y perdamos la sonrisa que amagamos en el párrafo anterior.

Cuando hace años las administraciones públicas españolas tomaron conciencia del enorme coste humano (y económico) de los accidentes de circulación, se comprobó que era mucha la información existente alrededor de los accidentes. Dicha información era básicamente derivada por las detalladas estadísticas que recopiló durante años la Guardia Civil de Tráfico.

En ellas se recogían no solo las referentes al parque automovilístico, número de conductores, accidentes, fallecidos, heridos o daños materiales, sino que se complementaban también con elementos tales como la causa principal y secundarias del accidente, los lugares de mayor incidencia, factores influyentes en la gravedad del mismo, etc. Por si pareciera poco, reflejaban además todas las circunstancias externas que intervenían en el mismo: si concurría infracción en la conducción, condiciones ambientales, hora del día o día de la semana, tipo de vía, tipo de vehículos, … (Ej de información estadística pública de la DGT).

Con esa información objetiva y sistematizada era “fácil” establecer políticas preventivas y se abordó el problema desde sus “causas”:

  • Concienciación por la seguridad con agresivas campañas publicitarias en TV.
  • Intervenciones en los centros educativos.
  • Normas más restrictivas (como el uso obligatorio de cinturones de seguridad o la tipificación como delito de la conducción bajo influencia de alcohol o drogas).
  • Requisitos de sistemas activos y pasivos de seguridad para los fabricantes de automóviles.
  • Mayor vigilancia en carretera.
  • Controles periódicos de vehículos.
  • Reconocimientos médicos a los conductores
  • Auge de los cinemómetros o los alcoholímetros.
  • Modernización del parque automovilístico.
  • Mejora de las carreteras.

Ni la complejidad del fenómeno, ni la multicausalidad, ni la diversidad de estamentos, ni la inversión o el tiempo necesario para obtener resultados, impidieron que se convirtiera en un objetivo prioritario para diferentes Gobiernos. Así se redujo considerablemente aquella enorme pérdida de vidas.

Actualmente, dependiente de la DGT existe un departamento permanente de investigación e intervención de la siniestrabilidad, que cuenta con planes de investigación que son públicos y que cuentan con saneados presupuestos.

Me permito señalar que desde 2013 se ha producido un frenazo en la casi invariable disminución de víctimas mortales por accidentes de carretera que se inició a finales de los 80. Es fácil entender el porqué, si nos fijamos en la disminución del número de agentes encargados de la vigilancia de tráfico, al menor gasto de las familias en la renovación del turismo/gastos en taller y a la falta de mantenimiento/inversión en infraestructuras viales en estos años de “crisis”.

Comparación de Fallecidos en España por suicidio y accidentes de tráfico 1980-2017

 

¿Qué impide por tanto que abordemos el problema del suicidio como se hizo hace 30 años con los accidentes de tráfico?

Como es obvio, en primer lugar faltaría que los ciudadanos tomaran conciencia de la gravedad del problema en términos de vidas humanas (olvidemos aquí el VSL, por favor)

 

En España el suicidio es la primera causa de muerte no natural, casi dobla las provocadas por accidentes de circulación y multiplica por 11 la cifra de homicidios. Desde 1980 ha supuesto 125.000 víctimas solo en nuestro país.

 

En segundo lugar, debería calar en esa misma ciudadanía la idea de que es un fenómeno prevenible/evitable (tanto o más que los accidentes de tráfico), del que puede y debe hablarse y cuyos principales enemigos están resultando ser “el estigma social”, los mitos y prejuicios que impiden pedir ayuda y el rechazo a informar sobre suicidio o hacerlo incorrectamente, lo que lo ha conviertido en “ese gran desconocido”. No es una mera opinión particular, animo a leer otras entradas del blog para entender la importancia de estos aspectos en la prevención del suicidio.

En tercer lugar, los gobiernos deberían asumir su responsabilidad (presionados por la opinión pública) y plantear (como lleva años exigiendo la OMS) un plan integral para la prevención del suicidio y no conformarse con simples parches (llámese Plan Local, Proposición No de Ley o Estrategia Nacional, claramente insuficientes).

Finalmente, todos los campos implicados directa o indirectamente alrededor del suicidio, desde la ciencia (psicología, psiquiatría, sociología, criminología, etc.), los organismos públicos (salud, jurídicos, docentes, seguridad, etc.), hasta las entidades privadas (colegios profesionales, medios de comunicación, etc.), deberían implicarse en analizar sus ámbitos de actuación y proponer planes y medidas efectivas

 

Costo de las muertes por suicidio: propuestas de mejora

Desde este trabajo solo cabe invitar a la reflexión y animar a hacer propuestas. Sería interesante, por ejemplo, la creación de una comisión interdisciplinar que coordinara esas propuestas y que cuanto antes condujeran al tan necesario Plan Nacional para la Prevención de Conductas Suicidas. Yo me atrevo también a hacer las mías.

 
Mejora de los datos epidemiológicos sobre el suicidio

Como analista, me preocupa la disgregación e inaccesibilidad de las informaciones vinculadas al suicidio, especialmente en las referidas a “tentativas” o “ideaciones”, y la poca implicación pública en la investigación (con la honrosa y dispersa excepción de la sanidad).

Como cuestión de salud, opino que el Estado (soy consciente de las competencias autonómicas) deberá articular un protocolo que incluya, entre otras muchas cuestiones, las reseñas de tentativas suicidas. Con independencia del seguimiento y tratamiento del paciente, esto permitirá extraer una radiografía viva del fenómeno y de las circunstancias que lo envuelven (más allá de un simple “mapa estadístico de muertes”). Este se complementaría, a nivel forense, con la obligación legal de realizar las autopsias psicológicas a todas las personas en las que se sospeche autolisis, y mejoraría el actual protocolo de registro de “causas de la muerte”. Esto permitiría además conocer los factores desencadenantes, los fallos del sistema y la efectividad de las medidas preventivas.

 
Mayor presencia de la psicología en la salud pública

Para los que centramos el interés en la persona que sufre y puede caer en el suicidio, entendemos que todo pasa por potenciar (mucho) la presencia de la psicología en la salud pública (que permitiría además la moderación del recurso farmacológico). El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid publicaba en su blog el pasado año un resumen esclarecedor.

 

En 2017 el número de psicólogos sanitarios colegiados en España era la mitad que el de fisioterapeutas, la tercera parte que los farmacéuticos o la décima parte que facultativos o enfermeros.

 

Los mismos profesionales que reciban, evaluen, asistan y deriven, deberían ser (en mi opinión) los encargados de recoger los datos de cada uno de los casos objeto de atención y responsables de su seguimiento. Conocerían las tentativas y alertarían sobre los casos de riesgo.

 
Creación de un «Centro para la Prevención, el Análisis y la Investigación del Suicidio»

Un eventual Centro para la Prevención, el Análisis y la Investigación del Suicidio, dependiente del Ministerio de Sanidad, sería el encargado de ir proponiendo esos protocolos de abordaje y de recopilación de datos. En coordinación con las diferentes competencias autonómicas, propondría las líneas de investigación que sirvan para adoptar medidas concretas de prevención/actuación dirigidas a cada autoridad competente (Justicia, Salud Educación, etc.).

Sé que para muchos profesionales habrá otras cuestiones que les resultarán prioritarias (y les invito a plantearlas), aunque pienso que no estarán muy reñidas con las mías. Afortunadamente no soy psicólogo y nadie podrá acusarme de corporativismo 🙂

 

Las cifras del VSL en el suicidio

Alguien habrá quedado con la duda sobre cual es el VSL aplicable para el caso de España (y para el suicidio). No es fácil responder, pues como ya señalaba, no hay un criterio único sobre lo que es ese concepto, lo que tiene que medir o como debe hacerlo. En consecuencia la “cuantificación” es muy variable dependiendo del ámbito, del método o del investigador. Por ejemplo, frente al baile de cifras, algunos estudios de “meta análisis” han tratado de fijar un “estandar” de la valoración que fuera comunmente aceptada (y de alguna forma “generalizable”). A eso hay que añadir que no es lo mismo un estudio referido a seguridad del tráfico que otro sobre cuestiones de salud ni las referidas a un país u otro.

Desgraciadamente no he encontrado ninguno relacionado con el suicidio, así como tampoco una respuesta unánime en campos como el de las muertes por accidentes de circulación o el tabaquismo. Aún así comprobamos que existen oscilaciones desde 1 hasta los 4 millones de Euros. Para entender la complejidad y variedad de enfoques, recomiendo el seguimiento de algunos estudios como:

Ateniendonos a esas cifras, y usando una extrapolación totalmente acientífica, supondría que el “VSL del suicidio” más modesto superaría en España al presupuesto destinado en el PGE2019 a Cultura y Eduación, o a Sanidad y Servicios Sociales (y multiplicaría por 6 el de la DGT).

¡Ojo!, si recurrimos a la baremación judicial de la indemnización por una muerte en accidente de tráfico en España (no es una VSL, pero debería), la cantidad básica se reduce a tan solo 90.000€. ¡Cosas de la Justicia!

Ironías aparte, y como decía Sonsoles (creo que nadie nos lo discutirá), ninguna estimación estadística pretende ni puede poner valor económico a la vida humana (eso sin considerar a las personas que queremos).

 

Vidas demasiado valiosas para permitir que nuestros gobernantes sigan sin adoptar medidas concretas que prevengan, aunque fuera, una sola muerte por suicidio. Qué decir cuando el número se eleva hasta los 3.679 suicidios del año 2.017 en España, último del que disponemos de datos. Recuerden, cada 2 horas y media que nos retrasamos perdemos a un ser humano cuya muerte tendríamos que haber evitado.

 

Por mi parte (como insensible y poco riguroso analista) diría además que cada 2 horas y media perdemos 1 millón de Euros que podríamos haber evitado 😉


 

Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

Variaciones estacionales de la conducta suicida en España.

Variaciones estacionales del suicidio en España

Después de analizar durante años datos estadísticos sobre suicidios, llegué a algunas conclusiones que comparto con ustedes:

  1. Las entidades que publican esas estadísticas en España (INE, Sanidad y pocas más) son fuentes poco seguras para el análisis del suicidio.
  2. Cuanto más profundizo en los números, más complejo se vuelve el tema.
  3. Es cada vez más evidente que la complejidad del comportamiento humano junto con la multifactorialidad del fenómeno suicida hace casi imposible deducir los factores detonantes de forma aislada a partir de los grandes números.
  4. Los estudios estadísticos realizados en otros países no son directamente extrapolables a la población española.
  5. Las conclusiones extraídas a partir de los datos sobre muertes son mucho menos interesantes que las que podrían obtenerse de las inexistentes estadísticas sobre tentativas.

Aún así, no me desanimo y sigo rastreando los datos a modo de “estudio de la cábala”, en la confianza de que algún día me descubran la «piedra filosofal» que me ayude a entender esta parte de la naturaleza humana (sin estudiar psicología).

Ironías aparte, tras la lectura de algunas publicaciones que señalaban ciertas tendencias o ritmos estacionales en las muertes autoinfligidas y que encontraban explicación a las mismas por las horas de luz y su influencia en la producción de serotonina, me animé (una vez más) a refrendar las cifras para el caso español.

Si bien he acumulado datos estadísticos desde la década de los 70 en España, desglosado por Comunidades Autonómicas y he profundizado en el análisis de las series temporales (tendencias, correlaciones, desviaciones, etc.), aplicado a variables del tipo climatológico (horas de sol, temperaturas o precipitaciones), no creo necesario exponerlos en detalle, pues distraen del objetivo del presente artículo.

Entiendo que la visualización de los datos mediante gráficas puede resultar más interesante para quienes, desde diferentes profesiones, nos preocupamos en el estudio de las conductas suicidas. Hubiera sido provechoso haber dispuesto del desglose mensual por edades o por Comunidades Autónomas en todo el periodo 1980/2017, o datos referidos a medios empleados y meses pero, como tantos otros, no están disponibles en ninguna fuente que yo conozca.

Para los fanáticos del método, quiero especificar que he usado las series que proporciona el INE relativas a fallecimientos por causa de la muerte y de población residente en España, deduciendo las tasas de suicidio consumado a partir de ellas. Para presentar las variaciones estacionales he optado por deducir los coeficientes mensuales desde las medias de cada periodo/grupo y presentarlas en las clásicas gráficas de líneas sobre ejes cartesianos. Abcisas para los meses, ordenadas para el % de variación respecto de la media anual.

En cuanto a los elementos de comparación, he preferido centrarme en el comportamiento por género y las variaciones globales por décadas, desde los años 80 hasta nuestros días, así como una muestra del comportamiento por grupos de edad y las CCAAs con mayor población y/o suicidios.

La ventaja de exponer los resultados visualmente de forma más didáctica, frente a un enfoque más riguroso, es que nos permitirá interpretar los datos sin necesidad de conocimientos matemáticos y extraer conclusiones propias fácilmente.

Conclusiones

La primera y más rotunda es que existe un patrón estacional, que es significativo dada la magnitud de la muestra o su nivel de correlación y (aunque no pretendemos demostrarlo en este artículo) que es específico de cada grupo poblacional (háblese de zonas geográficas o de cualquier otra variable que podamos plantear).

La segunda es que, pese a las grandes diferencias del comportamiento suicida en base al género (tasas de tentativas, tasas de consumación o métodos empleados), las variaciones estacionales son claramente coincidentes entre hombres y mujeres en España.

 

La tercera, y no menos sorprendente, es que el comportamiento estacional es bastante fiel en el tiempo, observándose pocas diferencias entre lo que ocurría en la década de los 80 y la actualidad. Tanto es así, que hay mayores índices de correlación entre diferentes periodos temporales que, por ejemplo, entre diferentes grupos de edad o entre distintas regiones españolas.

 

La cuarta es que parecen confirmarse los estudios previos que señalaban que la llegada de los días largos eleva significativamente la tasa de suicidios: más del 10% por encima de la media en los meses de mayo, junio o julio y el fenómeno inverso para noviembre, diciembre o febrero. Si el factor desencadenante fuera la mayor tasa de serotonina, como señalan esos estudios, se da la aparente contradicción de que el alivio de los síntomas depresivos coincidiría con mayor prevalencia de conductas autolíticas. Un resultado que refuerza aquellas prevenciones del personal sanitario sobre el riesgo de suicidio en las personas que inician un tratamiento antidepresivo, posiblemente asociado a la disminución de inhibidores de la conducta como resultado de la medicación.

Quinta: El enfoque dado a los datos nos proporcionan tan solo una imagen de conjunto pero no ayuda a entender sus causas con fines preventivos. Se trata por tanto de un simple ejercicio indagatorio ante un fenómeno que, siendo la primera causa externa de muerte en España, resulta poco conocido por la población y que despierta aún menos interés en las autoridades sanitarias o a nuestros políticos en general.

 


Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil y general, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

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