Se crea el primer grupo de ayuda mutua de allegados de personas fallecidas por suicidio (supervivientes) en la provincia de Cádiz

El Ayuntamiento de Cádiz y papageno.es colaborarán para impulsar la creación del primer Grupo de Apoyo al Duelo para familiares y allegados de personas fallecidas por suicidio en la provincia de Cádiz.

El suicidio es un problema de salud complejo, multicausal y prevenible que provoca enormes consecuencias a la sociedad en general. Afecta no sólo a las víctimas mortales, sino a aquellas personas que lo intentan o viven en la ambivalencia que provocan las ideas suicidas. Durante 2017, fueron registrados 110 suicidios en la provincia y se estima que el número de intentos es 10-20 veces superior. Cada muerte trae además consecuencias emocionales graves a unas 6 personas de su entorno.

Con el propósito de afrontar el problema del duelo en estos casos, la OMS y otros organismos nacionales e internacionales, recomiendan la creación de Grupos de Ayuda Mutua (GAM). En España podemos encontrar este tipo de grupos en diferentes comunidades autónomas, que puedes consultar aquí.

 

«Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla»

Facundo Cabral

 

Con la creación de este grupo en Cádiz se viene a dar respuesta a la necesidad de muchas personas de encontrar un lugar para expresar sus emociones libremente y sin ser juzgadas. El Grupo de Apoyo al Duelo (GAD) será una actividad gratuita y confidencial. Contará con el apoyo de los profesionales de Papageno en su creación y en el desarrollo de actividades. El grupo será autogestionado por los participantes.

 

Si deseas participar llama o envía un whatsapp al 633.169.129 o un email a prevencion@papageno.es y responderemos a tus dudas. 

 


ACCESO A NOTICIAS (CREACIÓN GRUPO DE APOYO AL DUELO-CÁDIZ)

Aprender a decir adiós

Nada hay más doloroso emocionalmente que la pérdida de una persona a la que se ama. Vivimos en una sociedad que potencia la idea romántica del «amor eterno». Esta falacia está detrás de muchas rupturas que no aguantan la tensión provocada por la idealización. Pinta la vida como un viaje que hacemos acompañados en todo momento de la gente a la que amamos tanto dentro de la pareja como en la vida familiar y social.

¡Mentira! El resto de personas entra y sale de nuestras vidas de forma más o menos abrupta y desaparecen del mismo modo. Cuanto antes aceptemos este hecho, antes estaremos preparados para transitar por el sendero de la felicidad. Quizás pienses que el mundo es un teatro y que el resto de figurantes sólo está ahí para darle sentido a tu vida, pero esto no es cierto. Nadie nació para hacerte feliz. Sólo tú

 

Con ella descubrí que hay amores eternos  que duran lo que dura un corto invierno…

Joaquín Sabina

 

La pérdida es consustancial a nuestra existencia y aprender a afrontarla quizás sea unos de los aprendizajes más útiles. Un camino de madurez que no se puede hacer sin ciertas dosis de sufrimiento que nos llevará a entender el trayecto como un viaje que hacemos con la única compañía de nosotros mismos. Cuando afrontamos pérdidas muchas veces nos resistimos a dejar ir a la otra persona. Confundimos nuestros deseos con lo que debería ocurrir y pensamos que la realidad es injusta cuando muy probablemente la realidad sea sólo lo que es. «Dejar ir» es una tarea complicada, pero obligada si deseamos recuperar nuestro equilibrio y respetar el curso natural de las cosas adaptándonos a los cambios que esto supone.

Haz un pequeño paréntesis en lo que estés haciendo y párate a pensar en cuantas cosas y personas estuvieron en tu vida y se marcharon para no volver. Por muy joven o mayor que seas las encontrarás. Quizás un día pensaste que serían para siempre. No lo fueron y eso no hace menos bonito lo que viviste. Puede que el ejercicio te provoque añoranza, pero puede también que te vuelva a hacer feliz. Nada ni nadie puede robarte tus experiencias, mientras que seas capaz de recordarlas. Intenta recuperarlas y vuelve a sentir lo de entonces. Los recuerdos son un tesoro que guardas en una caja y que puedes sacar cada vez que desees para disfrutarlos si eres capaz de entender que luego tendrás que devolverlos a su lugar. Ya no están. Acéptalo.

¿En qué has pensado? ¿Las amistades de tu niñez? ¿Tu primera pareja a la que juraste amor eterno? ¿Tu madre o tu padre que fallecieron? ¿Tu hijo o hija, tu hermano o hermana…? O quizás ¿La casa en la que pasaste tu niñez, tu primera moto, tu coche? Nada estará ahí para siempre. Saca el recuerdo de tu caja, permítete volver a disfrutar con su recuerdo y devuélvelo, no te pertenecen. Sólo tus emociones son tuyas.

Inevitablemente mientras escribo, mis recuerdos también me transportaron a mi pasado. Seguro que desvaídos por mis deseos y por el tiempo, me llevaron a la casa familiar de siempre, a una tarde de invierno soleada, al olor de tetina de goma y leche caliente (alrededor alguien corretea) y, como no, a la figura de mi madre. Casi puedo escucharla reír. Imagino que la existencia de la felicidad es incierta, pero en caso de que exista a mí me lleva a el estado de plenitud y seguridad de cuando ella estaba. Ya no queda nada de mis padres, la casa se vendió y ahora viven otras personas que la llenan con sus cosas. Mientras acabo esta línea sé que los tendré que devolver a la caja, no me pertenecen. Lo que sentí mientra los pensaba, eso, eso me lo quedo.

 

«…cuando te encariñas de una cosa, no con algo que no te pueden quitar sino con algo como una jarra para el agua o una copa de cristal. deberías tener en mente lo que es, para no sentirte afectado cuando se rompa. Lo mismo debe ocurrir con las personas; si besas a tu hijo, o a un hermano o a un amigo… debes recordar que amas a un mortal y que nada que ames es de tu propiedad; se te entrega durante ese momento, no para siempre ni indisolublemente, sino como un higo o un racimo de uvas en la estación adecuada del año, y si lo ansías durante el invierno, eres un loco. Asi que, si sientes añoranzas por tu hijo o por un amigo, cunado no te es dado tenerlo, debes saber que añoras un higo en invierno».

EPICTETO (Hierápolis,​ 55-Nicópolis, 135)

 

No soy superviviente y aunque conozco a gente con la que compartí experiencias que fallecieron por suicidio sólo puedo imaginar por empatía como se siente alguien que pierde a un ser querido y ve su vida destrozada por el terrible mazazo de perder a alguien de esta forma. Pero si tú has pasado por ese mal trago te invito a que este rato lo pasemos juntos. Sin límites. Tu y yo. Sin máscaras ni caretas. No como terapeuta y superviviente, sólo como personas. Te acompañaré a la caja de tus recuerdos. Te ayudaré a sacar los más felices y podrás revivirlos. Una persona es mucho más que la causa de su muerte. Cuando seas capaz de recordarlo sin añorarlo, cuando seas consciente que luego tendrás que volver a dejarlos, cuando tengas claro que no te pertenecen que no nacieron para hacerte feliz a ti, yo estaré ahí, silencioso. Sé que lo conseguirás. Ya hice el viaje otras veces y me fío plenamente en que tendrás éxito en tu tarea.  Luego, yo también me iré. Estaremos juntos sólo en ese momento, pero no para siempre. No nos pertenecemos. Con el paso del tiempo a veces tu presencia se volverá más nítida y recordaré lo que vivimos juntos. Ambos nos dejaremos marchar y recordaremos con alegría el haber pasado este instante juntos.

Este texto está dedicado a todas las personas que perdieron a alguien por suicidio. No estáis solos. Siempre habrá alguien dispuesto a acompañarte un trozo del camino. Búscalos, la vida es como una colcha echa con retazos que tú tejes. Sólo de ti depende el resultado, déjame estar también ahí para verlo.  

Este texto también está dedicado a todas las personas que amaron y perdieron lo que amaron, en especial a ella, que leerá este texto de las primeras. Que el miedo a perder lo amado no te prive de amar. Cuando ya no quede nada siempre quedarás tú dispuesta a seguir levantándote después de cada caída, cada vez más fuerte. La mejor versión de ti misma. Siempre.

El duelo: lo que la muerte de los seres queridos se lleva de nosotros

Saber vivir, es también saber morir

Pocas cosas hay tan ciertas en la vida, como que todos moriremos. Sin embargo, vivimos a espaldas de esta realidad y en muchas ocasiones carecemos de habilidades para afrontar la muerte de nuestros seres queridos o para prepararnos para la nuestra. 

La vida es una aventura que se recorre en soledad y en la que gozamos de la compañía momentánea de otras personas con la que tenemos la suerte de cruzarnos. «Dejar ir» es quizás una de las habilidades más útiles que podemos aprender y para la que menos se nos prepara. Nuestra sociedad está gobernada por el hedonismo y los placeres efímeros y fáciles de conseguir y mantiene ocultos los verdaderos placeres de la vida que requieren de una constancia para conseguirlos. 

Saber vivir implica necesariamente saber morir cuando llega nuestro fin. No todo los procesos de duelo por muerte son iguales. La gravedad del duelo puede depender de muchas variables y en algunos casos puede ser la última oportunidad de aprendizaje que tengamos.

 

“Hablando con amigos y colegas, compruebo que muchos pueden describir su participación en una muerte especial, como aquella en la que el moribundo parece poder controlar y orquestar el proceso y morir con tal dignidad y calma que todos los que le rodean, entre ellos el médico, se sienten privilegiados, por la vivencia de esa situación y, en cierta forma extraña, enriquecidos por ella” (Heath I, 2008), en Fisterra.com.

 

El duelo como proceso individual y normal

El duelo tanto cuando nos preparamos para nuestra propia muerte como cuando está provocado por la muerte de personas cercanas es un proceso único e individual. Aunque no existe acuerdo en cuáles son las fases por las que pasa una persona en duelo, parece que existe un consenso en determinar que su evolución tiene diferentes etapas. Sea como sea este proceso es un proceso normal y sano que nos ayuda a readaptar la situación tras una pérdida.

Cuando el duelo no se desarrolla de forma adecuada, pueden existir complicaciones. Por ello, es importante prevenir y actuar de forma precoz evitando patologizar un proceso que es de naturaleza adaptativa.

El duelo por ruptura emocional

Aunque con características diferentes, el duelo también puede aparecer en ausencia de muerte. Las rupturas emocionales ligadas a la pérdida de pareja por separación puede también provocar un estado emocional alterado caracterizado por una soledad extrema. Este estado se caracteriza por el dolor, la desesperación, la rabia y  la decepción.  A esto se puede unir la sensación tormentosa al tener la falsa esperanza de la vuelta de la pareja, y en consecuencia, el círculo vicioso de emociones dolorosas.

 

El duelo por suicidio

El suicidio supone la ruptura abrupta de la vida de una persona y de las personas cercanas. Se estima que cada muerte por suicidio deja 6 supervivientes o personas que verán afectadas sus vidas. Por las características de la muerte por suicidio, su duelo es por naturaleza más doloroso y complicado. El estigma y el tabú añade al dolor de la pérdida, la culpa, la vergüenza y el aislamiento. 

Cuando se vive una pérdida de suicidio el apoyo social se convierte en el elemento esencial para la recuperación. El aislamiento anteriormente mencionado y el rechazo social hacia este problema de salud pública convierte a los Grupos de Autoayuda para Supervivientes en instrumentos para poder expresarse en un ambiente libre de prejuicios donde elaborar la pérdida e integrarla. Un proceso de reinvención donde indefectiblemente se ha perdido algo importante.

En este proceso la expresión del llanto, el enfado, la culpa, la vergüenza es uno de sus pilares. Las emociones no son ni positivas ni negativas, todas cumplen una función adaptativa. Sin embargo, cuando no se expresan, las emociones pueden provocar importantes consecuencias psicológicas y físicas. En consecuencia, ante la pérdida de alguna persona importante en tu vida, crea y buscas espacios seguros para mostrar tu dolor. Recuerda, que a pocos metros de ti siempre habrá alguien dispuesto a escucharte y que tú puedes encontrarlos para acompañarte en esta parte del viaje.

 


MÁS INFORMACIÓN

 

 

El apoyo social como factor protector de salud mental

El apoyo social se define como la existencia de recursos de apoyo psicológico y provisión de ayuda por parte de personas significativas. Aporta sensación de ser queridos, estimados y valorados, la expresión de afecto positivo y la afirmación a los valores y creencias personales, indicando la pertenencia a una red de comunicación y de obligaciones mutuas. 

Por el contrario, la soledad es una vivencia subjetiva, disruptiva, estresante y displacentera producto de la falta de apoyo social. En español la palabra soledad engloba acepciones muy diferentes. En este caso nos referimos a la no elegida. Sin duda el estrés que conlleva la falta de apoyo social implica consecuencias para nuestra salud mental y física.

 

El apoyo social es un factor protector de salud mental y puede prevenir las conductas suicidas o favorecer el afrontamiento de las situaciones estresantes de forma adecuada. 

 

Así que para mantener una buena salud mental, es esencial mantener relaciones sanas y honestas y compartir experiencias con otros. Siempre que tengas oportunidad únete, asóciate y comparte actividades con personas que puedan aportar en tu vida y a las que puedas entregar lo mejor de ti mismo.


PARA SABER MÁS

 

papageno.es en la jornada de Desigualdades Sociales y Salud

El próximo 17 de octubre de 2019 tendrá lugar en Cádiz, la XIX Jornada de Desigualdades Sociales y Salud sobre «Acción Comunitaria para la Reducción de las Desigualdades en Salud», con el título : 

+ Comunidad – Desigualdad = + Salud emocional

La Jornada, organizada por la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Andalucía (ADSP-A) y el Grupo de Investigación de Salud Pública de Cádiz (GISPCA), se centrará en esta edición en la importancia de la acción local en el desarrollo de una vida emocional saludable destacando la importancia de los determinantes sociales en la salud. Durante su desarrollo, nuestro colectivo papageno.es colaborará con uno de los talleres programados.

En el taller Las mil caras del suicidio: perspectiva local y desigualdades”, nuestro colaborador D. J. López trabajará el tema del suicidio desde el enfoque de la acción local y las implicaciones que las desigualdades sociales tienen en la aparición de este fenómeno con un importante carácter social.

«La conducta suicida es un fenómeno multicausal y complejo que nos afecta a todos y tiene importantes graves consecuencias individuales, familiares y para la sociedad en su conjunto. El suicido es una manifestación de un grave malestar psicológico y emocional que está afectado por las desigualdades sociales en salud y la cultura. Históricamente se ha mantenido en el terreno de la moral, el estigma y el tabú perdiendo su consideración como problema de salud pública. Pero ¿es lo local el medio más eficiente para afrontar su prevención?, ¿qué variables median las desigualdades en salud y el suicidio?

Nuestro mundo globalizado inundado de tecnologías de la comunicación tiene el reto de volver a dar el protagonismo a las comunidades locales, recuperando los valores tradicionales relacionados con el apoyo familiar y social, para afrontar algunas de las enfermedades más letales de nuestra especia: la soledad, la desesperanza y su cara más lúgubre: el suicidio.»

Si deseas participar en la jornada puedes inscribirte desde:

Inicio

 

La soledad y el suicidio como amenazas a la salud pública

En pleno S. XXI, en una sociedad que se caracteriza por las tecnologías de la comunicación, aparece silenciosa e implacable una de las mayores amenazas a la salud pública de los países desarrollados: la soledad.

En estos últimos tiempos, los cambios sociales han aumentado los niveles de soledad percibida que provocan una deshumanización y un malestar relacionado de forma más o menos directa con mayores grados de morbimortalidad.

En su obra “El suicidio” (1897),  Durkheim ya reflexionaba sobre este problema, y planteó el suicidio como la más definitiva expresión de la soledad humana. Esta situación es especialmente dramática entre las personas con más edad (en una sociedad cada vez más envejecida por el aumento de la esperanza de vida), que pueden verse afectadas en su salud física y mental por el aislamiento social. En estas edades, por ejemplo, se asocia a la soledad al aumento del riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares, depresión,  ansiedad, problemas alimentarios, sedentarismo y en última instancia suicidio, además de baja accesibilidad a los servicios de apoyo social. 

En consecuencia, el apoyo social se convierte en un importante factor de protección de las conductas suicidas. Este concepto puede ser definido por la existencia o no de apoyo psicológico y ayuda de personas significativas, sentimientos de que se preocupan de nosotros y nos quieren, además de darnos sentido de pertenencia a una red de comunicación y de obligaciones mutuas.

La falta de apoyo social y la soledad consecuente, no solo afecta a las personas mayores, sino a otros muchos colectivos vulnerables como las mujeres maltratadas. En este grupo de personas parece que existe cierta vinculación entre la violencia, la ideación suicida y la falta de apoyo social.

Por todo ello, os invitamos a recuperar nuestros activos en salud. La cultura mediterránea se asocia a la potenciación del desarrollo de fuertes relaciones familiares, sociales y culturales, a la vida en la calle vinculada a nuestro espectacular meteorología y en general a importantes lazos entre las personas que pueden relacionarse con menores tasas de suicidio. 

 

¡Habla, comparte, ama, vive…!

 


MÁS INFORMACIÓN

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
× ¿Cómo puedo ayudarte?
A %d blogueros les gusta esto: