Nuestra compañera Carolina Escobar, desde Manizales, Colombia, nos invita a esta actividad de colaboración público-privada.
«En Manizales – Colombia vamos a realizar un Pacto por la Salud Mental que se Realizará en Manizales el 10 de Septiembre en conmemoración del Día Mundial de Prevención del Suicidio” con el cual se busca el compromiso interinstitucional para lograr valorar la vida como eje fundamental de desarrollo individual y colectivo. Como empresa (Servicios de Tránsito de Manizales) vamos a firmar el pacto como compromiso de implementar el plan de salud mental en el trabajo y la idea es que podamos replicar esta estrategia en muchas empresas de la ciudad. Muy agradecida con Papageno por el apoyo y la información que nos comparten».
Como nos recuerdan en su web esta asociación veterana d ela prevención del suicido es España
«Un año más la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Red AIPIS) quiere conmemorar el día Mundial de la Prevención del Suicidio.
Este año hemos querido resaltar que la prevención es cosa de todos y por eso hemos elegido tres ámbitos importantes en los que se está trabajando en prevención: El de las emergencias, con intervenciones en curso, que requieren equipos preparados específicamente en la materia, de lo que nos hablará Sergio Tubío, bombero del equipo del Ayuntamiento de Madrid; El ámbito sanitario, como la puesta en marcha del programa PRISURE que se lleva a cabo desde el Centro de Salud Mental de Retiro (dependiente del Hospital Gregorio Marañón) y del que nos hablará Jesús Ignacio García, trabajador social y finalmente Javier Muñoz, miembro de Red AIPIS y facultativo psicólogo del Equipo de Intervención Psicosocial de la Policía Nacional.
El acto será presentado por Antonia Jiménez, psicóloga y secretaria general de Red AIPIS.
La Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un ser Querido (UBUNTU) organiza este año la segunda edición de su marcha reivindicativa por la prevención del suicidio. UBUNTU, estrechamente relacionada con nuestra asociación ha iniciado un amplio programa de actividades entre las que se encuentra una convivencia de sus asociad@s en el Aula de Naturaleza Higuerón de Tavizna y programa ya su acto de celebración del Día Internacional del Superviviente para el mes de noviembre. Rememorando la célebre frase de la pintora mexicana Frida Kahlo: «Pies para qué los quiero si tengo alas para volar”, esta joven asociación andaluza ha venido para cubrir las necesidades de un colectivo invisibilizado que ha decidido actuar desde la esperanza transformando su dolor en amor.
Con motivo del día mundial de la Prevención del Suicidio iniciamos eta serie de entradas en el blog dando visibilidad a las diferentes actividades de otras asociaciones con las que compartimos nuestro deseo de combatir la lacra social que es el suicidio.
Psiquiatra del Ib-Salut. Profesor tutor de psicología en la UNED. Licenciado en medicina y especialista en psiquiatría. Doctor cum laude, Premio Jean Dausset a la mejor tesis doctoral 2016-17. Máster en Psicoterapia. Experto Universitario en Psiquiatría Forense. Especialista Universitario en Psicopatología.
¿Cuándo empezamos a prevenir el suicidio?
Parece ser que la prevención del suicidio va mejorando. Hay teléfonos para la gente que tiene ideas suicidas, se evita acceso a lugares donde se acumula el número de suicidios, se recomienda hacer un buen seguimiento de las personas con gesto autolítico,… Pero ¿Cuándo debería empezarse a prevenir el suicidio? ¿Después del intento? ¿Después de que aparezcan las ideas suicidas? ¿Cuándo la persona está yendo a suicidarse?
El ejemplo de las campañas de tráfico
Las campañas de tráfico (por establecer un paralelismo con una campaña que también incide en una conducta individual con repercusión social) son un gran ejemplo. Cuando el gobierno se tomó en serio la necesidad de bajar el número de muertes en carretera señalaron los puntos negros, dieron cursos a la gente que perdía todos los puntos del carnet, pusieron radares de control de velocidad y, con la vista en un futuro a largo plazo, la prevención comenzó en los colegio con clases de educación vial. También daban las cifras de muertes en carretera y decían que podrías ser tú, y mostraban, sin tapujos, las trágicas consecuencias del accidente de tráfico. Se comenzó a educar a la sociedad para respetar las normas de tráfico. Y a educar desde pequeñitos, desde el colegio con clases de educación vial.
Hubo un cambio muy marcado en el ámbito social. Lo que antes era “comodidad” (no ponerse el caso, no ponerse el cinturón) ahora es impensable. Lo que antes era normal, (emborracharse y conducir) ahora es afeado por tus compañeros de borrachera. El cambio producido con la prevención de los muertos en carretera no ha sido sólo un cambio en los conductores que se accidentaban, ha sido un cambio social.
El cambio social
Ese debería ser el objetivo de la prevención en la conducta suicida: el cambio social.
Las campañas de apoyo a quien tiene ideación suicida es una gran noticia, pero el cambio real se produce con campañas globales dirigidas a toda la ciudadanía y desde la educación primaria.
¡Hola! Le escribimos desde la secretaría de la Asociación de Profesionales de Prevención y Postvención de la Conducta Suicida “Papageno”. Se ha inscrito en la actividad que celebraremos el próximo miércoles 16 de febrero de 2021 de 18:00 a 20:00 en Centro Administrativo y de Servicios Sociales «Rosa Roige» (Ayto. de Jerez) Calle Dr. Fleming S/N, 11407 Jerez de la Frontera (Cádiz). Le confirmamos que podrá asistir presencialmente preferentemente o si lo desea también tiene la opción de conectarse por videoconferencia desde este link:
Tema: DUELO POR SUICIDIO – JEREZ DE LA FRONTERA Hora: 16 feb. 2022 18:00 Madrid
ID de reunión: 869 6490 4180 Código de acceso: 292421
Le agradecemos su interés en participar y pese a la dureza del tema tratado le expresamos nuestra ilusión de compartir esta charla/conferencia con tod@s vosotr@s. La actividad tiene el objetivo de hablar sobre el duelo por suicidio, sus complicaciones y formas de afrontarlo. También abre la puerta a crear un espacio en formato de grupo de ayuda mutua (GAM) en la ciudad de Jerez de forma continua. Los Gams son espacio seguro para poder compartir las emociones del duelo y aprender formas adaptativas para sobreponerse al dolor que la OMS aconseja para aquellas personas que han perdido a un ser quiero por suicidio.
Esta actividad se desarrollará gracias a la colaboración del Ayto. de Jerez y y sobre todo, de la Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido “Ubuntu”.
Para seguir cuidándonos como en todo este tiempo os rogamos puntualidad y el respeto máximo a las normas COVID-19 del centro donde se celebrará el acto.
En el póster adjunto tiene todos los datos para facilitar su asistencia.
Si todavía no te has inscrito, puede hacerlo a través del siguiente link:
El suicidio es la primera causa de mortalidad externa en España.
En 2020, se registraron 793 muertes por suicidio en Andalucía y 3.941 en España según el INE.
128 personas se suicidaron en la provincia de Cádiz en el año 2020, según el Instituto de Medicina Legal.
Apertura de un grupo de ayuda mutua para personas que han perdido a un ser querido por suicidio en Jerez
La Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidio de un Ser Querido ‘Ubuntu’ y la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida ‘Papageno’ organizan una charla-coloquio como preludio a la apertura de un grupo de ayuda mutua para personas que han perdido a un ser querido por suicidio en Jerez de la Frontera (Cádiz).
La actividad se celebrará el próximo miércoles 16 de febrero de 18:00 a 20:00 en el Centro Administrativo y de Servicios Sociales «Rosa Roige» (Ayto de Jerez) situado en la C/ Dr. Fleming S/N, 11407 Jerez (Cádiz)
La sesión, que será retransmitida también por videoconferencia, tendrá un aforo limitado, por lo que será necesaria la inscripción previa en el siguiente enlace, o a través del siguiente código qr.
Durante la charla-coloquio, Daniel J. López, psicólogo, presidente de Papageno y facilitador en los grupos de ayuda mutua y María Jesús León, Presidenta de UBUNTU, realizarán una reflexión sobre el duelo por suicidio, las emociones que cursan con este tipo de muertes (culpa, miedo, rabia, vergüenza, desesperanza…) y los pensamientos (ilusión de control, rumiaciones…). También se ofrecerán algunos recursos para afrontarlo.
Por otro lado, se hablará de los grupos de ayuda mutua como herramienta para poder expresarse libremente en un ambiente seguro y el desarrollo de competencias para un desarrollo adecuado del duelo. Los participantes podrán expresar sus dudas o participar activamente en la actividad.
Con esta charla-coloquio se dará apertura a un Grupo de Ayuda Mutua de Duelo por Suicidio en Jerez, que nace con el espíritu de dar apoyo a aquellas personas que han perdido a un ser querido por esta causa en esta ciudad andaluza.
Duelo por Suicidio
En 2020, 793 personas fallecieron en Andalucía por suicidio, de las cuáles un 75 % fueron hombres. Además, nuestra comunidad autónoma es la región con más suicidios en España, aunque su tasa por 100.000 habitantes se mantiene en la media española. Y eso solo parece el vértice del iceberg, ya que muchas muertes por suicidio pasan desapercibidas y son registradas de forma errónea.
La magnitud del problema se agrava por las consecuencias emocionales que cambiarán la vida para siempre de las personas más cercanas que chocarán frontalmente con la incomprensión y la ignorancia social ante el problema. Aunque la cifra más utilizada es la de seis personas en duelo por cada muerte por suicidio, no existe una evidencia empírica clara y hay autores que cuentan más de cien afectados por cada fallecimiento.
El estigma y el tabú han convertido el duelo por suicidio en uno de los duelos más dolorosos que se conocen. A la imprevisibilidad percibida de la conducta, los sentimientos de culpa, vergüenza y rabia, y las ideas recurrentes de haber podido hacer mucho más para evitarlo, se une la falta de apoyo social que estas personas afrontan en el duro camino de rehacer su vida.
Grupos de Ayuda Mutua para Supervivientes (GAM)
Los Grupos de Ayuda Mutua para Supervivientes por Suicidio (GAM) son una herramienta que facilita la expresión de las emociones y la cercanía junto a otras personas que han perdido a alguien por el mismo motivo. Maria Jesús de León, presidenta de Ubuntu, define así su experiencia como superviviente de suicidio: «Los GAM son un espacio de transformación. Compartimos nuestro dolor, sin prejuicios ni miedos, dispuestas a abrir el alma y mostrando la esencia de nosotras mismas para recuperar la dignidad y la esperanza, para renacer fortalecidas con las luces del amor, llenas de flores por dentro, con cicatrices más fuertes que la propia piel y la irrenunciable convicción del compromiso”. También Cristina Romero, superviviente de Sevilla, destaca el apoyo recibido. “La ayuda mutua me parece muy necesaria para las personas que viven este drama. Sentir la acogida e identificarse con las otras experiencias te ayuda a sentir que las vivencias propias no son extrañas”.
Desde los inicios de su andadura, Ubuntu y Papageno trabajan conjuntamente para desarrollar sus propios grupos de ayuda mutua. Actualmente, cuentan con grupos en Cádiz, Sevilla, Córdoba y Jaén. Si has perdido a algún ser querido por suicidio y quieres formar parte de estos grupos, puedes escribir un correo electrónico a supervivientes@papageno.es o ponerte en contacto con nosotros a través del 633 169 129 (se recomienda hacerlo vía WhatsApp).
Ubuntu y Papageno son dos asociaciones independientes y sin ánimo de lucro que tienen como objetivo la prevención y la postvención del suicidio. Ubuntu está formada por personas que han perdido a seres queridos por suicidio, y tiene como finalidad dar un apoyo integral a personas que se enfrentan a este duelo. Por otro lado, Papageno está compuesta por profesionales multidisciplinares que se dedican a promover actividades de prevención y postvención del suicidio.
Es Doctora en Psicología, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, especialista en Terapias de Tercera Generación y Psicóloga General Sanitaria. Ha sido investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Instituto de Salud Carlos III) y profesora visitante del National Suicide Research Foundation de Cork (Irlanda) y del Center for Practice Innovations – Suicide Prevention de la Universidad de Columbia (Nueva York, Estados Unidos), institución para la que fue galardonada con una beca del prestigioso programa Fullbright. Es miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias y Editora Asociada de las revistas científicas Psicothema, Clínica y Salud, y Adicciones.
El suicidio como primera causa de mortalidad externa entre jóvenes
En el año 2019, por primera vez, los suicidios superaron como causa de muerte a los tumores y los accidentes de tráfico de la juventud española (15 a 29 años), convirtiéndose en la primera causa de defunción en esta franja de edad. En España, la prevalencia de pensamientos de suicidio en población adolescente se sitúa en torno al 30%, mientras que la de intentos de suicidio es del 4%, aproximadamente. En general, los varones adolescentes mueren por suicidio tres veces más que las chicas de su misma edad. Sin embargo, la tasa de intentos de suicidio es tres veces mayor en ellas que en ellos. Pero aún hay más: no solo nos referimos al suicido consumado, sino al amplio espectro de conductas suicidas que abarcan desde los pensamientos hasta la planificación y los intentos de suicidio, con el subsecuente sufrimiento personal y familiar que conllevan.
El suicidio en la adolescencia
El abordaje del suicidio en la adolescencia es relevante por varios motivos: las conductas suicidas en población infanto-juvenil han sufrido un gran aumento en las últimas décadas; cada vez se registran más suicidios a edades más tempranas; la mayoría de personas que han considerado o intentado suicidarse lo hicieron por primera vez durante su juventud, típicamente antes de los veinte años; los pensamientos de suicidio y las conductas auto lesivas son predictores bien establecidos de nuevos intentos de suicido en el futuro y de problemas para el desarrollo social y emocional del joven; la muerte por suicidio de un menor supone un auténtico drama familiar agravado por el estigma social; y, finalmente, la mayoría de los adolescentes que intentan suicidarse comunican sus pensamientos antes de llevarlo a cabo. Por todo ello, la comunidad debe estar especialmente alerta a las “señales de alarma”, que comprenden la comunicación verbal y no verbal del niño o adolescente, así como cambios en su comportamiento o en el rendimiento escolar, soledad, asilamiento, acoso escolar, consumo de drogas, interés repentino por la muerte (más allá de los conflictos existenciales “normales”), comentarios del tipo “estaríais mejor sin mí”, “no sé qué hacer con mi vida”, etc. De hecho, la literatura científica ha puesto de relieve la importancia de que los adultos que forman parte de la vida de estos jóvenes conozcan las posibles señales de alarma previamente señaladas para una adecuada prevención.
No existe un camino único que lleve a un adolescente a intentar quitarse la vida o a realizar conductas que pongan en peligro su bienestar. Explicar las causas de este fenómeno no es fácil ya que, como en casi todos los fenómenos complejos, no hay una única respuesta. El suicidio no es algo que ocurra en el vacío, sino que tiene lugar en un contexto específico y en unas circunstancias determinadas de la vida de un adolescente en las que la desesperanza y el sufrimiento cobran especial relevancia. A pesar de estas dificultades, el suicidio es prevenible. Y, tal y como ha señalado la Organización Mundial de la Salud (OMS), dicha prevención requiere un enfoque innovador, integral y multisectorial, con la participación de todos los agentes sociales (sanidad, educación, familia, medios de comunicación, etc.).
¿Qué hace que la adolescencia sea un periodo de alta vulnerabilidad?
Se trata de una etapa caracteriza por ciertas dificultades en la que los jóvenes deben resolver algunas tareas evolutivas, tales como diferenciarse de sus padres, desarrollar un sentimiento de pertenencia a un grupo o aprender a relacionarse con su nuevo cuerpo y su sexualidad. Además, a estos problemas se une un nuevo fenómeno: el uso de las nuevas tecnologías de la información que favorecen conductas de riesgo y potencian formas de comunicación rápidas, un tanto deshumanizadas (literalmente ya no hay humanos, sino emoticonos, stickers, memes y GIFs), que no permiten desarrollar las habilidades sociales ni las competencias emocionales básicas que necesitamos para resolver los inevitables envites de la vida. El ritmo frenético y la dudosa información de las redes sociales hace que permanecer a solas, sin nada más que hacer que pensar, sea casi insoportable para nuestros jóvenes. La intolerancia a la frustración y al aburrimiento es uno de los grandes males de esta generación de niños y adolescentes y, lejos de ser inocua, tiene importantes implicaciones en su salud mental y en la impulsividad de sus acciones. No solo cambia su manera de comunicarse sino también su forma de “ser-en el-mundo”.
¿Qué puede hacer la comunidad educativa?
Al igual que en todas las conductas problemáticas de la adolescencia, la intervención en los contextos educativos es algo crucial. No es necesario que los programas de prevención se centren explícitamente en el suicido sino, más bien, en el aprendizaje de competencias emocionales para manejar las situaciones de crisis, fomentar una buena salud mental, promover las redes de apoyo social, identificar situaciones de riesgo, etc. La OMS señala otras intervenciones eficaces como la formación del personal educativo en la identificación de alumnos en riesgo, las iniciativas para garantizar un entorno escolar seguro (como los programas contra el acoso escolar), el refuerzo de los vínculos con el colegio y los servicios de apoyo, la mejora de la legislación y el desarrollo de protocolos claros para el personal cuando se identifique el riesgo de suicidio, así como mejorar la concienciación de los padres sobre la salud mental y los factores de riesgo en sus hijos. “Hay que recordar a los profesores o cuidadores que hablar del suicidio con los jóvenes no aumentará el riesgo de suicidio, sino que los jóvenes se sentirán más capacitados para acudir a ellos en busca de apoyo cuando lo necesiten”, recuerda la OMS.
¿Qué pueden hacer las familias?
Tengamos siempre presente que el suicidio rara vez se debe a una única razón. Los factores de riesgo familiar implicados en la conducta suicida no son diferentes de los que puedan desempeñar los “grandes clásicos” de los problemas en la infancia y la adolescencia: conflicto familiar, maltrato, desapego, ausencia de comunicación, etc. Por el contario, algunos de los factores protectores asociados a una reducción del riesgo de suicidio en la infancia y adolescencia son: alta cohesión familiar y bajo nivel de conflictos, habilidades de solución de problemas y estrategias de afrontamiento, actitudes y valores positivos hacia la vida, nivel educativo medio-alto, alta autoestima, y adecuados sistemas de apoyos y recursos, entre otros. Por lo tanto, es necesario potenciar una educación basada en el amor, el respeto, lo límites y los valores, así como cultivar la existencia de propósitos y objetivos. También es fundamental deshacerse de los mitos en torno a la conducta suicida: el suicidio no es un trastorno mental ni un síntoma de otro problema de salud mental, sino que es un pensamiento al servicio de una situación que es vivida como insoportable o interminable por parte del adolescente. Y nunca hay que subestimar ese dolor. Está en manos de las familias evitar simplificar el fenómeno y dejar hablar entre susurros sobre algo que debe hablarse alto y claro: la gestión emocional del dolor, la frustración, la ética, los valores personales, las crisis de las diferentes etapas de la vida, la visión romántica de la muerte, la idealización del amor romántico, etc. Es razonable que nos sintamos incómodos hablando de algunos temas, pero los adolescentes que piensan en suicidarse están asustados, ambivalentes hacia la vida, y agradecerán tener la ocasión de encontrar un espacio seguro para hablar de esos pensamientos que les acosan y liberar la vergüenza y el temor. A veces, pequeños gestos pueden empezar a inclinar la balanza hacia la vida.
Cristina Romero perdió a un hijo por suicidio y participa en los grupos de ayuda mutua de duelo desarrollados por Ubuntu-Papageno en Sevilla.
Hoy nos regala esta reflexión personal.
La banalización del sufrimiento
Hace tiempo que me ronda en la cabeza un tema y es el de la banalización del sufrimiento. Y quiero tener como referente “La banalización del mal”, expresada por Anna Arendt.
Según esta, algunos individuos mandaron matar a los judíos en el régimen de Hitler no tanto por una crueldad propia sino porque no reflexionaban sobre sus actos o los cuestionaban. Simplemente acataron las órdenes de sus superiores.
Excepto los casos de familias que han perdido a un familiar, trabajo o casa, la población española en su conjunto vive con más recursos que nunca. A esto se añade los instrumentos tecnológicos existentes que permiten teletrabajar desde casa y sobre todo distraerse solo.
La generación de cristal
Desde hace ya algunos años somos conscientes del aislamiento que sufren las personas, especialmente los jóvenes, a causa de los móviles, tabletas, ordenadores y videojuegos. Veíamos la importancia del contacto familiar y social y no reflexionamos sobre sus consecuencias.
Y cuando los miembros de esta generación sufren un pequeño revés o conflicto mínimo lo convertimos en una tragedia. Les hemos impedido el derecho a aprender a sufrir, a adquirir fortaleza emocional y, por tanto, a tener una enorme intolerancia a la frustración.
Esta falta de tolerancia a la frustración por conseguir rápido y sin esfuerzo el objeto deseado se ha extendido a una gran parte de la sociedad. Ante cualquier mínimo sufrimiento o malestar psíquico perdemos la dimensión del hecho y le ponemos enseguida una etiqueta, le llamamos, sin estudios previos serios, TOC, TDAH, depresión…, le damos una pastillita para aliviar un daño pequeño, etc. etc.
Y banalizamos todo tipo de sufrimiento emocional hasta el punto de no reconocerlo como común en el ser humano y, como resultado, ya no solo tenemos una pandemia por un virus sino una nueva pandemia, a la que llamamos tragedia, que es la de la ansiedad, la depresión y todo lo relacionado con la salud mental, lo que está provocando aún más la estigmatización de las enfermedades mentales.
Y desde los 12 a los 30 años han aumentado el número de suicidios en España y nos llama la atención. Nos causa sorpresa y pavor. ¿Por qué? ¡Si estaba bien! Tenía una mala racha o lo estaba pasando mal, se suele decir. ¿Mal? ¿De verdad, mal? Y nos negamos a profundizar. Y podemos generalizarlo a cualquier edad.
El suicidio en las edades más avanzadas
El caso de los suicidios de los ancianos (junto con la franja de edad de 12 a 30 años es donde la incidencia ha sido más alta) es diferente. Hace 70 años los ancianos, es decir, los abuelos, vivían en el domicilio familiar con sus hijos y nietos. Formaban parte de la familia. Ahora somos europeos. En Europa el concepto de familia es distinto al nuestro. Los hijos se van de las casas de los padres jóvenes y los abuelos viven solos o en residencias.
Esta es ahora nuestra realidad actual. Están viviendo solos o en residencias. Y con la pandemia, aislados. No es de extrañar que una persona de 80 años que no reciba llamadas de teléfono, visitas, ningún calor humano ni ocupación se vaya apagando y no tenga ganas de vivir. La soledad, mata. El aislamiento, mata. El hombre es un animal social y si no fomentamos el contacto social en la población, en general, y en nuestros mayores, es especial, viviremos aislados con pandemia o sin ella. Las nuevas tecnologías propician la falta de socialización. Y ellos ni siquiera tienen a su alcance el utilizarlas. Se requiere un análisis profundo de la integración del dolor en el ámbito familiar, educativo, social y en la salud mental. Hay que considerarlo todo desde el amor, la compasión y el agradecimiento.
Visibilización de la salud mental: estar «depre» no es un diagnóstico de salud mental
Y seguimos en la superficie del tema. Algunos personajes famosos están hablando por primera vez de su salud mental, la mayoría de ellos por la alta presión que padecen, y mencionan sus estados de ansiedad o de depresión. Aplausos.
Pero nos hacemos eco de ello y lo volvemos a banalizar. Y se ha creado como una especie de moda, por parte de ciertas personas, de sentirse valientes y con coraje por contar en público y en las redes sociales alguna crisis emocional, equivalente exactamente a decir que se ha tenido una mala digestión por un plato de comida.
De esta manera, seguimos estigmatizando las enfermedades mentales. Una depresión es una enfermedad mental. Estar depre es un estado de tristeza común en la vida como estar alegre, tener miedo o estar enfadado. Son emociones primarias que tenemos todos los mortales. Lo necesario es aprender a gestionarlas y orientarlas. Sentir estas emociones no tiene en absoluto nada que ver con tener una enfermedad mental.
Y como vivimos en la superficie y no deseamos penetrar en el mundo de la inteligencia emocional porque el autoconocimiento es doloroso ya que salimos de nuestra zona de confort y no queremos abrir los ojos, ocurre que, cuando un niño, adolescente o adulto intenta suicidarse, decimos, “lo hace para llamar la atención”.
De esta forma, nos eximimos de nuestra responsabilidad y anulamos el problema, que en este caso es exactamente el sufrimiento profundo de esa persona, justo aquello que no queremos observar. No deseamos saber nada de la muerte, de las enfermedades, de los problemas graves que tienen las personas porque nos da pánico sufrir. Tampoco no han enseñado. Y la enfermedad mental y el suicidio siguen siendo tabúes. Da la sensación de que solo hablar de ellos produce contagio, como el Covid-19.
El suicidio: un problema de todos
La vida y la muerte van de la mano. Y la tragedia entra en cualquier familia. Y se oculta. Que nadie se entere. Esto le ocurre a los demás, pensamos, no a mí. Ponemos una barrera tan grande en no observar el sufrimiento ajeno ni el propio y un búnker infranqueable, que nadie se atreve a contar que sufre de verdad, porque piensa que no va a sentirse comprendido y por miedo a ser rechazado. Constituyen la peste. Ya que el sufrimiento verdadero está vetado expresarlo en las familias y en la sociedad.
El suicidio ha sido y sigue siendo una muerte innombrable en España. En 2021 ha aumentado su número de forma considerable. No podemos evitar que este tipo de muerte desaparezca. Lo habrá siempre. A la vez sí podemos evitar un porcentaje muy alto de ella. Les podemos enseñar a nuestros hijos desde el primer día de su vida a desarrollar la inteligencia emocional para adquirir fortalezas en los conflictos, asumir sus responsabilidades y ser protagonistas de sus vidas. Serán niños y luego adultos preparados para ir superando los obstáculos en la vida y pedir ayuda. Solo se trata de dejar de banalizar el sufrimiento para estar capacitados para sentirlo, expresarlo, afrontarlo y superarlo.
orque cuando se te muere un familiar entras literalmente en pánico. Tu propio dolor es causa de asombro, te es ajeno, desconocido. Sencillamente descubrimos la falta de recursos para soportarlo y procuramos bloquearlo para no sufrir. Realizamos el camino equivocado. La muerte por suicidio produce una hecatombe en la familia. De ese, no hablamos. Sigue siendo tabú.
Y de ese precisamente hay que hablar ya que las muertes por suicidio nos están suplicando que cambiemos nuestro enfoque y proceder.
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