Archivo el agosto 27, 2021

III Carrera y Marcha por la prevención del suicidio

III Carrera y Marcha por la prevención del suicidio
Tiempo de lectura: < 1 minutos

Desde la Asociación AFASIB y el Ayuntamiento de Inca ponen en marcha la III CARRERA
PARA LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO, que se celebrará día 11 de septiembre con motivo del día
mundial para la prevención del suicidio (10 de septiembre) y que tiene como objetivo principal contribuir
en la prevención del suicidio mediante la visibilización de la realidad del suicidio y recaudar Fondo para
facilitar la actividad de la Asociación en las Islas Baleares.

Posibilidad de elegir una entre las siguientes distancias:

  • 3671 metros por la CAMINATA (virtual)
  • 5km para la CARRERA.

Como el año pasado, el número de metros de la caminata son el número de suicidios registrados en España durante el año 2019, según datos publicados en el INE. El objetivo es dar cuenta del número de personas afectadas, trasladando
la simbología de los metros de la caminata.

El recorrido se puede hacer corriendo, caminando, o haciendo marcha nórdica, el límite lo pones tú.

En la página web http://www.elitechip.net podrá encontrar como inscribirse en dos modalidades:

  • Individual CAMINATA / Marcha (virtual): 3671 metros.
  • Individual CARRERA / Carrera: 5 KM

El coste de la inscripción es de 5 €

¡Participa!

El grito de los sin nombre: estigma, salud mental y suicidio

Tiempo de lectura: 6 minutos

Sobre los regalos inesperados

Autor: Daniel Jesús López Vega, coordinador de papageno.es

Ayer amaneció como un día normal. Pero hay veces que la vida te hace un regalo inesperado (o varios), de esos que te hacen volver a creer que el cambio social es posible. Y todo empezó, como en muchas ocasiones anteriores en mi vida, gracias a mi naturaleza humana que persiste en su necesidad de manifestarse a través de mis errores.

Entre mi largo listado de defectos está el de no leer los correos electrónicos y contestar que «Sí» a todo tipo de peticiones. No me detengo a leer el contenido cuando me lo envían personas que estimo. Y ese fue el caso. Antonio Vergara, una persona a la que admiro por su trayectoria como médico y persona (todos necesitamos nuestros mitos), nos invitaba en nombre del Ayuntamiento de Cádiz y el movimiento «Marea Blanca» a un acto sobre estigma y salud mental. Participaríamos María Jesús de León, Presidenta de la Asociación Andaluza de  Supervivientes por el Suicidio de un Ser Querido «Ubuntu», y yo, como representante de la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención de la Conducta Suicida «Papageno». 

En principio nos pareció una buena oportunidad para hablar sobre el suicidio en un acto que reivindicaba la voz de familiares y afectados por el estigma que rodea a todos los problemas de salud mental. Y pongo afectados por el estigma porque creo firmemente que muchas veces es la verdadera causa del sufrimiento de las personas con problemas de salud mental. Muchas de ellas, podrían tener una vida absolutamente plena si la sociedad aprendiera de una vez por toda a valorar la diversidad y lo diferente como parte de su identidad y dejar sus prejuicios de lado. Prejuicio que de forma extraña nos divide en «nosotros» por un lado y «ellos» por otro como si fuera tan fácil establecer una línea que separara lo normal y lo anormal. Como si ese pretendido estado de normalidad fuera una vacuna para no cruzar la delgada línea roja que separa la cordura de la locura.

Cádiz: más cerca del paraíso

Hace años un compañero de trabajo onubense me decía desde la lucidez que da ver las cosas desde fuera que en Cádiz se estaba acostumbrado a sufrir. Un sufrimiento que tiene su mayor exponente en el desempleo. Lleva décadas castigando esta zona y seguramente se ha convertido en la mayor lacra de esta provincia en la que parece acabar Europa y que provoca diferencias socioeconómicas con importantes consecuencias. Siempre me pareció paradójico que un sitio donde uno se acostumbra a sufrir fuera un destino de turismo tan exitoso y donde tantas personas vienen a jubilarse o tienen segundas viviendas.

Sin embargo, siempre he amado Cádiz. Demasiadas veces estamos tan acostumbrados a no valorar lo que tenemos que no somos capaces de admirar la belleza que nos rodea. El lugar donde se celebró la actividad fue el Castillo de Santa Catalina. Y en una tarde-noche de buen tiempo, después de la ola de calor que hemos sufrido y de los nubarrones emocionales del tema afgano, donde de nuevo ganaron «los malos», el día nos regaló un hermoso paisaje con el Balneario de fondo y las hermosas vistas desde el Castillo.

Y mi amor por esta tierra no se limita a sus paisajes. Siento también cierta responsabilidad en mejorarla, en realizar mi pequeña aportación para sentirme parte de ella. Ayer María Jesús y yo recordábamos que dentro de un par de meses se cumplirá el segundo aniversario del nacimiento de nuestro primer Grupo de Ayuda Mutua en Cádiz. Dos años compartiendo el sueño de ir creciendo y que con un poco de suerte se traducirá en la consolidación de nuestro grupo de Sevilla y la apertura próxima de los de Jaén y Córdoba.

Una tarde-noche de «locos»

Si bien es cierto que la mayoría de palabras relacionadas con problemas mentales han terminado teniendo un sentido peyorativo, el término loco tiene un sentido ambiguo. Para mí, se relaciona con ser diferente, partir la norma, ser creativo o divertirse desmesuradamente. Quizás pueda parecer que frivolice sobre el tema, pero la normalidad me aburre e incluso me parece un poco patológica.

Por eso ayer pasamos una tarde-noche de «locos».  Jamás había visto hablar de temas tan serios en un ambiente lúdico que supo combinar el respeto por temas tan dramáticos. La idea es que la meta es siempre la búsqueda de la felicidad y no exclusivamente huir del sufrimiento. Y todo ello protagonizado por las personas afectadas y sus familiares que tuvieron la oportunidad de hablar en primera persona y que pudieron GRITAR a los cuatro vientos que si hay algún problema, no es padecer un trastorno sea del tipo que sea, sino la extraña costumbre de patologizar y estigmatizar lo diferente.

Y allí entre impactantes testimonios de afectados y sus familias, música y actuaciones de personas unidas con un único fin, uno piensa que la vida es más justa, pese a no ser ajenos a que lo de ayer fue solo un oasis en el desierto que atraviesan muchas personas para los que la vida es una carrera de obstáculos por el estigma.

La magia de la palabra y del silencio cuando permite el encuentro entre personas

En esta ocasión nos tocó hablar los últimos. Siempre me produce pudor hablar en actos donde participan afectados por la pérdida de relevancia de mi discurso profesional frente a la riqueza emocional de sus experiencia y reivindicaciones. Me resulta complicado no ser estúpidamente paternalista con personas cuyo recorrido en la vida dan mucho más para aprender de ellas que para enseñarles nada.

Cuando hablamos, no hubo música, como la que acompañó a otras intervenciones. Imagino que aún no estamos preparados para hablar del suicidio escuchando los acordes de una guitarra o un piano de fondo. Todo llegará.

Y cuando terminé mi intervención la noche aún me deparó tres sorpresas. La psicología humanista habla del encuentro entre personas como un estado de plena cercanía que se da entre dos personas que parten toda las barreras comunicativas y que permiten a cada una ser quien es y mostrarse. Suelen ser momentos únicos que yo he tenido la suerte de vivir en el transcurso de mi profesión, pero que ya casi había olvidado. 

Pues ayer viví tres. El primero escuchando las palabras de María Jesús de León. Cuando intervino me recordó los motivos por los que abandoné mi espacio de confort y me involucré en el proyecto de papageno.es, un proyecto hecho por «locos» y para «locos» hecho con más ilusión y trabajo que fondos. A ella la conozco desde hace dos años, pero ayer me di cuenta de la suerte de que se cruzara en mi vida y me permitiera hacer esta parte del trayecto juntos. Ubuntu, sin duda, está en buenas manos, y le deseo y auguro a partes iguales el mejor de los futuros. A parte de sus habilidades comunicativas, hizo un alarde de coraje y valor para mostrarse tal cual es, con toda la crudeza que eso supone. Gracias.

El segundo fue con Verónica. Verónica aún no lo sabe, pero también es una persona especial.  Ella no habló, pero en su silencio se le entiende todo. También la conocí gracias a los grupos de ayuda mutua y a pesar de mi deseo de mantenerlos en la esfera de lo profesional, me resultaría difícil entender mi vida ahora sin ella. A pesar del revés que le dio la vida ella es pura alegría, eso sí con el trasfondo de dolor que acompaña siempre a la pérdida de seres queridos de una forma tan dura. Ella está siempre ahí, conciliadora, ilusionada, dispuesta a bromear con la que sufre o a escucharla. Tomando lista cada día de quién habla y quien calla en nuestros grupos de WhatsApp, porque sabe que la fuerza del grupo está en la preocupación por cada uno de sus eslabones. Gracias.

El tercero fue con Nuria, compañera de papageno.es y de vida. A ella sí la conozco desde hace muchos años. A veces cuando estoy con ella, soy capaz de rememorar el olor del azahar de los naranjos sevillanos que dieron sombra a nuestros primeros encuentros. Mi psicóloga y médica para el alma de cabecera. Llevamos tanto tiempo juntos que ya no nos hace falta hablar mucho para saber que ayer fue un día también importante para nosotros como pareja. Espero que esta aventura nos una aún más y nos abra nuevas oportunidades para seguir aprendiendo juntos. Gracias.

Y así acabó la jornada. Y aunque no asistieron también estuvieron presentes el resto de miembros de nuestros grupos de ayuda mutua y los que un día decidieron abandonarnos sin saber que siempre estarían con nosotros, porque alguien no muere si no hay olvido. 

Esta entrada de blog ha sido muy personal, pero necesitaba expresarlo. Espero que a ti te sirva de algo. Si has llegado hasta aquí imagino que te ha interesado, por lo que me tomo la licencia de añadir el vídeo de nuestra participación en la jornada. GRACIAS.

Salud mental y estigma: «Alegría por la diversidad»

Tiempo de lectura: 1 minuto

Acto «Alegría por la Diversidad» 18 de agosto Castillo Santa Catalina – Cádiz

El próximo 18 de agosto se celebrará en el Castillo de Santa Catalina en Cádiz un acto organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Cádiz a través del «Plan Local de Salud» y la «Mesa de Salud Mental», con la colaboración de «Marea Blanca».

Se trata de un acto reivindicativo y lúdico cuyos objetivos son poner en valor el testimonio de personas afectadas, familiares y asociaciones que trabajan por la salud mental, reclamar mejoras en la atención socio-sanitaria y luchar contra la estigmatización de las personas con enfermedad mental.

El acto presentado por, Ana Cristina Donoro y regido por Jorge Frontado, será inaugurado por el Alcalde de Cádiz, José María González y contará con la participación de la Concejala de Salud, Eva Tubío, y Antonio Vergara de «Marea Blanca Gaditana». 

Durante el acto se contará con testimonios de afectados, de TELÓN CÁDIZ INCLUSIÓN y de FAEM con música de fondo del “Pianista callejero”, de AFEMEN y AFEDU,  con música de fondo del guitarrista, Jorge Frontado y actuarán diferentes artistas, periodistas y  grupos de música. 

A la actividad también asistirán como invitados, María Jesús de León,  Presidenta de la Asociación Andaluza de Supervivientes por Suicidios de un Ser Querido UBUNTU y Daniel Jesús López, Presidente de la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención del Suicidio PAPAGENO.

Por motivos de seguridad frente al COVID-19 se requiere invitación para participar.

El proyecto «La niña amarilla», se adhiere a papageno.es

Tiempo de lectura: 2 minutos

El proyecto y libro La Niña Amarilla  parte de la experiencia de la periodista valenciana María de Quesada. María intentó suicidarse a los quince años y más de veinte después ha decidido contar su historia y la de otra veintena de personas, de España y otros lugares del mundo, que dan su testimonio de primera mano para contar su conducta suicida con la intención de ayudar a otras que puedan estar viviendo una situación vulnerable. A partir del libro, María ha creado una asociación con fines sociales, sin ánimo de lucro, que lleva el mismo nombre y a la que irá destinado cualquier beneficio del libro. La asociación ‘La niña amarilla’ está presidida por la autora del proyecto, María de Quesada, y las profesionales de la comunicación Desirée Tornero y Cristina Martínez, actualmente tesorera y secretaria, respectivamente.

Sus fines giran en torno a la prevención y la comunicación:

  • Promover la prevención del suicidio en diferentes ámbitos sociales
  • Romper el tabú del suicidio en la sociedad
  • El estudio, la investigación y la difusión de la prevención del suicidio
  • La planificación de actividades, conferencias y talleres
  • Acercar la temática del suicidio a la juventud a través de actividades y charlas
  • Incluir el tratamiento del suicidio en los medios de comunicación y en las universidades de Periodismo y Comunicación
  • Colaborar con otras asociaciones y entidades públicas o privadas afines siempre y cuando el objetivo sea la promoción de la prevención del suicidio.

La Asociación trabaja con el compromiso de la realización de las siguientes actividades:

  • Talleres para enseñar a tratar el suicidio de acuerdo a las recomendaciones de la OMS en escuelas, medios de comunicación, ambulatorios, universidades…
  • Promoción de la prevención del suicidio a través de los canales de «La niña amarilla» (web, blog, redes sociales y medios de comunicación)
  • Colaboración con otras asociaciones y entidades públicas o privadas afines con el objetivo de la prevención del suicidio
  • Participación en jornadas, conferencias, cursos y talleres dirigidos a la prevención del suicidio
  • Participación en prensa, redes sociales y medios de comunicación como voz de prevención del suicidio
  • Realizar eventos culturales y deportivos para acercar de una manera más amable la prevención del suicidio

Nos llena de ilusión esta adhesión con Papageno.es para trabajar y colaborar en todo lo que podamos y seguir caminando en la misma dirección de la prevención del suicidio en nuestra sociedad.

Papageno.es es una plataforma de carácter independiente y no lucrativa. Nació en 2019 fruto del esfuerzo de un grupo de profesionales con vocación de servicio y activismo social con el objeto  de prevenir el suicidio.

Desde sus inicios se mueve desde la ilusión de unir esfuerzos de los profesionales y organizaciones preocupadas por el impacto que el suicidio provoca en nuestra sociedad. Este impacto no está marcado solo por el número de víctimas mortales, sino por el sufrimiento de las personas y colectivos más vulnerables, y entre ellos el de las personas que afrontan un duelo por suicidio (supervivientes).

Desde la filosofía de la lucha contra el estigma y el tabú, tiene como objetivos la sensibilización de la sociedad y de los colectivos profesionales, con especial atención a la formación y empoderamiento de personas y colectivos vulnerables.

¡Gracias por ser parte del cambio!

Una oportunidad para la prevención: COVID-19 y tasas de suicidio

Tiempo de lectura: 4 minutos

Autora: Susana Al-Halabí (Departamento de Psicología, Universidad de Oviedo).

COVID-19 COMO DESAFÍO A LA SALUD MENTAL

Foto de Anna Shvets en Pexels

Durante los primeros meses del confinamiento nos encontrábamos (y aún nos encontramos) ante una situación sin precedentes que suponía un verdadero desafío para todas las personas, particularmente para aquéllas en situaciones de vulnerabilidad y con presencia de factores de riesgo para problemas de salud mental. Parecía razonable pensar que el aislamiento, la incertidumbre, las dificultades económicas o la presencia de estrés podrían desembocar en un ascenso de las cifras de muertes por suicidio. No estaba claro si ese aumento se produciría a corto o largo plazo, pero sí que la comunidad sanitaria y científica debía estar preparada para un periodo desafiante. Paralelamente, se recomendaba evitar la idea de fusionar automáticamente el deterioro de la salud mental y la presencia de suicidio, tratando de disminuir el estigma, el uso de un lenguaje alarmista y la sensación de desesperanza de la población. Más aún, se presentaba este periodo como una ocasión para la cohesión social y la activación de factores de protección, como el apoyo social o la provisión de información fiable sobre la disponibilidad de ayuda para situaciones de crisis.

Tras un año de elucubraciones, el pasado mes de mayo se publicaba el primer estudio internacional con datos recogidos en veintiún países. Este estudio colaborativo, firmado por decenas de autores de reconocido prestigio y publicado en la revista The Lancet, arrojaba un dato claro: no se ha registrado un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia. ¿Qué interpretación ofrecen los autores sobre este resultado? En primer lugar, el incremento auto informado de los niveles de ansiedad, depresión y pensamientos de suicidio no parece haberse traducido en un aumento correlativo de la muerte por suicidio, al menos en los países que formaron parte del estudio. La rápida implementación por parte de los gobiernos y otras instituciones oficiales de nuevas vías de acceso a los servicios de salud mental parece haber constituido un aspecto crucial en la prevención del suicidio. En segundo lugar, se han puesto en marcha diversos factores de protección, como la presencia de un sentimiento colectivo de comunidad, el apoyo a personas vulnerables a través de las nuevas tecnologías, o la permanencia de largos periodos de tiempo acompañados en el hogar, reduciendo así el estrés y la sensación de aislamiento y vacío. Finalmente, la mayoría de los gobiernos de los países del estudio han tomado medidas para paliar la previsible crisis económica, dotando de recursos económicos a muchas familias que, de no haber podido disponer de estas ayudas, contarían con importantes factores de riesgo. Con todo, los autores permanecen atentos a los posibles cambios que puedan producirse en los próximos meses y advierten de la necesidad de seguir garantizando los esfuerzos políticos y comunitarios que podrían haber sido los responsables de las bajas tasas de suicidio.

LA NATURALEZA CONTEXTUAL DE LA CONDUCTA SUICIDA

Foto de Startup Stock Photos en PexelsEsta situación también nos permite hacer una reflexión acerca de la naturaleza contextual de la conducta suicida, que no emergería automáticamente en forma de “síntoma” derivado del incremento de los problemas de salud mental, sino que se presentaría como un fenómeno complejo, multidimensional y multifactorial, en el que participan simultáneamente realidades de diferente tipo y orden (culturales, sociales, institucionales, psicológicas, éticas, etc.). Parece, por tanto, que no cabría una interpretación causal lineal, sino que habría que entender las conductas suicidas en los contextos biográficos de las personas, en la presencia de “sentido” en su sufrimiento y en la vivencia particular de sus dificultades. No se trataría, entonces, de reparar supuestas “averías” en el psiquismo, sino de dotar a las personas de recursos que permitan mejorar su acceso a los servicios sanitarios en situaciones de crisis, reducir la presencia de factores de riesgo y potenciar los factores de protección. Así mismo, compartir la preocupación, apoyar en los momentos de desesperanza, informar correctamente sobre los servicios de ayuda disponible, sensibilizar a la población acerca de la necesidad de dar apoyo social, derribar el estigma asociado a la conducta suicida y compartir la responsabilidad de los cuidados de las personas vulnerables, parecen estrategias valiosas para contener las tasas de suicidio.

NECESIDAD DE ACTUACIÓN

Surge la oportunidad de poner en marcha, más que en ningún otro momento, las estrategias de prevención del suicidio. Más aún, la implicación de todos y cada uno de los agentes de la sociedad y de todos los profesionales sanitarios es esencial. No podemos mirar hacia otro lado. Es hora de actuar.

Sobre herejes y suicidas

Tiempo de lectura: 11 minutos

Autor: Daniel Jesús López Vega, psicólogo, coordinador de papageno.es y responsable del grupo de conducta suicida del COPAO

Espejismos y otras esperanzas rotas: sobre planes de prevención del suicidio descafeinados

De un tiempo a esta parte, siento la responsabilidad de no dejar pasar este momento. Los temas de salud pública son competitivos. Atraen la atención social cíclicamente y desaparecen del escenario público a tanta velocidad como salieron a la luz. Es adecuado que seamos capaces de leer el momento y no dejarlo pasar. Para bien o para mal, probablemente en estos años se esté escribiendo el futuro del abordaje del suicidio en nuestro país para las próximas décadas.

No en vano, en la actualidad vivimos un proceso de visibilización del suicidio que lo ha situado en la agenda política, de los medios de comunicación, de la administración sanitaria, de los movimientos sociales, del mundo académico… Poco a poco el mensaje va calando, aunque quizás demasiado tímidamente, en la sociedad en su conjunto.

Con esto no queremos decir que estemos cerca de la meta. Por ejemplo, la ansiada llegada del plan nacional de prevención y la emergencia de nuevos planes de las comunidades autónomas tienen más pinta de espejismo que de realidad. Un espejismo producto de la sensación de andar por el desierto esperando agua que luego es solo un líquido viscoso y no potable, que solo consigue hacer más patente nuestra sed. Unos planes que como los primeros intentos de cine animado parecen dar la sensación de movimiento pero que realmente no son producto de que nada se mueva.

Tristemente imagino a nuestros políticos leyendo este blog (solo en mi imaginación, puesto que ya están de vacaciones y yo también) y recreando la escena de Catalina de Prusia cuando le dirigía a Diderot, quejosa, las siguientes palabras:

«Tenga presente, Sr. Diderot, la distinta posición en que nos hallamos respecto al plan de reforma que hemos emprendido. Vos, sabio e ilustrado filósofo, expresáis con toda holgura y sin inconveniente alguno grandes pensamientos, porque trabajáis sobre el papel, materia unida y compacta que todo lo admite, sin resistirse ni presentar obstáculos ni a vuestra fantasía ni a vuestra pluma; mientras que yo, pobre emperatriz, he de trabajar sobre la piel humana, que, como vos sabéis, es irritable y descontentadiza en extremo».

Y es que del dicho al hecho… El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal que necesita de respuestas integrales que concentre los esfuerzos de diversos estamentos. La administración pública tienen por delante la ardua tarea de liderar la respuesta a una necesidad de encontrar una respuesta al problema de la salud mental y del abordaje del suicidio que no sea meramente estética o «buenista». Porque cuando se hace muy poco hacer más siempre será mejor, pero no suficiente. Y ni siquiera habremos acabado. El suicido como acto social transciende lo meramente sanitario. Cada suicidio es el retrato de algo que hacemos mal como sociedad y nos recuerda la necesidad de mejorar.

Quizás no sea una opinión políticamente correcta, pero es el momento de los movimientos sociales para recordar su esencia reivindicativa y evitar entrar en una etapa de conformismo que lleve a un sinsentido muchas de las buenas iniciativas que se han ido creando a lo largo de estos años. Recordar a quienes administran lo público que es la hora de afrontar el problema de forma efectiva y no de anuncios rimbombantes de medidas vacías de contenido.

El suicido: un drama social que tenemos que seguir visibilizando y aprender a desdramatizar

Todo lo anterior debe hacerse evitando dramatizar más un tema ya de por sí duro y  doloroso. En este artículo nos centraremos generalmente en el duelo por suicidio.

Por ejemplo, la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) compara el dolor de una persona que ha perdido a un ser querido por suicidio con el de los supervivientes de un campo de concentración. Siempre me he preguntado cómo se sentirá una persona con el duelo recién iniciado si buceando por internet encuentra esta afirmación realizada por una entidad tan seria e ilustrada y si incluso puede tener efectos de profecía autocumplida. Es decir, que la propia persona tienda a dramatizar aún más su situación personal. Una situación acompañada de una tendencia al autocastigo y flagelación provocada por los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que solo pueden justificarse desde un plano cultural y social.

En este sentido sería muy interesante indagar cómo llegan estos autores a esta conclusión tan difícil de comprobar como descarnada y desesperanzadora. El dolor no deja de ser subjetivo y no solo responde a las características de la causa, en este caso la muerte por suicidio, sino a variables de carácter individual o las relacionadas con el tabú y al estigma y que son de naturaleza evitable.

Dicha dramatización, enlaza, con el sentimiento de desesperanza al que muchas personas supervivientes se enfrentan en las primeras etapas del duelo. Éstas se materializan en expresiones tipo «nunca volveré a ser feliz» muy parecidas a las que sintieron sus familiares antes de acabar con sus vidas. Este tipo de expresiones son tan falsas como premonitorias. El concepto de felicidad es engañoso y esquivo. Y la expresión idealiza el pasado y ennegrece el futuro a partes iguales de forma artificial y peligrosa, como un guión predeterminado de lo que sucederá de forma obligada. Describe una situación, donde se presupone de forma poco realista, que antes del suicidio del ser querido se era feliz y que jamás se recuperará este supuesto estado de plenitud.

Prefiero conceptualizarlo de otra forma. Y lo defino como «volver a conseguir la mejor versión de uno mismo». Diferente, pero mejorada. Con cicatrices pero transitando el camino con paso firme para recuperar de nuevo el sentido de la vida. Lo que te define como persona no es el número de caídas, sino las veces que seas capaz de levantarte. Nadie elige las circunstancias de su vida, pero si elige la forma de afrontarlas.

El duelo o proceso de «echar de menos»

Lo que caracteriza las experiencias de duelo indiferentemente a la causa que los provoca, es el vacío de echar de menos al ser querido. Solomon y Corbitt crearon la teoría del proceso oponente que intentaba explicar el duelo como un proceso de homeostasis. Este modelo que ha sido utilizado frecuentemente para explicar situaciones de diferente naturaleza explicaba la reacción emocional tras la muerte y su intensidad en función de las características de la relación previa y las emociones que se daban y no tan relacionadas a la causa de la muerte. Quizás sea un buen modelo para conceptualizar el duelo por suicidio de forma desapasionada.

Teniendo en cuenta las características propias de la muerte por suicidio que pueden ser de especial virulencia, nos inclinamos más por pensar que lo que hace especialmente duro esta causa de mortalidad tiene un importante contexto social marcado por la incomprensión y el estigma.

La desesperanza como constructo social

Tomemos como ejemplo, de nuevo a la desesperanza. Esta emoción está marcada por el guión cultural y social. Me recuerda a la fábula de «El elefante encadenado«. En este cuento filosófico una frágil cadena se convierte en la prisión del elefante que a pesar de poder partirla para ser libre se ve esclavo de sus propias creencias sobre la capacidad de la cadena para mantenerle atado.

No les voy a engañar. Cuando en los grupos de ayuda mutua a las que asisto como facilitador o cuando oigo a persona con conducta suicida narrar su historia me embriaga un dolor inconmensurable que me conecta a mi parte más humana. Quizás no te parezca una actitud muy profesional, pero en cierta forma siento como si la muerte de cada persona acaba en cierta forma con parte de la mía y como si cada sufrimiento fuera en parte mío. La narran con toda la solemnidad que da la gravedad del hecho y sin poder omitir cada detalle de lo vivido. Ojalá ninguna persona tuviera que pasar por ese trance.

Si nos centramos en los supervivientes, perder a una pareja, a un padre o una madre, a un hermano o aún peor a un hijo o hija en estas circunstancias provoca sin duda una de las más duras experiencias a nivel emocional, pero lo que no nos queda tan claro es cuál son las circunstancias que provocan la particular dureza de este duelo y si serían evitables si aprendemos a aproximarnos a él de otra forma menos hiriente.

La muerte es uno de los pocos hechos de los que podemos estar seguros. El suicidio, por mucho que nos duela, forman parte de nuestra naturaleza humana y de nuestros instintos más básicos aunque históricamente estas ideas se hayan intentado desterrar. Conceptualizarla como una conducta desviada, contra la naturaleza, tacharla de inmoral o penalizarla, muy lejos de evitarla, lo que consigue es perpetuarla. Esto solo tuvo sentido cuando la ignorancia sobre la conducta justificaban el uso estigma y el tabú como forma de control.

Las experiencias de duelo vienen a cambiarnos para siempre. Metafóricamente constituyen cicatrices que nos marcan. Pero, ¿qué diferencia una muerte por suicidio, de una por accidente laboral, por homicidio, por sobredosis de droga, producto de conducción temeraria u otras conductas de riesgo, por cáncer u otra enfermedad crónica…?

Inicio las reflexiones a través de este complejo fenómeno sabiendo que será poco probable responder de forma categórica y esperando se abran otras incógnitas que nos ayuden a entender mejor esta causa de mortalidad.

El suicidio como un ¿ejercicio de libertad?

La mayoría de las causas de muerte, aparentemente no necesitan de nuestra acción para existir (¿O sí?). Sin embargo, la conducta suicida se ve ligada en muchas ocasiones con la libertad supuesta que cada uno tiene para dar fin a su propia vida.

Algunos falsos filósofos que dan veracidad al dicho «la ignorancia es osada» dan rienda suelta a su ejercicio literario para reivindicar la libertad asociada al suicidio. Una supuesta libertad que contradice la definición del término de Aristóteles. Para este filósofo griego la libertad personal conlleva:

  • Una posibilidad de elegir.
  • Una disposición de elementos de juicio que conduzcan a la elección.
  • La posesión del conocimiento de los componentes de esos elementos de juicio.
  • La inteligencia adecuada para valorarlos debidamente y discernir acerca de la conveniencia de la elección.

Existe evidencia de que muchas personas que tienen intentos de suicidio con resultado de muerte están afectados por el fenómeno de la «visión en túnel» provocado por la ansiedad y el estrés que condiciona la atención a la percepción exclusiva de los estímulos más negativos de la situación. Cuando esta situación se da, nubla el juicio lo que es contradictorio a la toma de decisiones en libertad.

El suicidio, ¿la muerte inexplicable?

Es frecuente entre las personas supervivientes rumiar una y otra vez detrás de las circunstancias que acompañaron el hecho. En cierta forma esta actividad se sostiene como una espada de Damocles sobre sus cabezas y lleva a a hacer juicios sobre el grado de responsabilidad propia y de otros sobre lo ocurrido. Esto se convierte en una actividad cotidiana de búsqueda de una explicación causal. Es un hábito que en muchos casos puede perder intensidad en el tiempo, pero que se mantiene y vuelve de forma esporádica.

La persona superviviente hace una especie de autopsia psicológica informal para reconstruir la situación de la muerte y construir un relato que le permita justificar el hecho. En este sentido la autopsia del forense, las notas de suicidio, los comentarios en el recuerdo, los móviles y ordenadores personales se convierten en fuentes para extraer información y construir una narrativa que dé sentido a la muerte de su ser querido.

Muy probablemente el suicidio tiene una explicación tan fácil o compleja como cualquier otra causa de muerte. La ignorancia sobre el fenómeno la hace sin embargo entender como una conducta antinatural por la idea equivocada de que la única motivación esencial es el instinto de vida. Esto tampoco explicaría muchas conductas de riesgo de los seres humanos, ni el tabaquismo ni el consumo de drogas ni por otro lado conductas altruistas donde una persona pone en riesgo su propia vida para salvar la de otras o beneficiar a su «tribu o familia«.

Suicidio, ¿la muerte evitable?: La paradoja en la prevención del suicidio

Otra de las preocupaciones que centra la atención de las personas supervivientes son los que se han denominado los «Y si…». Construimos una falsa idea de control y seguridad sobre nuestras propias vidas como mecanismo de defensa para afrontar la imprevisibilidad de la vida. Como si realmente tuviéramos capacidad de controlar lo que ocurre a nuestro alrededor.

Porque efectivamente el suicidio es prevenible, pero cuando nos referimos a esta cualidad del fenómeno no nos referimos a que una sola persona pueda cambiar la determinación de otra para acabar con su vida, sino a la necesidad de cambiar nuestra sociedad reforzando los valores comunitarios de cooperación y empatía para hacer un mundo más justo y para que las personas con problemas puedan encontrar ayuda para solucionarlos.

Suicidio como síntoma de una ¿debilidad personal?

Cuando por una u otra circunstancia he escuchado de alguien la idea de suicidarse o el relato de algún intento previo, siempre me invade la idea de que el mundo será peor si esa persona acaba terminando con su vida finalmente.

Sin embargo, es frecuente que nuestra sociedad se plantee el suicidio como un problema de gente frágil, con incapacidad de afrontar sus propios problemas, como una deficiencia personal que los hace «diferentes» y no como un problema social. De esta forma, por una parte estamos «nosotros», la gente «normal» y por otro «ellos», los suicidas (personas manipuladoras, débiles mentales, frágiles, incapacitadas o incluso cobardes). Una manera muy propia del ser humano y de la sociedad de ocultar sus trapos sucios y esconder el polvo debajo de las alfombras atribuyendo lo «malo» a los «otros».

El hecho de que las tasas sean diferentes en diferentes entornos culturales que influyen incluso en la elección de los métodos más usados en el suicidio quizás nos lleva a recalcar de nuevo que el suicidio es de facto un hecho social. Y que cada vez que muere una persona por suicidio, muere también una parte importante de la tribu. Cada suicidio es un fracaso social, del grupo, ajeno a que la fuerza de una cadena está limitada al del más frágil de sus eslabones. Esto puede verse reforzado si nos acercamos al hecho suicida como un acto de comunicación.

El relato vital: construye una realidad adaptativa

Albert Camus, en el «Mito de Sísifo» nos decía:  «Nada es una tragedia hasta que el héroe es consciente de su circunstancia».   Pero dicha circunstancia quizás no sea tan fácil de aprehender como realidad objetiva y sea meramente una construcción mental que cada persona construye para dar cierta consistencia a esta vida. En consecuencia no sería tanto la circunstancia sino nuestra forma de elaborarla y narrarla la responsable de darle categoría de drama y la intensidad de este.

Llevo escuchando los relatos de otras vidas los últimos 25 años. De hecho yo tengo el mío propio. Si te pido que me cuentes el tuyo y accedes, tu cerebro recopilará una serie de circunstancias, les dará un orden concreto y la narrará con un sentido único. La historia no solo retratará lo que te ha ocurrido sino que lo hará de una forma concreta que dice también cómo eres y que habla de tu personalidad más allá de hechos concretos. Seleccionarás las escenas entre miles de las que viviste y la construcción no solo será tu propia creación sino que también podrá determinar también tu futuro. No olvides que no es la única forma que hay de elaborar este relato y que si este no te ayuda a encontrar la esquiva felicidad, debes aprender a hacerlo de una forma diferente que sin negar tu realidad, te proporcione herramientas nuevas para afrontarla.

De esta forma, tanto la realidad de una persona que afronta ideas suicidas como el trabajo del duelo por suicidio, supondría un viaje al encuentro de un relato vital donde tus vivencias lleguen a tener un sentido y tengas la oportunidad de afrontar de forma adecuada los obstáculos que te imponga la vida. Recuerda que la vida no tiene memoria y que te da a tus seres queridos como una oportunidad y te los quita sin preguntar antes. Nadie te pertenece.

La herejía: desmitificación de la muerte por suicidio.

Hablar del suicidio, desdramatizarlo y desmitificarlo como una muerte especial puede parecer una especie de herejía entre los profesionales que nos dedicamos de forma continua a remarcar la gravedad de la situación. No es una causa de muerte especial. De hecho ninguna lo es sobre el resto. La muerte, muerte es y si bien las circunstancias que la rodean pueden ser diferentes y aumentar el sufrimiento, todas son iguales en cuanto que nos separan de un ser querido.

Para profesionales que nos dedicamos a dar visibilidad a esta causa de muerte, uno de los problemas claves de la salud pública de nuestro mundo, puede parecer paradójico llegar a la conclusión de que prevenir el suicidio pasa por considerarlo como una causa más de mortalidad, con sus características propias, pero cuyo dolor esté exclusivamente provocado por la pérdida del ser querido y no por los vestigios de tabú y estigma de los que históricamente ha venido acompañado.

Se trata, por tanto, de dar visibilidad sin aumentar la dramatización que acompaña a la que es la principal causa de mortalidad externa en España, causante, si nos atenemos a las estadísticas oficiales, 10 muertes cada día de media.

Un tabú que aún hoy obliga a las familias al uso de eufemismos para referirse al «suicidio», para huir de la vergüenza y la culpa a la que aún condena la sociedad a las personas suicidas y a sus seres queridos. Un tabú que parece protegernos de nombrarlo para no atraerlo, desde un sentido atávico de atraer los males que nombramos por su NOMBRE. Una tarea importante para afrontar un problema es darle identidad y eso solo puede conseguirse llamando a las cosas por su nombre: SUICIDIO y darle su dimensión concreta para encontrar soluciones eficaces.

Dedicado a todas las personas que día a día me recuerdan lo que ignoro, porque ellas me hacen mejor persona.

Más de 50 candidaturas se presentan a la primera edición del premio #PeriodismoResponsable

Tiempo de lectura: 6 minutos

La Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención del Suicidio ‘Papageno y la Asociación de Familiares y Amigos Supervivientes por Suicidio de las Islas Baleares (AFASIB) han cerrado con éxito la convocatoria de la primera edición del premio #PeriodismoResponsable. Una variada lista con más de 50 candidaturas si sumamos ambas categorías optarán a hacerse con los galardones, que tienen como objetivo principal distinguir a los mejores trabajos que visibilizan la problemática del suicidio y ayudan a salvar vidas.

El premio #PeriodismoResponsable busca servir de estímulo para los periodistas en la búsqueda de un cambio de actitud en las redacciones, alejado del miedo al efecto contagio y centrado en informar del suicidio con responsabilidad. Con el propósito de recompensar la originalidad, la sensibilidad o la inclusión de datos, señales de alerta y recursos de ayuda para visibilizar el suicidio, Papageno y AFASIB han organizado esta iniciativa pionera dividida en dos categorías.

Para la categoría nacional, abierta a los trabajos publicados en castellano en medios de comunicación españoles en soporte de papel, digital, radiofónico o en televisión, optarán a ganar la primera edición del premio un total de 49 trabajos. Periodistas de medios tradicionales como EL PAÍS, La Vanguardia o EL MUNDO, regionales como La Voz de Galicia, La Nueva España, La Opinión de Murcia o La Voz del Sur, junto a nativos digitales como El Confidencial, NIUS Diario, eldiario.es o EL ESPAÑOL, configuran una lista amplia y variada de trabajos que han abordado con responsabilidad el suicidio.

Por otro lado, siete trabajos se han presentado en la categoría local, reservada a las piezas periodísticas publicadas en medios de comunicación de las Islas Baleares. El siguiente paso, ahora que ha concluido el plazo de admisión, corresponde al jurado. Formado por Nicole Haber Eterovich, responsable del Observatorio del Suicidio del Servicio Público de Salud de las Islas Baleares; Gabriel González Ortiz, periodista del Diario de Navarra y autor del libro Hablemos del suicidio. Pautas y reflexiones para abordar este problema en los medios; María de Quesada Herrero, periodista y autora del libro La Niña Amarilla; y Olga Fernández Castro, periodista especializada en salud, evaluarán todos los trabajos y elegirán a las mejores candidaturas.

Los ganadores recibirán un premio económico de 250 euros, junto a un diploma conmemorativo y el libro Hablemos del suicidio, de Gabriel González Ortiz, o La Niña Amarilla, de María de Quesada Herrero. Cada categoría otorgará dos accésit, que recibirán un diploma. Los ganadores de ambos premios se conocerán durante la I Jornada de Prevención y Postvención del Suicidio, que se celebrará el viernes 10 de septiembre de 2021 en el CaixaForum de Palma de Mallorca, coincidiendo con el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En este evento, que podrá seguirse de forma presencial y será retransmitido en streaming, se abordará con todo detalle la compleja relación del suicidio con los medios de comunicación.

Debido a las restricciones de aforo impuestas por la pandemia, se solicita a aquellos candidatos que quieran asistir de forma presencial al CaixaForum de Palma de Mallorca que se pongan en contacto con la dirección del premio.

«La prevención del suicidio requiere de una respuesta coordinada de todas las fuerzas sociales donde los medios de comunicación juegan un papel clave. Por ello, valoramos positivamente la participación de todos los trabajos presentados«, afirma Daniel López, presidente de Papageno. «Desde las asociaciones de personas en duelo por suicidio somos especialmente sensibles a los contenidos publicados en los medios. Por ello, nos emociona la implicación de tantas personas en el premio», detalla Xisca Morell, presidenta de AFASIB. Ambos esperan que esto suponga el pistoletazo de salida para abrir otros canales de participación conjunta.

Las siguientes entidades colaboran en la primera edición de este premio: Sindicat de Periodistes de les Illes Balears (SPIB), Col·legi Oficial de Psicologia de les Illes Balears (COPIB), Obra Social laCaixa, Teléfono de la Esperanza de Islas Baleares, la Oficina de Salut Mental de les Illes Balears, 3 Salut Mental, Teléfono de la Esperanza de Sevilla, Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) y la Asociación En Primera Persona.

Candidaturas presentadas al premio Nacional

Candidaturas presentadas al premio Local

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