Manual de Sanidad sobre el suicidio para periodistas: necesario, pero con carencias

Guillermo Córdoba SantosAutor: Guillermo Córdoba Santos Twitter: @GuilleCordoba97 

El pasado viernes 17 de julio, el Ministerio de Sanidad publicó en su página web un manual con el título ‘Recomendaciones para el tratamiento del suicidio por los medios de comunicación’. El documento, elaborado a partir de la positiva sinergia entre diversas instituciones, busca orientar a los periodistas en la complicada tarea de informar sobre el suicidio. Algo que, tengamos claro, siempre será difícil hacer: lo era antes, lo es ahora y lo será en el futuro

Leído el manual, que cuenta además con una amplia bibliografía, he querido escribir y reflexionar sobre los conocimientos que transmite y sobre los que no aparecen. Un análisis donde aportaré recomendaciones y comentarios para mejorar dicho manual, algo que podría ayudar a comprender mejor un grave problema de salud pública por el que pierden la vida más de 3.000 personas cada año en España, siempre según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística.

Terminadas las presentaciones, es turno de comenzar. Os animo a acompañarme y, sobre todo, aportar vuestra visión en los comentarios. Vamos a por ello.

En primer lugar, me ha gustado mucho la sinergia entre diversas organizaciones (periodistas, policías, bomberos, psicólogos, supervivientes de suicidio…) para crear dicha guía. Esa colaboración es positiva para que todos aporten sus conocimientos y ayuden a los periodistas a hacer un correcto tratamiento del suicidio. 

En segundo lugar, el manual cuenta con abundantes datos y un contexto necesario: antecedentes, mitos o cifras para comprender un urgente problema de salud pública que pasa desapercibido en la sociedad de la información. Pero, por otro lado, me ha faltado la aportación de varios gráficos para comprobar la escasa variación de las cifras en el siglo XXI, y otro donde se podrían comparan las muertes por suicidio con las de accidentes de tráfico o violencia machista. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en este caso este tipo de gráficos ayudarían a la comprensión.

En tercer lugar, una de las carencias del manual es la nula explicación sobre qué es el efecto Werther. Por mi experiencia y contacto con los periodistas, sé que una frase habitual entre el gremio es “hablar del suicidio provoca un efecto contagio”. Pero, ¿saben qué es eso o se quedan en el mero titular? Habría que explicarles la historia de «Las desventuras del joven Werther» o el estudio que el sociólogo David Phillips publicó en 1974. Y, por supuesto, enseñarles ejemplos del incremento de los suicidios cuando se informa mal sobre ellos (sobre todo en el caso de los famosos) les ayudaría a comprender mejor el problema y tomar más precauciones. O, mejor dicho, saber por qué deben seguir las recomendaciones del manual

Por el contrario, se explica con más detalle el origen del efecto Papageno con la ópera de Mozart. Hay un párrafo con una comparativa Werther-Papageno que me ha encantado. Lo podéis encontrar en la cuarta página del manual.

Los medios de comunicación pueden tener una influencia en la conducta suicida de la población que puede ser tanto perjudicial como preventiva, según cuáles sean las características y el tratamiento de la información elaborada”.

Desde hace décadas, la inmensa mayoría de los periodistas tenían una idea sobre el suicidio: el efecto contagio. La frase de ahí arriba, junto con el manual, amplía su perspectiva sobre este problema. Probablemente exagere, pero me ha recordado a Colón descubriendo América. Si ese manual llega más lejos que las pautas que la Organización Mundial de la Salud distribuyó en el año 2000, el gremio periodístico podrá descubrir un nuevo mundo. Existe un continente casi desconocido donde los periodistas pueden hablar del suicidio y, lo más importante, si lo hacen bien pueden salvar vidas. El continente no se llama América: se llama Papageno.

Para terminar, dejo otro párrafo del manual que me ha gustado (página 7).

El tabú ante el suicidio debe ser superado en los medios de comunicación a la vez que el tratamiento de las noticias sobre suicidios debe cumplir determinados criterios, que deben ser claros y consensuados con los y las profesionales de los medios para evitar el efecto contagio (“efecto Werther”) pero potenciar el efecto preventivo (“efecto Papageno”)”.

Recomendaciones

Entrando en las recomendaciones, paso a comentar las más destacadas: 

En el titular, no use la palabra “suicidio”, ni concrete el método y lugar (los métodos y los lugares se imitan)”

Esta recomendación, quizá la más importante, está bien escrita y bien explicada. Los periodistas se preguntarán: ¿Por qué no contamos cómo se ha suicidado X famoso? Porque puedes provocar más víctimas. Pero aquí vuelvo al punto del efecto Werther: faltan ejemplos y son fundamentales.

No publicar las notas de suicidio o las fotos dramáticas (por ejemplo, fotos de la persona en cornisas o similares, o de los instrumentos utilizados)”. 

Este es un error habitual de las noticias o reportajes actuales sobre suicidio, ya que el periodista no sabe con qué imagen acompañar la pieza periodística. A veces, por costumbre o por error, lo hace de forma indebida, con una persona en un lugar elevado o con unas pastillas dispersas. Eso hay que evitarlo.

Resaltar las alternativas al suicidio”. 

Aunque se ofrecen recursos, quizá habría que haberlos personalizado según la pieza (si es una noticia sobre un suicidio podría acompañarse de unos recursos, y si es un reportaje sobre los supervivientes de otros). También hay que procurar que el  manual se actualice cada cierto tiempo (cada seis meses o cada año), sobre todo para cuando se ponga en marcha ese teléfono de tres cifras tan deseado.

Tenga especial cautela cuando informe sobre suicidios de personas famosas”. 

Esta es, sin ninguna duda, la recomendación más importante del manual, ya que un alto porcentaje de las piezas periodísticas (sobre todo las noticias) son sobre un famoso que se ha suicidado. También se suele escribir sobre el aniversario de un suicidio, aunque en este caso la pieza se acercaría más a un reportaje. Es clave que este punto quede claro desde un principio, ya que numerosos estudios afirman que el efecto contagio es mayor cuando se informa mal sobre el suicidio de una persona famosa

También hay que tener en cuenta un par de detalles fundamentales. En primer lugar, el suicidio de una persona famosa puede ocurrir en cualquier parte del mundo, pero la información no siempre la escribe un periodista que vive en España. Me sirvo de un ejemplo para explicarlo. A finales de marzo, los medios informaron del suicidio de Thomas Schäfer, ministro de Finanzas del estado alemán de Hesse. Varios medios como EL MUNDO o El Periódico publicaron la triste noticia a partir de un teletipo de la Agencia EFE… escrito en Berlín. Tanto en el teletipo como en la noticia de ambos medios se incluía el método. En este enlace podéis encontrar la de EL MUNDO.

Sigo con el ejemplo de Schäfer para analizar la noticia publicada por la corresponsal de ABC en Berlín, Rosalía Sánchez. Cito textualmente: “Su cuerpo fue encontrado el sábado junto a las vías del tren. El ministro regional de Finanzas de Hesse, Thomas Schaefer, de 54 años, casado y con dos hijos, dejó una carta de suicidio”. El error, doble, está claro: método y nota. Conocido esto, ¿cuál sería el objetivo? No olvidarse de formar a los corresponsales de los medios españoles por todo el mundo. Y, si esto no tiene resultado, olvidarse de copiar y pegar ese teletipo que ha llegado de Berlín y modificar la noticia eliminando los detalles (método y nota en este caso) y añadiendo los recursos de prevención disponibles en España.

Sea cuidadoso en los contenidos, también en situaciones de presiones por tiempo”.

Esta situación es importante, ya que publicar el contenido antes que la competencia puede llevar al periodista al error. Es fundamental crear una conciencia para que tanto el periodista como su jefe den más tiempo, ya que una pieza sobre suicidio no se escribe en cinco minutos. Y menos si no se ha recibido la formación adecuada, claro. Este punto está relacionado con el anterior, ya que copiar y pegar un teletipo no lleva el mismo tiempo que leerlo con detenimiento y modificar lo necesario. Toca insistir en una idea de la introducción: hablar del suicidio siempre será difícil. 

Escriba siempre el artículo o elabore la pieza informativa con sensibilidad, pensando que uno de los seres queridos que ha sufrido la pérdida, lo va a leer y cómo se puede sentir”. 

Algo parecido a lo que comentaba antes: hay que convencer al periodista de que se puede hablar del suicidio, y que si lo hacemos bien se pueden salvar vidas.

Siguiendo con las recomendaciones, en la página 12 aparece un apartado titulado ‘Características que debe reunir la información en prensa’, que está cogido del plan de prevención de Navarra. Si vamos al primer punto, leemos lo siguiente:

Evitar explícitamente los detalles sobre el método de suicidio»:

Características que debe reunir la información en prensa. En ‘Recomendaciones para el tratamiento del suicidio por los medios de comunicación’ (página 12).

► P. ej. Se puede hacer referencia a una sobredosis, pero no al tipo y número de pastillas.

► P. ej. Decir que alguien se ha ahorcado es mejor que decir que alguien se ha ahorcado en su habitación usando su camiseta de fútbol”.

Pero… ¿No habíamos quedado en que no había que informar del método porque se imita? Este punto puede generar dudas en el periodista, ya que anteriormente ha leído que “no debe concretar el método ni el lugar” y ahora ve que puede contar que una persona ha muerto por sobredosis o que se ha ahorcado, pero no detallar con qué pastillas o prenda lo ha hecho. El periodista no puede dudar, y menos aquí. Que quede claro: no hay que contar ni detallar el método.

Esto me recuerda al manual de estilo de RTVE, que incluye un apartado sobre el tratamiento del suicidio. Leamos lo que dice este manual sobre el método.

La responsabilidad debe implicar, entre otros aspectos, considerar los sentimientos de los parientes, evitar la descripción detallada del método de suicidio adoptado y tener en cuenta la sensibilidad del público receptor. Aunque pueda resultar relevante indicar cómo murió una persona, proporcionar demasiados detalles podría estimular a otras personas a probar esos métodos”.

El manual, aprobado por el Consejo de Administración en 2010, me deja a medias. Pide “evitar la descripción detallada” y “no proporcionar demasiados detalles”, pero no deja claro si hay que contar o no el método. Si vamos a la parte práctica, que en este caso aporta más que la teórica, podemos encontrar varios malos ejemplos donde periodistas de RTVE no cumplen con las directrices. A pesar de ello, hay que decir que RTVE es el grupo que más reportajes ha hecho sobre la prevención del suicidio. Vamos con los malos ejemplos.

Agosto de 2014. Suicidio del actor Robin Williams.

Titular: “La policía confirma el suicidio de Robin Williams”.

En el cuerpo de la noticia leemos lo siguiente.

La investigación preliminar sobre la muerte de Robin Williams ha determinado, según han informado las autoridades del condado de Marin (California), que el actor se ahorcó con un cinturón en su dormitorio. El actor, de 63 años, se habría quitado la vida sin dejar una nota de suicidio, según ha declarado Keith Boyd, policía del condado”.

Recomiendo también ver el vídeo para escuchar las palabras de Almudena Ariza.

La policía ha dado una rueda de prensa y ha confirmado que la muerte de Robin Williams fue un suicidio, se ahorcó con un cinturón y se cortó una de las muñecas”.

Abril de 2019: Suicidio de Alan García, expresidente de Perú. 

Titular: Muere el expresidente peruano Alan García tras dispararse cuando iba a ser detenido por supuesta corrupción”.

En el cuerpo de la noticia leemos lo siguiente: 

El ministro del Interior, Carlos Morán, ha informado que cuando la policía llegó a casa de García para arrestarlo, el expresidente dijo que necesitaba llamar a su abogado. Después, entró en su habitación y cerró la puerta. A los pocos minutos se escuchó un disparo de arma de fuego, la policía entró por la fuerza en la habitación y encontró a García sentado con una herida en la cabeza», ha añadido Morán”.

Hay que decir que, días después, la cadena pública informó de que García había dejado una nota de suicidio. La nota fue leída en público por su hija y en la noticia se incluía, de nuevo, el método utilizado por el expresidente de Perú.

Enero de 2020. Asesinato por violencia machista + suicidio.

Titular: “Un hombre mata a su pareja en Puertollano, Ciudad Real”.

En el cuerpo de la noticia leemos lo siguiente:

La Policía que investiga la muerte de dos personas en su domicilio de Puertollano (Ciudad Real) por disparos de arma de fuego ha señalado que los indicios apuntan a que el hombre disparó a la mujer, que era su pareja sentimental, y posteriormente se suicidó con el mismo arma, y se ha descartado por el momento la intervención de terceras personas”.

Volviendo al manual del Ministerio de Sanidad, echo de menos una mención o una recomendación al libro Hablemos del suicidio de Gabriel González. De hecho, este libro no aparece ni en la bibliografía, cuando es probablemente la mejor fuente de información sobre este tema en español, y no solo desde la perspectiva periodística. Siguiendo con el libro de González, en el manual falta algo fundamental: ¿cuándo un suicidio es noticia? No aparece por ningún lado y es una carencia total.

 

Conclusiones

  • El manual publicado por el Ministerio de Sanidad cumple, tanto en extensión como en el formato, con una buena guía de recomendaciones para el gremio periodístico. La necesaria sinergia entre organizaciones, la aportación de datos y contexto, el descubrimiento del efecto Papageno o cómo desmiente un buen número de mitos. A pesar de las carencias, que existen y en mi opinión son importantes, es un buen primer paso para comenzar a trabajar.
  • Adecuar el libro de estilo de los medios de comunicación sería un paso de gigante para fomentar la prevención. Se podría empezar con los que cita la guía (EL PAÍS y EL MUNDO), ya que son los más conocidos y podrían generar un efecto rebote sobre el resto. Hay que pensar que los estudiantes de Periodismo pueden guiarse a partir de los libros de estilo y, si están actualizados, llegarán a las redacciones con otra imagen sobre el suicidio.
  • Formar a las agencias de noticias (Europa Press, Agencia EFE o Servimedia) sería otro gran paso para crear un efecto de prevención. Si una agencia no sabe cómo tratar el suicidio e informa mal sobre ello, habrá medios de comunicación que copien-peguen esa información y, cómo no, también informen mal. Creo que el ejemplo del Schäfer comentado por ahí arriba ilustra bien esta necesidad.
  • Me preocupa no saber cada cuánto tiempo va a compartir el Ministerio estas normas con los periodistas. No vale con dejarlas ahí y compartirlas una vez. Hay que hacerlo, como mínimo, una vez al mes y sobre todo al principio, para que el periodista tenga claro que, si alguien insiste tanto, será porque es importante.
  • Relacionado con el punto anterior, también hay que realizar un seguimiento de las noticias. Voy con otro ejemplo. Si dentro de un mes se suicida un famoso y los medios cuentan todos los detalles, algo habría que corregir. Para que eso no pase, debe crearse lo antes posible un grupo de trabajo que analice a diario las piezas publicadas sobre el suicidio y ayude a los periodistas en su correcto tratamiento. Quizá llegue con el esperado pero todavía invisible Plan Nacional de Prevención. Pero cuanto antes se ponga en marcha, mejor. 
  • Otro punto negativo es el momento en el que se ha publicado la guía. La vida nos ha puesto en una coyuntura en la que el coronavirus ocupa casi toda la agenda y, por desgracia, el manual no va a tener tanto protagonismo como desearíamos todas las personas que trabajamos en la prevención del suicidio. Una rueda de prensa del ministro Illa con los principales agentes que han trabajado en la guía sería una buena noticia para que tuviera más relevancia y llegar de lleno a la sociedad, no solo al periodista.

Queda muchísimo trabajo por hacer. La publicación del manual del Ministerio nos puede ilusionar como un amor de verano, pero la historia nos dice que la existencia de unas recomendaciones sobre cómo informar del suicidio no garantizan su cumplimiento. Después de perder una oportunidad de oro en el año 2000 con las recomendaciones de la OMS (o incluso decenas con el abundante número de pautas publicadas desde entonces), no podemos perder otro tren. Llegar tarde otra vez sería imperdonable

Formar bien a los periodistas bajo el paraguas de un Plan Nacional de Prevención es posible. Y no solo a los periodistas, sino a los estudiantes que acuden a las facultades a estudiar Periodismo. Si les formamos a ellos, ganaremos tiempo, ya que llegarán a la redacción con una idea diferente que las promociones anteriores. Hacen falta tiempo, ganas y querer hacerlo. El recurso está ahí, ya ha terminado la parte más fácil. Es el momento de ir a por la parte más difícil del puzzle: enseñar, ayudar y convencer a los periodistas de que hablar bien del suicidio salva vidas

Habrá que trabajar para conseguirlo.

Alcohol y Suicidio desde la perspectiva estadística

Alcohol y suicidio

 

 

Autor: Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

 

 

Introducción: consumo de alcohol, cirrosis y suicidio

No hace mucho reflexionaba en este mismo blog sobre las diferentes tasas de suicidio entre dos Regiones de España aparentemente similares: Asturias y Cantabria.

Buscando peculiaridades sociogeográficas en ambas regiones que lo explicaran, encontré en el Atlas Nacional de Mortalidad en España (ANDEES) una característica de salud que señala un comportamiento distinto entre ambas: el nivel de fallecidos por cirrosis.

 


(https://medea3.shinyapps.io/atlas_nacional/)

 

Existe una fuerte relación entre el consumo excesivo de alcohol y las enfermedades hepáticas crónicas. De hecho, han dado lugar a un cuadro clínico específico: la cirrosis hepática del alcohol. También hay bastante consenso científico en que el alcohol es una conducta asociada al fallecimiento autoinfligido, como también hay consenso entre el par depresión/suicidio como ya adelantaba en su entrada: Alcohol y suicidio, la pareja letal

Se podría escribir mucho sobre hábitos de consumo de alcohol en España y extraer información relevante a varios niveles con la información allí disponible: frecuencias de consumo, de consumo intensivo, borracheras, bingedrinking, etc. Invito a expertos y a profesionales sanitarios, psicólogos o sociólogos a que estudien este tema en profundidad, puesto que los hábitos de consumo de alcohol están íntimamente relacionados con muchas conductas suicidas.

Con mis limitadas posibilidades quiero centrar la presente exposición en un solo eje: Relación entre consumo de alcohol, depresión y fallecimiento por lesiones autoinfligidas.

 

Alcohol y género

Convendrán conmigo que hay algo que distingue con claridad una dolencia alcohólica de un cuadro depresivo: los efectos orgánicos del abuso del alcohol y el agravamiento de otras enfermedades. Y esas consecuencias, matan. Eso sin olvidar el elevado coste en accidentes de tráfico o en actos violentos. La OMS estima que son más de 3 millones de muertes las que ocasiona el alcohol cada año en todo el mundo.

Recordarán l@s más veteran@s aquel anuncio, en los años 60/70, de un brandi cuyo eslogan era: “Es cosa de hombres”. Pues resulta que aquel prototipo del machismo debió calar (mucho) y el consumo excesivo de alcohol en España hace honor a aquella publicidad aún hoy en día. El alcoholismo sigue siendo cosa de hombres. Como consecuencia, también lo son las enfermedades crónicas del hígado y las muertes que provoca por diferentes medios.

 

No es posible establecer en este trabajo si el fruto envenenado de este “modelo de masculinidad” asociado al consumo de alcohol es suficiente para explicar los cuadros depresivos y las conductas suicidas, pero si creo posible valorar si el deterioro físico y mental resultado de consumo crónico, puede ser un factor de riesgo para el suicidio.

 

Método

Animado por los resultados obtenidos a partir de las series de datos de Andees, intenté localizar otras fuentes sobre consumo de alcohol, asistencias sanitarias provocadas por alto consumo de alcohol, fallecidos por cirrosis alcohólica y prevalencias de cuadros depresivos que apoyaran esos datos. Además de las ya conocidas sobre fallecidos por causa de la muerte que se pueden obtener de Sanidad y del INE, he tenido en cuenta datos sobre ingresos hospitalarios clasificados por el diagnóstico principal. Aparte, he recopilado los resultados de las encuestas de salud que se publican en ambas webs (Encuesta Europea de Salud del INE y Encuesta Española de Salud del Ministerio de Sanidad).

Encontré datos sobre fallecidos por cirrosis alcohólica en la web de Sanidad (codificado CIE-10 “K70”), discriminando por Comunidades Autónomas, género y grupos de edad (15-64 años) entre 1999/2018. De la misma fuente obtuve los datos de fallecidos por lesiones autoinfligidas (codificado CIE-10 “X60-X84).

El propio Ministerio de Sanidad ofrece datos sobre ingresos hospitalarios con motivos Trastornos mentales y del comportamiento debidos al uso de alcohol” (CIE-9 ”660”), por “Enfermedad alcohólica del hígado” (CIE-9 “571”) y “Cuadros depresivos” (CIE-9 “296”, “300” y “311”), en el periodo 1997/2015 desglosados también por CCAAs, género y edad.

Los datos pueden también obtenerse del INE a través de su portal estadístico.

La misma web de Sanidad nos ofrece una larga batería de datos sobre modos de consumo de alcohol recogidos en el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad y en el INE obtenidos mediante encuestas (Encuesta EDADES del PND y Encuesta Europea de Salud y prevalencias sobre cuadros depresivos en el INE (Encuesta Nacional de Salud).

Con los datos detallados por año, Comunidad Autónoma, género y grupo de edad, obtuve una larga serie de tasas:

  • Fallecidos por cirrosis alcohólica por cada 100 mil habitantes.
  • Fallecidos por lesiones autoinfligidas por cada 100 mil habitantes.
  • Ingresos hospitalarios por trastornos mentales asociados al alcohol por cada mil personas asignadas.
  • Ingresos hospitalarios por cirrosis alcohólica por cada mil personas asignadas.
  • Ingresos hospitalarios por cuadros depresivos por cada mil personas asignadas.

Por otro lado, dispuse los resúmenes de dichas tasas para cotejarlas (por CCAA y género) con los datos disponibles de las encuestas sobre los modos de consumo de alcohol del Plan Nacional de Salud y Encuesta Europea de Salud, mediante correlaciones de Pearson. La falta de concordancia de los años de las encuestas y el periodo de los datos de las series largas nos obligan a considerar con reservas sus resultados.

Es necesario destacar que no he encontrado información detallada sobre prevalencias de consumo de alcohol o depresión más allá de las citadas encuestas. Los datos sobre ingresos o fallecimientos son “puntuales” en cada uno de los años analizados, lo que en estadística se denomina como incidencia. Este hecho no desvirtúa, en mi opinión los resultados, pues la incidencia de un problema de salud que, razonablemente, podemos suponer crónico o de larga duración nos indica directamente el nivel de implementación de la enfermedad, de forma asimilable a la prevalencia.

El plan de trabajo pretendía abordar un análisis descriptivo, mostrar esos datos mediante gráficas de barras de error y realizar cotejos sencillos mediante el coeficiente de correlación de Pearson, para determinar groseramente el nivel de relación entre las variables.

Las tasas de mortalidad que se expresan a edades avanzadas y la diversidad de sus causas nos invitan a dejar de lado el grupo de población de más de 65 años para tratar de simplificar el estudio.

Como enfermedad degenerativa, es raro encontrar muertes por cirrosis en edades tempranas. Pese a haber incluido en el estudio el grupo de edad “15 a 24 años”, solo se registran tres casos: Galicia en 2012, Navarra en 2007 y Asturias en 1999. Mi recomendación para quienes profundicen en el estudio es estrechar el límite de edad entre los 25 y los 65 años.

 

Resultados

Las series de datos de cada grupo de encuestas parecen concordar bien entre sí y, en menor medida, también con los series de las otras encuestas cuando analizan los diferentes patrones de consumo de alcohol. Ello es así incluso con las dificultadas intrínsecas del modelo de adquisición de la información y el número limitado de datos.

No hay una relación estrecha entre fallecidos por cirrosis del alcohol y los consumos expresados en las encuestas nacionales de salud.

  • Hay mejor relación entre cirrosis como causa de muerte y los consumos declarados en las encuestas europeas de salud.
  • Se observa que los cuadros de depresión menor y los cuadros severos de depresión moderada son los que más se asocian al consumo excesivo de alcohol.
  • La variable que mejor predice los ingresos hospitalarios, las muertes y los suicidios es la de personas que manifiestan no haber consumido alcohol en el último año (mediante correlación inversa).
  • Considerando las tasas de ingresos hospitalarios por trastornos mentales provocados por consumo de alcohol, dolencias orgánicas por abuso alcohólico, muertes por cirrosis alcohólica y muertes por suicidio, del periodo 1997/2018 segregando por CCAAs, sexo y grupos de edad obtenemos los siguientes resultados:

 

 

Existe una alta correlación entre los ingresos por dolencias somáticas y por trastornos mentales asociados al alcohol. También muy clara entre los ingresos hospitalarios y las muertes por cirrosis alcohólica. Es asimismo muy alta la correlación entre fallecidos por cirrosis y suicidio. En menor medida se corresponden ingresos hospitalarios por depresión con ingresos hospitalarios por enfermedad alcohólica. Curiosamente, no se evidencia a este nivel ningún tipo de relación entre depresión y muertes por problemas hepáticos o por lesiones autoinfligidas. Ojo, que no se muestre no significa que no exista. Recordemos la necesidad de explorar las capas que puedan enmascarar esa relación.

De hecho, con tan solo separar por géneros empezamos a visualizar signos de vinculación de la depresión con el alcohol y el suicidio.

Una característica reseñalable respecto al género es que los ingresos hospitalarios por cuadros depresivos es más alto para las mujeres que para los hombres, contrariamente a lo que ocurre con todos los demás conceptos.

Otra forma de ver hasta que punto se ajustan las variables suicidio y cirrosis es mediante la representación de la nube de puntos. Sirva de ejemplo la gráfica relativa a Hombres mayores de 25 años, de la que he excluído las Regiones menos pobladas (La Rioja, Ceuta y Melilla) para evitar la acumulación de valores 0 de la variable “Cirrosis”:

 

 

Cuando separamos por grupos de edad (además de por géneros), se siguen mostrando correlaciones, pero expresadas en niveles más bajos. Deduzco que se debe a la reducción en el número de datos que permiten aflorar la influencia del resto de variables que influyen en el suicidio y que se reflejan en la enorme variabilidad entre regiones.

De hecho, cuando despreciamos la capa “CCAAs” y agrupamos al global de España, los datos para el grupo de edad de 25 a 34 años muestra unas correlaciones muy elevadas para las variables Suicidio, Cirrosis, Ingresos por trastornos alcohólicos e Ingresos por dolencias alcohólicas.

 

 

Al expresarlo mediante barras de error comprobamos el comportamiento similar de las variables “muertes por cirrosis” y “muertes por suicidio”:

 

 

El caso de Asturias y Cantabria

Armados con nuevos datos, volvemos a encarar las diferencias en las tasas de suicidio entre regiones con el ejemplo de Asturias (color verde apagado) y Cantabria (color rojo).

De entrada, los fallecidos por cirrosis alcohólica compaginan bien con los de suicidio. Asturias se destaca como la Región con mayores tasas de cirrosis y la segunda por suicidios, mientras Cantabria se sitúa en niveles bajos de suicidios y en la zona media en cirrosis.

 

 

¿Pero ocurre igual con los demás parámetros?

En realidad no. La diferencia no es tan señalada para los ingresos hospitalarios por trastornos alcohólicos o por enfermedades hepáticas alcohólicas, aunque sí por ingresos por depresión.

 

 

Tan es así, que cuando estudiamos su comportamiento por género, en Cantabria las mujeres empiezan a destacarse por el alto número de ingresos por patologías relacionadas con el alcohol, superando a Asturias y rompiendo las conclusiones generales anteriores.

 

Dificultades metodológicas

Resulta complicado extraer conclusiones para determinar las bajas tasas de suicidio en Cantabria. No podemos entender las conductas autolíticas limitándonos a unos pocos parámetros estadísticos. Las motivaciones son tan complejas como los individuos y varían considerablemente de un municipio a otro. Hemos sido capaces de exponer razones que ayudan a explicar las altas tasas de Asturias. Ahora toca buscar cuales son las variables protectoras que hacen de Cantabria una región más amable con las pérdidas por suicidio. Me permito adelantar una hipótesis para los futuros investigadores: habrá que analizar las razones de que en Cantabria tengan unas tasas tan bajas de ingresos por depresión.

Los análisis matemáticos requieren su interpretación. Especialmente cuando tratamos de comparar variables físicas que no miden realidades idénticas.

Las encuestas de salud son muy interesantes para conocer los hábitos de consumo, pero su limitado número, la variabilidad de los términos en que se formulan las preguntas y disponer solo de los resúmenes de los informes, no facilitan su análisis estadístico ni relacionarlo con rotundidad con los fallecimientos por enfermedad hepática o suicidio.

Una encuesta, por bien realizada que esté y por muy alta que haya sido la muestra, está sometida a distorsiones por su carácter subjetivo. Más aún cuando se adentran en cuestiones íntimas, como la salud o nuestro comportamiento, con toda su carga de reproche social, culpa o auto censura que pueden inducirnos a ser condescendientes con nosotros mismos. Su análisis requiere un enfoque distinto al puramente matemático. Ni siquiera el dato objetivo de litros de alcohol consumidos reflejan la problemática asociada al abuso, al no considerar los patrones y usos sociales en su forma de consumirlo.

En cuanto a los datos sobre hospitalizaciones, y como señalaba al inicio, no es lo mismo disponer de una variable que señala fielmente el nivel de presencia de una enfermedad (prevalencia), que otras que muestren sucesos (hospitalizaciones) o aquellas que nos indiquen un resultado (fallecidos). Incluso así, las altas correlaciones encontradas refuerzan la asumida convicción de la relación entre alcohol/depresión/suicidio.

Aún con la directa relación causa/efecto que sabemos existe entre el abuso del alcohol y la cirrosis alcohólica, no cabía esperar un coeficiente de correlación perfecto en un cálculo que se basa en el cotejo dato a dato, pero que hemos visualizado cuando discriminamos por capas. Ello es debido a que al ceñirnos a determinadas variables (edad, género y región), no hemos tenido en cuenta la interacción con otros factores de riesgo y/o protectores, que acaban imponiendo su presencia al desaparecer las anteriores, especialmente cuando alcanzamos el nivel CCAA.

 

Conclusiones:

  1. Los datos globales confirman que el consumo patológico de alcohol es un factor de riesgo de primer orden para el suicidio (bien per se, como coadyuvante o como precipitador).
  2. Las correlaciones entre suicidio y patologías alcohólicas son especialmente elevadas para el grupo de edad entre los 25 y los 34 años.
  3. Se observa la firme relación alcohol/depresión y depresión/suicidio. Y aunque no sea posible establecer las direcciones de “causalidad” (por el método analítico empleado), todo apunta a que el motor principal en este juego de interdependencia pueda ser la conducta abusiva del alcohol.
  4. Existe un componente social del consumo excesivo de alcohol vinculado al género, pero también a patrones culturales en su forma de consumirlo que influye en el resto de conductas y cuadros patológicos.
  5. Los problemas psicológicos y orgánicos resultado del abuso del alcohol se acumulan con la edad y tienen su reflejo en el mayor número de ingresos hospitalarios, diagnósticos por depresión, en el nivel de fallecidos por cirrosis y en las tasas de suicidio.
  6. La complejidad y diversidad de las motivaciones suicidas hacen que cualquier elemento, como es en este caso el consumo de alcohol, sea solo uno más de los muchos factores de riesgo o protectores y no explica por sí solo el fenómeno en su conjunto.
  7. Que en base a las variables que hemos estudiado, y aunque se enfaden mis amigos asturianos, Asturias se asimila más a su vecina Galicia que a su vecina Cantabria.

 

Bibliografia alcohol y suicidio:

El tratamiento del suicidio de personas famosas en los medios de comunicación: de Kurt Cobain a Avicii

Tratamiento de los medios de comunicación de las noticias sobre suicidios

Artículo realizado por Guillermo Córdoba Santos, periodista colaborador de papageno.es

 

Introducción

El artículo analiza el tratamiento que hacen EL PAÍS y EL MUNDO del suicidio de cinco personas famosas. Comienza en el año 1994 con Kurt Cobain, y prosigue con Luis Ocaña, Tony Scott y Robin Williams para acabar en 2018 con el suicidio de Tim Bergling, más conocido como el DJ Avicii. El objetivo es conocer si el tratamiento del suicidio ha variado en los últimos 25 años.  El artículo está tomado del Trabajo Fin de Grado de Guillermo Córdoba Santos titulado ‘El tratamiento del suicidio en los medios de comunicación’.

El suicidio vive acompañado del tabú y del estigma desde hace siglos. El temor a la muerte ha sido inculcado desde siempre por el poder y la religión, que han logrado con éxito que la población viva con miedo a un final inesperado. Acciones como ver por la calle a un gato negro o tirar algo de sal en casa siguen viéndose como un mal augurio, como si no tocar madera pudiera provocar la muerte. La costumbre, siempre presente, se impone ante la racionalidad del ser humano.

La sociedad rechaza al suicida influida por la historia, de la misma forma que los medios de comunicación tratan al suicidio de una forma diferente al resto de las muertes. Lo hacen por su miedo al efecto contagio, que solo se produce cuando aportan detalles de la muerte del suicida. Lo tratan o quieren tratarlo de una forma diferente porque no quieren provocar más víctimas, pero las cifras continúan estancadas ante la pasividad de la clase política.

Para conocer cómo han tratado los medios de comunicación este tema a lo largo de la historia se ha realizado un análisis de cinco suicidios de personas famosas en los últimos 25 años. Todos ellos reúnen evidencias claras de que esas cinco personas se suicidaron. El objetivo es analizar el tratamiento que hacen EL PAÍS y EL MUNDO de estos suicidios para conocer si ha existido una evolución en su manera de informar sobre este espinoso tema.

Dicho análisis se ha realizado gracias a la hemeroteca de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Primero, se han solicitado los periódicos publicados en papel por EL PAÍS y EL MUNDO en las fechas de la muerte de los cinco famosos para realizar de forma pausada un análisis exhaustivo tanto del primer día en el que informaron de su muerte como de los seis días siguientes. Por tanto, se han analizado las piezas publicadas por ambos medios durante una semana y en un soporte de papel.

 

Suicidios seleccionados

Los cinco suicidios de personas famosas elegidos son los siguientes.

  • Kurt Cobain: 5 de abril de 1994.
  • Luis Ocaña: 19 de mayo de 1994.
  • Tony Scott: 19 de agosto de 2012.
  • Robin Williams: 11 de agosto de 2014.
  • Avicii (Tim Bergling): 20 de abril de 2018.

Estas cinco personas reúnen una serie de características, como el desarrollo de diversas profesiones. Kurt Cobain era cantante y el líder del grupo Nirvana; Luis Ocaña era un ciclista de éxito, ganador del Tour de Francia de 1973; Tony Scott era director de cine y hermano de Ridley Scott; Robin Williams era actor, ganador de un Oscar por El indomable Will Hunting; por último, Avicii (Tim Bergling) era un DJ de notable fama.

Otra característica que les diferencia fue la elección del método que usaron para morir. Solo Cobain y Ocaña comparten sistema, mientras que el resto utilizó una forma diferente para suicidarse. Además, la amplitud del análisis (25 años) hace posible comprender la evolución del papel, que ha menguado su tamaño desde la aparición de las plataformas digitales. Ahora no suele superar las 60 páginas diarias, número que sobrepasaba sin problemas a finales del siglo XX.

 

Elementos que se van a analizar:

  • Portada. Si la noticia del suicidio aparece o no en la portada del medio.
  • Espacio en el periódico. Qué lugar ocupa dentro del medio centrándose en dos elementos: su extensión y si aparece en una página par o impar.
  • Titulares de la noticia en la que informan de la muerte del famoso. Si incluyen la palabra suicidio en el titular y si informan en él del método empleado.
  • Lenguaje. En primer lugar, si revelan el método empleado por el suicida en el cuerpo del texto. En segundo lugar, qué palabras utilizan para describir la muerte (si emplean la palabra suicidio o buscan diferentes sinónimos).
  • Análisis del volumen de la información, para conocer qué se publicó sobre esa persona en la misma semana de la muerte. El objetivo es averiguar si las piezas publicadas mencionan el suicidio y cuál es el género protagonista.

Finalizado el análisis, se ha elaborado un cuadro comparativo donde aparecen todas las variables estudiadas. Este cuadro servirá como resumen del artículo, ya que reflejará de una forma más directa si ha existido o no tal evolución. El objetivo de este apartado es encontrar aquellas semejanzas y diferencias del tratamiento que EL PAÍS y EL MUNDO han hecho del suicidio en los últimos 25 años, para aportar una última perspectiva sobre la manera en la que ambos medios informaron de estos cinco suicidios de famosos. 

 

Kurt Cobain

Las portadas de EL PAÍS y EL MUNDO

Kurt Cobain se suicidó el 5 de abril de 1994. Tres días más tarde, un electricista encontró su cuerpo y llamó a la policía. Al día siguiente, tanto EL PAÍS como EL MUNDO concedieron un espacio en sus portadas al cantante de Nirvana.

 

Portada de EL MUNDO del 9 de abril de 1994 informando del suicidio de Kurt Cobain.

Portada de EL PAÍS del 9 de abril de 1994 sobre el suicidio de Cobain.

EL MUNDO dedica un protagonismo importante a la muerte de Kurt Cobain. A la imagen del cantante le acompañan un titular directo como “se suicida el líder de Nirvana” más una mención al método utilizado. Además, aportan un contexto al comentar que Cobain estuvo internado en una clínica en Roma para tratar sus problemas con las drogas. Por otro lado, EL PAÍS es más escueto en su portada. No dan detalles de su muerte, ya que solo se limitan a informar del suicidio del cantante.

Espacio en el periódico y titulares

El espacio que dedican ambos medios en el interior del periódico es idéntico. Los dos medios asignan una página completa a la muerte del cantante, situada en la página impar. Acompañan la noticia del suicidio con una columna de opinión (dos en el caso de EL PAÍS). Además, una imagen completa la página.

Respecto a los titulares, tanto EL PAÍS como EL MUNDO son muy descriptivos. Incluyen la palabra suicidio en el titular e informan del método empleado, que en el caso de Cobain fue un disparo en la cabeza con tan solo 27 años.

 

Titular empleado por EL PAÍS para informar de la muerte de Kurt Cobain.

 

Titular utilizado por EL MUNDO para informar de la muerte de Kurt Cobain.

Lenguaje

El vocabulario empleado en los titulares se corresponde con el usado líneas más tarde en el cuerpo del texto. EL PAÍS informa de la muerte con la siguiente frase: “El líder del grupo Nirvana, Kurt Cobain, de 27 años, se suicidó en su casa de Seattle (EE UU) de un disparo en la cabeza”. Por su parte, EL MUNDO emplea un estilo casi idéntico al de su competencia. “El líder del grupo estadounidense, que contaba con 27 años de edad, se suicidó disparándose un tiro en la cabeza”. En conclusión, ambos medios informan del método empleando la palabra tabú.

Volumen de información

La muerte de Kurt Cobain provocó la publicación de una gran cantidad de piezas en los días posteriores a su muerte. Desde la perspectiva de los géneros, ambos medios combinaron la publicación de noticias con varias columnas de opinión, y estos fueron acompañados por reportajes más elaborados.

Entre las piezas destacadas sobresale la inclusión de una imagen del cuerpo del cantante siendo examinado por la policía de Seattle. El 10 de abril EL PAÍS y EL MUNDO publicaron esa fotografía en la que se ve a Cobain tirado en el suelo con la policía al lado de su cuerpo. Por un motivo de conciencia y respeto he decidido no incluir esa fotografía en este trabajo.

Titular de la noticia publicada por EL MUNDO el 13 de abril de 1994.

Otra noticia destacada es la publicada por EL MUNDO el 13 de abril, donde sale a relucir ese efecto imitación (efecto Werther) tan temido por el periodismo. Menos de una semana después del suicidio del cantante, un admirador siguió sus pasos y se suicidó con el mismo método que su ídolo.

El 15 de abril, el suplemento Tentaciones de EL PAÍS publicó una entrevista con el cantante de Nirvana, la última que concedió antes de suicidarse. El titular, algo siniestro, decía lo siguiente. “Me gustan las armas. Tengo un M-16 y me encanta dispararlo”. Teniendo en cuenta que Cobain se suicidó con una escopeta el titular no parece el adecuado. Pero 25 años después de su muerte, nada ha cambiado.

 

Titular del reportaje publicado por ICON (EL PAÍS) el 9 de abril de 2019.

El tiempo pasa, las costumbres permanecen. El titular de ese reportaje publicado por ICON con motivo del 25 aniversario del suicidio del cantante refleja que con la llegada de las nuevas tecnologías nada ha cambiado. EL MUNDO publicó días antes un reportaje desde la misma perspectiva sensacionalista.

 

Titular del reportaje publicado por LOC (EL MUNDO) el 5 de abril de 2019.

Tres años antes de este triste aniversario, EL PAÍS publicó varias imágenes del arma utilizada por Cobain para suicidarse. La noticia también contenía la imagen en la que se ve al cantante tirado en el suelo en la escena de su suicidio.

 

Noticia publicada por EL PAÍS el 18 de marzo de 2016.

 

Luis Ocaña

Las portadas de EL PAÍS y EL MUNDO

Luis Ocaña se suicidó el 19 de mayo de 1994. Al día siguiente, tanto EL PAÍS como EL MUNDO concedieron un espacio en sus portadas al ciclista español.

 

Portada de EL PAÍS del 20 de mayo de 1994.

Portada de EL MUNDO del 20 de mayo de 1994.

EL PAÍS (izquierda) aporta algunos detalles de la muerte de Ocaña, pero no menciona la palabra suicidio. Sustituye esta por muerte tanto en el titular como en el breve párrafo que lo acompaña. El método de la muerte sí que aparece en dos ocasiones. Por otro lado, EL MUNDO (derecha) sí emplea la palabra suicidio e informa del método utilizado por el ciclista. Un detalle curioso es que ambos medios utilizan la misma fotografía para ilustrar su muerte.

El espacio que dedican ambos medios en el interior del periódico es idéntico. Los dos medios asignan dos páginas completas a la muerte del ciclista, pero difieren ligeramente en su ubicación. EL PAÍS le dedica dos páginas impares, mientras que EL MUNDO le dedica una página doble con par e impar. Ambos acompañan la noticia del suicidio con varios artículos de opinión (donde destacan las figuras del periodista José María García y del ex ciclista José Miguel Echávarri), además de otras noticias que complementan la información sobre la muerte.

Respecto a los titulares, tanto EL PAÍS como EL MUNDO mencionan la palabra suicidio en el titular. Sin embargo, mientras que el primero informa del método en el subtítulo, el segundo lo hace en el propio titular.

 

Titular empleado por EL PAÍS para informar de la muerte de Luis Ocaña.

Titular utilizado por EL MUNDO para informar de la muerte de Luis Ocaña.

Lenguaje

Tanto EL PAÍS como EL MUNDO describen con detalle la muerte de Ocaña en el cuerpo de la noticia. EL PAÍS informa así de su muerte. “Luis Ocaña, una gloria del ciclismo español, se suicidó ayer en el cobertizo de su finca, en la localidad francesa de Caupenne de Armagnac, a los 48 años”. Varias frases más tarde, el periodista describe el método. “Ocaña, vencedor del Tour de 1973 y de la Vuelta a España en 1970, se disparó en la cabeza con un arma de fuego”. Por su parte, EL MUNDO es más directo y menciona el método empleado pero no la palabra tabú. “Ocaña murió ayer después de haberse pegado un tiro en la cabeza”.

Volumen de información

Breve publicado por EL PAÍS el 25 de mayo de 1994.

Los dos medios analizados publican numerosas piezas sobre el ciclista la misma semana de su muerte. En el apartado de géneros, destacan por encima del resto la noticia y los artículos de opinión. En ambas se describen sus duelos con Eddy Merckx y las reacciones de compañeros de profesión como Miguel Induráin o Pedro Delgado. Además, informan de los motivos que podrían haberle llevado a la muerte, como los problemas familiares o económicos.

Las noticias y columnas de opinión se completan con los breves, que son noticias más escuetas. Estas pequeñas noticias, como la que vemos a la derecha sobre el entierro de Ocaña, tienen el objetivo de informar al lector de algo concreto de lo que no se necesita una amplia información. El breve es más habitual en el diario EL PAÍS.

 

Tony Scott

Las portadas de EL PAÍS y EL MUNDO

Tony Scott se suicidó el 19 de agosto de 2012. Al día siguiente, las plataformas digitales de EL PAÍS y de EL MUNDO ya recogían esta información, pero no fue hasta el 21 de agosto cuando la noticia fue publicada en el diario de papel.

El suicidio de este director de cine no aparece en las portadas de EL PAÍS y EL MUNDO, que centran sus titulares en otras noticias. Scott, menos protagonista para el gran público que su hermano Ridley Scott, queda relegado a las páginas interiores de estos dos grandes medios.

Espacio en el periódico y titulares

El espacio que dedican ambos medios en el interior del periódico es diferente en una pequeña parte. EL PAÍS le asigna una página entera en forma del tradicional obituario, mientras que EL MUNDO, además de un obituario de media página, le concede otra página en la sección de cine. Coinciden en ubicar los obituarios en una página impar, mientras que la noticia de la sección de cine en EL MUNDO está ubicada en página par. A las tres piezas las acompaña una imagen de Scott.

Respecto a los titulares, EL PAÍS y EL MUNDO difieren en su forma de informar de la muerte del director. Mientras que EL PAÍS centra su atención en su carrera sin mencionar su muerte, EL MUNDO prefiere hacerlo sobre el último día de su vida. Ninguno de ellos utiliza la palabra suicidio en el titular, pero EL MUNDO sí que utiliza el tradicional sinónimo de “quitarse la vida” en el subtítulo, además de informar del método de la muerte en este mismo espacio del periódico.

Titular empleado por EL PAÍS para informar de la muerte de Tony Scott.

Titular utilizado por EL MUNDO para informar de la muerte de Tony Scott.

Lenguaje

El vocabulario empleado en el cuerpo del texto de los dos obituarios destaca por la ausencia de la palabra suicidio para informar sobre su muerte. Así lo hace EL PAÍS: “Scott falleció el domingo a los 68 años en Los Ángeles (residía en Beverly Hills), tras tirarse desde un puente a las aguas de su puerto”. EL MUNDO sigue la misma línea, sin mencionar la palabra tabú y describiendo su muerte. “Cuando se haga pública la causa que el pasado domingo Ilevó a Tony Scott a quitarse la vida arrojándose a las aguas del puerto de Los Ángeles, a buen seguro que esta no será el fracaso profesional”.

La diferencia la encontramos en la noticia que publica EL MUNDO en su sección de cine. Lo hace, ya de paso, describiendo con detalle sus últimos momentos de vida. “A plena luz de un día glorioso de sol y playa para una inmensa mayoría de angelinos, el director aparcó su coche, caminó por uno de los puentes colgantes más empinados de Estados Unidos, se saltó la valla de protección para suicidas y se lanzó al vacío sin pensárselo ni un segundo, poniendo punto y final a su aventura con 68 años”. La forma de explicar los últimos momentos de la vida de Scott está lejos de esa necesaria función de prevención tan demandada.

Parte de la tribuna publicada por EL MUNDO el 27 de agosto de 2012.

Volumen de información

El escaso conocimiento que el gran público tenía de la trayectoria de Tony Scott hizo que EL PAÍS y EL MUNDO no le dedicasen ninguna pieza informativa en la semana posterior a su muerte. Solo EL MUNDO dedica un breve espacio el 27 de agosto en una tribuna escrita por el juez y abogado Javier Gómez de Liaño. El autor reflexiona en estas líneas sobre el problema del suicidio, dando datos sobre este problema y poniendo el ejemplo cercano de un juez amigo suyo que decidió suicidarse. Más allá de esas líneas, ninguno de los dos medios vuelve a mencionar el suicidio del director en la semana posterior a su muerte.

 

Robin Williams

Las portadas de EL PAÍS y EL MUNDO

Robin Williams se suicidó el 11 de agosto de 2014. Al día siguiente, EL MUNDO le dedicó un espacio preferencial en su portada. Este medio incluye la causa de la muerte y el método, en este caso un suicidio por asfixia.

Portada de EL MUNDO del 12 de agosto de 2014 informando del suicidio de Robin Williams.

Por otro lado, EL PAÍS no incluye el suicidio de Williams en su portada.

Espacio en el periódico y titulares

El espacio que dedican los dos medios en el interior del periódico es totalmente diferente. EL PAÍS le asigna una página entera impar, donde queda recogida una filmografía básica del actor además de un repaso a su carrera y a las reacciones provocadas por su muerte. Por otro lado, EL MUNDO se inclina por un pequeño espacio en su sección de La Otra Crónica (LOC) en una página impar. A ambas piezas les acompaña una imagen del actor estadounidense.

Respecto a los titulares, ninguno incluye la palabra suicidio ni informa del método empleado por Williams. De hecho, encontramos una similitud entre el subtítulo que utiliza EL PAÍS (“el actor es hallado muerto”) con el titular empleado por EL MUNDO (“encuentran muerto en su casa”). En esta forma influye que cuando los dos medios publicaron esta información no estaba clara cómo murió Williams.

 

Titular empleado por EL PAÍS para informar de la muerte de Robin Williams.

Titular utilizado por EL MUNDO para informar de la muerte de Robin Williams.

Lenguaje

Los dos medios coinciden en el cuerpo del texto en la no oficialidad de la causa de la muerte del actor. EL PAÍS menciona la causa y el método empleado por el estadounidense sin entrar en los detalles que se conocerían al día siguiente. “El parte oficial que hizo público la Oficina del Sheriff del condado de Marin apunta al suicidio por asfixia como probable causa de su fallecimiento”. Por su parte, EL MUNDO no alude al método. “Aunque aún se desconocen las causas exactas de su muerte, las autoridades del Condado de Marin, en el norte de California, han asegurado que todo apunta a un posible suicidio”.

Volumen de información

Los dos medios analizados publican numerosas piezas sobre la muerte del actor en la semana de su muerte. En el apartado de géneros, predominan los artículos de opinión y las noticias por encima del reportaje. En estos dos últimos aparece el método empleado por Williams, algo que no se conocía oficialmente el primer día después de su muerte (12 de agosto). Describen su muerte con todo tipo de detalles, como en un reportaje de EL MUNDO. “Un asistente personal le encontró en el dormitorio con un cinturón en el cuello y una muñeca cortada”.

Portada de EL PAÍS del 13 de agosto de 2014 con Robin Williams como protagonista.

Dos días después su muerte, EL PAÍS le dedicó parte de su portada y un amplio reportaje en el que se recopilaba su vida como actor. En dicho artículo destaca su subtítulo por emplear un extraño sinónimo para anunciar la muerte del actor.

Reportaje publicado por EL PAÍS el 13 de agosto de 2014.

Avicii

Las portadas de EL PAÍS y EL MUNDO

Tim Bergling, más conocido por el nombre de Avicii, se suicidó el 20 de abril de 2018. EL PAÍS y EL MUNDO no informaron de su muerte hasta dos días después y cuando todavía no se conocía la causa del fallecimiento. Sin embargo, no será hasta el 1 de mayo cuando la revista TMZ anuncie que el DJ se suicidó. Ese día Avicii no ocupa las portadas de los dos medios analizados.

Espacio en el periódico y titulares

El espacio que dedican los dos medios en el interior del periódico es totalmente diferente. EL PAÍS le asigna media página impar acompañada de una fotografía del DJ y hace un pequeño repaso de su vida. Respecto al titular, emplea los dos factores analizados: la palabra suicidio y el método empleado.

 

Titular de la noticia publicada por EL PAÍS el 2 de mayo de 2018.

Por otro lado, la noticia del suicidio del sueco no aparece en la edición de papel de EL MUNDO, por lo que el análisis no puede llevarse a cabo. En la versión en Internet sí publican una noticia con el mismo titular que EL PAÍS.

Lenguaje

EL PAÍS, el único medio analizado en este apartado, utiliza la palabra suicidio en el cuerpo del texto y el método empleado por el DJ. Lo hace así: “Tim Bergling, más conocido como Avicii, se suicidó. Así lo publicó ayer la web estadounidense TMZ. Varias fuentes cercanas al caso aseguraron que el dj y productor sueco utilizó el cristal de una botella rota para quitarse la vida. Dos fuentes señalan que se cortó el cuello, mientras otra lo niega y apunta que la estrella de la música dance electrónica se hirió en la muñeca”. Aunque no es recomendable revelar el método empleado por el suicida, EL PAÍS lo hace en tres ocasiones.

Volumen de información

En este caso, va a analizarse la información publicada después de confirmarse el suicidio del DJ. Sin embargo, las piezas publicadas son escasas, ya que solo se publican dos artículos de opinión, uno en cada medio analizado.

 

Cuadro comparativo

En el siguiente cuadro se muestran, a modo de resumen, las diferentes variables analizadas.

 

Cuadro comparativo sobre el tratamiento del suicidio en los últimos 25 años.

 


Guillermo Córdoba Santos

Guillermo Córdoba Santos

Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Autor de un Trabajo Fin de Grado sobre el tratamiento del suicidio en los medios de comunicación. A partir del curso 2019/2020 forma a los estudiantes de cuarto de Periodismo de la UCM en el buen tratamiento del suicidio.

Los factores de riesgo del suicidio: ¡combátelos y aprende a afrontarlos!

Factores de riesgo en el suicidio

El suicidio es complejo y multicausal y se ve influido por un amplio abanico de variables de diferente naturaleza. Cuando estas variables influyen de forma negativa, osea, aumentan la probabilidad de su aparición, se denominan factores de riesgo en la prevención del suicidio. Estos factores pueden ser sociodemográficos, personales, familiares o sociales.

En general, el suicidio es efecto de la confluencia de las demandas estresantes del ambiente y la percepción de falta de recursos personales para afrontarlas. Paralelamente aparece falta de apoyo social, soledad extrema y desesperanza. Este sentimiento hace evaluar negativamente no solo pasado y presente, sino también el futuro que se prevé de forma negativa.

Esta situación se ve influenciada por diferentes variables con evidencia de consecuencias negativas en la aparición de conductas suicidas, que pasamos a desgranar.

Factores de riesgo sociodemográficos de suicidio

En el caso del sexo en la mayoría de países, exceptuando China, el mayor riesgo lo corren los hombres. 3 de cada 4 muertes por suicidio se dan entre varones. Otras variables influyentes puede ser estar en la adolescencia o en las franjas de edad más elevadas, vivir en una zona rural, la ausencia de pareja sentimental, niveles educativos y económicos bajos y la posible pertenencia a una minoría étnica o sexual.

Factores de riesgo personales en conducta suicida

La aparición de enfermedades físicas dolorosas o incapacitantes, con estigma social o baja supervivencia, las hospitalizaciones frecuentes o durante largos períodos de tiempo, pueden producir en la persona un sufrimiento al que no encuentren sentido y que les haga pensar en la idea de acabar con su vida. Acompañar a estas personas en ese momento puede ayudarles a pasar por esa etapa decidiendo lo más adecuado en cada situación.

Una de las variables que más se ha relacionado con el suicidio es la aparición de trastornos mentales. Estos trastornos se asocian a episodios depresivos o ansiosos, el trastorno bipolar, la dependencia a drogas, alcohol o psicofármacos, trastornos de personalidad como el narcisista, el tratorno límite, la esquizofrenia o el trastorno por estrés portraumático…

Cuando nos referimos a variables relacionadas al carácter o personalidad las que más influyen en esta conducta son la agresividad y la impulsividad. Ambas pueden influir en la elección de un método letal empleado sin una evaluacion previa de los riesgos y consecuencias.

También en los casos donde existen situaciones de privación de libertad, antecedentes de autolesiones o intentos suicidas, o se han vivido situaciones de violencia, maltrato o riesgo extremo para la vida, el riesgo de suicidio sube exponencialmente.

Factores de riesgo familiares

La familia es uno de los principales grupos socializadores. La ausencia de referentes familiares, la falta de comunicación, los conflictos o problemas económicos, los bajos niveles educativos, el duelo asociado a la pérdida por separación o muerte o los antecedentes de enfermedad mental o intentos de suicidio familiares pueden suponer una carga que contribuya a la desestructuración personal y la aparición de conducta suicida.

Factores de riesgo sociales

Algo similar sucede entre las variables de carácter social. Bajos niveles económicos y educativos, la exposición a violencia o a consumo de drogas o a conductas suicidas en otras personas y la baja alfabetización en salud que dificulta la petición de ayuda y el acceso a servicios sanitarios eficaces o la inexistencia de estos, inciden negativamente en las tasas de suicidio.

El acoso laboral, sexual, escolar o las conductas intimidatorias de todo tipo están también detrás de muchas de las conductas suicidas.


MÁS INFORMACIÓN

Aprenda a reconocer las señales de consumo de drogas

Señales de consumo de drogas

Las adicciones y el consumo de drogas tienen una relación directa con el suicidio por lo que puede ser útilo aprender a reconocer las señales del consumo de drogas. Ambos problemas pueden tener raíces comunes y presentarse de forma paralela para aforntar de una forma inadecuada el  estrés de la vida. El alcohol, la heroína y la cocaína, los derivados del cannabis e incluso el tabaco se han relacionado con mayores tasas de suicidio. Además, estas sustancias se utilizan para ejecutar la conducta por su capacidad deshinibidora.

En consecuencia, prevenir el suicidio en muchas ocasiones pasa por el tratamiento adecuado de los problemas mentales y especialmente de las adicciones. Sin embargo, la detección precoz es complicada por la ocultación del consumo por el rechazo social y sus consecuencias. Además, la persona que consume drogas puede no ser consciente de su problema. Hay drogas como la cocaína que da una falsa sensación de control y otras como el cannabis que gozan de cierta permisividad en su consumo.

Reconozca las señales de consumo de drogas. Las consecuencias de las drogas cubren un repertorio de aspectos que puede darnos pistas sobre la presencia de una adicción. Al detectarlas se da inicio al complicado proceso para hacer visible el problema, que la persona adicta lo reconozca y se preste a mantener la abstinencia o a recibir un tratamiento para ello.

Las señales del consumo de drogas puede ser de diversos tipos, entre los que nos encontramos con las alteracioens visibles durante una intoxicación, las físicas, psicológicas y del estado de ánimo, las del aspecto físico, del desempeño y de las relaciones, las económicas y las relativas al cambio brusco de hábitos.


PARA SABER MÁS

La generación de cristal: baja tolerancia a la frustración y suicidio


Photo by Jhonis Martins from Pexels

Competir o colaborar, esa es la cuestión

Durante años los padres y madres hemos pensado que el éxito en la vida, y en resumidas cuentas la felicidad de nuestros hijos e hijas, se relacionaba con las habilidades intelectuales clásicas y con los resultados académicos. Los hemos preparado para «competir» en una sociedad que nos pareció amenazante y pensando que lo importante era ser «el mejor».  Y ahí andamos dándonos codazos entre todos (acercándonos peligrosamente a nuestra extinción como especie) y dando la espalda a la mayor herramienta para afrontar los retos: la colaboración.

 

Sobreprotección, la mejor manera de criar hijos e hijas frágiles

Igualmente hemos intentado simplificar su vida, sobreprotegiéndolos y evitando que se enfrenten a la mínima dificultad, lo que ha evitado que se responsabilicen en muchas ocasiones de las consecuencias de su conducta y los ha convertido en muchos casos en seres frágiles. 

 

Como decía Rudyard Kipling «Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia». 

 

 

Ahora tenemos a la generación más preparada académica  e intelectualmente de la historia, pero a su vez una «generación de cristal» azotada por la depresión y la ansiedad. Y es que quizás olvidamos que lo que nos diferencia de los animales no es sólo la razón, sino la riqueza emocional que nos aporta las habilidades superiores de pensamiento. Por que los seres humanos somos puras emociones y porque parece que la manera en la que gestionamos nuestras emociones y nuestra inteligencia emocional es más importante de lo que pensábamos. 

Goleman definió esta inteligencia como “un concepto que incluye la habilidad para motivarse y persistir frente a las frustraciones, controlar impulsos y demorar gratificaciones, regular los estados de humor, evitar que las desgracias obstaculicen la habilidad de pensar, desarrollar empatía, esperanza, etc.”

 

Baja tolerancia a la frustración y suicidio

Quitándole los obstáculos de la vida a las generaciones más jóvenes, le robamos la oportunidad de adquirir la tolerancia a la frustración, una habilidad esencial para afrontar con éxito las «bofetadas» que da la vida. Aprender a tolerar la frustración nos enseña a enfrentarnos adecuadamente a las situaciones adversas de la vida. Nos frustramos cuando no conseguimos satisfacer algo que deseamos y eso nos enfrenta a emociones que vivimos de forma negativa. Aprender a tolerarlas significa una mayor capacidad de afrontar los problemas y limitaciones, a pesar de las molestias que nos causan. 

La baja tolerancia a la frustración se relaciona con enormes consecuencias a la salud psíquica de las personas. En su extremo más dramático puede estar detrás de la conducta suicida de los más jóvenes. En ese sentido puede ser considerada como un importante factor de riesgo. El suicidio es en muchos casos la decisión que alguien toma cuando siente que los problemas desbordan a su capacidades. No podemos seguir criando «niños y niñas de cristal», sino que debemos educarlos de forma libre y responsable. Prevenir el suicidio pasa también por estar atentos a sus señales de riesgo.

 

Por todo ello, hagamos un regalo a nuestros menores, adolescentes y jóvenes. Acompañémoslos en los problemas, permitiendo que se equivoquen, que asuman las consecuencias de su actos y que usen sus propios recursos para encontrar la mejor versión de ellos mismos. Porque parafraseando a Nelson Mandela, lo importante no es «no caer» sino levantarse después de cada caída.

 


 
MÁS INFORMACIÓN

1 cada 40 segundos: si lees esto ya no podrás mirar para otro lado

«No leas esto, ni lo pases, ni le des a me gusta, ni lo hables con nadie. No lo hagas, o ya te será imposible seguir mirando para otro lado»

Mientras lees este texto 8 personas fallecerán en el mundo por suicidio, de 80 a 160 lo intentarán y unas 48 quedarán duramente afectadas por la muerte de un familiar o persona cercana por este motivo. Tan sólo en este rato, entre 125 y 200 personas se verán afectadas por alguna conducta suicida.

Quizás pienses que ya no puedes hacer nada por ellas, pero a lo mejor sí porque una persona sólo muere cuando la olvidamos. No los olvides, ni le des la espalda, no seas su cómplice. Porque el suicidio es complejo y multicausal y no es meramente un hecho de personas frágiles, de valientes ni de cobardes, de ricos ni de pobres, si no que nos afecta a la sociedad en su conjunto. Ocurre en un contexto sociocultural y económico concreto y muchos somos los cómplices necesarios. Porque use el método que use, la persona suicida necesita de uno que nos hace iguales: el silencio de todos. Un método letal que ha convertido al suicidio en la mayor amenaza a la salud pública.

 

No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Martin Luther King

 

Nuestro silencio es cómplice necesario de la conducta suicida

Porque el arma letal que los mata, se compone de muchos silencios; el silencio de la persona suicida que no deseó molestar o no se atrevió a contar lo que le ocurría por temor a ser tomado por «loco»; el silencio de los que estuvieron a su lado y no quisieron hablar de las ideas suicidas por el miedo equivocado a «darle malas ideas»; el de los profesionales que lo atendimos y que tampoco lo hicimos ya sea por falta de formación o por no aceptar nuestra responsabilidad en ayudarlos; el de la comunidad educativa que no detectó o afrontó los casos de bullying lo suficientemente pronto o de la forma adecuada; el de las empresas que negaron la existencia de los riesgos psicosociales que muchas profesiones conllevan; el de los periodistas que callaron o trataron los temas sobre suicidio de forma sensacionalista; el de la administración que mantiene un sistema de salud mental deficitario a la cola de Europa o el de los políticos que aún en España no han encontrado tiempo para hacer un plan nacional de prevención del suicidio. 

Porque de una u otra forma, tu silencio, el mío, el nuestro, ahoga, mata y empuja a que cada 40 segundos muera en algún lugar del mundo una persona por suicidio. Deja de ser su cómplice. Si has llegado hasta aquí, ya no podrás volver a darle la espalda al problema. Porque esto no es un problema de personas débiles o de otros, sino de todos y todas.

Por eso, ahora te necesitamos. Únete, trabaja en red, participa para partir el silencio y que nuestro grito llegue a lo más alto.

 
«POR UN PLAN NACIONAL DE PREVENCIÓN DEL SUICIDO DONDE ESTEMOS TODOS»

 

Daniel J. López Vega

Coordinador de www.papageno.es. Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo, autor de «¿Todo por la Patria?»

 

JD Schramm: sobrevivientes de suicidio, romped el silencio – TED.com

Aun si nuestra vida parece estar bien desde fuera, la procesión puede ir por dentro y hacer que alguien tome la decisión de poner fin a su vida. En TEDYou, JD Schramm nos pide romper el silencio que rodea al suicidio y a los intentos de suicidio, y crear más recursos necesarios para ayudar a las personas a recuperar su vida después de escapar de la muerte.

Recursos 

Acceso al vídeo completo (Inglés y subtítulos en castellano)

Suicidio, adolescencia, redes sociales e internet

Artículo escrito por nuestro colaborador Luis Fernando López Martínez

RESUMEN

El suicidio es un fenómeno de naturaleza multifactorial, con el cual hemos convivido a lo largo de la historia de la humanidad en sus diferentes culturas y que en la actualidad, con la aparición de nuevas formas de comunicación e interacción social, supone un nuevo escenario y con él, un nuevo problema para la prevención de la conducta suicida. En este contexto, nace un nuevo concepto, el de cibersuicidio, gracias al desarrollo y potenciación de las nuevas Tecnologías de la Información y la  comunicación (TIC), el cual hace referencia a la acción de quitarse la vida, motivado por la influencia, entre otras variables, de páginas pro-suicidas, foros y salas de chat en Internet. Este estudio trata de replicar, con las adaptaciones oportunas, la investigación realizada por Biddle, Donovan, Hawton, Kapur y Gunnel (2008) sobre los contenidos pro-suicidas que son encontrados mediante motores de búsqueda en Internet y observados por usuarios con ideación suicida. Para ello, ha sido utilizado el motor de búsqueda Google, con cuatro frases clave relacionadas con el suicidio: quiero suicidarme, quiero suicidarme sin dolor, quiero suicidarme formas y quiero suicidarme pero me da miedo. Se analizaron las cinco primeras entradas de cada estudio, cuyo contenido electrónico fue sometido a 10 criterios de clasificación para determinar si la información ofrecida en el servidor web, poseía contenidos preventivos sobre la ideación suicida o contenidos pro-suicidas. Por último y tras la observancia de los resultados, se enfatiza la labor de algunas asociaciones en la propuesta de medidas de prevención en la Red, gracias a la implantación conjunta de protocolos en empresas como Google y Facebook, que han diseñado campañas y tomado medidas para la detección, comunicación e intervención ante episodios detectados de cibersuicidio. Igualmente, se contempla las medidas actuales que desde el ámbito jurídico permanecen presentes en España ante el fenómeno y el conflicto surgido con la libertad de información y expresión que marca la generación de Derechos Humanos en Internet, en el Ciberespacio.
Palabras Clave: Suicidio, Cybersuicidio, TIC, Pro-suicidio, Chats-room, Internet, Redes Sociales, prevención del suicidio

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