COVID-19 y riesgo de suicidio: ¿alarmismo o llamada a la acción?

COVID-19 y riesgo de suicidio: ¿alarmismo o llamada a la acción?

COVID-19 y suicidio

Últimamente, y a consecuencia de la alarma sanitaria por la pandemia por COVID-19, se ha especulado en algunos medios de comunicación entre la relación de esta enfermedad, el confinamiento, la crisis económica subsecuente y un mayor riesgo de suicidio.

En este sentido, son varias las circunstancias que podrían explicar una relación directa entre ambos fenómenos. Por un lado, se han descrito a través de medios de comunicación una relación directa entre la propia enfermedad por coronavirus y el suicidio. Parece que el estrés de muchas personas, entre ellos profesionales sanitarios por miedo a contraer la enfermedad o contagiar a personas queridas, podría ser un factor de riesgo. El confinamiento relacionado con la soledad y el aislamiento de personas vulnerables también podría provocar una mayor frecuencia de la aparición de conductas suicidas. 

Por otro lado, existe cierta evidencia de que los desastres naturales como terremotos, tsunamis, huracanes… conllevan un aumento posterior de víctimas por suicidio. Igualmente parece que si bien estos fallecimientos podrían reducirse durante la crisis, esto podría revertir negativamente acabada la pandemia, a consecuencia del deterioro socieconómico y las desigualdades sociales que provoca o como consecuencia directa de aspectos psicológicos.

Por último, se han descrito efectos negativos alrededor de epidemias y pandemias debido a la incertidumbre sobre sus consecuencias y la desinformación avivada por los medios de comunicación que provoca un impacto pernicioso en la salud mental. Esto se puede relacionar con la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático. 

Pero, ¿qué podemos hacer?

Parece pues que puede existir suficiente evidencia de que esta crisis sanitaria provocará, si no hacemos nada, una mayor tasa de suicidios. Pero, ¿podemos hacer algo para evitar este efecto?. Wasserman et al. (2020), en un artículo publicado en la revista World Psychiatry, señalan diferentes medidas para controlar este fenómeno.

Prevención universal del suicidio

Entre las estrategias universales dirigidas a toda la población, estos autores determina como medidas eficaces la lucha contra el desempleo, la pobreza y las desigualdades y la priorización de mejora de la accesibilidad a servicios de salud mental. Otro aspecto importante es la concienciación de los medios de comunicación para la difusión de información responsable publicitando los servicios de apoyo disponibles. Prevenir el aumento de consumo de alcohol y restringir el acceso a medios letales de suicidio son medidas igualmente esenciales en la prevención.

Prevención selectiva del suicidio

La implementación de medidas para grupos vulnerables (prevención selectiva) es otro pilar de la prevención. Las desventajas socieconómicas o las vivencias en primera línea o las pérdidas de seres queridos y cuando no se ha podido cerrar el duelo adecuadamente por las medidas de confinamiento, son factores que aumentan el riesgo.

Prevención indicada del suicidio

Entre las medidas de prevención indicada, es necesario detectar a personas vulnerables y mejorar la disponibilidad de tratamientos farmacológicos y psicológicos de los trastornos mentales, incrementando el uso de herramientas de telemedicina y otros medios digitales.

Alarmismo o esperanza

Frecuentemente ante situaciones de previsible peligrosidad es necesario que la población general, la administración y partidos políticos, los medios de comunicación y los profesionales sanitarios puedan tomar decisiones conociendo la realidad lo mejor que se pueda. Sin embargo, los alarmismos se convierten en profecías autocumplidas. La publicación de noticias sensacionalistas en torno al suicidio se ha señalado como un factor de riesgo por el efecto contagio, también denominado imitación, copycat o Werther.

Es pronto aún para saber como repercutirá toda esta situación en nuestra salud mental a largo plazo. En el caso del suicidio el INE, organismo responsable de las estadísticas sobre causas de mortalidad, ofrece los datos con un año de retraso por lo que este año se publicarán previsiblemente los de 2019. Por eso debemos ser cautelosos a la hora de determinar qué ocurrirá en este sentido.

Lo importante ahora es más ponerse manos a la obra para mitigar los efectos perniciosos de la alarma sanitaria. Somos conscientes de que es mejor «ocuparnos» de este tema que mostrar «preocupación» continua. En España en 2018 fallecieron 3.539 personas por esta causa, razón suficiente para extremar las medidas de control de este problema complejo y multicausal, pero prevenible.

Bibliografía

  1. Wasserman, D., Iosue, M., Wuestefeld, A., & Carli, V. (2020). Adaptation of evidence‐based suicide prevention strategies during and after the COVID‐19 pandemic. World psychiatry19(3), 294-306.
  2. Zandifar A., Badrfam R.: Iranian mental health during the COVID-19 epidemic. Asian J. Psychiatr. 2020; 51:
  3. Cheung Y.T., Chau P.H., and Yip P.S.: A revisit on older adults’ suicides and Severe Acute Respiratory Syndrome (SARS) epidemic in Hong Kong. Int. J. Geriatr. Psychiatry 2008; 23: pp. 1231-1238

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