Los factores de riesgo del suicidio: ¡combátelos y aprende a afrontarlos!

Factores de riesgo en el suicidio

El suicidio es complejo y multicausal y se ve influido por un amplio abanico de variables de diferente naturaleza. Cuando estas variables influyen de forma negativa, osea, aumentan la probabilidad de su aparición, se denominan factores de riesgo en la prevención del suicidio. Estos factores pueden ser sociodemográficos, personales, familiares o sociales.

En general, el suicidio es efecto de la confluencia de las demandas estresantes del ambiente y la percepción de falta de recursos personales para afrontarlas. Paralelamente aparece falta de apoyo social, soledad extrema y desesperanza. Este sentimiento hace evaluar negativamente no solo pasado y presente, sino también el futuro que se prevé de forma negativa.

Esta situación se ve influenciada por diferentes variables con evidencia de consecuencias negativas en la aparición de conductas suicidas, que pasamos a desgranar.

Factores de riesgo sociodemográficos de suicidio

En el caso del sexo en la mayoría de países, exceptuando China, el mayor riesgo lo corren los hombres. 3 de cada 4 muertes por suicidio se dan entre varones. Otras variables influyentes puede ser estar en la adolescencia o en las franjas de edad más elevadas, vivir en una zona rural, la ausencia de pareja sentimental, niveles educativos y económicos bajos y la posible pertenencia a una minoría étnica o sexual.

Factores de riesgo personales en conducta suicida

La aparición de enfermedades físicas dolorosas o incapacitantes, con estigma social o baja supervivencia, las hospitalizaciones frecuentes o durante largos períodos de tiempo, pueden producir en la persona un sufrimiento al que no encuentren sentido y que les haga pensar en la idea de acabar con su vida. Acompañar a estas personas en ese momento puede ayudarles a pasar por esa etapa decidiendo lo más adecuado en cada situación.

Una de las variables que más se ha relacionado con el suicidio es la aparición de trastornos mentales. Estos trastornos se asocian a episodios depresivos o ansiosos, el trastorno bipolar, la dependencia a drogas, alcohol o psicofármacos, trastornos de personalidad como el narcisista, el tratorno límite, la esquizofrenia o el trastorno por estrés portraumático…

Cuando nos referimos a variables relacionadas al carácter o personalidad las que más influyen en esta conducta son la agresividad y la impulsividad. Ambas pueden influir en la elección de un método letal empleado sin una evaluacion previa de los riesgos y consecuencias.

También en los casos donde existen situaciones de privación de libertad, antecedentes de autolesiones o intentos suicidas, o se han vivido situaciones de violencia, maltrato o riesgo extremo para la vida, el riesgo de suicidio sube exponencialmente.

Factores de riesgo familiares

La familia es uno de los principales grupos socializadores. La ausencia de referentes familiares, la falta de comunicación, los conflictos o problemas económicos, los bajos niveles educativos, el duelo asociado a la pérdida por separación o muerte o los antecedentes de enfermedad mental o intentos de suicidio familiares pueden suponer una carga que contribuya a la desestructuración personal y la aparición de conducta suicida.

Factores de riesgo sociales

Algo similar sucede entre las variables de carácter social. Bajos niveles económicos y educativos, la exposición a violencia o a consumo de drogas o a conductas suicidas en otras personas y la baja alfabetización en salud que dificulta la petición de ayuda y el acceso a servicios sanitarios eficaces o la inexistencia de estos, inciden negativamente en las tasas de suicidio.

El acoso laboral, sexual, escolar o las conductas intimidatorias de todo tipo están también detrás de muchas de las conductas suicidas.


MÁS INFORMACIÓN

Suicidio y violencia machista, las víctimas olvidadas II

Violencia machista y suicidio
Photo by Juan Pablo Serrano Arenas from Pexels

Introducción

La violencia machista se caracteriza por su continuidad en el tiempo y por la intención de sometimiento. Esto puede llevar a aumentar la probabilidad de aparición de conductas suicidas. La violencia machista y el suicidio están profundamente relacionados. El maltratador no busca provocar unas lesiones determinadas, sino someter a la víctima a su voluntad. El objetivo es lograr la sumisión de la misma.

Paradójicamente se da la circunstancia de que en la mayoría de los casos la primera asistencia ante un intento de suicidio se da por parte del agresor. Tiene el objetivo continuar la relación bajo un patrón de dominio-sumisión, no acabar con ella.

En el 88% de los casos la relación no mejoró tras la tentativa de suicidio. Así mismo el 54% de los agresores culpabilizaron a las víctimas de dicho intento.

La violencia contra la mujer, especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual constituyen un grave problema de salud pública. Es además una violación de los derechos humanos de las mujeres (Conferencia internacional de Viena 1993).

 

Las mujeres que sufren violencia constante tienen 12 veces más probabilidades de suicidio que el resto de mujeres. También tiene el doble de probabilidades de sufrir problemas físicos o mentales.

 

Discordancia entre los datos de las asociaciones y las cifras oficiales respecto de las víctimas

Miguel Lorente, Cruz Sánchez de Lara y Covadonga Naredo, trabajaron sobre una idea de Enriqueta Chicano y desarrollaron un completo informe sobre la relación suicidio-violencia de género. De él se desprenden importantes datos como la discordancia entre los datos de las asociaciones y las cifras oficiales respecto de las víctimas. Este hecho podría estar motivado por diferentes aspectos como:

  • Una inadecuada recogida de datos, que hace que muchos homicidios no sean relacionados con sus circunstancias. Algunos no entran dentro de la categoría estricta de violencia de género recogida en la LIVG (Ley Intregral de Violencia de Género).
    Como ejemplo podemos citar el caso del crímen de Cuenca perpetrado por Sergio Morate. Asesinó a su expareja y a una amiga que no se contabilizaría como crímen machista.
  • También quedan fuera de los recuentos oficiales las prostitutas, aunque el móvil del asesinato fuesen los celos.
  • En otras ocasiones no se conoce al autor, no existe confesión de autoinculpación ni testigos. Se espera que la sentencia judicial sea la que determine la autoría. Esto hace que hasta que se celebre el juicio, dado que habitualmente transcurre más de un año, no se incluyan en las estadísticas oficiales.
  • Concurrencia de más de un delito, pero en las estadísticas solo se computa uno de ellos.
  • La muerte diferida en el tiempo es otro criterio que hace variar las cifras del ministerio de los recuentos por parte de asociaciones especializadas. En muchas ocasiones la víctima es trasladada al hospital con vida, falleciendo días después y no se establece una relación directa con las circunstancias de la agresión.

En Estados Unidos, existe un servicio de prevención del suicidio: la U.S.Substance Abuse and Mental Health Services Administration, (SAMHSA) que lleva varios años sensibilizando en relación al vínculo entre el suicidio y la violencia machista.

Por otra parte en algunos países se ha legislado sobre suicidio femicida. En El Salvador, por ejemplo, se ha incorporado por ley la figura de suicidio femicida por inducción o ayuda.

Conclusiones

Ante este panorama algunas conclusiones importantes son:

  1. Que no es tanto la violencia física extrema la que conduce a la muerte, sino que en la gran mayoría de los casos es el clima de dominio el mayor indicador del desenlace. Puede ser el desencadenante del inminente asesinato machista o de un intento de suicidio.
  2. Necesidad de trabajar para que el sistema contemple el suicidio en mujeres víctimas del maltrato como un factor y una evidencia de la comisión del delito. Puede incluirse en concurso con el delito de inducción al suicidio a los maltratadores.
  3. Inclusión de la perspectiva de género en los planes nacionales de prevención del suicidio.
  4. Trabajar en el diseño de recursos educacionales y en explorar formas de asegurar que, cuando se trabaja en prevención de suicidio, no se pasen por alto los signos de este tipo de violencia, en relación también a la detección de señales de riesgo suicida.
  5. Una recomendación básica es atreverse a hablar, difundiendo especialmente el término suicidio femicida. La sociedad en general tiene escasa conciencia de que se puede conducir a una víctima al suicidio como consecuencia del abuso sistemático.
  6. Capacitar a los/las profesionales que trabajan con las víctimas en la detección de señales de riesgo suicida; el desarrollo de factores protectores, como por ejemplo redes de apoyo comunitarias; y la derivación al sistema de atención en salud mental.
  7. Emplear las nuevas tecnologías y la publicidad como herramienta didáctica y preventiva frente al suicidio femicida, mediante la creación de aplicaciones para la detección y prevención del riesgo suicida y por otra parte mediante la generación de redes de apoyo necesarias para prevenirlo.
  8. Es importante ayudar a las mujeres a eliminar la variable de la dependencia económica al agresor.

Fuentes:

 

Francisco Rodríguez Laguna

Psicólogo con formación avanzada en duelo (Modelo Integrativo-Relacional). Máster en Psicopatología y Salud. Experto en trastornos Infanto-Juveniles y en Intervención profesional desde la Perspectiva de Género. Es socio fundador de la Sociedad española de Suicidiología.

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