¿Cuanto nos cuesta a los españoles cada suicidio?

Costo económico de un suicidio

Artículo realizado por Rogelio González Weiss (Colaborador de papageno.es)

 

Value of a Statistical Life (VSL)

Al hilo de otra publicación en el blog de Papageno, Sonsoles Rivera Pascual (otra colaboradora papagénica) reflexionaba sobre el Value of a Statistical Life (VSL). Con este método se podría cuantificar el costo de cada muerte por suicidio, o lo que en un lenguaje fácilmente entendible, podría suponer cada muerte por suicidio no evitada: ¡En Euros!

Me aventuro a traer aquí algunos datos y hacer algunas comparaciones que nos inviten a pensar sobre el costo de cada muerte por suicidio. Previamente señalamos lo repugnante de asociar “vida humana” con “costes económicos”. Además destacamos que la metodología de los “evaluadores” no es unánime, ni fácil, ni realmente pretenden poner “precio” a un ser humano.

Aparte del ámbito estrictamente académico (principalmente economistas y sociólogos), el concepto VSL resulta muy interesante para determinados sectores empresariales. Valga el ejemplo de las compañías aseguradoras, preocupadas por sus afinados balances de primas/indemnizaciones. Este sector ha desarrollado avanzadísimos métodos para cuantificar cuanto estaríamos dispuestos a pagar por cubrir determinado riesgo, más allá de los “costes/beneficios”.

 

El precedente de la siniestrabilidad de tráfico.

El costo de una muerte.

Más interesantes nos deben parecer los estudios que pretenden mostrar en dólares, para un país, el coste “fáctico”, directo y mesurable de un fallecimiento. Por ejemplo, los que resultan de un accidente de circulación.

Pero los que realmente nos pueden aportar alguna luz (y animar una sonrisa en nuestros lectores/as) son aquellos que buscan calcular cuanto costaría disminuir en una determinada proporción un determinado riesgo de muerte.

Un ejemplo sería el que resultaría tras reducir un 10% el número de fumadores en una región. Algo que podría parecer abstracto o difícil de calcular, se hace con más frecuencia (y ciencia) de lo que parece. Un estudio llegó a establecer que el coste de mortalidad asociado a un paquete de cigarrillos era de 78€ para los hombres.

Hagámoslo fácil, abandonemos la ciencia y calculemos por nosotros mismos. Podemos estimar que si un dia salimos de fiesta y tenemos que llevar el coche, la decisión del conductor “no tomar alcohol” es gratis. Esa opción podría evitar además varias muertes, entre ellas la nuestra. Por otro lado, pensemos que si al regreso, nos tropezamos con un control de alcoholemia de la Guardia Civil, gracias a esa iniciativa nos ahorraremos además los 500€ de la MMG (Multa Mínima Garantizada).

No se queda aquí la cuestión, pongámonos nuevamente a hacer nuestro propio y particularísimo (pero muy serio) cálculo. Y esto sin tener que hacer una encuesta, manejar datos sobre salarios o población ni usar un programa de estadística.

Consideremos un tramo de una carretera que se ha identificado como “punto negro” en base al elevado número de accidentes (y/o muertes) reportados durante un periodo de tiempo. Imaginemos que las autoridades acometen una reforma del trazado que mejore la seguridad del tramo. Si a continuación hacemos un seguimiento de la nueva siniestralidad podemos establecer en base a la inversión hecha y a la variación de la incidencia de accidentes/fallecidos, cual ha sido el “coste preventivo” en euros de esa intervención concreta y balancearlo con el “coste evitado” en término de vidas humanas.

Si quisiéramos proponerlo en “costes económicos evitados” ya si tendremos que sacar la vena matemática. Podremos usar, por ejemplo, valoraciones desde el punto de vista de “salarios brutos dejados de percibir” por los que habrían fallecido sin la mejora, “daños materiales y reparaciones” evitadas o “gastos sanitarios” que no han sido necesarios gracias a las obras. (Ahora si espero una franca y abierta sonrisa).

 
La importancia de la prevención.

Si a los ejemplos anteriores le añadimos que, muchas de las actuaciones preventivas en el pasado resultaron ser gratis (o muy baratas) y supusieron una considerable mejora de las estadísticas de fallecidos por accidentes de circulación, quizás, quienes estamos preocupados por la falta de interés de nuestros políticos por los suicidios, acabemos torciendo el gesto y perdamos la sonrisa que amagamos en el párrafo anterior.

Cuando hace años las administraciones públicas españolas tomaron conciencia del enorme coste humano (y económico) de los accidentes de circulación, se comprobó que era mucha la información existente alrededor de los accidentes. Dicha información era básicamente derivada por las detalladas estadísticas que recopiló durante años la Guardia Civil de Tráfico.

En ellas se recogían no solo las referentes al parque automovilístico, número de conductores, accidentes, fallecidos, heridos o daños materiales, sino que se complementaban también con elementos tales como la causa principal y secundarias del accidente, los lugares de mayor incidencia, factores influyentes en la gravedad del mismo, etc. Por si pareciera poco, reflejaban además todas las circunstancias externas que intervenían en el mismo: si concurría infracción en la conducción, condiciones ambientales, hora del día o día de la semana, tipo de vía, tipo de vehículos, … (Ej de información estadística pública de la DGT).

Con esa información objetiva y sistematizada era “fácil” establecer políticas preventivas y se abordó el problema desde sus “causas”:

  • Concienciación por la seguridad con agresivas campañas publicitarias en TV.
  • Intervenciones en los centros educativos.
  • Normas más restrictivas (como el uso obligatorio de cinturones de seguridad o la tipificación como delito de la conducción bajo influencia de alcohol o drogas).
  • Requisitos de sistemas activos y pasivos de seguridad para los fabricantes de automóviles.
  • Mayor vigilancia en carretera.
  • Controles periódicos de vehículos.
  • Reconocimientos médicos a los conductores
  • Auge de los cinemómetros o los alcoholímetros.
  • Modernización del parque automovilístico.
  • Mejora de las carreteras.

Ni la complejidad del fenómeno, ni la multicausalidad, ni la diversidad de estamentos, ni la inversión o el tiempo necesario para obtener resultados, impidieron que se convirtiera en un objetivo prioritario para diferentes Gobiernos. Así se redujo considerablemente aquella enorme pérdida de vidas.

Actualmente, dependiente de la DGT existe un departamento permanente de investigación e intervención de la siniestrabilidad, que cuenta con planes de investigación que son públicos y que cuentan con saneados presupuestos.

Me permito señalar que desde 2013 se ha producido un frenazo en la casi invariable disminución de víctimas mortales por accidentes de carretera que se inició a finales de los 80. Es fácil entender el porqué, si nos fijamos en la disminución del número de agentes encargados de la vigilancia de tráfico, al menor gasto de las familias en la renovación del turismo/gastos en taller y a la falta de mantenimiento/inversión en infraestructuras viales en estos años de “crisis”.

Comparación de Fallecidos en España por suicidio y accidentes de tráfico 1980-2017

 

¿Qué impide por tanto que abordemos el problema del suicidio como se hizo hace 30 años con los accidentes de tráfico?

Como es obvio, en primer lugar faltaría que los ciudadanos tomaran conciencia de la gravedad del problema en términos de vidas humanas (olvidemos aquí el VSL, por favor)

 

En España el suicidio es la primera causa de muerte no natural, casi dobla las provocadas por accidentes de circulación y multiplica por 11 la cifra de homicidios. Desde 1980 ha supuesto 125.000 víctimas solo en nuestro país.

 

En segundo lugar, debería calar en esa misma ciudadanía la idea de que es un fenómeno prevenible/evitable (tanto o más que los accidentes de tráfico), del que puede y debe hablarse y cuyos principales enemigos están resultando ser “el estigma social”, los mitos y prejuicios que impiden pedir ayuda y el rechazo a informar sobre suicidio o hacerlo incorrectamente, lo que lo ha conviertido en “ese gran desconocido”. No es una mera opinión particular, animo a leer otras entradas del blog para entender la importancia de estos aspectos en la prevención del suicidio.

En tercer lugar, los gobiernos deberían asumir su responsabilidad (presionados por la opinión pública) y plantear (como lleva años exigiendo la OMS) un plan integral para la prevención del suicidio y no conformarse con simples parches (llámese Plan Local, Proposición No de Ley o Estrategia Nacional, claramente insuficientes).

Finalmente, todos los campos implicados directa o indirectamente alrededor del suicidio, desde la ciencia (psicología, psiquiatría, sociología, criminología, etc.), los organismos públicos (salud, jurídicos, docentes, seguridad, etc.), hasta las entidades privadas (colegios profesionales, medios de comunicación, etc.), deberían implicarse en analizar sus ámbitos de actuación y proponer planes y medidas efectivas

 

Costo de las muertes por suicidio: propuestas de mejora

Desde este trabajo solo cabe invitar a la reflexión y animar a hacer propuestas. Sería interesante, por ejemplo, la creación de una comisión interdisciplinar que coordinara esas propuestas y que cuanto antes condujeran al tan necesario Plan Nacional para la Prevención de Conductas Suicidas. Yo me atrevo también a hacer las mías.

 
Mejora de los datos epidemiológicos sobre el suicidio

Como analista, me preocupa la disgregación e inaccesibilidad de las informaciones vinculadas al suicidio, especialmente en las referidas a “tentativas” o “ideaciones”, y la poca implicación pública en la investigación (con la honrosa y dispersa excepción de la sanidad).

Como cuestión de salud, opino que el Estado (soy consciente de las competencias autonómicas) deberá articular un protocolo que incluya, entre otras muchas cuestiones, las reseñas de tentativas suicidas. Con independencia del seguimiento y tratamiento del paciente, esto permitirá extraer una radiografía viva del fenómeno y de las circunstancias que lo envuelven (más allá de un simple “mapa estadístico de muertes”). Este se complementaría, a nivel forense, con la obligación legal de realizar las autopsias psicológicas a todas las personas en las que se sospeche autolisis, y mejoraría el actual protocolo de registro de “causas de la muerte”. Esto permitiría además conocer los factores desencadenantes, los fallos del sistema y la efectividad de las medidas preventivas.

 
Mayor presencia de la psicología en la salud pública

Para los que centramos el interés en la persona que sufre y puede caer en el suicidio, entendemos que todo pasa por potenciar (mucho) la presencia de la psicología en la salud pública (que permitiría además la moderación del recurso farmacológico). El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid publicaba en su blog el pasado año un resumen esclarecedor.

 

En 2017 el número de psicólogos sanitarios colegiados en España era la mitad que el de fisioterapeutas, la tercera parte que los farmacéuticos o la décima parte que facultativos o enfermeros.

 

Los mismos profesionales que reciban, evaluen, asistan y deriven, deberían ser (en mi opinión) los encargados de recoger los datos de cada uno de los casos objeto de atención y responsables de su seguimiento. Conocerían las tentativas y alertarían sobre los casos de riesgo.

 
Creación de un «Centro para la Prevención, el Análisis y la Investigación del Suicidio»

Un eventual Centro para la Prevención, el Análisis y la Investigación del Suicidio, dependiente del Ministerio de Sanidad, sería el encargado de ir proponiendo esos protocolos de abordaje y de recopilación de datos. En coordinación con las diferentes competencias autonómicas, propondría las líneas de investigación que sirvan para adoptar medidas concretas de prevención/actuación dirigidas a cada autoridad competente (Justicia, Salud Educación, etc.).

Sé que para muchos profesionales habrá otras cuestiones que les resultarán prioritarias (y les invito a plantearlas), aunque pienso que no estarán muy reñidas con las mías. Afortunadamente no soy psicólogo y nadie podrá acusarme de corporativismo 🙂

 

Las cifras del VSL en el suicidio

Alguien habrá quedado con la duda sobre cual es el VSL aplicable para el caso de España (y para el suicidio). No es fácil responder, pues como ya señalaba, no hay un criterio único sobre lo que es ese concepto, lo que tiene que medir o como debe hacerlo. En consecuencia la “cuantificación” es muy variable dependiendo del ámbito, del método o del investigador. Por ejemplo, frente al baile de cifras, algunos estudios de “meta análisis” han tratado de fijar un “estandar” de la valoración que fuera comunmente aceptada (y de alguna forma “generalizable”). A eso hay que añadir que no es lo mismo un estudio referido a seguridad del tráfico que otro sobre cuestiones de salud ni las referidas a un país u otro.

Desgraciadamente no he encontrado ninguno relacionado con el suicidio, así como tampoco una respuesta unánime en campos como el de las muertes por accidentes de circulación o el tabaquismo. Aún así comprobamos que existen oscilaciones desde 1 hasta los 4 millones de Euros. Para entender la complejidad y variedad de enfoques, recomiendo el seguimiento de algunos estudios como:

Ateniendonos a esas cifras, y usando una extrapolación totalmente acientífica, supondría que el “VSL del suicidio” más modesto superaría en España al presupuesto destinado en el PGE2019 a Cultura y Eduación, o a Sanidad y Servicios Sociales (y multiplicaría por 6 el de la DGT).

¡Ojo!, si recurrimos a la baremación judicial de la indemnización por una muerte en accidente de tráfico en España (no es una VSL, pero debería), la cantidad básica se reduce a tan solo 90.000€. ¡Cosas de la Justicia!

Ironías aparte, y como decía Sonsoles (creo que nadie nos lo discutirá), ninguna estimación estadística pretende ni puede poner valor económico a la vida humana (eso sin considerar a las personas que queremos).

 

Vidas demasiado valiosas para permitir que nuestros gobernantes sigan sin adoptar medidas concretas que prevengan, aunque fuera, una sola muerte por suicidio. Qué decir cuando el número se eleva hasta los 3.679 suicidios del año 2.017 en España, último del que disponemos de datos. Recuerden, cada 2 horas y media que nos retrasamos perdemos a un ser humano cuya muerte tendríamos que haber evitado.

 

Por mi parte (como insensible y poco riguroso analista) diría además que cada 2 horas y media perdemos 1 millón de Euros que podríamos haber evitado 😉


 

Rogelio González Weiss

Criminólogo y analista. Representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles. Lleva a cabo estudios epidemiológicos sobre salud laboral y conductas suicidas en el ámbito de la Guardia Civil, para alertar del problema y para la adopción de políticas activas de prevención.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
× ¿Cómo puedo ayudarte?
A %d blogueros les gusta esto: