Las conmovedoras historias humanas que esconden las cifras del suicidio

18 años después de la muerte de Ketty Díaz Llofriu se publicó su obra poética con el nombre «Mi Reflejo». Escrito en castellano y catalán, y con poemas escogidos por su madre y un buen amigo, recogen el interés de Ketty por usar la poesía como forma de expresar sus emociones. Ahora su familia decide mostrar mostrar al mundo la obra como forma de mantener viva su memoria. 

Ketty falleció con 19 años cuando la vida se le hizo demasiado grande y decidió acabar con ella. Una historia dura de las que esconden las dramáticas cifras de suicidio en nuestro país. Un ejercicio valiente de mostrar lo más íntimo de la existencia de una persona y que paradójicamente puede servir para recordarla y darle vida a muchas personas que pasan por trances similares y puedan sin embargo decidir seguir viviendo y luchar. Un empujón para familias y allegados que perdieron personas cercanas por suicidio y que deben aprender a reinventarse, para reconstruir el sentido de sus vidas.

 

Era una forma de que que no muriese del todo y que sus palabras no quedarán en un cajón olvidado que no hubiera servido para nada todo lo que Ella había hecho. Había una historia que contar…

Antonia (madre de Ketty)

 

El libro fue presentado en Manacor, en la sede de Estel de Llevant, durante un acto donde también participó la Associació de Familiars i Amics Supervivents per Suïcidi (AFASIB). La madre de la autora, Antonia, también tuvo la oportunidad de participar en un programa de la Cadena Ser, donde pudo contar la historia de su hija y sus anhelos.

Recuerda que la conducta suicida no es nunca la solución. Es un problema complejo y multicausal que provoca gran sufrimiento a las víctimas y a los supervivientes. Si tienes ideación suicida, necesitas ayuda o estás preocupado por algún familiar y amigos en el este enlace puedes encontrar información y servicios de ayuda. Si estás preocupado por alguien cercano puedes acceder también a estos recursos.


DATOS BIBLIOGRÁFICOS

AUTOR: DÍAZ LLOFRIU, KETTY
EDITORIAL: GRANADA CLUB SELECCIÓN
ISBN: 978-84-16656-79-

 

 

 

María Francisca Morell García: «Vivimos en una sociedad en la que huimos del dolor»

María Francisca Morell García (Presidenta de AFASIB) y Javier Jiménez Pietropaolo (Presidente de la red AIPIS) en el Congreso de los Diputados en una jornada reivindicativa.

María Francisca Morell García, Xisca, es la presidenta y fundadora de Familiares y Amigos Supervivientes por Suicidio de las Islas Baleares  (Afasib). Es psicóloga, y está formada en la rama de la suicidología, por elección propia y porque también la vida la sacudió con la pérdida de un ser querido. Ahora pasado un tiempo, se ha centrado en la construcción de red de apoyo y prevención que da cobertura en Baleares, ofreciendo su ayuda a una gran cantidad de familias que están pasando por lo mismo.

Cuando Xisca habla de su fase de duelo no deja de mencionar a Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (RedAIPIS), a quien agradece la protección y la atención recibida y asegura que fue él quien la animó a montar esta asociación. Su objetivo lo tiene claro: prestar información y orientación, a los familiares, amigos y otros amigos que han sufrido la pérdida por suicidio. Xisca además es colaboradora activa de papageno.es, puedes ver algunas de sus entradas aquí.

P.- ¿Cuál es el origen de Afasib?

R.- El origen está en el suicidio de mi hermano. Tuvo varios intentos durante varios meses y nuestra única preocupación era su recuperación, ni siquiera nos planteamos hablar con sus psiquiatras.  Cuando ocurre el suicidio, te quedas destrozado. Son momentos en lo que te quedas descolocado, la culpabilidad desunió mucho a la familia, la dirigimos los unos contra los otros y sin decírnoslo, el gran fallo del superviviente, porque hace que los miembros de la familia se dispersen más y los familiares lejanos acaben desapareciendo. Te quedas en una situación de aislamiento muy grande, sin tener recursos, no sabes reconocer si lo que te pasa es normal o estás enferma. Desamparada sería la palabra.

P.- En una entrada de este mismo medio hablabas de la importancia de practicar el silencio terapéutico:  “El silencio atento y presente invita a hablar, porque alguien te escucha”, “basta con conectar la mirada para que invada la sensación de empatía, comprensión y confianza”¿Cuál es el límite entre el silencio de ayuda y el silencio, que por el contrario, evita hablar del tema del suicidio?

R.- La presencia. Es suficiente con que vengas y estés, incluso sin que yo te lo pida. Me da igual que hables o no. A nivel profesional, lo veo también en las personas a las que atiendo tanto a nivel grupal y en mi trabajo como psicóloga. Es necesario concederle ese espacio a la persona, necesita el silencio para reordenar sus ideas, aún más, cuando estás en una situación tan traumática.

Por desgracia lo que me he encontrado es que no hay presencia. El silencio se basa en que desaparecen de tu lado, no vienen a verte ni te llaman. A veces tienes la sensación de tener algo como contagioso. La gente evita ese contacto, seguramente porque no saben qué decir, no saben cómo apoyarte. De ahí que escribiese sobre el silencio terapéutico como un «basta con que vengáis».

P.- Que alguien fallezca normalmente supone un duelo, pero cuando se trata de un suicidio parece que el esfuerzo de sobreponerse es doble: la pérdida de esa persona y la de aquellos que han decidido alejarse.

R.- Claro. Tienes que gestionar la pérdida de las personas que se alejan y lo peor de todo es que no puedes culparlos porque en el fondo entiendes que se alejen. Sabes que ese distanciamiento deriva del estigma del suicidio que está tan arraigado, porque no saben cómo manejarlo. Supongo que vivimos en una sociedad en la que huimos del dolor, no deja de ser una combinación de cosas, pero es cierto que los supervivientes pasamos por un doble duelo. En el primero, con la muerte,  asumes que es algo definitivo, pasas por todas las etapas hasta que acabas gestionando esa pérdida como puedes. Pero la segunda pérdida, las personas que se alejan, normalmente parte de tu familia que necesitas y que están vivas, es algo que no te permite cerrar un ciclo. La muerte si algo tiene es que es un fin, por lo que puedes gestionarlo, pero cuando están vivos es mucho más difícil, entre otras cosas porque no tenemos recursos para comunicarnos.

Desde la asociación intentamos que esa verbalización y expresión no se interrumpa. En la primera o segunda reunión me impactó que hubo gente que expresó tal cual el suicidio que presenciaron, ahí  te das cuenta de que necesitan soltarlo de esa manera porque nunca habían podido hablarlo con nadie.

P.- ¿Soltarlo todo ayuda a interpretar y asimilar lo que está pasando, a ser capaz de ver la magnitud de lo que uno se estaba guardando para sí?

R.- Sí, somos personas que nos tenemos que comunicar continuamente. Sentimos miedo de que no nos entiendan, de que se alejen de nosotros. Cuando estas dentro del grupo de apoyo lo primero que haces es contar todo aquello que has tenido que guardar y callar por la vergüenza o incomodidad que te ha producido hasta el momento. Pero una vez lo dices, te encuentras que no hay ninguna cara ni de incomprensión, ni de sorpresa. Todos hemos vivido situaciones tan difíciles relacionadas con el suicidio que cuando nos cuentan otras experiencias sobre el tema lo que no es invade es un pensamiento de comprensión y empatía. 

P.- El suicidio, a fecha actual, sigue estando ligada a connotaciones negativas arrastradas de una construcción social y cultural. En la última década se ha puesto de moda una cultura ‘mindfulness’, como proceso de alcanzar ese bienestar total, pero el tema de la muerte sigue siendo algo esquivo… ¿debería de empezar a abordarse en las aulas, desde la infancia?

R.- Falta una educación en la realidad de la muerte. Se tiene que afrontar como en todo en la vida, y además con equipo de profesionales que te puedan asesorar sobre cómo abordar el tema, porque hay que saber bien cómo dirigirlo de la manera correcta.

Hay que empezar a mentalizar desde la temprana edad que la vida y la muerte son cosas de las que no podemos escapar. Vivimos y algún día moriremos, cuanto más tarde mejor, pero existe la posibilidad de que muramos antes de lo que tenemos previsto. Tomar conciencia de ello permite recolocar muchísimas cosas en nuestro orden de prioridades. En nuestra sociedad actual tratamos de anestesiar la realidad, como si fuese posible vivir toda la vida, la eterna juventud y los ideales que arrastra. Nosotros trabajamos con la filosofía budista, pero otros disponen de su fe católica que también les va bien para superar las cosas, su bien de la muerte es más esperanzadora…

P.- La fe católica tacha al suicidio de pecado, lo considera algo antinatural…

R.- La raíces del estigma las tenemos que buscar ahí, en los castigos que tenían que asumir tanto el suicida como su familia.

P.- Papageno recopila muchas variantes de la conducta suicida, no cierra campos. Desde tu opinión como psicóloga, ¿crees que la formación que os imparten en la carrera en las universidades cuenta con un desarrollo fuerte o, al menos, un concepto claro de cómo abordar la conducta suicida?

R.- Yo personalmente en la carrera no estudié ningún tema que tratase el abordaje de la conducta suicida. Como otros temas que tampoco se tocan: el duelo o la gestión de la pérdida. Lo que no quiere decir que tú puedas optar por tratar ese tema para algún trabajo, pero es a iniciativa propia. Debería ser una asignatura obligatoria, ¿cómo vas a salir de la carrera sin haber estudiado de forma completa el abordaje del duelo y la pérdida?

P.- También es un tema pendiente en la sanidad pública.

R.- Sí, los protocolos de atención a la conducta suicida están tardando. 

P.- De nuevo, como persona que has vivido de cerca el suicidio, ¿qué sensación tienes al hablar de este tema con otras que no están formadas, informadas o que no lo han padecido directamente?

R.- Entiendo todas las posturas y las respeto, pero a mí no me incomoda hablar del suicidio, y eso es un proceso que me ha llevado tiempo. Al principio sólo con oír la palabra suicidio me incomodaba. Una de las luchas que tenemos desde Papageno y cualquier otra iniciativa profesional  por la prevención de la conducta suicida, es precisamente que no se oculte el hecho de que el fallecimiento de alguien ha sido por suicidio.

P.- Si no tengo mal entendido, el término ‘culpa’ es algo recurrente en el superviviente, ¿cómo trabajáis para combatir este sentimiento?

R.- Compartiéndolo. Hay personas que acaban de perder a un ser querido, y otras que ya están en otro momento de la gestión emocional. Los hay que vienen y nos dan unas lecciones de vida increíbles, como padres que han perdido a sus hijos.  Son los que peor gestionan la culpabilidad y cargan con la responsabilidad, piensan que algo hicieron mal en la educación para que su hijo acabase quitándose la vida. Entre ellos se ayudan mucho porque están en distintas etapas del proceso. La idea siempre parte de que has hecho algo mal, se entra en un bucle de reproches sobre lo que hicieron o no para evitar el suicidio. Y en cambio el resto están ya en la fase de darse cuenta del amor que profesaba a su hijo y que, como cualquier persona, se pueden equivocar, pero saben que hicieron todo lo que podían y estaba en sus manos.

P.- ¿Tiene sentido ahondar en los porqués, en el pasado?

R.- Los porqués salen y tienen que salir. Nuestra naturaleza se basa en buscar respuestas de todo aquello que no entendemos, y el suicidio no lo entendemos. Primero porque es tabú, y segundo porque no estamos preparados para saber gestionar estar explicaciones. Tenemos la tendencia a querer encontrar una explicación razonable a lo que ha ocurrido. Cada uno lleva su ritmo. Con el paso del tiempo todo se suaviza un poco, el porqué deja de ser una duda tan intrusiva.

P.- Los métodos de comunicación han avanzado bastante, ¿cuáles dirías que son los riesgos o beneficios que integran a la hora de tratar el tema del suicidio?

R.- La gente cuando está mal asesorada y no tiene el apoyo profesional adecuado, busca información en las redes. En este espacio digital hay mucha información, pero no todo es buena. Ahí es donde más hay que trabajar, pero es sumamente difícil. Muchos supervivientes hablan de cosas que ven en las redes, vídeos, auténticas barbaridades…

P.- Es un terreno pantanoso, con un vacío legal en especial en las redes sociales.

R.- Es imposible de controlar. Y también da pena ver cómo hay personas que utilizan estos medios para sacar provecho del dolor, pero es algo contra lo que debemos luchar todos.

P.- ¿Con qué canales trabajáis en Afasib?

R.- Todavía seguimos en fase de conocimiento, no llega a un año que empezamos a funcionar. La mayoría de los supervivientes son nuevos, y todavía estamos conociéndonos. Por el momento realizamos reuniones mensuales de grupo de ayuda mutua.

A su vez, estamos trabajando con el Observatorio del Suicidio para la realización de los protocolos de prevención. Ellos nos derivan a los supervivientes, y nosotros les contactamos también cuando sabemos que alguien no se encuentra bien para que reciba ayuda lo antes posible.

P.- Hazme un balance de lo que habéis conseguido hasta el momento y otros retos que tengáis. (Afasib se fundó en agosto de 2018)

R.- El balance es muy positivo, yo no soy tan consciente porque estoy detrás de todo. Pero los que lo ven desde fuera ven los pequeños avances como grandes logros porque al fin y al cabo somos una organización incipiente. Yo veo que funciona desde el momento en que siento que hay un respaldo por parte de las demás asociaciones, de la Consejería de Salud, y estoy segura de que se pueden abrir nuevas vías de construcción y colaboración muy bonitas. Queremos un proyecto que realmente sea capaz de cubrir una atención efectiva a los familiares. No olvidemos que ellos también son un grupo de riesgo en la conducta suicida por lo que las medidas de prevención son esenciales.

 

M. Fca. Morell en las I Jornadas de Suicidio de Mallorca con otros miembros y colaboradores de AFASIB

Entrevista realizada por:

Brezo Criado Santos

Periodista. Estudiante de último curso en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Ha escrito para la Nueva España de Gijón y actualmente da sus primeros pasos radiofónicos en la Cadena Ser.

 

El por qué de las asociaciones de supervivientes

 

Se denominan «supervivientes» a aquellas personas en duelo por la muerte de un familiar o allegado que ha fallecido por suicidio. 

Las asociaciones de supervivientes son aquellas promovidas por los mismos afectados que tienen como objetivo dar un servicio de apoyo a través del método de autoayuda o ayuda mutua sin ningún afán de lucro. 

El duelo por suicidio presenta características diferentes al que acompaña a otro tipo de muertes, que se acompaña de una fuerte carga emocional con culpa y vergüenza y preguntas reiteradas alrededor del hecho de la muerte.

El duelo es un proceso natural de adaptación a la pérdida que nos permite recuperar la normalidad. Hablar, compartir y sentirse acompañado son elementos esenciales para el proceso. Hay personas que pueden necesitar un acompañamiento especial y pueden encontrar un apoyo fundamental en grupos de personas que han pasado por el mismo trance. En casos de duelos complicados o en personas que necesiten un asesoramiento específico conviene también contar con apoyo profesional especializado.

La OMS destaca los beneficios de este tipo de estructuras que según su apreciación beneficia creando un ambiente empático, confidencial y de pertenencia con sensación de comunidad y apoyo y aumentando la esperanza de recuperar la normalidad. También proporciona apoyo para tratar con aniversarios difíciles u ocasiones especiales, da la oportunidad de aprender nuevas formas de enfrentar los problemas y crea un escenario para expresar libremente emociones, temores y preocupaciones.

En España existen diversas asociaciones de supervivientes diseminadas por el territorio que son muy activas y que además de proporcionar ayuda a personas que lo necesitan, hacen también un importante papel reivindicativo para luchar contra el estigma y para promover la creación de un Plan Nacional de Prevención de la Conducta Suicida.


MÁS INFORMACIÓN
  1. Asociaciones de supervivientes, grupos de autoayuda y duelo
  2. Creación de grupos de supervivientes
  3. Guías de autoayuda
  4. Páginas web de ayuda

Cómo comunicar el suicidio de un familiar a niños y niñas

Nuestra cultura ha convertido el tema de la muerte en algo tabú y de lo que hay que evitar hablar. Eso convierte el duelo en algo doloroso que muchas veces se coarta y más en casos de que la muerte sea por suicidio y haya que comunicarla a menores.

El duelo por suicidio es especialmente complicado. Los supervivientes, tas un período inicial inician una búsqueda de las causas de la muerte que puede ahondar el sufrimiento y que cursa con sentimientos de culpabilidad, vergüenza y de abandono.

 

“El duelo reclama zurcir los rotos del corazón que la pérdida ocasiona, sanando con paciencia la nueva vida”.
José Carlos Bermejo – Director del centro de Humanización de la Salud 

Cuadernos de ayuda al duelo (ALBIA)

 

El ocultismo y la evitación conlleva a veces problemas agravados puesto que perdemos importantes momentos de aprendizaje para afrontar la muerte de una forma más adaptativa. Los niños y niñas que pasan por situaciones de este tipo necesitan saber para integrar la experiencia en sus vidas y superarlas. Por lo tanto, es importante que todos aprendamos a hablar del suicidio y a comunicarlo adaptándolo al nivel madurativo de cada uno.

 

Es muy difícil encontrar las palabras para comunicar la desalentadora noticia del suicidio de un ser querido. Tal vez sientas la tentación de «proteger» a tu hijo de tan traumática información contándole «mentiras piadosas» o verdades a medias. Sin embargo, al no tener una explicación sincera, los niños tienden a inventarse sus propias historias. Estas historias que se cuentan a sí mismos pueden provocar todavía más confusión, miedo y aislamiento.

Margo Requarth, terapeuta de pareja y de familia
margo@HealingHeartsPress.com

Como explicarles a los niños el suicidio

 

Los ingredientes principales para una comunicación efectiva se basan en dos pilares. Por un lado, la honestidad. Mentir suele traer consecuencias y hoy en día es difícil ocultar un hecho de tal envergadura. Siempre será mejor que un adulto sensibilizado comunique la muerte del familiar, que la información llegue por otro medios (otros niños, medios de comunicación, redes sociales…). Por otro lado, a la hora de informar hay que personalizar el mensaje teniendo en cuenta la edad de la persona superviviente y su nivel madurativo. Adaptar el lenguaje a sus necesidades es vital para ser entendidos.

Otro aspecto importante son los tiempos. La precipitación o los miedos  y los retrasos pueden hacer de la comunicación un proceso complicado que nos aleje del objetivo que no es otro que ayudar al menor a adaptarse a la falta del ser querido y a los cambios que ello conlleva.

Por último es necesario destacar que muchas de nuestras experiencias traumáticas están más ligadas al silencio alrededor de éstas que al hecho que las motivó. Esto está causado porque hablar y comunicar sana y el dolor compartido se atenúa. En cosnecuencia debe favorecerse la expresión emocional. El duelo no es patológico y sólo necesita de apoyo profesional cuando se patologiza.


MÁS INFORMACIÓN

El final del duelo

¿Qué significa elaborar el duelo?, ¿existe una manera adecuada de procesar esta experiencia? A pesar de que el dolor no restaura el vinculo perdido, existe evidencia de que tal experiencia estimula un complejo neurológico responsable del procesamiento de la información que incluye un establecimiento de nuevos significados o la reorganización de nuevos esquemas mentales. En definitiva, una reestructuración de nuestro mundo interior y nuestra propia identidad.

Pero detrás de estos procesos hay una base biológica, así las acciones arriba indicadas y que señalaban autores como Robert Neymeyer y Ronnie Janoff-Bulman en lo referido al propio sistema de creencias y valores del doliente tras el proceso traumático, o Richard Tedeschi y Lawrence Calhoun en lo que se refiere al crecimiento postraumático que experimentan algunas personas en la etapa final del duelo y por último en cuanto a la creación de nuevos significados o esquemas mentales que citan Mardi Horowitz y Susan Folkman, todas ellas tienen un incuestionable correlato neurobiológico

Ello, tiene importantes implicaciones en cuanto al diseño de estrategias de intervención, así , estos cambios citados, en forma de nuevas creencias, o significados o conclusiones referidas a una misma persona, sobre la vida y las relaciones con las demás personas deben emerger de forma natural como consecuencia del proceso de asignación de significación emocional-cognitiva, y no como un esfuerzo mental de distorsión para reducir la sintomatología. Es por ello que el trabajo desde lo puramente cognitivo e implicando auto instrucciones del tipo: Hay que resignarse, no debo pensar en ello, tienes que esforzarte, etc.., no sólo resultan poco útiles sino que pueden complicar el proceso de recuperación y elaboración del duelo

Pero ello no implica la eliminación o minimización de las conductas de afrontamiento del duelo por parte de la persona superviviente, lo que cabe es una exploración cuidadosa de la vivencia subjetiva de la persona con el objetivo de determinar si las conductas, sentimientos o pensamientos que experimenta la persona doliente son realmente estrategias que contribuyen a un adecuado procesamiento del duelo o por el contrario se constituyen como respuestas inadaptativas

En este contexto, por extraño que parezca, la estrategia de afrontamiento más efectiva no es siempre la que modera el efecto del estrés sobre la persona, sino la que promueve un procesamiento emocional-cognitivo de la experiencia de pérdida, por ello, la efectividad del afrontamiento puede ser independiente de la sintomatología, pudiéndonos encontrar con situaciones donde un afrontamiento correcto es aquel que incrementa la sintomatología y en otras ocasiones la reduce, así por ejemplo en una primera etapa, una persona puede intentar evitar conectar con la pérdida y su significado y ello le ayuda a permanecer estable de tal manera que se protege de un exceso de sufrimiento que es difícil de asimilar en principio.

En definitiva, el quid de la cuestión reside en si el afrontamiento que emplea la persona en ese momento le ayuda o no, a asimilar la situación traumática.

Payás Puigarnau, Alba (2010). Las tareas del duelo. Editorial Paidós

Reseña

Francisco Rodríguez Laguna

Psicólogo. con formación avanzada en duelo (Modelo Integrativo-Relacional).

Tradición y duelo

La Santa Muerte y el Día de los Muertos en Méjico (tradición y duelo)

Francisco Rguez. Laguna 6 de marzo del 2019

El día de los muertos es una celebración mejicana similar a nuestro día de los difuntos. Se celebra el 1 y 2 de noviembre, y se festeja durante todo un día y la noche, como fiesta en los cementerios, mediante comidas, en muchas ocasiones sobre las propias lápidas, hay música , se charla con el difunto y los niños y niñas juegan por todo el cementerio. Se mezcla el dolor y la fiesta, el recuerdo y el amor por los seres queridos y también se celebra la vida.

Reconozco que cuando tuve conocimiento de tal tradición me sorprendió gratamente. Tener presente la muerte de esta manera facilita a muchas personas que transitan el duelo, una conexión intensa y eficaz relacionada con los propios significados de su pérdida.

La muerte nos acompaña desde nuestro nacimiento, una vez nacidos ya tenemos escrita nuestra sentencia de muerte , sin embargo, no existe una didáctica salutogénica entorno a la misma, ni respecto del duelo.

Hablar de la muerte no sólo es de mal gusto, si no que propicia sanciones
morales y éticas en el entorno, hacia quien trata sobre este tema.

Ante las pérdidas, el dolor nos atraviesa y lo sufrimos muchas veces en
solitario pensando que el tiempo es al que le corresponde realizar las tareas que procesan nuestro duelo, sin embargo, los mitos, como éste, respecto de este proceso tan importante en nuestras vidas como es el duelo se imponen; “expresar tu dolor te hace daño o hace daño a las demás personas, el dolor debe ser expresado en la intimidad…, etc.”

Otras expresiones inadecuadas son utilizadas en el propio tanatorio, desde la ignorancia y con la mejor intención expresamos mensajes que también dificultan el duelo; “ ahora tienes que ser fuerte, ahora tienes que distraerte, los niños son pequeños y no se acordarán de nada, piensa en tus otras hijas, a él/ella no le gustaría verte así, etc…”

También se ignoran las diferencias relativas al género en cuanto a la elaboración del duelo; mujeres y hombres presentan diferencias  importantes a la hora de afrontar la pérdida.

En cuanto a la infancia procuramos extraer a niños y niñas de cualquier
situación que pueda suponer un contacto con el dolor o la visión del ser
querido en el tanatorio. ¿Cómo se ha de actuar ante la pérdida de un ser querido con un menor de 5 años que le sobrevive, y con una persona en plena adolescencia?

Con el paso del tiempo, una parte de la población llega a desarrollar trastornos psicosomáticos relacionados con un duelo mal realizado, patológico o crónico. Y son muchas las consultas en salud mental realmente motivadas por duelos mal resueltos.

En definitiva es hora de ponerse manos a la obra e introducir una didáctica adecuada entorno a la muerte y el duelo, precisamente para proteger nuestra salud mental en primer lugar y para reconfigurar muchos significados en entorno a estos conceptos

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