Acoso y suicidio: un binomio mortal

Acoso y suicidio: un binomio mortal

La conducta suicida es multicausal y compleja. Aducir razones para explicar su aparición explicitando una sola causa es simplista y dificulta el abordaje preventivo, porque son muchos los factores de riesgo los que influyen en la decisión de una persona que termina con su vida. 

Sin embargo, hay factores que tienen una importante influencia en la muerte autoinflingida y las autolesiones. Uno de ellos es el acoso en todas sus manifestaciones: sexual, escolar, laboral… 

Ya hablamos en una anterior entrada de la doble relación entre la violencia de género y la conducta suicida, Pero la relación con el acoso no se circunscribe al entorno doméstico exclusivamente. El entorno escolar y laboral puede convertirse para personas vulnerables en verdaderos infiernos que las empujan a tomar decisiones erróneas con graves consecuencias.

El bullying o acoso escolar está detrás de muchas conductas suicidas, lo que puede ser constatado en muchos estudios. La muerte por conductas autolíticas puede afectar tanto al agresor (relacionado con su impulsividad), como al agredido. La víctima de la conducta de acoso siente como su agresor aumenta su poder sobre ella y queda en el desamparo, sintiéndose culpable por lo que ocurre y esperando la próxima agresión. El círculo vicioso acaba trayendo consecuencias, siendo la más dramática el suicidio. Vivir con miedo es la peor de las vidas cuando no se es capaz de romper las dinámicas de grupo perniciosas.

Cuando este acoso se da en el entorno laboral, se utiliza el anglicismo de «mobbing». Esta variante del acoso tiene características similares al anterior, salvo que se desarrolla en el mundo adulto. Algunas prácticas propias de algunas organizaciones pueden fomentar este tipo de problemas. El acoso laboral destroza vidas. Empresas como France Telecom, acusada de prácticas de recursos humanos agresivas, afrontan complejos procesos judiciales por acusaciones de este tipo.

Pero el acoso no es sólo un problema de que existan agresores. Por desgracia, aunque es nuestra obligación conseguir un mundo lo más justo posible, vivir conlleva saber afrontar de forma adecuada las injusticias que nos puedan suceder. En consecuencia tenemos que aprender recursos para defendernos, para ser críticos con lo que nos ocurre o les ocurre a otros y evitar las actitudes sumisas que nos hacen daño. El agresor es responsable de su acción, evitarla es responsabilidad de todos. El suicidio nunca será una solución a un problema.

 

“Esperar que la vida te trate bien por ser una buena persona es como esperar que un tigre no te ataque porque tú eres vegetariano»

(Bruce LEE)

 

El acoso es un problema social y de los grupos humanos. El desarrollo de estas conductas necesita de cómplices a través del silencio. Si conoces algún caso de acoso o tienes alguna sospecha, nunca guardes silencio. Si eres víctima de acoso, busca ayuda. 

¡Por un mundo sin acoso, lucha!

 

Daniel J. López Vega es Psicólogo y colaborador de la plataforma de profesionales de prevención del suicidio papageno.es


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