Suicidio en la violencia de género

Suicidio en la violencia de género

El suicidio y la violencia de género son dos importantes causas de sufrimiento que en ocasiones aparecen asociadas indeleblemente. El estigma y el tabú que persiste alrededor de estos fenómenos mantiene este problema social latente y muchas veces oculto a la opinión pública. La relación entre ambos temas está esencialmente ligado a los valores de nuestra sociedad que sigue siendo predominantemente machista y que vive en la ambivalencia de una sociedad masculinizada y la lucha de los valores igualitarios según el sexo. La gravedad de los dos fenómenos hace que en muchos casos uno de los temas oculte el otro.

Esta dramática asociación entre ambos temas puede manifestarse de dos formas principales. Por un lado nos encontramos el homicidio-suicidio (H-S) también denominado muerte diádica o suicidio ampliado que se define como un acto violento en el cual el agresor tras acabar con la vida de la víctima, se da muerte. Ambos actos violentos están relacionados motivacionalmente, además de suceder en el mismo intervalo temporal.

 

La gravedad de este problema viene señalada porque si bien en el mundo existen más víctimas de muerte violenta entre varones, en el caso de las mujeres se estima que el 70% de estas muertes tiene sus causas dentro del ámbito doméstico (relaciones de pareja o familiares) o por violencia sexual. De la misma forma son las mujeres las principales víctimas del H-S.

 

La otra cara del suicidio en la violencia de género esconde el drama de muchas mujeres maltratadas que viven la violencia de forma trágica y que optan por acabar con sus vidas para terminar con su sufrimiento cuando no perciben otra salida para sus problemas. Este tipo de muertes podría ser evitado a través de un mejor abordaje de la violencia machista. Como en otro tantos temas, la EDUCACIÓN se hace vital en su atención. En muchos casos la violencia aparece desde las primeras relaciones en la adolescencia y ese es un momento perfecto para implementar las primeras intervenciones dirigidas a combatir los mitos de los agresores y enseñar habilidades sociales y herramientas de detección y protección a las jóvenes. El problema también tiene un cariz SANITARIO. En este sentido la atención primaria es un lugar idóneo para la detección precoz del maltrato. Cuando se detecta es adecuado investigar el riesgo de suicidio de la víctima. La ideación suicida y los intentos son habituales en muchas víctimas de violencia machista.

 

Una mujer que ha sufrido abusos en el marco de la violencia doméstica podría tener una probabilidad de suicidarse 12 veces mayor que quien no lo ha sufrido. La violencia psicológica puede estar detrás de la conducta suicida de muchas mujeres maltratadas.

 

Esta doble manifestación de conductas violentas requieren una mayor atención social que evite el estigma y las posturas moralizantes y que los atiendan como un problema de salud pública para evitar la muerte y sufrimiento de tantas personas cuya única causa es haber nacido mujer en un mundo regido por valores machistas.

Para solucionar un problema, lo primero es reconocer su existencia y en este caso, con fuerte componente social, la visibilidad se hace necesaria. Porque la violencia machista y el suicidio son prevenibles, ¡HAZLOS VISIBLES!

Si sufres maltrato o si eres testigo de maltrato ¡DENUNCIA!. Tu denuncia puede salvar vidas.

 


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