Archivo el mayo 24, 2019

El negro no siempre es mal color

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En el imaginario colectivo el negro ha sido siempre un color que se relaciona con aspectos negativos, quizás por ser el negro el color de la oscuridad y provocar miedo por las amenazas que suponía para nuestra superviviencia. Sin embargo, el negro no siempre es un mal color. Seguro que si lo piensas encuentras muchos objetos que teniendo ese color te inspiran cosas positivas. 

En este ejemplo está claro que no es el color negro el que nos inspira miedo en sí -no tiene esa capacidad- sino que es nuestra interpretación la que nos atemoriza. Lo mismo ocurre con muchos sucesos de nuestra vida. El mismo hecho ocurrido a diferentes personas o en diferentes momentos de la vida inspira emociones diferentes y reacciones dispares.

Es el caso de los pensamientos depresivos que nos sumen en una especia de túnel que filtra todo lo que nos ocurre. Nos hacen ven el «color negro» como algo negativo aunque no sea necesariamente así y da tonalidades negras a otros colores diferentes. Los problemas muchas veces son oportunidades que te presenta la vida y si eres capaz de sacar la mejor versión de ti mismo para solucionarlos ellos te ayudarán a ser mejor persona. En estas ocasiones nuestro cerebro consigue enfocar nuestra atención sólo en lo negativo que nos ocurre. Su consecuencia más grave son las conductas suicidas.

Aunque el suicidio es multicausal y complejo parece que existe evidencia de que detrás de este tipo de conductas existe siempre un sentimiento de desesperanza que llega a hacernos pensar no sólo que nuestra vida es un caos, sino que además no seremos capaz de salir de la situación y estamos en consecuencia condenados de por vida. Es sólo una perspectiva poco objetiva de lo que ocurre. Eres capaz de conseguirlo.

El suicidio es una solución eterna a un problema que se vive en un momento concreto. Si decides hacerlo ya nunca habrá vuelta atrás. Jamás volverás a disfrutar aquello que amaste. El daño afectará a gente que quieres y que verán su vida truncada para siempre. Cuando uno de nosotros muere, nunca es un hecho individual. Somos seres sociales y cuando alguien fallece nos afecta a todos. 

 

¡Atrévete a ver otros colores y a interpretar de otra forma el color negro!

 

Para vivir es necesario aprender a apreciar todos los colores y entender la función que cada uno tiene en tu vida. Busca la mejor versión de ti mismo y afronta tus problemas. Si piensas que puedes estar pasando por un proceso depresivo consulta a un profesional cualificado que te acompañe. 


 

 

Daniel J. López Vega

Coordinador de www.papageno.es

Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo, autor de «¿Todo por la Patria?», socio fundador de la Sociedad Española de Suicidiología. Experto Universitario de Estadística Aplicada a las Ciencias de la Salud (UNED).

María Francisca Morell García: «Vivimos en una sociedad en la que huimos del dolor»

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María Francisca Morell García (Presidenta de AFASIB) y Javier Jiménez Pietropaolo (Presidente de la red AIPIS) en el Congreso de los Diputados en una jornada reivindicativa.

María Francisca Morell García, Xisca, es la presidenta y fundadora de Familiares y Amigos Supervivientes por Suicidio de las Islas Baleares  (Afasib). Es psicóloga, y está formada en la rama de la suicidología, por elección propia y porque también la vida la sacudió con la pérdida de un ser querido. Ahora pasado un tiempo, se ha centrado en la construcción de red de apoyo y prevención que da cobertura en Baleares, ofreciendo su ayuda a una gran cantidad de familias que están pasando por lo mismo.

Cuando Xisca habla de su fase de duelo no deja de mencionar a Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (RedAIPIS), a quien agradece la protección y la atención recibida y asegura que fue él quien la animó a montar esta asociación. Su objetivo lo tiene claro: prestar información y orientación, a los familiares, amigos y otros amigos que han sufrido la pérdida por suicidio. Xisca además es colaboradora activa de papageno.es, puedes ver algunas de sus entradas aquí.

P.- ¿Cuál es el origen de Afasib?

R.- El origen está en el suicidio de mi hermano. Tuvo varios intentos durante varios meses y nuestra única preocupación era su recuperación, ni siquiera nos planteamos hablar con sus psiquiatras.  Cuando ocurre el suicidio, te quedas destrozado. Son momentos en lo que te quedas descolocado, la culpabilidad desunió mucho a la familia, la dirigimos los unos contra los otros y sin decírnoslo, el gran fallo del superviviente, porque hace que los miembros de la familia se dispersen más y los familiares lejanos acaben desapareciendo. Te quedas en una situación de aislamiento muy grande, sin tener recursos, no sabes reconocer si lo que te pasa es normal o estás enferma. Desamparada sería la palabra.

P.- En una entrada de este mismo medio hablabas de la importancia de practicar el silencio terapéutico:  “El silencio atento y presente invita a hablar, porque alguien te escucha”, “basta con conectar la mirada para que invada la sensación de empatía, comprensión y confianza”¿Cuál es el límite entre el silencio de ayuda y el silencio, que por el contrario, evita hablar del tema del suicidio?

R.- La presencia. Es suficiente con que vengas y estés, incluso sin que yo te lo pida. Me da igual que hables o no. A nivel profesional, lo veo también en las personas a las que atiendo tanto a nivel grupal y en mi trabajo como psicóloga. Es necesario concederle ese espacio a la persona, necesita el silencio para reordenar sus ideas, aún más, cuando estás en una situación tan traumática.

Por desgracia lo que me he encontrado es que no hay presencia. El silencio se basa en que desaparecen de tu lado, no vienen a verte ni te llaman. A veces tienes la sensación de tener algo como contagioso. La gente evita ese contacto, seguramente porque no saben qué decir, no saben cómo apoyarte. De ahí que escribiese sobre el silencio terapéutico como un «basta con que vengáis».

P.- Que alguien fallezca normalmente supone un duelo, pero cuando se trata de un suicidio parece que el esfuerzo de sobreponerse es doble: la pérdida de esa persona y la de aquellos que han decidido alejarse.

R.- Claro. Tienes que gestionar la pérdida de las personas que se alejan y lo peor de todo es que no puedes culparlos porque en el fondo entiendes que se alejen. Sabes que ese distanciamiento deriva del estigma del suicidio que está tan arraigado, porque no saben cómo manejarlo. Supongo que vivimos en una sociedad en la que huimos del dolor, no deja de ser una combinación de cosas, pero es cierto que los supervivientes pasamos por un doble duelo. En el primero, con la muerte,  asumes que es algo definitivo, pasas por todas las etapas hasta que acabas gestionando esa pérdida como puedes. Pero la segunda pérdida, las personas que se alejan, normalmente parte de tu familia que necesitas y que están vivas, es algo que no te permite cerrar un ciclo. La muerte si algo tiene es que es un fin, por lo que puedes gestionarlo, pero cuando están vivos es mucho más difícil, entre otras cosas porque no tenemos recursos para comunicarnos.

Desde la asociación intentamos que esa verbalización y expresión no se interrumpa. En la primera o segunda reunión me impactó que hubo gente que expresó tal cual el suicidio que presenciaron, ahí  te das cuenta de que necesitan soltarlo de esa manera porque nunca habían podido hablarlo con nadie.

P.- ¿Soltarlo todo ayuda a interpretar y asimilar lo que está pasando, a ser capaz de ver la magnitud de lo que uno se estaba guardando para sí?

R.- Sí, somos personas que nos tenemos que comunicar continuamente. Sentimos miedo de que no nos entiendan, de que se alejen de nosotros. Cuando estas dentro del grupo de apoyo lo primero que haces es contar todo aquello que has tenido que guardar y callar por la vergüenza o incomodidad que te ha producido hasta el momento. Pero una vez lo dices, te encuentras que no hay ninguna cara ni de incomprensión, ni de sorpresa. Todos hemos vivido situaciones tan difíciles relacionadas con el suicidio que cuando nos cuentan otras experiencias sobre el tema lo que no es invade es un pensamiento de comprensión y empatía. 

P.- El suicidio, a fecha actual, sigue estando ligada a connotaciones negativas arrastradas de una construcción social y cultural. En la última década se ha puesto de moda una cultura ‘mindfulness’, como proceso de alcanzar ese bienestar total, pero el tema de la muerte sigue siendo algo esquivo… ¿debería de empezar a abordarse en las aulas, desde la infancia?

R.- Falta una educación en la realidad de la muerte. Se tiene que afrontar como en todo en la vida, y además con equipo de profesionales que te puedan asesorar sobre cómo abordar el tema, porque hay que saber bien cómo dirigirlo de la manera correcta.

Hay que empezar a mentalizar desde la temprana edad que la vida y la muerte son cosas de las que no podemos escapar. Vivimos y algún día moriremos, cuanto más tarde mejor, pero existe la posibilidad de que muramos antes de lo que tenemos previsto. Tomar conciencia de ello permite recolocar muchísimas cosas en nuestro orden de prioridades. En nuestra sociedad actual tratamos de anestesiar la realidad, como si fuese posible vivir toda la vida, la eterna juventud y los ideales que arrastra. Nosotros trabajamos con la filosofía budista, pero otros disponen de su fe católica que también les va bien para superar las cosas, su bien de la muerte es más esperanzadora…

P.- La fe católica tacha al suicidio de pecado, lo considera algo antinatural…

R.- La raíces del estigma las tenemos que buscar ahí, en los castigos que tenían que asumir tanto el suicida como su familia.

P.- Papageno recopila muchas variantes de la conducta suicida, no cierra campos. Desde tu opinión como psicóloga, ¿crees que la formación que os imparten en la carrera en las universidades cuenta con un desarrollo fuerte o, al menos, un concepto claro de cómo abordar la conducta suicida?

R.- Yo personalmente en la carrera no estudié ningún tema que tratase el abordaje de la conducta suicida. Como otros temas que tampoco se tocan: el duelo o la gestión de la pérdida. Lo que no quiere decir que tú puedas optar por tratar ese tema para algún trabajo, pero es a iniciativa propia. Debería ser una asignatura obligatoria, ¿cómo vas a salir de la carrera sin haber estudiado de forma completa el abordaje del duelo y la pérdida?

P.- También es un tema pendiente en la sanidad pública.

R.- Sí, los protocolos de atención a la conducta suicida están tardando. 

P.- De nuevo, como persona que has vivido de cerca el suicidio, ¿qué sensación tienes al hablar de este tema con otras que no están formadas, informadas o que no lo han padecido directamente?

R.- Entiendo todas las posturas y las respeto, pero a mí no me incomoda hablar del suicidio, y eso es un proceso que me ha llevado tiempo. Al principio sólo con oír la palabra suicidio me incomodaba. Una de las luchas que tenemos desde Papageno y cualquier otra iniciativa profesional  por la prevención de la conducta suicida, es precisamente que no se oculte el hecho de que el fallecimiento de alguien ha sido por suicidio.

P.- Si no tengo mal entendido, el término ‘culpa’ es algo recurrente en el superviviente, ¿cómo trabajáis para combatir este sentimiento?

R.- Compartiéndolo. Hay personas que acaban de perder a un ser querido, y otras que ya están en otro momento de la gestión emocional. Los hay que vienen y nos dan unas lecciones de vida increíbles, como padres que han perdido a sus hijos.  Son los que peor gestionan la culpabilidad y cargan con la responsabilidad, piensan que algo hicieron mal en la educación para que su hijo acabase quitándose la vida. Entre ellos se ayudan mucho porque están en distintas etapas del proceso. La idea siempre parte de que has hecho algo mal, se entra en un bucle de reproches sobre lo que hicieron o no para evitar el suicidio. Y en cambio el resto están ya en la fase de darse cuenta del amor que profesaba a su hijo y que, como cualquier persona, se pueden equivocar, pero saben que hicieron todo lo que podían y estaba en sus manos.

P.- ¿Tiene sentido ahondar en los porqués, en el pasado?

R.- Los porqués salen y tienen que salir. Nuestra naturaleza se basa en buscar respuestas de todo aquello que no entendemos, y el suicidio no lo entendemos. Primero porque es tabú, y segundo porque no estamos preparados para saber gestionar estar explicaciones. Tenemos la tendencia a querer encontrar una explicación razonable a lo que ha ocurrido. Cada uno lleva su ritmo. Con el paso del tiempo todo se suaviza un poco, el porqué deja de ser una duda tan intrusiva.

P.- Los métodos de comunicación han avanzado bastante, ¿cuáles dirías que son los riesgos o beneficios que integran a la hora de tratar el tema del suicidio?

R.- La gente cuando está mal asesorada y no tiene el apoyo profesional adecuado, busca información en las redes. En este espacio digital hay mucha información, pero no todo es buena. Ahí es donde más hay que trabajar, pero es sumamente difícil. Muchos supervivientes hablan de cosas que ven en las redes, vídeos, auténticas barbaridades…

P.- Es un terreno pantanoso, con un vacío legal en especial en las redes sociales.

R.- Es imposible de controlar. Y también da pena ver cómo hay personas que utilizan estos medios para sacar provecho del dolor, pero es algo contra lo que debemos luchar todos.

P.- ¿Con qué canales trabajáis en Afasib?

R.- Todavía seguimos en fase de conocimiento, no llega a un año que empezamos a funcionar. La mayoría de los supervivientes son nuevos, y todavía estamos conociéndonos. Por el momento realizamos reuniones mensuales de grupo de ayuda mutua.

A su vez, estamos trabajando con el Observatorio del Suicidio para la realización de los protocolos de prevención. Ellos nos derivan a los supervivientes, y nosotros les contactamos también cuando sabemos que alguien no se encuentra bien para que reciba ayuda lo antes posible.

P.- Hazme un balance de lo que habéis conseguido hasta el momento y otros retos que tengáis. (Afasib se fundó en agosto de 2018)

R.- El balance es muy positivo, yo no soy tan consciente porque estoy detrás de todo. Pero los que lo ven desde fuera ven los pequeños avances como grandes logros porque al fin y al cabo somos una organización incipiente. Yo veo que funciona desde el momento en que siento que hay un respaldo por parte de las demás asociaciones, de la Consejería de Salud, y estoy segura de que se pueden abrir nuevas vías de construcción y colaboración muy bonitas. Queremos un proyecto que realmente sea capaz de cubrir una atención efectiva a los familiares. No olvidemos que ellos también son un grupo de riesgo en la conducta suicida por lo que las medidas de prevención son esenciales.

 

M. Fca. Morell en las I Jornadas de Suicidio de Mallorca con otros miembros y colaboradores de AFASIB

Entrevista realizada por:

Brezo Criado Santos

Periodista. Estudiante de último curso en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Ha escrito para la Nueva España de Gijón y actualmente da sus primeros pasos radiofónicos en la Cadena Ser.

 

La generación de cristal: baja tolerancia a la frustración y suicidio

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Competir o colaborar, esa es la cuestión

Durante años los padres y madres hemos pensado que el éxito en la vida, y en resumidas cuentas la felicidad de nuestros hijos e hijas, se relacionaba con las habilidades intelectuales clásicas y con los resultados académicos. Los hemos preparado para «competir» en una sociedad que nos pareció amenazante y pensando que lo importante era ser «el mejor».  Y ahí andamos dándonos codazos entre todos (acercándonos peligrosamente a nuestra extinción como especie) y dando la espalda a la mayor herramienta para afrontar los retos: la colaboración.

 

Sobreprotección, la mejor manera de criar hijos e hijas frágiles

Igualmente hemos intentado simplificar su vida, sobreprotegiéndolos y evitando que se enfrenten a la mínima dificultad, lo que ha evitado que se responsabilicen en muchas ocasiones de las consecuencias de su conducta y los ha convertido en muchos casos en seres frágiles. 

 

Como decía Rudyard Kipling «Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia». 

 

 

Ahora tenemos a la generación más preparada académica  e intelectualmente de la historia, pero a su vez una «generación de cristal» azotada por la depresión y la ansiedad. Y es que quizás olvidamos que lo que nos diferencia de los animales no es sólo la razón, sino la riqueza emocional que nos aporta las habilidades superiores de pensamiento. Por que los seres humanos somos puras emociones y porque parece que la manera en la que gestionamos nuestras emociones y nuestra inteligencia emocional es más importante de lo que pensábamos. 

Goleman definió esta inteligencia como “un concepto que incluye la habilidad para motivarse y persistir frente a las frustraciones, controlar impulsos y demorar gratificaciones, regular los estados de humor, evitar que las desgracias obstaculicen la habilidad de pensar, desarrollar empatía, esperanza, etc.”

 

Baja tolerancia a la frustración y suicidio

Quitándole los obstáculos de la vida a las generaciones más jóvenes, le robamos la oportunidad de adquirir la tolerancia a la frustración, una habilidad esencial para afrontar con éxito las «bofetadas» que da la vida. Aprender a tolerar la frustración nos enseña a enfrentarnos adecuadamente a las situaciones adversas de la vida. Nos frustramos cuando no conseguimos satisfacer algo que deseamos y eso nos enfrenta a emociones que vivimos de forma negativa. Aprender a tolerarlas significa una mayor capacidad de afrontar los problemas y limitaciones, a pesar de las molestias que nos causan. 

La baja tolerancia a la frustración se relaciona con enormes consecuencias a la salud psíquica de las personas. En su extremo más dramático puede estar detrás de la conducta suicida de los más jóvenes. En ese sentido puede ser considerada como un importante factor de riesgo. El suicidio es en muchos casos la decisión que alguien toma cuando siente que los problemas desbordan a su capacidades. No podemos seguir criando «niños y niñas de cristal», sino que debemos educarlos de forma libre y responsable. Prevenir el suicidio pasa también por estar atentos a sus señales de riesgo.

 

Por todo ello, hagamos un regalo a nuestros menores, adolescentes y jóvenes. Acompañémoslos en los problemas, permitiendo que se equivoquen, que asuman las consecuencias de su actos y que usen sus propios recursos para encontrar la mejor versión de ellos mismos. Porque parafraseando a Nelson Mandela, lo importante no es «no caer» sino levantarse después de cada caída.

 


 
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Respetar el dolor: comunicación de noticias sobre conductas suicidas por medios de comunicación y redes sociales

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Alrededor de la conducta suicida y su comunicación a través de medios de comunicación y redes sociales existe una paradoja que, por desgracia, contribuye al mantenimiento del problema a través del tabú y el estigma y que indirectamente podría estar influyendo en la muerte de personas vulnerables. 

Por un lado, existe un consenso entre los medios de comunicación alrededor de su responsabilidad para evitar que las noticias publicadas contribuyan a fomentar el efecto que se denominó Werther. Este efecto tomó el nombre del personaje homónimo de la novela de Goethe «Las penas del joven Werther», que acaba por suicidarse tras una contrariedad amorosa. Después de su publicación, se registró un importante número de suicidios de jóvenes que imitaban la conducta del personaje. Este efecto también se ha denominado de imitación, contagio o copycat. Su existencia ha sido demostrada científicamente. Consiste en la imitación de conductas suicidas por parte de personas vulnerables por la repetición de noticias sobre suicidio sobre todo cuando son personajes públicos o mediáticos de cierta relevancia y en especial en población adolescente. También hay estudios que han investigado la relación de relatos o series de ficción en este mismo sentido. El consenso entre los medios no impide, sin embargo, que existan artículos que aparecen en nuestros periódicos obvien las indicaciones que al respecto ha realizado la OMS.

En otros casos, se opta por el silencio más rotundo ante este problema de salud pública lo que contribuye a mantener el estigma y el tabú. El silencio tampoco está justificado de ninguna forma. Esta práctica se ha extendido en muchos colectivos que mantienen en secreto las estadísticas y datos sobre conductas suicidas lo que le quita visibilidad al problema y le resta importancia contribuyendo a su mantenimiento. Esto ni siquiera consigue evitar que los hechos lleguen al conocimiento de las personas a través de redes sociales o a través del boca a boca con la merma de calidad de la comunicación que estas formas de transmisión representan.

Las redes sociales y la comunicación digital han cambiando nuestro mundo de forma irremediable y representan uno de las herramientas más revolucionarias a las que se ha enfrentado la humanidad. Conseguir grandes cantidades información se ha convertido en un proceso fácil y rápido. Alrededor del tema del suicidio se han creado miles de grupos que han encontrado en los medios digitales y de mensajería instantánea una forma de expansión y que en su mayoría tienen finalidades preventivas y nacen del buen corazón de colectivos. Sin embargo, no necesariamente son acertadas. Hablar del suicido es positivo, pero todos estamos obligados a formarnos para no contribuir a difundir mitos y conseguir el efecto contrario al que buscamos.

Además, tanto la familia como las personas afectadas se merecen el máximo de los respetos. La publicación de datos concretos del fallecido o de los familiares, fotos identificativas, especialmente cuando son menores, la especulaciones sobre las causas o su simplificación, el alarmismo y el sensacionalismo vienen a añadir dolor a los supervivientes y pueden complicar un duelo ya de por sí complicado.

Nuestro blog, http://www.papageno.es toma el nombre de un personaje de la ópera de Mozart «La Flauta Mágica» que al contrario de Werther fue ayudado a encontrar razones para seguir viviendo. Al final dio nombre al efecto contrario por el cual hablar del suicidio puede ser preventivo. Por lo tanto, existen prácticas de comunicación «buenas» y otras «malas». ninguno estamos exentos de cometer errores, por lo que la formación se convierte en esencial en este tema.

Vídeo promocional de www.papageno.es

Así que recuerda: Hablar del suicido o el silencio no son en sí prácticas preventivas. Todo depende del cómo lo hagamos. La rigurosidad en respetar el dolor de los afectados y supervivientes y a las indicaciones que se realizan desde las instituciones, deben ser siempre la guía de nuestras comunicaciones al respecto.

Resumen de indicaciones de la OPS/OMS
QUÉ SE DEBE HACER
  1. Suministra información exacta acerca de dónde buscar ayuda
  2. Educa al público acerca de los datos sobre el suicidio y la prevención del suicidio, sin difundir mitos
  3. Informa sobre maneras de hacer frente a los estresantes de la vida o a pensamientos suicidas y sobre formas de obtener ayuda
  4. Tiene mucho cuidado al informar sobre suicidios de celebridades (en caso de que lo haga)
  5. Tiene cuidado al entrevistar a familiares o amigos que estén atravesando un duelo por haber perdido a un ser querido
  6. Reconocer que los profesionales mismos de los medios de comunicación se pueden ver afectados por noticias sobre suicidios
QUÉ NO SE DEBE HACER
  1. No destacar ni repetir innecesariamente las noticias sobre suicidios
  2. No utilizar un lenguaje que sea sensacionalista o normalice el suicidio, ni se presente el suicidio como una solución constructiva a problemas
  3. No describir explícitamente el método utilizado
  4. No facilitar detalles acerca del sitio ni la ubicación 
  5. No usar titulares sensacionales
  6. No usar fotografías, material de vídeo ni enlaces a redes sociales

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Vive CNP se adhiere a la iniciativa papageno.es

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Vive CNP es un servicio de atención psicológica y prevención de riesgos laborales de carácter psicosocial. No tienen un carácter oficial y es administrado por compañeros y compañeras del Sindicato Unificado de la Policía (SUP). Nació de forma pionera con la finalidad de ofrecer apoyo a los policías para mejorar su bienestar y prevenir riesgos en personas vulnerables. Este recurso psicológico tiene su origen en la vocación de servicio de este sindicato y tiene como principal valor la sensibilidad ante el problema del suicidio dentro de la Policía. Cada mes aparece un nuevo caso, lo que justifica el esfuerzo del SUP para poner a disposición de todos los miembros del colectivo policial este recurso. 

Papageno.es nace en 2019 con el deseo de ser un punto de encuentro de profesionales, personas en general y colectivos que tienen como objetivo la lucha contra el estigma que rodea la conducta suicida y su prevención en todos los colectivos. El problema del suicidio representa una de las mayores amenazas a la salud pública y es, por tanto, un problema que nos afecta a todos. En consecuencia las soluciones pasan por buscar sinergias que respondan al fenómeno como un problema biopsicosocial. 

Ambos colectivos unen ahora sus esfuerzos por responder a esta lacra que castiga de forma especial a nuestros cuerpos policiales.

 

Si necesitas ayuda, ya lo sabe… ¡No estás solo!

 

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SATSE forma a sus asociados en prevención de conducta suicida desde la perspectiva del personal de enfermería

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La Fundación para el desarrollo de la enfermería (FUDEN) en Cádiz, del Sindicato de Enfermería (SATSE) organiza durante el mes de mayo una actividad formativa mixta (presencial y a distancia) de 50 horas, que se celebra en el Hospital de San Carlos de San Fernando y que tiene como objetivo sensibilizar y formar a los profesionales de enfermería, sus especialidades y fisioterapeutas en la detección precoz de la conducta suicida. 

Durante la formación los profesionales podrán adquirir los rudimentos básicos de la prevención de la conducta suicida desde los diferentes contextos sanitarios, educativos y sociales.  

El papel de enfermería es vital en la detección precoz de personas con ideación suicida que puedan ser derivadas correctamente a profesionales cualificados para realizar el seguimiento de estos casos. Las características inherentes de la profesión enfermera las hace personal indicado para ser formados en estas materias.  Y la formación de profesionales sanitarios es una de las medidas preventivas de la conducta suicida que cuenta con más consenso.

SATSE apuesta así por la formación de sus asociados en este problema de salud pública que supone en España la mayor causa de mortalidad externa y que es la causante de más de 3.500 muertes anuales en nuestro país.

En el diseño y docencia del curso colabora papageno.es entre cuyos objetivos se encuentra la formación y la colaboración entre todos los profesionales y colectivos que tienen entre sus fines el mejorar la salud emocional y la prevención de conductas suicidas. 


 

PARA SABER MÁS

El suicidio, una preocupación a nivel mundial (FUDEN)


 

Cartel informativo de la actividad

No soy yo, no eres tú. Somos nosotros

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La Asociación Andaluza Preventiva del Suicidio Policial se adhiere a la iniciativa de papageno.es

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El suicidio entre miembros de cuerpos policiales es una de las principales causas de muerte en esta profesión que cursa con elevados niveles de estrés y accesibilidad a un medio letal. En los últimos años, este tema ha despertado la atención social, lo que ha llevado a una mayor sensibilización y a la creación de organizaciones que tienen como objetivo su prevención.

La Asociación Andaluza Preventiva del Suicidio Policial (AAPSP) es una asociación sin ánimo de lucro, creada el 29 de Abril de 2018 en la localidad de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) con la finalidad de paliar silencios y olvidos de estos colectivos profesionales. 

Papageno.es es una unión de profesionales con experiencia en prevención del suicidio que tiene como objetivo luchar contra el estigma y el tabú alrededor de la conducta suicida y que nace con el espíritu de ser un punto de encuentro para las personas y los colectivos implicados en esta lacra social como una de las principales amenazas a la salud pública en nuestra sociedad actual. 

El aprendizaje y la formación continua son objetivos comunes de ambas organizaciones, que ahora aúnan sus esfuerzos para aprovechar las sinergias y perseguir su objetivo común. 

La conducta suicida no es un problema individual, sino un problema social que debe ser atajado de forma multidisciplinar e intersectorial. El trabajo en red debe caracterizar los esfuerzos preventivos.

 

Juntos somos más fuertes, porque en la prevención del suicidio todos somos importantes 

Los ricos también lloran (pero menos)

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La conducta suicida es un problema de salud pública complejo, multicausal, que se presenta en diversas manifestaciones y que afecta a todas las edades, a hombres y mujeres, independientemente de su orientación sexual, su nivel económico o del grupo sociocultural al que pertenece.

Sin embargo, la incidencia del suicidio es desigual en estos grupos y es una variable que debería tener importancia dentro de cualquier modelo que pretenda estudiar el suicidio como fenómeno social. Mientras hay variables que han sido ampliamente estudiadas como el género, existen otras que tienen relaciones más complejas con el suicidio y que debemos situar en el punto de mira. 

Uno de los aspectos que necesita de mayor investigación tiene que ver con el nivel sociocultural y económico. Porque,  ¿cómo afecta la pobreza, la deprivación económica, el desempleo y las crisis económicas a las tasas de suicidio de la población? ¿Afecta de forma desigual el suicidio dependiendo del nivel económico y sociocultural de las personas? ¿Existe más conducta suicida en aquellos grupos con menores niveles de alfabetización en salud? ¿Cómo afecta la exclusión social a la esperanza de vida o a los años de vidas potencialmente perdidos?

En un mundo tendente a la globalización de los procesos económicos y que potencia la concentración de los recursos de forma inequitativa en pequeños núcleos de la población, las bolsas de pobreza provocan grandes desigualdades de acceso a los servicios médicos y sociales, al empleo y a la vivienda. Las diferencias entre los diferentes grupos sociales parece estar aumentando la brecha de la desigualdad y eso afectará sin duda a los niveles de salud y habrá de ser tenido en cuenta en la elaboración de planes de prevención de la conducta suicida. El caso más extremo se sitúa entre las personas sin hogar.

 

Suicidio entre personas sin hogar

El riesgo de la aparición de conductas suicidas aumenta en caso de pobreza extrema o personas sin hogar, que unen a las dificultades para cubrir las necesidades más básicas, el estrés y el rechazo social que produce la falta de recursos.

En este sentido, Adela Cortina acuñó el concepto de aporofobia. Este neologismo define el miedo, rechazo o aversión a los pobres, una realidad que sin embargo define una situación que se ha dado en todos los tiempos. La importancia del término viene a explicar como muchas veces el racismo y la xenofobia tienen poco que ver con el hecho de ser extranjero o inmigrante sino que se relaciona con la falta de recursos y la pobreza de quien la sufre.

En un estudio de 2012 realizado en EEUU se estimó que el grupo de personas sin hogar tenía un riesgo 10 veces superior de morir por suicidio que la población general. La mitad de las personas que presentaban esta problemática tenía ideación suicida o lo habían intentado.

A otro nivel, descubrir el como afecta la pobreza o el desempleo sobre la conducta suicida, todavía requiere de mucha más investigación para poder tomar decisiones que prevengan la conducta suicida entre los colectivos con desigualdades socioeconómicas o en riesgo de exclusión social. Cualquier sociedad que se precie de serlo debe perseguir el desarrollo, pero este desarrollo no debe potenciar las desigualdades en la accesibilidad a los beneficios que proporcione. La clase política y la administración pública debe ser garante de esta lucha para la distribución equitativa de los recursos en función de las necesidades.

Sirva como fin de esta reflexión la cita de la revolucionaria Constitución Española de 1812, que en su artículo nº 13 definía con precisión lo que debía ser el principal deber de nuestros gobernantes:

 

“El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen»


PARA SABER MÁS

 

Daniel J. López Vega

Coordinador de www.papageno.es

Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo, autor de «¿Todo por la Patria?»

La soledad y el suicidio como amenazas a la salud pública

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En pleno S. XXI, en una sociedad que se caracteriza por las tecnologías de la comunicación, aparece silenciosa e implacable una de las mayores amenazas a la salud pública de los países desarrollados: la soledad.

En estos últimos tiempos, los cambios sociales han aumentado los niveles de soledad percibida que provocan una deshumanización y un malestar relacionado de forma más o menos directa con mayores grados de morbimortalidad.

En su obra “El suicidio” (1897),  Durkheim ya reflexionaba sobre este problema, y planteó el suicidio como la más definitiva expresión de la soledad humana. Esta situación es especialmente dramática entre las personas con más edad (en una sociedad cada vez más envejecida por el aumento de la esperanza de vida), que pueden verse afectadas en su salud física y mental por el aislamiento social. En estas edades, por ejemplo, se asocia a la soledad al aumento del riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares, depresión,  ansiedad, problemas alimentarios, sedentarismo y en última instancia suicidio, además de baja accesibilidad a los servicios de apoyo social. 

En consecuencia, el apoyo social se convierte en un importante factor de protección de las conductas suicidas. Este concepto puede ser definido por la existencia o no de apoyo psicológico y ayuda de personas significativas, sentimientos de que se preocupan de nosotros y nos quieren, además de darnos sentido de pertenencia a una red de comunicación y de obligaciones mutuas.

La falta de apoyo social y la soledad consecuente, no solo afecta a las personas mayores, sino a otros muchos colectivos vulnerables como las mujeres maltratadas. En este grupo de personas parece que existe cierta vinculación entre la violencia, la ideación suicida y la falta de apoyo social.

Por todo ello, os invitamos a recuperar nuestros activos en salud. La cultura mediterránea se asocia a la potenciación del desarrollo de fuertes relaciones familiares, sociales y culturales, a la vida en la calle vinculada a nuestro espectacular meteorología y en general a importantes lazos entre las personas que pueden relacionarse con menores tasas de suicidio. 

 

¡Habla, comparte, ama, vive…!

 


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