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Abre el primer grupo de apoyo al duelo para familiares y allegados de personas fallecidas por suicidio en la provincia de Cádiz

El próximo viernes 8 de noviembre a las 17:00 h dará inicio el primer grupo de apoyo al duelo para familiares y allegados que han perdido a alguien por suicidio. El grupo se desarrollará en la Fundación Municipal de la Mujer en la Plaza del Palillero de Cádiz y será dinamizado por profesionales voluntarios de papageno.es

La actividad, que cuenta con el apoyo del Plan Local de Salud de Cádiz, tiene como objetivo ofrecer un apoyo a las personas que sufren esta situación tanto a la hora de expresar emociones de forma libre y segura, como de encontrar recursos conjunto para afrontar la pérdida.

La OMS describe los Grupos de Ayuda Mutua como un instrumento útil para enfrentarse a este drama, que es la primera causa de mortalidad externa en España y supone una importante amenaza a la salud pública en nuestra provincia. 

El estigma produce en muchas ocasiones una doble victimización hacia los supervivientes que provoca una mayor dificultad para pasar esta dolorosa etapa caracterizada por una fuerte carga emocional. Los grupos contribuyen a la gestión emocional y ofrecen un apoyo importante para abordar este problema.

Para participar en el grupo se necesita solicitarlo previamente a través de nuestro WhatsApp: 633 169 129, por correo electrónico: prevención@papageno.es o a través de las redes sociales (Facebook: @papageno.es y Twitter: @EsPapageno).

 

 

La empatía como base de una vida adulta sana

Con esta nueva entrada en nuestro blog iniciamos un ciclo para señalar aquellas capacidades englobadas en lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) denominó «Habilidades para la Vida». Este modelo integró competencias relacionadas con una mejor adaptación a la vida social adulta. Dentro de los programas en los colegios y las escuelas dedicados a formar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes estaría indicado el aprendizaje de estas habilidades para prevenir problemas posteriores relacionados por ejemplo con el consumo de drogas, o en el caso que nos ocupa, las autolesiones o suicidios.

Hoy nos gustaría reflexionar sobre la empatía. Un concepto de moda que, sin embargo, no carece de dificultad en su definición. Un término del que todos hablamos, pero difícil de poner en práctica.

El término empatía proviene del término griego empátheia que puede ser traducido como «sentir dentro o emocionado» y define la competencia que engloba aspectos de nuestro pensamiento y nuestras emociones para llegar a comprender el universo emocional de otra persona. 

 

Ser empático es ver el mundo a través de los ojos del otro y no ver nuestro mundo reflejado en sus ojos

Carl Rogers

 

Edward Titchener, fundador junto a Wundt de la psicología estructuralista, fue el primer autor en utilizar este término como factor determinante en el campo del análisis psicológico. Observó en sus investigaciones que la falta de esta capacidad interfería de forma importante en su trabajo, sobre todo con el trato automatizado y exento de emociones que se solía tener con las personas que participaban en los estudios. Con el descubrimiento neurobiológico de las «neuronas espejo», que según los científicos permiten la conexión emocional entre personas, el término encontró su correlato neurológico.

La empatía es tan importante en la relación entre profesionales y personas tratadas, como en las relaciones humanas en general, permitiendo un entendimiento de las circunstancias de vidas ajenas. En nuestra vida, un nivel adecuado de comunicación empática nos beneficia tanto en las relaciones de pareja y familiares como en el entorno escolar y laboral, previene agresiones, nos acerca a otros y en general, tiene efectos positivos sobre la calidad de vida y la salud.

La persona con ideas suicidas entre otros sesgos de pensamiento valora inadecuadamente el impacto emocional de sus actos en otras personas. Frecuentemente se siente poco útil y prescindible y piensa que su acto será comprendido por las personas de su alrededor. Un grado adecuado de empatía les ayudaría a entender el sufrimiento que provocaría su pérdida. No solo que no se soluciona la situación, sino que se complica para el resto de personas que tendrán que lidiar con un duelo de lo más doloroso. 

A su vez, la empatía ayuda a las personas que acompañan a familiares o allegados con ideación suicida a entender su sufrimiento y a trabajar la ambivalencia que le mantienen en su decisión de morir o seguir viendo.

Por último. cabe destacar que la empatía también se aprende. Aunque hay persona que de forma innata puedan mostrar mayores capacidades, la empatía es entrenable con las debidas competencias de comunicación y habilidades sociales.


 PARA SABER MÁS

 

¡Cóbrate tu derecho de equivocarte y cambiar!

Sólo vivimos una vez (o no) y estamos demasiado pendientes a hacer las cosas de forma perfecta y sin ningún error, como si la perfección fuera un fin en sí mismo y no un ideal a conseguir. Y el asunto es que convertimos nuestra existencia en una continua pérdida de tiempo esperando algo que nunca llega, perdiendo cosas por el camino y olvidando que la vida es eso: lo que nunca llegamos a conseguir por nuestros propios miedos y no porque nadie ni nada nos lo quitó.

Tener una relación de pareja sana, ser padres o madres honestos,  conseguir un sueño y miles de cosas importantes de la vida requieren de tus errores. En la cultura mediterránea los errores se pagan caros. Es algo que parece que hay que evitar a toda costa, que hay que vivir con vergüenza o que es imperdonable. Sin embargo, los fracasos son una enorme fuente de conocimiento que nos hacen mejores personas y que nos acercan más a acertar la próxima vez. De esa forma nuestros aciertos se alimentan de nuestros errores y el único fracaso real será el no haberlo intentado.

En consecuencia vive intensamente, sueña y asume el riesgo que supone disfrutar de ella a grandes sorbos.  Empieza tu vida cada cinco minutos. Si te equivocas, recuerda que siempre tendrás derecho a cambiar….

Aprender de las críticas

Nuestra cultura fomenta ciertas ideas irracionales que contribuyen a aumentar nuestra ansiedad de forma considerable e innecesaria y que pueden provocar importantes desajustes psicológicos e incluso ideas suicidas. Una de ellas, muy común, nos hace creer equivocadamente que para que nos quieran tenemos que ser perfectos. Y eso nos embarca en una carrera sin fin para conseguirlo.

En consecuencia, cuando alguien nos critica señala nuestra imperfección. Entonces reaccionamos de manera evasiva o incluso agresiva para evitar el malestar que nos provoca el no ser perfectos en todo momento. Sin embargo, la crítica es una fuente de aprendizaje único que nos permite observar aspectos a mejorar de nuestra conducta y que pueden ayudarnos a crecer como personas.

Los psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham​, en la «Ventana de Johari» describían cuatro zonas diferentes del conocimiento sobre cómo es una persona. Se basaron en lo que uno sabe de sí mismo y lo que perciben los demás. De esa forma conceptuaron cuatro espacios, lo que sé de mí mismo y conocen los demás (Área Libre), lo que conozco y oculto (Área Oculta), lo que ven los demás y yo desconozco (Área Ciega) y lo que todos desconocemos (Área Desconocida). Ambos autores relacionaron la salud mental y la armonía con el predominio del Área Libre. La crítica constructiva puede ayudarte a aumentar este espacio y sólo tendrás que aprender a aceptarla. Cuando alguien te critique escucha atentamente por si puedes aprender algo de la crítica.

Quizás en este punto se te haya venido a la memoria alguna situación donde la crítica no fue constructiva y eso te refuerza en la idea equivocada que la crítica es mala por naturaleza. Eso es sólo cierto en parte. La crítica no deja de ser una opinión más o menos fundada de otra persona sobre nosotros. Tanto si nos parece adecuada o inadecuada no debemos permitir que nos dañe la autoestima.

En el Capítulo 5 de la primera temporada de la serie catalana «Merlí», un profesor de filosofía con una visión muy particular de la ética, explica a uno de sus alumnos el concepto de «justicia». Tomando un billete de 50 euros le pregunta su valor. Posteriormente va repitiendo la pregunta mientras que arruga, golpea y estropea el billete. El alumno reconoce que el billete no ha perdido su valor original y el profesor utiliza este hecho para recordarle que su valor tampoco cambia pese a que alguien pueda estar siendo injusto con él. Cuando te critican sigues siendo la misma persona y tu valor no cambia.

 

«Por mucho que te pisen o te machaquen vales lo mismo, mucho»

Serie «Merlí» (Veranda TV)

 

Por otro lado, la asertividad te ayudará a afrontar la crítica sea cual sea su naturaleza. Cuando es positiva y puedes aprender de ella, escúchala atentamente, hazte consciente de lo que sientes y no te dejes llevar por ello, reconoce tu parte de responsabilidad e intenta mejorar. Cuando no estés de acuerdo, respeta la opinión de la otra persona, pero haz valer también la tuya propia. Recuerda que el comportamiento humano siempre tiene una intención positiva. Puede que muchas personas actúen sólo buscando su propio beneficio pero es eso lo que buscan y no el daño del otro. Por ejemplo hay personas que critican a los demás como forma de mejorar su autoestima, pero eso es sólo problema suyo.

Por eso, reivindicamos la crítica como una oportunidad y la aceptación de nuestra imperfección como una de las características que nos definen como seres humanos. Cuando lo creas oportuno aprende de las críticas que te hacen y en caso contrario, como dijo Epicteto, siempre tendrás oportunidad de reírte de ello


MÁS INFORMACIÓN

 


 

Daniel J. López Vega

Coordinador de www.papageno.es

Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo, autor de «¿Todo por la Patria?», socio fundador de la Sociedad Española de Suicidiología. Experto Universitario de Estadística Aplicada a las Ciencias de la Salud (UNED).

¿Son los países «más felices» dónde existen menos suicidios?

La felicidad no es el Producto Interior Bruto de un país

A pesar de las dificultades metodológicas que entrañan ambos conceptos, cabría pensar que aquellos países considerados «más felices» son aquellos que mantienen menores tasas de muertes por suicidio. Pero la complejidad hace que en muchos casos esto no sólo no es así, sino que guarda una relación inversa.

En 2016, países como Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega, Finlandia y Canadá estuvieron entre los considerados «más felices» en un informe realizado en 156 países por la Organización de las Naciones Unidad (ONU) con los datos de la encuesta Encuesta Mundial de Gallup. En una escala del 0 al 10 los entrevistados valoraban la calidad de su vida (la peor o la mejor vida posible). En su elaboración también se utilizaron variables de carácter objetivo (PIB, esperanza de vida, generosidad, apoyo social, libertad y corrupción). Sin embargo, ese grupo de seis países se encuentra también entre los que sufren mayor incidencia de muertes por suicidio. 

Durante muchos años los gobiernos de las naciones (en el mejor de los casos) han supuesto que el bienestar de sus ciudadanos depende de forma directa de la cantidad de bienes y servicios que poseen. Se basan en la premisa de que la producción continua determina dicho bienestar. Esto ha provocado la utilización del Producto Interior Bruto (PIB) como principal indicador de desarrollo.  Sin embargo, muchos de los problemas a los que se enfrenta nuestro mundo tienen que ver con esta forma de entender el progreso. La insostenibilidad del sistema nos lleva cada vez más a una situación más distópica e indeseable. El calentamiento global, el agotamiento de los recursos, los populismos y toda suerte de extremismos, son fruto de la loca carrera sin fin a la que nos aboca nuestra economía. Las estrategias competitivas hacen que el reparto de los recursos sea cada vez más desigual y eso repercute negativamente.

Actualmente ha aparecido un interés en integrar otras variables más subjetivas como nuevos indicadores relacionados de una forma indirecta o directa con la felicidad. Esto llevó a que algunos países, como el de Bután, en la década de los 70 del anterior siglo y tras la llegada al poder del rey Jigme Singye Wangchuck, utilizara la felicidad para evaluar la calidad de vida y el progreso social, acuñando el término de Felicidad Nacional Bruta (FNB). El termino felicidad, sin embargo, parece muy complejo y subjetivo y debe ser usado con una mayor precisión para entenderlo. A pesar de lo anterior, ciertamente parece una avance respecto al que valora el bienestar exclusivamente con la producción y la posesión de bienes.

Llegados a este punto, también podemos preguntarnos si conceptos tales como la desigualdad constituyen variables que podrían explicar mejor estas diferencias de tasas. Los determinantes sociales en salud y el cómo se reparten los recursos y la «felicidad» entre los distintos miembros de una sociedad, podría tener valor explicativo. La conducta suicida es compleja y multicausal y la investigación tiene el reto de crear modelos explicativos que contemplen todas las variables implicadas y la interrelación entre éstas.

De todas formas, el tema requiere de investigaciones que determinen los factores de protección y de riesgo de carácter social de la conducta suicida. En consecuencia aumentaría la comprensión del suicidio como fenómeno global y desde una perspectiva social y no sólo como fenómeno individual.


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Daniel J. López Vega

Colaborador de www.papageno.es

Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo. Autor de «¿Todo por la Patria?». Socio fundador de la Sociedad Española de Suicidiología. Experto Universitario de Estadística Aplicada a las Ciencias de la Salud (UNED)

La desesperanza y el sentido de la vida

Hay veces que la vida nos enseña su peor cara. Es entonces  cuando todo pierde sentido y nos parece que no seremos capaces de afrontar lo que nos ocurre. Para hacer frente a nuestro problemas es útil que tengamos en cuenta además de la situación vivida, los factores psicológicos que nos influyen y que nos paralizan.

Dos factores que pueden influirnos negativamente son la desesperanza y la indefensión aprendida. La desesperanza revierte en sentimientos displacenteros sobre uno mismo y sobre los demás y el futuro (Beck). Tiñe de negro nuestros pensamientos y puede empujarnos a la depresión o al suicidio. Se caracteriza por una visión pesimista, de queja continua y de culpabilidad que puede ser proyectada en los demás.

En el caso de la indefensión aprendida nos referimos a la creencia de una persona sobre el bajo o nulo control sobre su vida y las consecuencias de sus actos. En esos casos la persona adopta una conducta de pasividad que provoca que las circunstancias no cambien (profecía autocumplida). La persona pierde la motivación a actuar por la idea equivocada de que lo que le ocurre no es producto de lo que hace, sino del destino, de otras personas o de otras razones inevitables. Por ejemplo, una persona que se ha quedado sin empleo y que tiene varias experiencias negativas cuando está intentando encontrar uno nuevo, puede llegar a pensar que no tiene sentido seguir haciéndolo porque no depende de él. Al dejar de buscar empleo, no entrará de nuevo en el mercado de trabajo lo que reforzará su idea de que haga lo que haga no conseguirá nada. Sin embargo, es su pasividad la que de forma indirecta afecta negativamente a su «mala suerte».

En el lado contrario hay factores que pueden ayudarte a mantener tu salud mental y que si bien no te aseguran una felicidad completa si son el camino que te llevará a un mayor equilibrio personal. Uno de ellos es el sentido de la vida. Victor Frankl definió este concepto como la necesidad de los seres humanos de encontrar un motivo, un propósito de sus vidas, para asumir la responsabilidad sobre uno mismo y sus experiencias. Si tienes un sentido serás más capaz de afrontar las situaciones desagradables de tu vida. Un concepto parecido fue definido por Antonovsky con el nombre de sentido de coherencia. Con ello se refiere a una orientación global del individuo expresada por la percepción sobre sus recursos de afrontamiento (controlabilidad), la capacidad de ver las crisis como retos desde una orientación positiva, (significatividad), y la comprensión coherente y claro del entorno o (comprensión). Tanto el sentido de la vida, como el sentido de coherencia han intentado explicar por qué las personas en situaciones límite, consiguen un nivel de salud mental y bienestar psicológico adecuado. 

 

Quien tiene un «por qué» podrá hacer frente a todos los «cómo»

Nietszche citado por Victor Frankl

 

Estudios empíricos han relacionado sentido de la vida y desesperanza. En concreto, se señala que cuando existe un sentido de la vida claro existe un nivel de desesperanza mínimo, al contrario cuando aparecen vacíos existenciales. Estas relaciones presentaron diferencias estadísticamente significativas. 

 
CONSEJOS PARA COMBATIR LA DESESPERANZA

Analizar racionalmente la situación. 

Pensar de forma positiva y desarrollar la autoeficacia. 

Evitar el aislamiento y buscar la relación honesta con otras personas.

Listar objetivos simples y alcanzables. Premiar los logros

Ser constantes. 

Evitar la victimización.

No idealizar al resto de personas.

No esperar soluciones milagrosas ni rápidas.

Realizar autocrítica constructiva.

Buscar soluciones creativas. 


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El apoyo social como factor protector de salud mental

El apoyo social se define como la existencia de recursos de apoyo psicológico y provisión de ayuda por parte de personas significativas. Aporta sensación de ser queridos, estimados y valorados, la expresión de afecto positivo y la afirmación a los valores y creencias personales, indicando la pertenencia a una red de comunicación y de obligaciones mutuas. 

Por el contrario, la soledad es una vivencia subjetiva, disruptiva, estresante y displacentera producto de la falta de apoyo social. En español la palabra soledad engloba acepciones muy diferentes. En este caso nos referimos a la no elegida. Sin duda el estrés que conlleva la falta de apoyo social implica consecuencias para nuestra salud mental y física.

 

El apoyo social es un factor protector de salud mental y puede prevenir las conductas suicidas o favorecer el afrontamiento de las situaciones estresantes de forma adecuada. 

 

Así que para mantener una buena salud mental, es esencial mantener relaciones sanas y honestas y compartir experiencias con otros. Siempre que tengas oportunidad únete, asóciate y comparte actividades con personas que puedan aportar en tu vida y a las que puedas entregar lo mejor de ti mismo.


PARA SABER MÁS

 

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