María Francisca Morell García: «Vivimos en una sociedad en la que huimos del dolor»

María Francisca Morell García (Presidenta de AFASIB) y Javier Jiménez Pietropaolo (Presidente de la red AIPIS) en el Congreso de los Diputados en una jornada reivindicativa.

María Francisca Morell García, Xisca, es la presidenta y fundadora de Familiares y Amigos Supervivientes por Suicidio de las Islas Baleares  (Afasib). Es psicóloga, y está formada en la rama de la suicidología, por elección propia y porque también la vida la sacudió con la pérdida de un ser querido. Ahora pasado un tiempo, se ha centrado en la construcción de red de apoyo y prevención que da cobertura en Baleares, ofreciendo su ayuda a una gran cantidad de familias que están pasando por lo mismo.

Cuando Xisca habla de su fase de duelo no deja de mencionar a Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (RedAIPIS), a quien agradece la protección y la atención recibida y asegura que fue él quien la animó a montar esta asociación. Su objetivo lo tiene claro: prestar información y orientación, a los familiares, amigos y otros amigos que han sufrido la pérdida por suicidio. Xisca además es colaboradora activa de papageno.es, puedes ver algunas de sus entradas aquí.

P.- ¿Cuál es el origen de Afasib?

R.- El origen está en el suicidio de mi hermano. Tuvo varios intentos durante varios meses y nuestra única preocupación era su recuperación, ni siquiera nos planteamos hablar con sus psiquiatras.  Cuando ocurre el suicidio, te quedas destrozado. Son momentos en lo que te quedas descolocado, la culpabilidad desunió mucho a la familia, la dirigimos los unos contra los otros y sin decírnoslo, el gran fallo del superviviente, porque hace que los miembros de la familia se dispersen más y los familiares lejanos acaben desapareciendo. Te quedas en una situación de aislamiento muy grande, sin tener recursos, no sabes reconocer si lo que te pasa es normal o estás enferma. Desamparada sería la palabra.

P.- En una entrada de este mismo medio hablabas de la importancia de practicar el silencio terapéutico:  “El silencio atento y presente invita a hablar, porque alguien te escucha”, “basta con conectar la mirada para que invada la sensación de empatía, comprensión y confianza”¿Cuál es el límite entre el silencio de ayuda y el silencio, que por el contrario, evita hablar del tema del suicidio?

R.- La presencia. Es suficiente con que vengas y estés, incluso sin que yo te lo pida. Me da igual que hables o no. A nivel profesional, lo veo también en las personas a las que atiendo tanto a nivel grupal y en mi trabajo como psicóloga. Es necesario concederle ese espacio a la persona, necesita el silencio para reordenar sus ideas, aún más, cuando estás en una situación tan traumática.

Por desgracia lo que me he encontrado es que no hay presencia. El silencio se basa en que desaparecen de tu lado, no vienen a verte ni te llaman. A veces tienes la sensación de tener algo como contagioso. La gente evita ese contacto, seguramente porque no saben qué decir, no saben cómo apoyarte. De ahí que escribiese sobre el silencio terapéutico como un «basta con que vengáis».

P.- Que alguien fallezca normalmente supone un duelo, pero cuando se trata de un suicidio parece que el esfuerzo de sobreponerse es doble: la pérdida de esa persona y la de aquellos que han decidido alejarse.

R.- Claro. Tienes que gestionar la pérdida de las personas que se alejan y lo peor de todo es que no puedes culparlos porque en el fondo entiendes que se alejen. Sabes que ese distanciamiento deriva del estigma del suicidio que está tan arraigado, porque no saben cómo manejarlo. Supongo que vivimos en una sociedad en la que huimos del dolor, no deja de ser una combinación de cosas, pero es cierto que los supervivientes pasamos por un doble duelo. En el primero, con la muerte,  asumes que es algo definitivo, pasas por todas las etapas hasta que acabas gestionando esa pérdida como puedes. Pero la segunda pérdida, las personas que se alejan, normalmente parte de tu familia que necesitas y que están vivas, es algo que no te permite cerrar un ciclo. La muerte si algo tiene es que es un fin, por lo que puedes gestionarlo, pero cuando están vivos es mucho más difícil, entre otras cosas porque no tenemos recursos para comunicarnos.

Desde la asociación intentamos que esa verbalización y expresión no se interrumpa. En la primera o segunda reunión me impactó que hubo gente que expresó tal cual el suicidio que presenciaron, ahí  te das cuenta de que necesitan soltarlo de esa manera porque nunca habían podido hablarlo con nadie.

P.- ¿Soltarlo todo ayuda a interpretar y asimilar lo que está pasando, a ser capaz de ver la magnitud de lo que uno se estaba guardando para sí?

R.- Sí, somos personas que nos tenemos que comunicar continuamente. Sentimos miedo de que no nos entiendan, de que se alejen de nosotros. Cuando estas dentro del grupo de apoyo lo primero que haces es contar todo aquello que has tenido que guardar y callar por la vergüenza o incomodidad que te ha producido hasta el momento. Pero una vez lo dices, te encuentras que no hay ninguna cara ni de incomprensión, ni de sorpresa. Todos hemos vivido situaciones tan difíciles relacionadas con el suicidio que cuando nos cuentan otras experiencias sobre el tema lo que no es invade es un pensamiento de comprensión y empatía. 

P.- El suicidio, a fecha actual, sigue estando ligada a connotaciones negativas arrastradas de una construcción social y cultural. En la última década se ha puesto de moda una cultura ‘mindfulness’, como proceso de alcanzar ese bienestar total, pero el tema de la muerte sigue siendo algo esquivo… ¿debería de empezar a abordarse en las aulas, desde la infancia?

R.- Falta una educación en la realidad de la muerte. Se tiene que afrontar como en todo en la vida, y además con equipo de profesionales que te puedan asesorar sobre cómo abordar el tema, porque hay que saber bien cómo dirigirlo de la manera correcta.

Hay que empezar a mentalizar desde la temprana edad que la vida y la muerte son cosas de las que no podemos escapar. Vivimos y algún día moriremos, cuanto más tarde mejor, pero existe la posibilidad de que muramos antes de lo que tenemos previsto. Tomar conciencia de ello permite recolocar muchísimas cosas en nuestro orden de prioridades. En nuestra sociedad actual tratamos de anestesiar la realidad, como si fuese posible vivir toda la vida, la eterna juventud y los ideales que arrastra. Nosotros trabajamos con la filosofía budista, pero otros disponen de su fe católica que también les va bien para superar las cosas, su bien de la muerte es más esperanzadora…

P.- La fe católica tacha al suicidio de pecado, lo considera algo antinatural…

R.- La raíces del estigma las tenemos que buscar ahí, en los castigos que tenían que asumir tanto el suicida como su familia.

P.- Papageno recopila muchas variantes de la conducta suicida, no cierra campos. Desde tu opinión como psicóloga, ¿crees que la formación que os imparten en la carrera en las universidades cuenta con un desarrollo fuerte o, al menos, un concepto claro de cómo abordar la conducta suicida?

R.- Yo personalmente en la carrera no estudié ningún tema que tratase el abordaje de la conducta suicida. Como otros temas que tampoco se tocan: el duelo o la gestión de la pérdida. Lo que no quiere decir que tú puedas optar por tratar ese tema para algún trabajo, pero es a iniciativa propia. Debería ser una asignatura obligatoria, ¿cómo vas a salir de la carrera sin haber estudiado de forma completa el abordaje del duelo y la pérdida?

P.- También es un tema pendiente en la sanidad pública.

R.- Sí, los protocolos de atención a la conducta suicida están tardando. 

P.- De nuevo, como persona que has vivido de cerca el suicidio, ¿qué sensación tienes al hablar de este tema con otras que no están formadas, informadas o que no lo han padecido directamente?

R.- Entiendo todas las posturas y las respeto, pero a mí no me incomoda hablar del suicidio, y eso es un proceso que me ha llevado tiempo. Al principio sólo con oír la palabra suicidio me incomodaba. Una de las luchas que tenemos desde Papageno y cualquier otra iniciativa profesional  por la prevención de la conducta suicida, es precisamente que no se oculte el hecho de que el fallecimiento de alguien ha sido por suicidio.

P.- Si no tengo mal entendido, el término ‘culpa’ es algo recurrente en el superviviente, ¿cómo trabajáis para combatir este sentimiento?

R.- Compartiéndolo. Hay personas que acaban de perder a un ser querido, y otras que ya están en otro momento de la gestión emocional. Los hay que vienen y nos dan unas lecciones de vida increíbles, como padres que han perdido a sus hijos.  Son los que peor gestionan la culpabilidad y cargan con la responsabilidad, piensan que algo hicieron mal en la educación para que su hijo acabase quitándose la vida. Entre ellos se ayudan mucho porque están en distintas etapas del proceso. La idea siempre parte de que has hecho algo mal, se entra en un bucle de reproches sobre lo que hicieron o no para evitar el suicidio. Y en cambio el resto están ya en la fase de darse cuenta del amor que profesaba a su hijo y que, como cualquier persona, se pueden equivocar, pero saben que hicieron todo lo que podían y estaba en sus manos.

P.- ¿Tiene sentido ahondar en los porqués, en el pasado?

R.- Los porqués salen y tienen que salir. Nuestra naturaleza se basa en buscar respuestas de todo aquello que no entendemos, y el suicidio no lo entendemos. Primero porque es tabú, y segundo porque no estamos preparados para saber gestionar estar explicaciones. Tenemos la tendencia a querer encontrar una explicación razonable a lo que ha ocurrido. Cada uno lleva su ritmo. Con el paso del tiempo todo se suaviza un poco, el porqué deja de ser una duda tan intrusiva.

P.- Los métodos de comunicación han avanzado bastante, ¿cuáles dirías que son los riesgos o beneficios que integran a la hora de tratar el tema del suicidio?

R.- La gente cuando está mal asesorada y no tiene el apoyo profesional adecuado, busca información en las redes. En este espacio digital hay mucha información, pero no todo es buena. Ahí es donde más hay que trabajar, pero es sumamente difícil. Muchos supervivientes hablan de cosas que ven en las redes, vídeos, auténticas barbaridades…

P.- Es un terreno pantanoso, con un vacío legal en especial en las redes sociales.

R.- Es imposible de controlar. Y también da pena ver cómo hay personas que utilizan estos medios para sacar provecho del dolor, pero es algo contra lo que debemos luchar todos.

P.- ¿Con qué canales trabajáis en Afasib?

R.- Todavía seguimos en fase de conocimiento, no llega a un año que empezamos a funcionar. La mayoría de los supervivientes son nuevos, y todavía estamos conociéndonos. Por el momento realizamos reuniones mensuales de grupo de ayuda mutua.

A su vez, estamos trabajando con el Observatorio del Suicidio para la realización de los protocolos de prevención. Ellos nos derivan a los supervivientes, y nosotros les contactamos también cuando sabemos que alguien no se encuentra bien para que reciba ayuda lo antes posible.

P.- Hazme un balance de lo que habéis conseguido hasta el momento y otros retos que tengáis. (Afasib se fundó en agosto de 2018)

R.- El balance es muy positivo, yo no soy tan consciente porque estoy detrás de todo. Pero los que lo ven desde fuera ven los pequeños avances como grandes logros porque al fin y al cabo somos una organización incipiente. Yo veo que funciona desde el momento en que siento que hay un respaldo por parte de las demás asociaciones, de la Consejería de Salud, y estoy segura de que se pueden abrir nuevas vías de construcción y colaboración muy bonitas. Queremos un proyecto que realmente sea capaz de cubrir una atención efectiva a los familiares. No olvidemos que ellos también son un grupo de riesgo en la conducta suicida por lo que las medidas de prevención son esenciales.

 

M. Fca. Morell en las I Jornadas de Suicidio de Mallorca con otros miembros y colaboradores de AFASIB

Entrevista realizada por:

Brezo Criado Santos

Periodista. Estudiante de último curso en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Ha escrito para la Nueva España de Gijón y actualmente da sus primeros pasos radiofónicos en la Cadena Ser.

 

Francisco Zaragoza: «No es de recibo que se nos eche la culpa del suicidio por disponer de armas»

General Strike Madrid 14N
Photo by: Montecruz Foto (Flickr)
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Como bien se ha venido informando y recordando a través de Papageno, el suicidio es complejo, multicausal y prevenible. La solución del mismo requiere una iniciativa y disposición global donde todos los actores cuentan. Esta vez, desde Asociación de Cuerpos y Fuerzas Seguridad del Estado Víctimas del Terrorismo (ACFSEVT), su presidente, Francisco Zaragoza se sienta a hablar sobre esta lacra que afecta a muchos de los que velan por la seguridad ciudadana y el cumplimiento de los derechos del Estado de Bienestar.

– ACFSEVT integra a militares, policías y guardias civiles, etc… Si hablar de suicidio ya es difícil en la sociedad en sí, tratar el tema en grupos con una cultura propia y de valores tan arraigados, ¿encuentra todavía más trabas?

– Es un tema del que no se habla mucho dentro del Cuerpo. Siempre ha habido compañeros fallecidos por suicidio, lo que me sorprende ahora es el número tan elevado de personas que llegan a esa situación. No sé si es por la facilidad de trasladar la información a las redes sociales pero, como con la violencia de género, cuanto más se habla del tema más fácil se le pone a la persona que quiere hacerlo. Pero a la vez, hay que hablar de ello y hacerlo público para que ese problema sea eliminado de raíz.

Hay muchas personas que por problemas familiares, económicos o laborales llegan a una situación de presión que no pueden soportar y deciden poner punto y final a su vida. No puedo entenderlo, pero de alguna manera comprendo esas situaciones porque las estamos viviendo dentro de los cuerpos de Policía Nacional, Guardia Civil, y en el Ejército. Son cuerpos que sufren una presión constante, y hay quien puede soportarlo y estar más capacitado mentalmente y quien no, pero en general no es de recibo que se nos eche la culpa del suicidio por tener al alcance nuestras armas. Permítanme que discrepe sobre esa afirmación, ya que entonces sería una circunstancia eximente que los políticos le meten mano a la caja del dinero público porque las tienen al lado.

–La presión de la que habla no sólo derivará de enfrentamientos a situaciones hostiles, convivir con delincuentes día a día, etc. Al final y al cabo supongo que tendréis unas presiones laborales que otros trabajadores no tienen…

–Sí, la presión de tener que responder en milésimas de segundo a una situación que no te esperas y en la que tu manera de reaccionar puede ser adecuada o no. Con el condicionante de que si te equivocas al tomar esa decisión corre peligro tu integridad física o laboral, por ejemplo. Esa presión existirá siempre, pero no creo que ese sea el único motivo de los suicidios, el motivo es otro, no sabemos cuál. Cada persona tiene unas cosas en su mente y sabe lo que ocurre en cada cabeza.

–¿Cómo definirías el programa psicológico y de ayuda que se pone a disposición de los agentes de las FFCCSS, de los que sí cuentan con este dispositivo?

– Eso es lo que nos sorprende que todavía haya cuerpos como la Policía Nacional que no disponen de él. El problema de los suicidios tanto en en la Policía como en Guardia Civil durante los años de plomo del País Vasco era bastante elevado, el problema psicológico que presentaron las personas que estuvieron allí de servicio continúa. Se hizo un estudio hace 20 o 30 años sobre el tema, al ver la cantidad de personas que estaban afectadas por el Síndrome del Norte cerraron el estudio, nunca se publicó ni se tomó ninguna actuación para obtener resultados positivos para eliminar esta lacra.

– En España vamos por detrás en la lista de países que prestan servicios psicológicos a sus veteranos de guerra, excombatientes, etc.

– Es envidiable, echamos de menos esa atención del Estado hacia sus responsables de seguridad. En España nos han abandonado a nuestra suerte, en aquel entonces y ahora. Las pocas unidades de prevención que hay en activo no sirven prácticamente para nada. Hacen más las asociaciones privadas y externas a los cuerpos de seguridad que los que tiene el propio Ministerio de Interior y de Defensa.

– Cuando se habla del suicidio es común fijar la vista en la persona que ha decidido quitarse la vida y se aparta un poco la atención de los supervivientes, que al fin y al cabo son lo que tienen que lidiar con esa muerte… ¿Crees que la Administración y las instituciones correspondientes hacen algo al respecto? 

– No, tajantemente no. Las instituciones se olvidan totalmente de las personas que han servido a sus órdenes y cuando se te retira del cuerpo correspondiente ya no perteneces a ese Cuerpo para nada, si tienes algún problema te buscas la vida por tu cuenta.

¿Y en cuanto a los supervivientes, es decir, a los familiares que tienen que enfrentarse al duelo de haber perdido a alguien por suicidio?

– El suicidio dentro de la Policía y Guardia Civil es un tema tabú y se trata de olvidar lo más pronto posible. Hay muchas viudas que se quedan en la miseria sin ningún tipo de ayuda, sólo la pensión de jubilación que le corresponda.

–¿Cómo os organizáis desde ACFSEVT para tratar el tema del suicidio? ¿Qué mecanismos ofrecéis de vuestros afiliados?

–No tenemos tantos medios como nos gustaría. Desde que conocimos a Daniel J. López Vega hemos empezado a establecer más relación con algún grupo de prevención de suicidio. Hasta el momento, lo que hacíamos cuando teníamos noticias de algún compañero que pudiera padecer conducta suicida consistía en reunirnos con él para establecer una comunicación directa y tratar de reconducirle. Así como ponerles en contacto con psicólogos de nuestra confianza.

No son tantos los avisos que nos llegan pero cuando recibimos alguno, nos volcamos en él. Es más normal estar al tanto de que un compañero se ha suicidado que conocer la situación de un compañero que puede estar en peligro.

–La Policía Nacional está trabajando en un protocolo de prevención de la conducta suicida. Otros cuerpos como la Guardia Civil ya lo tienen, ¿consideras que es efectivo?

–En la Guardia Civil no creo que se trate el tema de la manera más efectiva y razonable, hay algunos que anteponen las estrellas que llevan como distintivo de su cargo antes que atender a una persona con problemas.

–¿Con qué criterios podríamos hablar de eficacia entonces? 

– Que la atención psicológica no recayese en mandos o jefes, y evidentemente contar con personal cualificado y bien entrenado para esas situaciones.

– Cada vez más, los medios hablan con asiduidad de este tema, pero la Administración sigue sin tener un plan nacional vigente de prevención y actuación… ¿Qué cree que hace falta para que empiecen desde la Administración a movilizarse?

– No lo sé, siempre se establecen soluciones después de haber acontecido un gran problema. La idea sería no tener que esperar a que se suiciden 200.000 personas al año para que el Estado ponga remedio.

– En su asociación ha trabajado de cerca con víctimas del terrorismo, y personas que han padecido conducta suicida… ¿Afecta la manera en que los medios de información comunican ese tipo de sucesos? ¿Qué recomendaciones propone? 

– Parece que sacar a la luz tantas noticias sobre el tema puede ser contraproducente, pero a la vez es necesario hacer público este problema. No seré yo quien dicte la manera más adecuada de tratar el tema sino los especialistas pertinentes con más experiencia y formación de la que yo tengo.

– Quizás la publicación de datos y estadísticas ayudarían a desdibujar mejorar la realidad del problema…

– Nosotros desde la creación de la asociación llevamos luchando para que la Administración del Estado hiciese pública la cantidad de personas supervivientes de atentados terroristas, estadística que no existe como tampoco la de suicidios dentro de las Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Hace dos semanas se publicó el libro ‘Heridos y olvidados’ de la Fundación Víctimas del Terrorismo que ofrece una cifra, no totalmente exacta, pero sí con la que poder sacar a la luz los datos de heridos supervivientes, la que contabiliza el Ministerio de Interior. Pero hay un número muy elevado de guardias y policías que después de haber sufrido un atentado terrorista, al no tener lesiones físicas evidentes, eran obligados a continuar con el servicio y no han tenido ni atención médica ni de ningún tipo de reconocimiento. Nosotros calculamos entre 9000 y 15000 personas y la estadística habla de 5000. Conseguir todo esto nos ha costado 14 años, por tanto, lograr que se lleve a cabo una estadística que contemple el suicidio, cuando no se tiene en cuenta ni siquiera a esas personas, va a ser una tarea muy difícil.

–¿Cree que el suicidio podría considerarse un riesgo laboral dentro de la profesión de las FFCCSS?

– Como riesgo laboral, no.

– Pongamos un ejemplo: alguien que ha sufrido un atentado terrorista sufre una serie de secuelas físicas y psíquicas y estas derivan de su presencia y actuación en muchos casos en un acto de servicio…

– Esas secuelas, que se pueden cronificar y llegar a constituir un motivo de suicidio, no son atendidas ni tenidas en cuenta por los jefes. Por eso decía antes no entiendo pero de alguna manera comprendo a esas personas, porque también me he visto en esa situación personalmente.

Además, se juntan una serie de motivos, que sea un riesgo laboral sí que tendría que ser tenido en cuenta para que de alguna manera  los expertos que ponga el Ministerio de Interior tengan en consideración esa “facilidad” de los agentes al cometer suicidios por la presión derivada del trabajo, de los mandos, de los horarios alternos y nocturnos, de tener que doblar un servicio, de tener que cambiar de ubicación en media hora para realizar una acción totalmente distinta, en fin, de un montón de cosas…

– Después de todos estos cambios laborales e imprevisibles de los que habla y que afectan considerablemente al día a día del individuo, ¿los policías estáis expuestos a evaluaciones psicológicas anuales?

– No, y habría que preguntar y reclamárselo a los directores generales de los cuerpos, que son los responsables políticos, porque los jefes y los mandos están a sus ordenes. El responsable político es el último responsable y además es el que se interesa de que sus subordinados estén bien atendidos y tengan los medios adecuados. No sería normal que un trabajador de la construcción fuera sin casco, lo mismo un agente en la calle sin chaleco antibalas.

– ¿Entre compañeros se habla abiertamente de suicidio?

– Se habla del suicidio una vez consumado el acto y de la metodología, pero de la personas que tienen un problema en el presente no se suele hablar. Y no se toca el tema porque no estás atento a las acciones que puede tener tu propio compañero y que pueden derivar en situaciones que podrían evitarse y prevenirse.

– ¿Se recibe algún tipo de formación en la academia sobre el suicidio, ya no en compañeros, sino con personas civiles, para asistirlos, por ejemplo?

– No, yo al menos no la recibí y no tengo constancia de que se imparta en la actualidad, si hay alguna ruego que se me disculpe pero yo no tengo conocimiento.

Brezo Criado Santos, periodista.

 

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