Archivar en agosto 2019

La lágrima terapéutica

Photo by Kat Jayne from Pexels

Llorar constituye una habilidad humana universal, pero llorar cuando estamos triste implica un proceso natural que tiene elementos diferenciadores de cuando lloramos por ejemplo cuando algo nos ha resultado muy gracioso o estamos emocionados por otros motivos diferentes a la pena.

El doctor Frey, indicó que la composición de las lágrimas que se nos caen cuando estamos tristes es diferente. Contienen una serie de hormonas, entre otras la prolactina, que tienen una función de preparar al organismo frente a una amenaza. Hormonas que nuestro organismo arroja al torrente sanguíneo para prepararnos ante dicha amenaza, con la finalidad de afrontarla o bien huir de una situación a la que no podemos hacer frente. Básicamente me refiero a la respuesta de estrés.

Hoy sabemos, que dichas hormonas mantenidas en el organismo durante mucho tiempo, tienen la capacidad de producir daños fisiológicos y mentales.

Llorar, en este contexto, nos libera del exceso de tensión, reduce la presión sanguínea, facilita la distensión muscular, tiene un efecto sedante y antidepresivo,  y a todo ello se le suma el hecho de poder eliminar dichas hormonas del estrés.

El llanto pues, cuenta con diferentes e importantes funciones. A las ya citadas a nivel fisiológico se le suman los beneficios a nivel social a través de la comunicación, puesto que llorar es una forma no verbal de pedir ayuda física y emocional en momentos de estrés o sufrimiento e implica poder responder al dolor ajeno mostrando empatía.

Finalmente supone poner en marcha otra funcionalidad excepcional, y es que a través de las lágrimas que expulsamos cuando estamos tristes, podemos elaborar nuestro duelo, dotando de significado a nuestra pérdida.

Se sabe, que los recuerdos producidos en un determinado estado emocional propician la evocación de más recuerdos consonantes con dicho estado emocional. Así, cuando estamos tristes, resulta más fácil evocar más recuerdos que incrementan dicha tristeza o al menos, la mantienen.

De esta manera, al recordar nuestra pérdida facilitamos la actividad en el sistema límbico y más en concreto entre otras estructuras a la amígdala que a su vez activa el hipocampo, que en conjunto vienen a determinar que nuestros recuerdos relativos a la pérdida sean consignados en el lugar adecuado de nuestro cerebro y no se conviertan en el obstáculo que paraliza y destruye a muchas personas en la elaboración de su duelo.

Francisco Rodríguez Laguna

Psicólogo. con formación avanzada en duelo (Modelo Integrativo-Relacional), Máster en Psicopatología y Salud, Experto en trastornos Infanto-Juveniles y en Intervención profesional desde la Perspectiva de Género es socio fundador de la Sociedad española de Suicidiología.

El duelo: lo que la muerte de los seres queridos se lleva de nosotros

Saber vivir, es también saber morir

Pocas cosas hay tan ciertas en la vida, como que todos moriremos. Sin embargo, vivimos a espaldas de esta realidad y en muchas ocasiones carecemos de habilidades para afrontar la muerte de nuestros seres queridos o para prepararnos para la nuestra. 

La vida es una aventura que se recorre en soledad y en la que gozamos de la compañía momentánea de otras personas con la que tenemos la suerte de cruzarnos. «Dejar ir» es quizás una de las habilidades más útiles que podemos aprender y para la que menos se nos prepara. Nuestra sociedad está gobernada por el hedonismo y los placeres efímeros y fáciles de conseguir y mantiene ocultos los verdaderos placeres de la vida que requieren de una constancia para conseguirlos. 

Saber vivir implica necesariamente saber morir cuando llega nuestro fin. No todo los procesos de duelo por muerte son iguales. La gravedad del duelo puede depender de muchas variables y en algunos casos puede ser la última oportunidad de aprendizaje que tengamos.

 

“Hablando con amigos y colegas, compruebo que muchos pueden describir su participación en una muerte especial, como aquella en la que el moribundo parece poder controlar y orquestar el proceso y morir con tal dignidad y calma que todos los que le rodean, entre ellos el médico, se sienten privilegiados, por la vivencia de esa situación y, en cierta forma extraña, enriquecidos por ella” (Heath I, 2008), en Fisterra.com.

 

El duelo como proceso individual y normal

El duelo tanto cuando nos preparamos para nuestra propia muerte como cuando está provocado por la muerte de personas cercanas es un proceso único e individual. Aunque no existe acuerdo en cuáles son las fases por las que pasa una persona en duelo, parece que existe un consenso en determinar que su evolución tiene diferentes etapas. Sea como sea este proceso es un proceso normal y sano que nos ayuda a readaptar la situación tras una pérdida.

Cuando el duelo no se desarrolla de forma adecuada, pueden existir complicaciones. Por ello, es importante prevenir y actuar de forma precoz evitando patologizar un proceso que es de naturaleza adaptativa.

El duelo por ruptura emocional

Aunque con características diferentes, el duelo también puede aparecer en ausencia de muerte. Las rupturas emocionales ligadas a la pérdida de pareja por separación puede también provocar un estado emocional alterado caracterizado por una soledad extrema. Este estado se caracteriza por el dolor, la desesperación, la rabia y  la decepción.  A esto se puede unir la sensación tormentosa al tener la falsa esperanza de la vuelta de la pareja, y en consecuencia, el círculo vicioso de emociones dolorosas.

 

El duelo por suicidio

El suicidio supone la ruptura abrupta de la vida de una persona y de las personas cercanas. Se estima que cada muerte por suicidio deja 6 supervivientes o personas que verán afectadas sus vidas. Por las características de la muerte por suicidio, su duelo es por naturaleza más doloroso y complicado. El estigma y el tabú añade al dolor de la pérdida, la culpa, la vergüenza y el aislamiento. 

Cuando se vive una pérdida de suicidio el apoyo social se convierte en el elemento esencial para la recuperación. El aislamiento anteriormente mencionado y el rechazo social hacia este problema de salud pública convierte a los Grupos de Autoayuda para Supervivientes en instrumentos para poder expresarse en un ambiente libre de prejuicios donde elaborar la pérdida e integrarla. Un proceso de reinvención donde indefectiblemente se ha perdido algo importante.

En este proceso la expresión del llanto, el enfado, la culpa, la vergüenza es uno de sus pilares. Las emociones no son ni positivas ni negativas, todas cumplen una función adaptativa. Sin embargo, cuando no se expresan, las emociones pueden provocar importantes consecuencias psicológicas y físicas. En consecuencia, ante la pérdida de alguna persona importante en tu vida, crea y buscas espacios seguros para mostrar tu dolor. Recuerda, que a pocos metros de ti siempre habrá alguien dispuesto a escucharte y que tú puedes encontrarlos para acompañarte en esta parte del viaje.

 


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¿Son los países «más felices» dónde existen menos suicidios?

La felicidad no es el Producto Interior Bruto de un país

A pesar de las dificultades metodológicas que entrañan ambos conceptos, cabría pensar que aquellos países considerados «más felices» son aquellos que mantienen menores tasas de muertes por suicidio. Pero la complejidad hace que en muchos casos esto no sólo no es así, sino que guarda una relación inversa.

En 2016, países como Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega, Finlandia y Canadá estuvieron entre los considerados «más felices» en un informe realizado en 156 países por la Organización de las Naciones Unidad (ONU) con los datos de la encuesta Encuesta Mundial de Gallup. En una escala del 0 al 10 los entrevistados valoraban la calidad de su vida (la peor o la mejor vida posible). En su elaboración también se utilizaron variables de carácter objetivo (PIB, esperanza de vida, generosidad, apoyo social, libertad y corrupción). Sin embargo, ese grupo de seis países se encuentra también entre los que sufren mayor incidencia de muertes por suicidio. 

Durante muchos años los gobiernos de las naciones (en el mejor de los casos) han supuesto que el bienestar de sus ciudadanos depende de forma directa de la cantidad de bienes y servicios que poseen. Se basan en la premisa de que la producción continua determina dicho bienestar. Esto ha provocado la utilización del Producto Interior Bruto (PIB) como principal indicador de desarrollo.  Sin embargo, muchos de los problemas a los que se enfrenta nuestro mundo tienen que ver con esta forma de entender el progreso. La insostenibilidad del sistema nos lleva cada vez más a una situación más distópica e indeseable. El calentamiento global, el agotamiento de los recursos, los populismos y toda suerte de extremismos, son fruto de la loca carrera sin fin a la que nos aboca nuestra economía. Las estrategias competitivas hacen que el reparto de los recursos sea cada vez más desigual y eso repercute negativamente.

Actualmente ha aparecido un interés en integrar otras variables más subjetivas como nuevos indicadores relacionados de una forma indirecta o directa con la felicidad. Esto llevó a que algunos países, como el de Bután, en la década de los 70 del anterior siglo y tras la llegada al poder del rey Jigme Singye Wangchuck, utilizara la felicidad para evaluar la calidad de vida y el progreso social, acuñando el término de Felicidad Nacional Bruta (FNB). El termino felicidad, sin embargo, parece muy complejo y subjetivo y debe ser usado con una mayor precisión para entenderlo. A pesar de lo anterior, ciertamente parece una avance respecto al que valora el bienestar exclusivamente con la producción y la posesión de bienes.

Llegados a este punto, también podemos preguntarnos si conceptos tales como la desigualdad constituyen variables que podrían explicar mejor estas diferencias de tasas. Los determinantes sociales en salud y el cómo se reparten los recursos y la «felicidad» entre los distintos miembros de una sociedad, podría tener valor explicativo. La conducta suicida es compleja y multicausal y la investigación tiene el reto de crear modelos explicativos que contemplen todas las variables implicadas y la interrelación entre éstas.

De todas formas, el tema requiere de investigaciones que determinen los factores de protección y de riesgo de carácter social de la conducta suicida. En consecuencia aumentaría la comprensión del suicidio como fenómeno global y desde una perspectiva social y no sólo como fenómeno individual.


MÁS INFORMACIÓN

Daniel J. López Vega

Colaborador de www.papageno.es

Psicólogo General Sanitario. Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo. Autor de «¿Todo por la Patria?». Socio fundador de la Sociedad Española de Suicidiología. Experto Universitario de Estadística Aplicada a las Ciencias de la Salud (UNED)

La desesperanza y el sentido de la vida

Hay veces que la vida nos enseña su peor cara. Es entonces  cuando todo pierde sentido y nos parece que no seremos capaces de afrontar lo que nos ocurre. Para hacer frente a nuestro problemas es útil que tengamos en cuenta además de la situación vivida, los factores psicológicos que nos influyen y que nos paralizan.

Dos factores que pueden influirnos negativamente son la desesperanza y la indefensión aprendida. La desesperanza revierte en sentimientos displacenteros sobre uno mismo y sobre los demás y el futuro (Beck). Tiñe de negro nuestros pensamientos y puede empujarnos a la depresión o al suicidio. Se caracteriza por una visión pesimista, de queja continua y de culpabilidad que puede ser proyectada en los demás.

En el caso de la indefensión aprendida nos referimos a la creencia de una persona sobre el bajo o nulo control sobre su vida y las consecuencias de sus actos. En esos casos la persona adopta una conducta de pasividad que provoca que las circunstancias no cambien (profecía autocumplida). La persona pierde la motivación a actuar por la idea equivocada de que lo que le ocurre no es producto de lo que hace, sino del destino, de otras personas o de otras razones inevitables. Por ejemplo, una persona que se ha quedado sin empleo y que tiene varias experiencias negativas cuando está intentando encontrar uno nuevo, puede llegar a pensar que no tiene sentido seguir haciéndolo porque no depende de él. Al dejar de buscar empleo, no entrará de nuevo en el mercado de trabajo lo que reforzará su idea de que haga lo que haga no conseguirá nada. Sin embargo, es su pasividad la que de forma indirecta afecta negativamente a su «mala suerte».

En el lado contrario hay factores que pueden ayudarte a mantener tu salud mental y que si bien no te aseguran una felicidad completa si son el camino que te llevará a un mayor equilibrio personal. Uno de ellos es el sentido de la vida. Victor Frankl definió este concepto como la necesidad de los seres humanos de encontrar un motivo, un propósito de sus vidas, para asumir la responsabilidad sobre uno mismo y sus experiencias. Si tienes un sentido serás más capaz de afrontar las situaciones desagradables de tu vida. Un concepto parecido fue definido por Antonovsky con el nombre de sentido de coherencia. Con ello se refiere a una orientación global del individuo expresada por la percepción sobre sus recursos de afrontamiento (controlabilidad), la capacidad de ver las crisis como retos desde una orientación positiva, (significatividad), y la comprensión coherente y claro del entorno o (comprensión). Tanto el sentido de la vida, como el sentido de coherencia han intentado explicar por qué las personas en situaciones límite, consiguen un nivel de salud mental y bienestar psicológico adecuado. 

 

Quien tiene un «por qué» podrá hacer frente a todos los «cómo»

Nietszche citado por Victor Frankl

 

Estudios empíricos han relacionado sentido de la vida y desesperanza. En concreto, se señala que cuando existe un sentido de la vida claro existe un nivel de desesperanza mínimo, al contrario cuando aparecen vacíos existenciales. Estas relaciones presentaron diferencias estadísticamente significativas. 

 
CONSEJOS PARA COMBATIR LA DESESPERANZA

Analizar racionalmente la situación. 

Pensar de forma positiva y desarrollar la autoeficacia. 

Evitar el aislamiento y buscar la relación honesta con otras personas.

Listar objetivos simples y alcanzables. Premiar los logros

Ser constantes. 

Evitar la victimización.

No idealizar al resto de personas.

No esperar soluciones milagrosas ni rápidas.

Realizar autocrítica constructiva.

Buscar soluciones creativas. 


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El apoyo social como factor protector de salud mental

El apoyo social se define como la existencia de recursos de apoyo psicológico y provisión de ayuda por parte de personas significativas. Aporta sensación de ser queridos, estimados y valorados, la expresión de afecto positivo y la afirmación a los valores y creencias personales, indicando la pertenencia a una red de comunicación y de obligaciones mutuas. 

Por el contrario, la soledad es una vivencia subjetiva, disruptiva, estresante y displacentera producto de la falta de apoyo social. En español la palabra soledad engloba acepciones muy diferentes. En este caso nos referimos a la no elegida. Sin duda el estrés que conlleva la falta de apoyo social implica consecuencias para nuestra salud mental y física.

 

El apoyo social es un factor protector de salud mental y puede prevenir las conductas suicidas o favorecer el afrontamiento de las situaciones estresantes de forma adecuada. 

 

Así que para mantener una buena salud mental, es esencial mantener relaciones sanas y honestas y compartir experiencias con otros. Siempre que tengas oportunidad únete, asóciate y comparte actividades con personas que puedan aportar en tu vida y a las que puedas entregar lo mejor de ti mismo.


PARA SABER MÁS

 

¡Pide ayuda! la última vacuna contra el suicidio

El suicidio es una conducta compleja, multicausal y prevenible que tiene un origen biopsicosocial. 

Rodeada de estigma y tabú, la conducta suicida tiene entre las claves de su prevención la detección precoz de factores de riesgo. Una de las dificultades para dicha detección está provocada por las reticencias de muchas personas a pedir ayuda cuando aparecen los primeros síntomas.

Puede ocurrir que el acto de pedir ayuda se tome como una debilidad y el miedo a despertar rechazo en los demás haga que vivamos en silencio o en la más estricta intimidad situaciones de sufrimiento que podrían ser aliviadas en contacto con otras personas. 

Por eso podría sernos útil luchar contra muchos de los mitos que existen alrededor de la conducta. Por un lado, el suicidio no es cuestión de valientes ni de cobardes, de débiles o fuertes.  Pedir ayuda cuando se necesita no sólo que no nos hace débiles, sino que supone un acto de valentía que abre la puerta a solucionar nuestros problemas. Por otro lado, hablar del suicidio no provoca que la gente se suicide, sino que ayuda a tratar abiertamente los problemas, a desahogarse y a mejorar la relación comprendiendo las razones que causan los sentimientos y las emociones. 

 

Por eso, tanto si estás sufriendo, como si ves a gente que sufre o has vivido de cerca un suicidio ¡comunícate! ¡pide ayuda!. La comunicación es la vacuna más potente que se conoce para prevenir el suicidio y para solucionar muchos problemas emocionales. El aislamiento y la soledad debilitan los lazos sociales y el apoyo social es uno  de los más potentes factores protectores de tu salud mental. Fuera hay muchas personas dispuestas a ayudarte, pero tienes que buscarlas. Tú también tienes mucho que aportarles… Nosotros también te necesitamos a ti. 

 

www.papageno.es es un colectivo de profesionales sin ánimo de lucro con formación en prevención y postvención del suicidio que aporta su experiencia para contribuir a controlar la amenaza a la salud pública que supone la conducta suicida. Si deseas más información accede a nuestro blog, estaremos encantados de compartir contigo.

 

Adicciones, drogas y alcohol en la conducta suicida

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Las drogas institucionalizadas (alcohol y tabaco) y las ilegales (cannabis, opiáceos, cocaína o derivados, drogas de diseño…), así como todas las adicciones conductuales o sin sustancia (ludopatía, telefonía móvil, Internet y redes sociales, compra compulsiva, adicción al sexo…) tienen un punto en común: prometen un mundo idílico, un paraíso, donde es fácil afrontar los problemas que nos trae la vida.

En muchas ocasiones, sin embargo, en la fase de experimentación se suman la capacidad adictiva de la sustancia o conducta a sus efectos subjetivos tejiendo alrededor de la persona una red que acabará atrapándolo en una adicción. En esta fase las consecuencias negativas de la conducta aún parecen lejanas y la persona cree falsamente que ejerce control sobre su conducta. Dependiendo de las características de la adicción, de características personales y del entorno, la persona se verá envuelta en un escenario totalmente diferente. Cada vez dedicará más tiempo a actividades relacionadas con su problema, más recursos y más esfuerzo, en detrimento de actividades o personas significativas con las que antes disfrutaba.

En etapas posteriores aparecerán las consecuencias que determinarán un nuevo estilo de vida donde las consecuencias serán mayores que los beneficios percibidos. Entonces la conducta se mantendrá, entre otras razones, para evitar la abstinencia. La vida irá perdiendo sentido sin la presencia de la adicción que se adueñará del control de la vida y podrá llegar a tener graves consecuencias en la salud y en la calidad de vida.

 

En los casos más graves, la adicción se convierte en un factor de riesgo en la aparición de conductas suicidas. Adicciones, drogas y alcohol están presentes en muchos suicidios, ya sea en personas adictas o como desinhibidores para emitir la conducta.

 

En ese orden de cosas, el consumo agudo de alcohol es utilizado frecuentemente como desinhibidor (intentos de suicidio o suicidios «completados»), mientras que su abuso se asocia a la conducta suicida aumentando las tasas de suicidio a nivel poblacional. En esta relación influyen otras variables siendo superior en países del norte y del este de Europa que en los países mediterráneos. 

La relación entre el tabaquismo y la muerte por suicidio ha sido también constatada pero es mucho menos intuitiva. En primera instancia pudiera parecer que la relación no es directa, pero hay estudios que relacionan las leyes restrictivas de consumo con menores tasas de suicidio. Richard A. Grucza ha encontrado una relación mas allá del hecho que las personas con problemas psiquiátricos tienden a ser mayores fumadores. Su estudio determinó que un incremento de un dólar en los impuestos al tabaco se asoció con un descenso del 10% en las tasas de suicidio. Otras variables que podrían estar relacionadas son las prohibiciones de fumar en lugares cerrados. En los estados de EEUU donde se daban ambas medidas se registraban tasas inferiores en un 15% de la media nacional.

En el caso de las adicciones comportamentales o sin sustancia parece que la tendencia es parecida. Si hablamos de la ludopatía o juego patológico aumenta la probabilidad de aparición de ideación e intención suicida. Estas suelen aparecer asociadas a los sentimientos de arrepentimiento y pánico ante situaciones económicas problemáticas o de otra índole y el aislamiento o rechazo social propio de la fase de desesperación. Aproximadamente un 90% de los jugadores patológicos relatan ideación suicida y cerca del 20% refieren intentos de autolisis. Un jugador patológico corre seis veces más riesgo de fallecer por suicidio que la población general.

Por último, el consumo de drogas ilegales empeora aún más la situación. En el caso de la cocaína, muchos de sus consumidores acompañan su consumo del de alcohol lo que agrava los riesgos. Además, el síndrome de abstinencia de la cocaína, puede ir acompañado de depresión, ideas paranoica e incluso de pensamientos suicidas, lo que puede requerir apoyo profesional. 

En general, parece clara la relación de las conductas adictivas y el suicidio por lo que es recomendable considerarlas como un importante factores de riesgo. En consecuencias, los profesionales que atienden a personas con problemas adictivos deben contemplar la detección precoz de conductas suicidas de forma que puedan ser prevenidas. La formación de estos profesionales constituye una medida efectiva de prevención para reducir las tasas de suicidio en este colectivo.


PARA SABER MÁS

Comunicación responsable en casos de conducta suicida

Las tasas de suicidio se ven influenciadas por la forma en que se comunican las conductas suicidas a través de los medios de comunicación. La aparición de Internet y las redes sociales han aumentado las vías de comunicación y esto afecta a las fuentes que las personas usamos para informar e informarnos. 

Junto a este hecho, en los últimos años existe un interés mayor en partir el estigma y el tabú asociado al suicidio y eso hace que se multipliquen las comunicaciones sobre conductas suicidas por diferentes medios. Muchas veces estas comunicaciones movidas desde la mejor de las intenciones no se someten a las indicaciones preventivas y pueden llegar inadvertidamente a constituir un riesgo para personas vulnerables. Por eso es importante que aquellas personas que por razones de carácter profesional o de otra naturaleza,  hablemos sobre este problema de salud pública tengamos en cuenta las recomendaciones para evitar comunicar de forma irresponsable. Máxime cuando las redes sociales tienen un fuerte impacto y son muy accesibles tanto para publicar como para acceder a lo publicado. En ocasiones las redes sociales «las carga el diablo».

 

Si no estoy seguro de la utilidad de lo que publico o tengo una fuerte carga emocional por lo que ha ocurrido, es útil esperar para evitar efectos negativos. También se debe evitar utilizar casos concretos para instrumentalizarlos con otros fines que no sean preventivos.  Recuerda que detrás de cada caso de suicidio hay una persona que merece el mayor de los respetos y unos supervivientes a los que hay que evitarles procesos de revictimización. 

 

El efecto de imitación en el suicidio ha sido descrito en la literatura científica y verificado por lo que existe consenso sobre su existencia. Parece estar relacionado con la aparición de descripciones pormenorizadas de sucesos relacionados con el suicidio, donde se describen por ejemplo el lugar exacto del hecho o el método utilizado, donde se simplifica la causa de lo ocurrido o generalmente escrito destacando detalles sensacionalistas. Este efecto puede ser mayor cuando el caso relatado es de una persona relevante o modélica.

A este efecto imitativo se le dio el nombre de «efecto Werther» tomado del personaje homónimo de la novela de Goethe «Las Penas del Joven Werther», escrita en 1774. El personaje se suicidaba por razones atribuidas al desamor. Su publicación se relacionó con un aumento de los suicidios que imitaron el método o incluso la manera de vestir típica de Werther en el acto final. Este efecto también se ha denominado efecto contagio, copycat…

Existe una variante de este efecto que atribuye un efecto negativo por la exposición de la muerte de personajes mediáticos. Tomó el nombre de Yukiko Okada,  una cantante de rock japonesa cuyo suicidio tuvo una amplia cobertura sensacionalista, provocando un importante efecto de imitación en el país nipón.

Sin embargo, frente a ambos efectos, existe una manera adecuada y responsable de informar sobre suicidio (Efecto Papageno) que tiene carácter preventivo y que reivindica la importancia de los medios de comunicación en atajar uno de los mayores dramas de salud pública. Por eso el efecto imitación no impide hablar del suicidio, sino que incide más en el modo en el que debemos hacerlo, como indica las recomendaciones de organismo internacionales como la OMS.

 
RECOMENDACIONES DE LA OMS/OPS (2017)
Referencia rápida
Lo que se debe hacer
  • Suministrar información exacta acerca de dónde buscar ayuda
  •  Educar al público acerca de los datos sobre el suicidio y la prevención
    del suicidio, sin difundir mitos
  •  Informar sobre maneras de hacer frente a los estresantes de la vida o a pensamientos suicidas y sobre formas de obtener ayuda
  • Tener mucho cuidado al informar sobre suicidios de celebridades
  • Tener cuidado al entrevistar a familiares o amigos que estén atravesando un duelo por haber perdido a un ser querido
  • Reconocer que los profesionales mismos de los medios de
    comunicación se pueden ver afectados por noticias sobre suicidios
 
Lo que NO se debe hacer
  • No destacar ni repetir innecesariamente las noticias sobre suicidios
  • No utilizar un lenguaje que sea sensacionalista o normalice el suicidio,ni se presente el suicidio como una solución constructiva a problemas
  • No describir explícitamente el método utilizado
  • No facilitar detalles acerca del sitio ni la ubicación
  • No usar titulares sensacionales
  • No usar fotografías, material de vídeo ni enlaces a redes sociales

PARA SABER MÁS

Cannabis y suicidio: mitos y realidades

Photo by Aphiwat chuangchoem from Pexels

El cannabis o cáñamo conocido en botánica como “cannabis sativa” produce diversos derivados, entre los cuáles los más usados son el aceite, la marihuana y el hachís. Popularmente estos derivados han tomado múltiples nombres (grifa, hierba, maría, cogollo, chocolate, costo, goma, piedra, china…). La planta produce un principio, el THC (delta-9-tetrahidrocannabinol), que es responsable de los efectos que se le atribuyen. Sin embargo, contiene muchos más compuestos químicos capaces de alterar el funcionamiento de nuestras neuronas.

El consumo recreativo de esta sustancia o con otros fines se extiende a lo largo de siglos. En la actualidad es la droga ilegal de mayor consumo. No en vano, existen grupos de presión interesados en la difusión de falacias que potencien su venta. En ese sentido, no toda la información utilizada para su defensa es cierta, sino que se basa en falacias que buscan investir en un halo bondadoso a una sustancia que tiene importantes repercusiones para sus consumidores, en mayor grado cuando se trata de infantes o adolescentes. Estas mentiras se basan esencialmente en la asociación del consumo de esta sustancia con dos conceptos básicos: LIBERTAD y EFECTOS MEDICINALES. 

Bajo la primera premisa, el uso del cannabis se asocia a la libertad en un doble sentido. Primero haciendo apología de su consumo bajo el criterio de que el consumo de drogas es un derecho personal y que la decisión depende de cada uno. El cannabis, sin embargo, es una sustancia adictiva lo que está reñido con la libertad en cuanto que muchas personas que intentan dejarlo siguen haciéndolo empujados por las propiedades de la sustancia más que por su propio deseo. El consumo de sustancias adictivas y la libertad es un mito, puesto que en muchas ocasiones se inician en edades muy tempranas por motivos ajenos a decisiones conscientes y se mantienen a causa de la adicción o para evitar el síndrome de abstinencia. Por otro lado, se defiende el concepto de libertad para impulsar el proceso de legalización. Nada más lejos de la realidad. La nicotina y el tabaco como drogas legales son un buen ejemplo en este sentido. Una vez que se legaliza una droga, su comercialización sufre un control estatal que la diferencia de otros productos de consumo. La imagen supuestamente idílica no deja de ser otro engaño. En el caso del tabaco su legalización no evita el contrabando, los beneficios se concentran en grandes corporaciones y son sustancias sometidas a aranceles e impuestos.

La situación no mejora si tenemos en cuenta los efectos medicinales de la sustancia. Primero, su uso medicinal no justifica en ningún caso su uso recreativo. En segundo lugar nos encontramos la forma de administración. El uso del principio activo mediante píldoras o comprimidos no es comparable en ningún sentido, por ejemplo, con el consumo de hachís en cigarrillos, que suele ir acompañada de tabaco. Por lo tanto sean o no ciertos los beneficios para la salud (que en muchos casos no los son o se exageran), no pueden ser excusa para defender su uso recreativo puesto que la mayoría de las drogas adictivas que han constituido problemas de salud se utilizaron o se utilizan en medicina, aunque su consumo recreativo esté desaconsejado.

El cannabis, lejos de ser la sustancia milagrosa que se promete desde esas instancias, tiene efectos muy negativos para la salud. Por ejemplo, el consumo de cannabis puede desencadenar episodio de psicosis con ideas delirantes, paranoides, alucinaciones auditivas y visuales, ideas de persecución u otras. En el caso de las personas con esquizofrenia el consumo de cannabis provoca efectos negativos en diferentes dimensiones, con consecuencias agravantes para la enfermedad. También se asoció el consumo con el síndrome amotivacional, que cursa con apatía, falta de motivación y desinterés por la actividad laboral o los estudios y por el cuidado personal.

En cuanto a la relación entre cannabis y conducta suicida y pese a las dificultades metodológicas, parece que existe cierto consenso en que existe cierta relación, si no directamente, indirectamente a través del desarrollo de trastornos psicopatológicos  (psicóticos o afectivos) o contribuyendo al consumo de otras sustancias como el alcohol como factor de riesgo. 

Todo lo anterior indica que la defensa realizada del consumo de cannabis viene más motivada por fines económicos que de salud pública. Al margen del debate alrededor de la legalización de esta sustancia, la manipulación de la información provoca la pérdida de la sensación de riesgo ante su consumo. En consecuencia, esto puede repercutir en mayor consumo y la aparición de los efectos negativos relacionados, incluidos los relacionados indirectamente con la conducta suicida.


MÁS INFORMACIÓN

 

 

Tipología psicológica y psicopatológica del suicidio en las obras de Fiodor Dostoievski (Reseña)

En 2002, María Teresa Cañas Cañas publicaba su Tesis Doctoral «Tipología psicológica y psicopatológica del suicidio en las obras de Fiodor Dostoievski» donde exploraba la obra del autor ruso del S. XIX desde la mirada del análisis de las conductas suicidas relatadas en sus escritos.

Fiodor Dostoievski (1821-1881) fue un hombre extraordinario que supo captar la esencia de la existencia humana y plasmar esa privilegiada visión en sus obras literarias. Su literatura está cargada de una profunda sabiduría sobre las motivaciones personales, su penetrante descripción del alma humana, su implicación emocional con lo relatado y su aguda descripción social fueron las bases de su influyente estilo. Stefan Zweig consideró al escritor ruso «el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos»

La Doctora Teresa Cañas Cañas hace un intenso trabajo al indagar, utilizando el método hermenéutico, los fenómenos psicológicos, sociológicos y psicopatológicos que Dostoievski engloba en las distintas conductas suicidas de sus personajes y en sus reflexiones sobre el suicidio.

Reseña alusiones, directas o indirectas, sobre el suicidio en las obras de Dostoievski, que incluyen suicidios consumados, suicidios frustrados, intentos de suicidio, ideas de suicidio y amenazas suicidas de los personajes de las obras estudiadas. En los personajes partícipes se valora principalmente la existencia o no de psicopatología, los rasgos de personalidad, la intencionalidad del acto, la impulsividad o reflexión de este acto, las motivaciones, las influencias sociales y ambientales y el sentimiento básico que empuja a su realización.

Una obra con gran condensación de contenidos, incluye una revisión bibliográfica de las teorías en la Psiquiatría, Psicología, Sociología, en torno al suicidio.

Algunos autores, como Baechler (1975), critican la equiparación actual de suicidio a enfermedad mental a la que se ha llegado con los datos previamente expuestos. Este autor considera los suicidios no tanto un producto de la enfermedad en sí como de los efectos que tal situación tiene sobre el sujeto (vulnerabilidad ante los conflictos, mayor número de problemas para una menor capacidad resolutiva, debilidad vital, etc.) (Clemente y González, 1996)

La Doctora Teresa Cañas Cañas también tiene otras publicaciones donde se aborda la conducta suicida. La importancia de estos estudios y la comprensión de las motivaciones de esta conducta van dirigidos a su posible prevención. El estudio multidisciplinar del suicidio mejora su comprensión, y logra originar herramientas para la prevención y la comunicación social.


PARA SABER MÁS

RESEÑA REALIZADA POR:

 

Sonsoles Rivera Pascual

Estudiante del Grado en Periodismo en la Universidad de Valladolid. Interesada por la salud en distintas esferas. Técnica Cuidados Auxiliares de Enfermería. Voluntariado en Cruz Roja Española en área de Transporte Sanitario y en Conservación del Medio Ambiente. 

 

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